Luego de enganchar previsoramente el aerobote a un árbol, los cuatro busca tesoros comenzaron a caminar, entre muros de vegetación y con una tierra de color marrón rojizo, húmeda.

- Bueno…- Nathan miró su cuaderno- Por aquí debería estar…

- Ojos bien abiertos- Alertó Sullivan.

Detrás, Samuel miró a Shaareim, quien revisaba todo con la vista mientras se frotaba insistentemente el pecho.

- ¿Edy?- Él tocó su espalda- Es una zona cálida ¿Por qué te duele?

- Por ansiedad…

- ¿A qué?- Víctor miró hacia atrás.

- No sé ustedes, pero la idea de encontrar un tesoro épico me da un poco de ansiedad, nervios, cosas así…

- ¿Estarás bien?- Nathan se preocupó.

- Si… Ya se está pasando…- Avanzó.

- Y se pasará del todo cuando te consiga la médula- La siguió Samuel.

- Me había olvidado de eso- Edna rio, secándose la frente sudada.

- No te olvidas la cabeza porque la tienes pegada al cuello- Dijo Nathan.

Lentamente avanzaron, revisando cada elevación, cada montículo, cada arbusto, detrás de cada árbol.

Avanzaron por un par de horas, a veces separándose un poco, reuniéndose, calculando, opinando.

A media tarde, Shaareim había retrocedido para revisar unas piedras que nada tenían de extraño, frustrada, retomó el camino para acercarse a sus compañeros, pero se detuvo, con el corazón comprimiéndose en un puño.

- ¿Encontraste algo niña?- Preguntó Sullivan, mirando el mapa.

Pero Edna no respondió.

- ¿Niña?- Víctor la miro, viéndola extraña- ¿Edna?

- Oh cielos…- Murmuró Samuel cuando dirigió sus ojos hacia ella.

Edna estaba de pie, estática como una columna de mármol, pálida como el papel. Entre sus pies estaba pasando una anaconda, enorme y colorida, muy lentamente.

Quizás gracias a esa parálisis, el animal ni siquiera se dio cuenta de su presencia, pero Shaareim, con su fobia extrema a las serpientes, sí. Ella gritaba cuando veía una pequeña culebra común, así que el miedo de tener a la más grande de las serpientes rozándole los tobillos, debía ser imposible de medir.

Peor aún, la condenada bestia era tan lenta como grande, por lo que se tardó bastante tiempo en desaparecer entre los arbustos.

De inmediato Sam se acercó, de prisa, tomando sus brazos. Ella seguía con la mirada en la nada, casi sin respirar.

- Edy…- Le susurró él, mirándola- Hey…

- Está en shock- Notó Sullivan- Sacúdela un poco.

- Edy- Palmeó su mejilla, gentilmente- Vuelve…

- ¿S-Sam…?- Ella se movió a penas.

- Estoy aquí… tranquila…

- No…- Murmuró, palideciendo incluso un poco más- No… veo…

Las rodillas de Edna cedieron y se derrumbó como un cadáver apagándose automáticamente, por lo que Samuel tuvo que sostenerla rápidamente y evitar que se golpeara.

Nathan se apresuró a ayudarlo, bajándola suavemente al suelo.

- Era solo una anaconda- Dijo Víctor- ¿Qué le pasa?

- Le tiene fobias a las serpientes- Sam se sentó en el suelo, colocándola en sus brazos.

- Oh…

- No es la primera vez que la vemos desmayarse por una- Dijo Nate, tocando su cabeza- Y no sabemos por qué… Es decir… Su temor a volar tiene su razón, pero las serpientes…

- Es una fobia- Sullivan se acercó- No necesita una razón lógica.

- Si quieren, pueden seguir avanzando…- Dijo Samuel, mirándola tiernamente en sus brazos, acariciando su cabello- Aunque ella nunca se tarda demasiado en volver.

- Podemos esperar a la niña…

- Ya le está volviendo el color- Sonrió Nate- Es como una máquina, solo necesita reiniciarse.

- Eso no tiene gracia, Nathan- Su hermano a penas lo miró.

- Cálmate tu también- Palmeó su hombro- Solo se desmayó.

- Edy…- Sam empezó a palmear su mejilla, suavemente.

- No tenemos tanta prisa, muchacho- Víctor la miró- Déjala reponerse a su velocidad.

- Y tu déjame encargarme de esto ¿Quieres?- Lo miró, un tanto malhumorado- Para eso soy su hermano mayor…

- No lo haces por eso y todos aquí, menos ella, lo saben. Deja de intentar ocultar tu miedo…

Samuel no dijo nada, solo se quedó quieto, palmeando su mejilla. El maldito Sullivan tenía razón, y no podía decir nada para negarlo.

Lentamente Edna pareció despertarse.

- Edna…- El mayor de los Drake comenzó a llamarla con más firmeza- Despierta.

- ¿Q-que…?- Ella lo miró dificultosamente, desde sus brazos- ¿Sam?

- Buenos días- Le sonrió, aliviado- Respira, despiértate del todo…

- ¿Qué pasó?- Observó a Nathan, cerca.

- Te desmayaste- Dijo Nate- ¿Recuerdas?

- No…- Se frotó la cara- ¿Qué paso? Estoy sudando…

- Viste una…

- ¿Una que…?- Ella pareció recordar de inmediato.

Edna se paró, casi como un felino aterrado, revisando el suelo y a ella misma, histérica.

- ¡No tienes nada!- La sostuvo Nate- ¡Quédate quieta!

- ¿¡Quedarme quieta!?- Chilló- ¿¡Por qué!? ¿¡Que tengo!?

- Acabas de salir de un desmayo, torpe- Samuel tomó su brazo- No te levantes así de prisa.

- ¿¡Donde esta!?- Buscó en el suelo.

- Se fue. No esta- Él tomó su rostro, con fuerza- Mírame. Mírame… Se fue… Detente… Vuelve…

- ¿E-en serio?- Lo miró a los ojos- ¿Lo prometes? ¿En serio?

- Respira… Estas palideciendo de nuevo…

La mujer apoyó su frente en el hombro de Samuel, respirando lo más lento posible, tratando de no pensar en esa maldita víbora gigante. Sentía su propio corazón correrle en el pecho y sus oídos aturdiéndola, algo que ella sabía que era una etapa previa al desmayo. Pero no lo hizo, trato de ser lo más fuerte posible, con el fin de no parecer una loca histérica.