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El día de tranquilidad había pasado y ahora solo tenían un poco de noche antes de un sueño reparador y un viaje de un par de horas.
Sin embargo, Samuel había notado algo con las últimas horas. Shaareim estaba mostrando indicios de dolor en su cintura. Era algo típico en ella, ya sabía que solía pasarle seguido. Mejor aún, ella le había enseñado a como tirar de ella para que su cintura se aliviara, ya que el problema siempre estaba en las articulaciones de la columna. Aprovechó que su habitación estaba frente a la de ella, y cuando todos se separaron para dormir, la increpó.
- Hey- Samuel tomó su brazo, preocupado- ¿Te duele algo?
- No es nada… Creo que fue la turbulencia…- Se movió levemente, incómoda por el dolor.
- ¿Nada? Por favor, te conozco. ¿La base de la columna?
- Como siempre, pero no he logrado destrabarlo… No importa, buscaré algún relajante muscular o algo.
- ¿Un quiropráctico?
- Estoy bien…
- Tonterías. Ven.
Él tomó su mano, llevándosela a la habitación de ella.
- Que insistente eres- Dijo ella, al verlo cerrar la puerta.
- Es tu culpa. Tú me enseñaste. Muévete.
Edna se sentó en el borde de la cama, entrelazando sus tobillos y doblando las piernas, como si sujetara levemente la pata de la cama. Drake se subió a la cama, arrodillado, bastante cerca.
Él la abrazó desde atrás, por los hombros, firmemente, reduciendo un poco su altura, de manera tal que ella quedara semi recostada en su pecho, casi horizontalmente.
- Respira- Murmuró él.
- Ya sé cómo se hace Sam…
Shaareim cerró los ojos, inspirando profundamente, relajándose. Luego Samuel comenzó a tirar suavemente, pero firme, como si quisiera arrancar su torso del resto de su cuerpo.
Un pequeño sonido articular tronó cerca de los omóplatos de Edna.
- ¿No?- Preguntó él.
- No… Esa fue la espalda alta…
- ¿Sigo?
- Sí.
Imperceptiblemente siguió tirando, hasta que un fuerte sonido grave sonó mucho más debajo de su columna. Él se quedó quieto.
- Al fin- Edna exhaló ampliamente, aliviada, al sentir el dolor reducirse casi por completo.
- Te lo dije- Él suavemente terminó de recostarla en la cama y se quedó sentado al lado- Gírate.
- Ya estoy bien, Sam- Lo miró.
- ¿Quieres que te obligue con cosquillas?
- Ni que pudieras…
- ¿Disculpa?- La miró, incrédulo, antes de hacerle unas leves cosquillas.
- ¡No! ¡No! ¡Para!- Rio ella, dándose vuelta- Tu ganas.
- Además de que voy a ayudarte, te quejas…
- Es para que no creas que soy una necesitada de masajes…- Ella se acomodó, boca abajo.
- Como si no supiera que lo eres.
Ella rio suavemente, con el rostro de lado, cerrando los ojos y colocando los brazos a cada lado, para luego suspirar largamente.
Samuel suavemente levantó un poco su camiseta, dejando la base de su espalda y el inicio de su cintura, descubierta. Una parte de él tuvo que hacer un esfuerzo monumental para no besar su espalda y acostarse directamente encima de ella.
Él se frotó las manos un momento, para calentarlas, y luego las colocó a cada lado de la columna, justo en la base, comenzando a masajearla. Ya lo había hecho antes, sabía que a ella le gustaban los masajes lentos, profundos y con bastante presión.
La base de sus manos subían suavemente, presionando, siguiendo la línea, volviendo, enterrándose levemente en su piel, notando cierta rigidez debajo.
- ¿No ibas a ningún masajista en Tailandia?- Preguntó Drake- Tienes una tensión tan grande como una casa.
- Fui…- Susurró ella, con un ronroneo- Pero ninguno te supera…
- ¿Más fuerte?
- Por favor…
Él le dio un extra de presión, oyéndola emitir algún que otro quejido placentero. Uso gran parte de su mente para ocuparse en no tener una erección.
Subió sus manos, bastante, hasta rozar imperceptiblemente su sostén, volviendo a pensar en otra cosa para no terminar duro como mármol. Sacó sus manos un momento, para darle masajes firmes en los hombros, cuello, la parte más alta de su espalda. Más allá de sentir los músculos propios del boxeo que ella solía practicar, Samuel también notó aún más tensión.
- Estas como una piedra- Dijo él, también diciéndoselo a sí mismo.
- Mjm- Murmuró Edna, con una sonrisa en sus labios.
Y por varios minutos, Drake se quedó en silencio, ablandando su espalda, deleitándose de tocarla, oyendo sus quejidos placenteros que lo catapultaron a tener la erección más grande del mes. Bendita su ropa interior ajustada que no lo dejaba en evidencia.
- ¿Mejor?- Le susurró él, agachándose, tratando de no romper su paz.
- Dios…- Suspiró ella, con los ojos cerrados- Cuanta falta me hacía… Gracias Samy…
- Que descanses- Acarició su cabello.
La vio sonreír, dócil. Suavemente dejó el cuarto de Edna, para prácticamente correr al suyo y cerrar la puerta. Caminó directamente hasta el pequeño baño, se desnudó y comenzó a bañarse, mirando hacia abajo y viendo un trozo de vigorosa felicidad.
- Va por ti Edna- Susurró imperceptiblemente, antes de estrujarse a sí mismo lo más silenciosamente posible.
