La biblioteca de Manaos era pequeña y deshabitada. Tan deshabitada que no tenía encargado, por lo que fue necesario hacer llamados, pedir las llaves, mentir un poco sobre las razones.
Pero al menos ya estaban dentro del edificio, lleno de libros, mapas y cuanto objeto de papel hubiera.
Elena ya sabía dónde estaba la sección que les interesaba, por lo que caminaron entre estanterías y ocuparon la única mesa del sitio, colocando una veintena de libros encima.
- Recuerden- Dijo Víctor, mientras sostenía un libro de tapa verde- Necesitamos mapas…
- Emmmm…- Samuel levantó la mirada del libro que había tomado- Esto esta en portugués.
- Estamos en Brasil, genio- Dijo Nathan.
Edna comenzó a reír, intentando contenerse.
- Dios- Reía ella- Eres tan tonto a veces.
- Que graciosa eres ¿No?- Murmuró Samuel- Supongo que sabes leer portugués.
- No fluidamente- Ella puso cara de interesante- Pero puedo arreglármelas.
- ¿En serio? Bueno, bueno, Profesora…
- Ten- Ella le dio su teléfono- ¿Recuerdas el programa para traducir chino? Bueno, ahora está para portugués… Úsalo…
- ¿Dónde aprendiste a leer…?
- Era directora de una escuela… ¿O no?
El grupo permaneció leyendo, traduciendo, buscando información, mapas, correlaciones. La historia de Nunugaule se repetía en varios, pero con el paso de los minutos, se dieron cuenta de que tardarían bastante más de lo previsto.
Los hermanos Drake estaban traduciendo una parte de un manuscrito, que parecía contener algo relativamente importante, y mientras esperaban que el teléfono tradujera Samuel subió la vista un momento. Vio a Edna, en la punta opuesta de la estantería, totalmente concentrada, apoyada en las librerías. Ella leía, con el libro abierto en sus manos y se había puesto lentes para leer. Él no tenía ni idea que ella que ella usara lentes, pero le importó una mierda. Edna se veía tan sensual con su mezcla de pantalón corto y aire intelectual, que a Samuel por poco y se le caen las cosas de las manos.
Nathan, que estaba junto a él, lo miró cuando se dio cuenta de que se tardaba demasiado en traducir. Negó, viendo que él estaba totalmente perdido en sus pensamientos, mirando a Shaareim como si esta fuera una aparición bíblica. Suavemente le palmeó el brazo, haciendo que saliera de su abstracción.
- ¿Q-que?- Samuel lo miró.
- ¿Volviste? ¿O aun estas en el mundo del amor?
- Estoy… Estoy…- Miró nuevamente a Edna- Tiene lentes.
- Si… Me doy cuenta… ¿Qué hay con eso?
- No puedo concentrarme así…
- Viejo… Ve y díselo…
- A penas si puedo mirarla sin tener pensamientos sucios ¿Cómo crees que le pueda decir algo?
- Está bien…- Suspiró Nate- Solo recuerda… Lo va a saber, sí o sí.
- Dios…
- ¿Quieres que hablemos de eso ahora? ¿He? ¿O prefieres concentrarte?
- Eres imposible hermano- Se acomodó para darle la espalda a Edna- ¿Contento? Si no la veo, no hay problema…
- ¿Quieres que te la describa?- Sonrió.
- ¿Quieres que te describa una erección mía?
- Sam- Puso cara de asco.
Samuel rio, leyendo la traducción del teléfono.
Rato después Elena apareció con un libro bastante denso.
- Edna- Dijo ella- ¿Puedes ayudarme con esto?
- ¿Qué es?- Ella la miró, por encima de sus lentes cuadrados.
- ¿Qué haces con lentes?- Rio Fisher.
- Los uso para leer… No me hagas sentir vieja, por favor.
- Bien…- Le extendió el libro abierto- Mira esto… Sé que en Brasil hay cientos de ríos, y ahí hay unos cuantos.
- ¿Y…?
- Son planos de los indígenas, y tienen sus nombres originales… Es decir, el rio de la Serpiente, el rio de las Tristezas, cosas así… Pero no encuentro el rio del Cazador, que se supone que es el Juruá. No lo sé, quizás lo estoy leyendo mal.
- Mmmmm…
Shaareim colocó el libro en la mesa y se acodó en la madera, buscando.
- Niño- Víctor palmeó el brazo de Samuel, no muy lejos.
- ¿Qué?- Lo miró.
- Mira- Señaló imperceptiblemente a Edna.
- Víctor por favor…- Él intentó quitar la vista lo más rápido posible- Que así no puedo…
- Tranquilo, solo me gusta torturarte un poco…
- Hilarante…
Edna detuvo su lectura, mirando hacia el infinito.
- No entiendo una mierda- Masculló ella, haciendo reír a Elena.
- ¿Estás bien niña?- Preguntó Sullivan.
- Si… No…- Ella se sacó los lentes y frotó sus ojos- Este es el libro… Pero no es el libro…
- ¿Qué?- Rio Nathan, acercándose también.
- Este libro tiene los planos que estamos buscando… Pero… No tiene exactamente los que estamos buscando… Falta nuestro rio…
- ¿Segura que solamente falta el Juruá?- Preguntó Samuel, parándose a su lado, mirando el libro.
- ¿Cómo voy a saberlo? Hay más de cien ríos saliendo y entrando del Amazonas.
- A eso me refiero. ¿Cuántos crees que hay en este libro?
- Bueno…- Ella pensó- Unos setenta… Más o menos.
- ¿No puede ser que no sea solo un libro?- La miró- Puede que este dividido…
- ¡En tomos!- Ella lo tomó del rostro, apretando fuertemente sus mejillas- ¡Eso es! ¡Sam! ¡Eres un genio!
- Auch…
- ¡Es obvio!- Edna lo soltó para hojear el libro- Parecen aleatorios, pero no lo son. Están por orden alfabético, según sus nombres originales… Este tiene nombres del final del alfabeto… Debe ser el tercero.
- El Cazador- Pensó Sullivan- Debe estar en el primero.
- Necesitamos encontrar uno igual- Dijo Nathan, mirando las estanterías.
El grupo se dedicó pura y exclusivamente a encontrar ese libro en particular, que tan cerca parecía dejarlos al tesoro de Naule.
