No mucho tiempo después, Shaareim volvía de su corto paseo por la costa, y se sentó lentamente junto a la mesa llena de sus compañeros, en el único oportuno asiento que quedaba, al lado de Samuel.
- Dios- Ella se sacó el sombrero y lo uso para abanicarse- Brasil, por dios… Con lo fácil que le era a Nauhky Lee irse a otro lado. Dinamarca hubiese sido precioso…
- ¿Ya comenzamos con tu humorcito tropical?- Sonrió Nathan.
- Lo se… Lo siento…- Suspiró, sacudiendo su cabello ondulado.
- Al menos no parece que te quejaras de tus dolores- Notó Sullivan.
- A penas si me duele. Comparado con lo que me dolía en China… Aunque honestamente no sé qué prefiero, si torcerme del dolor o sudar como cerdo…
- Voy a buscarte algo frío- Samuel palmeó su brazo, mientras se ponía de pie.
- Gracias Samy- Le sonrió.
- Y así fumo un poco en el camino… ¿Alguien quiere algo en específico? ¿Hace falta más cerveza?
- Trae un par más- Dijo Víctor.
- Nosotros estamos bien- Dijo Nathan, mirando a Elena.
Lo vieron comenzar a alejarse, mientras sacaba su encendedor.
El grupo se quedó hablando hasta que varios minutos después Samuel apareció con lo que quedaba de su cigarrillo encendido entre los dientes, colocando en la mesa unas cuatro cervezas que traía en una sola mano.
- Por suerte solo te dije un par- Rio Sullivan.
- Estaban en oferta- Masculló con el cigarrillo en la boca, acercándose a Edna- Ten.
Él le colocó una botella fría y un gran bote de plástico, el cual ella abrió rápidamente, presa de curiosidad. Era helado, bastante, y de tres sabores.
- Chocolate con nuez- Samuel tiró su cigarro ya apagado y se sentó- Crema de banana, y mantequilla de maní. Y agua tónica, obviamente.
- Genial- Sonrió Edna- Eres un sol, gracias.
- Lo sé, soy encantador- Sacó un par de cucharas de uno de sus bolsillos- Comienza a convidar.
- Samuel- Dijo Elena, viendo como dejaban el bote de helado en el medio de los dos- ¿Tan buena memoria tienes?
- Si- Él comió un poco de helado- Pero de todos modos no sé de qué hablas…
- ¿Cómo sabes que sabores quiere ella? No se lo preguntaste.
- Por qué siempre son los mismos sabores. Es poco previsible.
- Además de que también te gustan esos- Dijo Edna hundiendo su cuchara en el helado- Y el agua tónica…
- No me lo recuerden- Suspiró Nathan- Que ustedes se robaron medio camión de agua tónica, hace años… Terminé odiando esa maldita bebida…
- ¿Se robaron un camión?- Víctor se rio- ¿En serio?
- Medio…- Aclaró Sam.
- No recuerdo donde demonios estábamos escondidos- Dijo Nate- Pero a la noche apareció un camión distribuidor de bebidas, con las luces apagadas. Sam salió del acoplado, sacando cajones de agua tónica, mientras Edna seguía atrás del volante.
- ¿Sabes conducir camiones pesados?- Elena la miró- ¿Dónde aprendiste eso?
- No tengo ni idea- Rio ella- Un día estábamos Nate y yo practicando nuestras habilidades de conducción. Solo por curiosidad me subí a un camión y fin… Es como que mientras más grande el camión, mejor lo conduzco. Debe ser un super poder o algo…
- Y mientras más pequeño, peor- Rio Samuel- No puedes estacionar autos normales y apestas andando en moto.
- Apesto andando en moto, bien dicho.
- Eres rara de mil demonios- Le dijo Sullivan.
- Mira quien habla, Víctor- Ella lo miró, graciosa- Nadie en esta mesa es normal.
- Tú eres un caso especial, digno de estudio.
- Me quedaré con eso de que soy especial, y decidiré ignorar el resto…- Comió helado.
Todos rieron suavemente.
- Por cierto- Elena se acomodó, pensativa- Estuve hablando con un contacto de por aquí, buscando pistas…
- ¿Es una buena fuente?- Víctor fumó.
- Es un historiador y antropólogo… Lo es.
- ¿Entonces?
- Me contó varias historias antiguas que hay entorno al Rio Juruá, aunque todas cuentan más o menos lo mismo. Se supone que, antiguamente, aquí vivían las míticas Amazonas.
- Las guerreras más poderosas del Nuevo Mundo- Dijo Samuel- ¿Qué hay con eso?
- Bueno, una versión dice que una guerrera de esas, tuvo un hijo. Él, que no era fuerte como su madre, entrenó durante años, sin resultados. Un día, cansado de seguir siendo un débil, le rogó a su dios, Ñande Ru Guasú, o El Gran Padre, que le diera una pizca de la fuerza que ellas tenían. A cambio, el hombre se dedicaría a extender las aguas del Gran Rio hasta que su cuerpo muriera. Ñande Ru Guasú se conmovió y mientras dormía, le otorgó la fuerza de diez mil Amazonias. Cuando se despertó, sin saber de su cambio, salió a practicar y con el primer golpe que le dio al suelo, creo el Rio Juruá.
- Por eso le dicen El rio del Cazador- Pensó Nate.
- Este cazador corrió por el rio que había creado, descubriendo su inmenso poder, temiendo de sí mismo y de la posibilidad de herir a su familia sin querer. Él maldijo a Ñande Ru Guasú, diciendo que eso no era lo que había pedido y, furioso, golpeó el suelo, creando un hueco inmenso donde entró, para dejarse morir. Los nativos dicen que en cierto lugar del Rio Juruá se puede ver la entrada al hueco, pero que nadie jamás ha entrado, ya que es una tierra prohibida y maldita.
- Es el mejor lugar del mundo para enterrar un tesoro- Dijo Sullivan.
- Eso no es lo más interesante… El guerrero, sabiendo que fuerza superaba al mismo Ñande Ru Guasú, se llamó a si mismo Nunugaule, el hijo de la destrucción.
- ¿Nunugaule?- Edna abrió los ojos- ¿En serio?
- Es casi el apodo de Nauhky Lee- Dijo Nate- Naule. El principio y final de Nunugaule…
- No puede ser simple coincidencia- Pensó Sullivan.
- Mi contacto me recomendó ir a Manaos- Dijo Elena- Hay una biblioteca que si bien no es la gran cosa, tiene unos cuantos libros referidos a esa historia y algunos mapas del Rio Juruá, hechos por los aborígenes guaraníes, en su momento.
- Genial ¿Cuándo salimos?- Preguntó Shaareim.
- ¿Qué tal mañana a primera hora?- Dijo Víctor- Hoy hay que disfrutar el día.
El grupo asintió. Se merecían esas horas de descanso antes de volver de excursión.
