- ¡Lo tengo!- Festejó Víctor, acarreando un libro- Estaba bien escondido el condenado.
Él lo dejó en la mesa, mientras todos se reunían alrededor. Hoja a hoja pasaron hasta encontrar el Rio del Cazador. Con un mapa detallado que mostraba todas y cada una de las curvas del rio, entradas en la tierra, elevaciones, cuevas, e incluso la ubicación de los nidos de los caimanes.
En la hoja contigua se relataba delicadamente y con lujos de detalles, la leyenda de Nunugaule, su pelea con el creador, las enseñanzas.
- Aquí- Edna leyó, rápidamente, traduciendo sobre la marcha- Bla bla… Eso no importa… El hueco… Llamado la Gruta de la Perdición… Tierra de… muerte y desecha… ¿Desecha?
- ¿Desdicha tal vez?- Preguntó Elena.
- Puede ser… Emm… Algo de que está terminantemente prohibido entrar… Nunugaule llenó la zona de trampas para advertir a los curiosos…
- Típico de Nauhky Lee…- Dijo Sam.
- Muchos murieron, bla bla…
- ¿Cómo dijiste que se llamaba la cueva?- Nathan miró el mapa.
- Gruta de la Perdición.
- ¡La tengo!
Nate señaló en la cartografía, una indicación apenas perceptible cerca del rio, en tierra firme.
- Lo tenemos- Él empezó a copiar el mapa- Deberiamos salir ahora mismo.
- Espera- Víctor sacó un mapa propio, actualizado- No te precipites.
- ¿Cuál es el problema?
- Puedo intentar bajar con el avión directo en la zona, pero ese rio tiene poco caudal y muchas curvas- Dijo Sullivan, mirando el mapa- Es bastante arriesgado. Y luego no sé si podre despegar.
- ¿Dónde prefieres aterrizar?- Preguntó Elena.
- Hay una ciudad pequeña llamada Tefé, a 500 kilómetros de aquí, junto al rio del mismo nombre. Sus aguas son lo suficientemente grandes como para aterrizar tranquilamente. Y de allí solo hay 200 kilómetros hasta el inicio del rio Juruá.
- Más otros cincuenta hasta la Gruta de la Perdición.
- Esto deberíamos discutirlo en el hotel- Dijo Edna.
- Buen punto- La miró Sam.
El plan se había reducido a un viaje aéreo de un par de horas hasta el pueblo de Tefé. Allí se prepararon por completo, exceptuando Elena. Habían decidido que ella se quedase, en el caso de que necesitasen algún tipo de ayuda externa o, en el peor de los casos, recurrir a un equipo de rescate profesional.
Incluso Edna estuvo muy cerca de quedar fuera del plan, de no ser por su excesiva insistencia a la cual no le faltaba razón. Si la zona había sido utilizada por Nauhky Lee, era muy posible que hiciera falta su observación y su nariz.
Aun así, tenían casi 300 kilómetros de viaje no aéreo que debían realizar por algún modo.
Los tres hombres y Shaareim estaban listos, con cosas colgándoles en los cintos y una leve mochila, mirando los transportes con ruedas, en un estacionamiento, pero habían desistido de esa clase de vehículo. Era zona muy selvática, sería imposible conducir sin tener que detenerse a cada momento.
- ¿Y a caballo?- Preguntó Samuel, de pie junto a un todoterreno.
- Muy lento- Dijo Víctor, mirando un embarcadero cercano- Y un helicóptero sería buena idea, si no hubiese tantos árboles y hubiese zona para descender...
- Un bote entonces…
- No- Sonrió Edna- Eso.
Ella señalo un bote que se acercaba y se estacionaba suavemente. No era una lancha común, sino un aerobote, un vehículo plano, cuyo motor era una enorme hélice en la parte trasera. Al carecer de hélices debajo del agua, era ideal para la zona.
- Eso- Sonrió Sullivan- Exactamente eso.
- Ve a alquilarlo, ve- Shaareim lo empujó.
- ¿No piensas ayudarme, cierto?
- Cuantas quejas…
Víctor se vio en la tarea de comprar un aerobote por un par de días, mientras veía a Edna subirse en el asiento del piloto, alto, justo frente a las hélices.
- ¿Qué haces, niña?- Sullivan se subió, seguido por los hermanos Drake.
- Conducirlo- Ella contestó, como una obviedad.
- ¿Has visto uno de estos antes, al menos?- Preguntó Samuel, sentándose.
La mujer sonrió, lo encendió y salió del puerto con cierta soltura, solo para acelerar bastante al salir de la zona transitada.
- ¿Qué demonios?- Nathan se sujetó- ¿Dónde aprendiste…?
- ¡Tailandia!- Sonrió ella, desde el asiento superior, con el viento en la cara- ¡Tu encárgate de decirme cuando parar!
- Maldita loca…
Los hombres rieron levemente, sin poder evitar una leve preocupación por la velocidad que Shaareim llevaba. Era evidente que ya había conducido uno de esos antes, más de una vez, por el modo en que se deslizaba ágilmente por el rio con buen caudal. Lo más complicado serían los cincuenta kilómetros donde el Juruá fluía con poca fuerza, pero justamente, era el vehículo perfecto. A ese paso, llegarían a la Gruta de la Perdición en menos de dos horas.
Luego de bastante viaje acuático, donde Nathan calculó las distancias dependiendo las curvas tomadas, él considero que estaban cerca.
- ¡Edna!- Nate palmeó su pierna- ¡Ve desacelerando! ¡Estamos cerca!
Suavemente ella hizo que el aerobote fluyera con delicadeza, apenas avanzando.
- ¿Saben que no vamos a encontrarlo desde aquí?- Dijo ella.
- ¿De qué hablas?- Samuel la miró.
- Es una gruta deshabitada, desde hace cientos de años, en el medio de una selva… Es decir, vivía en Tailandia ¿Recuerdas? Y allí podías pasar al lado de un abismo y no verlo entre las plantas. Lo mismo aquí…
- Llévanos a tierra- Dijo Víctor- Pensaremos desde allí.
La mujer movió el timón, doblando casi a noventa grados, acercando el bote directamente a la tierra, con sus corazones galopando. Estaban ya demasiado cerca.
