Más allá del encuentro con una gran serpiente, las horas siguieron pasando lentamente, sin conseguir nada más que arañazos de ramas y picaduras de mosquito.

Peor aún, estaban peinando la zona sin resultados. La Gruta de la Perdición no aparecía ni remotamente.

- Nada- Bufó Nathan, saliendo de entre las hojas- Otro pozo inútil. Comienzo a desesperarme.

- Mi duda es porque tu no lo haces- Víctor le preguntó a Edna- Eres la primera en desesperarse con estas mierdas.

- Mjm- Ella sonrió encantadoramente.

- ¿Mjm que? ¿Qué haces?

- Aprovecho…- Ella miró al cielo que comenzaba a perder luz- Y espero…

- ¿El que, niña, el que demonios?

Edna rio, hasta que escuchó algo. Se puso un poco más seria y miró al cielo nuevamente.

- Samy…- Preguntó ella- ¿Qué tipos de sonido siempre soy muy buena escuchando?

- Los agudos- Dijo él- Como el perro que eres, Terrier.

- ¿Cómo esos?

Los hombres prestaron atención, pero no oían nada. Nada, hasta que un murciélago voló chillonamente por sobre sus cabezas.

- ¡Demonios!- Se asustó Víctor- ¡Malditas ratas con alas!

- Víctor…- Ella negó- Esas malditas ratas viven en malditas cuevas gigantes, como la Gruta de la Perdición…

- ¿Vas a seguirlos hasta la entrada?- Sonrió Samuel.

- Modo Terrier, activado.

Shaareim comenzó a caminar, particularmente atenta a los chillidos casi imperceptibles sobre sus cabezas. Con el avance de los minutos y de sus pasos, los murciélagos comenzaban a aparecer en mayor cantidad.

Detrás de una pared de árboles frondosos y helechos tan grandes como una casa, se veía un riachuelo, un pequeño brazo del rio Juruá, que corría sinuoso hasta una entrada en la tierra, por donde salían una buena cantidad de murciélagos.

Se acercaron, para ver que se trataba de un hueco monumentalmente grande que bajaba lentamente a la oscuridad.

- La Gruta de la Perdición…- Murmuró Nathan, casi sin creerlo.

- Lo encontramos- Su hermano lo palmeó.

- ¡Dios!- Sullivan se estremeció al ver la marea de animales volando- Me dan escalofríos.

- Son una maravilla de la evolución- Ella extendió los brazos.

Los murciélagos volaban tan cerca de Shaareim que su cabello se movía por el viento producido por sus alas. Las criaturas la rodeaban antes de echarse a volar hacia el exterior.

- ¿Quién eres? ¿Batman?- Víctor la miró.

- He cuidado de zorros voladores- Rio ella- Que miden un metro de envergadura.

- Dios- Se estremeció.

- Muy bien- Nathan comenzó a sacar cosas de la mochila- Prepárense. Linternas, fósforos, cuerdas, no se olviden de nada. Ojos bien abiertos, siempre cerca, no quiero que nadie se lastime.

- Si padre- Ella tomó su equipo.

- Es en serio- Tomó su brazo.

- Nate, no es la primera excursión peligrosa que hago con ustedes…- Ella palmeó su espalda- Relájate.

- Pero tú estás vieja.

- Púdrete.

Ambos rieron.

La cueva si bien parecía pequeña en su inicio, comenzó a demostrar que, debajo de la superficie, era monumental. El rio del exterior se deslizaba tímidamente entre las rocas, creando un lago subterráneo, oscuro, rodeado de estalactitas y cavernas adicionales.

El aire estaba denso, húmedo, relativamente frío, y olía a una mezcla de descomposición y tierra. Los haces de luz de sus linternas chocaban con formaciones de rocas que ofrecían sombras tenebrosas y figuras espectrales.

- ¿Por dónde?- Preguntó Samuel, iluminando el techo- No hay información de nada de aquí abajo.

- Usemos la información que tenemos- Edna revisó las paredes.

- Como las constelaciones- Dijo Víctor- Orión.

- No…- Nathan miró las cavernas, girando la cabeza en varios ángulos y señalando- La Osa Mayor… Concuerdan… Esta girada por completo, pero es esa…

- La cabeza entonces está a la izquierda- Pensó ella- La última.

Poco a poco caminaron rodeando el lago, pisando fango, barro y piedras mojadas, aproximándose a la última cueva. En un borde, tallado burdamente sobre una piedra, y verticalmente, había tres palabras chinas.

- Miren- Edna lo iluminó, recordando- Yuán, Ruk y Áihka…

- Las otras cuevas también tienen palabras chinas- Notó Sullivan- Pero diferentes…

- Es a propósito- Dijo Samuel- Solamente sabiendo las de la cueva en china, se puede saber cuál es... Vamos bien…

Siguieron avanzando, entrando en la cueva, pasando por pasillos finamente tallados y decorados, y bifurcaciones varias, que cambiaban de dirección, y en donde solo las palabras Yuán, Ruk y Áihka establecían un patrón a seguir.

Al final, vieron dos entradas más, ambas con Yuán, Ruk y Áihka talladas en la parte superior.

- ¿Y ahora?- Víctor iluminó una y otra- ¿50 y 50?

- Intentemos mirar sin entrar…- Dijo Nate, cauteloso.

Sullivan y Nathan se acercaron a una de las cuevas, mientras que Samuel y Edna, el restante.

- Dios mío- Murmuró Samuel, mirando.

- ¿Qué hay allá?- Preguntó Edna al ver al ver a los otros dos acercarse.

- Nada…- Dijo Víctor- ¿Aquí?

- El tesoro- Sonrió Sam.

Los cuatro miraron hacia el interior, iluminando con sus lámparas. Era un espacio cerrado, con paredes lisas, lleno de dibujos dorados de estilo oriental. Y en el centro, como un volcán de lujos, una montaña de monedas de oro, piedras preciosas, platos, vasijas, copas, cofres, joyas. Todo levemente corroído por siglos bajo tierra, pero aun así el color dorado era indescriptible.

Había encontrado el tesoro de Naule.