El grupo estaba fuera de la zona de peligro. Se detuvieron con la salida en sus espaldas, para ver a la cueva desprenderse de a poco en la oscuridad, con piedras cayendo sobre el agua, el constante retumbar de la tierra.

Por un momento, Sam se quedó quieto, petrificado, en un obvio estado de shock, con los ojos totalmente perdidos en la nada.

Su hermano se le acercó, parándose a un lado, casi en frente con tal de que volviera. Sabía lo que Edna significaba para él, así que sabía en qué estado estaría.

- Sam…- Puso la mano en su hombro- Hey…

- No…- Cerró los ojos, lentamente, mientras negaba- No digas nada… Esto simplemente no está pasando…

- Sam…

Samuel le quitó la mano, con un poco de brusquedad, solo para sentarse despacio, en una roca.

- Es mentira- Murmuró él, bajando la cabeza- Es… un mal sueño… solo eso… Ella… Ella…

Cerró los ojos con fuerza, mientras se sostenía la cabeza con ambas manos, apretándose, intentando despertarse del mal sueño que creía que era, pero que no terminaba.

Las piernas abiertas, los codos en las rodillas, inclinado hacia adelante, mirando al suelo, vio como la tierra debajo de su rostro comenzaba a pintarse con gotas húmedas que afloraban junto con la terrible sensación que crecía en su pecho.

Nathan se sentó junto a él y silenciosamente comenzó a frotar su espalda.

- La maté…- Gimió Samuel- Yo la maté…

- No, no- Lo sostuvo Nate- No es tu culpa…

- Yo la hice venir aquí…- Frotó sus ojos empapados- Yo pisé la maldita trampa… Nate… Dios…

- Fue… Nauhky Lee- Nathan también comenzó a llorar levemente- No tu… Entiéndelo…

- Dios…- Lloró, tomándose el pecho- No mi Edy… Mi Edy…

Victor se quedó quieto, mirando a los hermanos llorando por Shaareim. Agachó su rostro, dolido, reconociendo el afecto que él también había tenido por ella.

Edna había eludido las piedras aplastantes prácticamente de milagro. A fuerza de deslizarse y colgarse de salientes, cayó relativamente sana al agua del lago interno que comenzaba a filtrarse. Pero sabía que si no encontraba una salida rápidamente, moriría o lapidada por las piedras que seguían cayendo, o ahogada. Comenzó a rebuscar entre las rocas, intentando hacer una salida, pero media cueva se había desmoronado, así que era poco probable que pudiese escapar por allí.

Miró hacia todos lados, con la linterna que le quedaba, iluminando pobremente rincones que daban en la nada. Vio caer las monedas falsas de la cueva contigua, y luego un trozo de aquel cofre que seducía a cualquier iluso. Y detrás se desparramaron una veintena de monedas, reales, de oro puro.

En su estado, lo menos que le debería importar, era ese tesoro. Pero una idea se cruzó en su mente abrumada. Ese premio inútil para ella, pero conociendo a los hermanos Drake, era bastante posible que, si ella muriese allí, buscaran su cuerpo tiempo después. Y de hacerlo, también encontrarían parte del botín. Sería su regalo de despedida.

Velozmente tomó una pequeña bolsa que tenía entre sus bolsillos, y las juntó, para atárselas en el cinto.

Sin embargo, mas rocas y tierra comenzaban a inundar el lugar, por lo que se metió en el agua, que estando en el centro, aún tenía algo de espacio.

Un par de piedras de enorme tamaño cayeron muy cerca de ella, salpicando, entrando por las uniones del aparato, apagando su única luz.

- No… no…- Murmuró, sacudiendo inútilmente la linterna- Vamos… No te apagues ahora…

Pero no resultó. Arrojó el artefacto a un lado, en la oscuridad.

Nadando en el medio del agua, en silencio, notó que había una leve corriente bajo sus pies. Tomó aire y se sumergió, encontrando un leve pasadizo que daba a una ínfima cámara de aire entre las piedras, y luego, otro pasaje más, aparentemente, hasta el exterior.

Iba a volver a la sala principal, pero escuchó el derrumbe tras de sí, y el agua llena de tierra que parecía seguirla. No había vuelta atrás. La cámara de aire también se reducía, debía moverse.

Inspiró profundamente un par de veces y con la tercera, buceó un poco, encontrando una pequeña salida entre las rocas, que daban al lago exterior.

Shaareim se alegró de tener una vía de escape, pero pronto notó que el hueco era demasiado pequeño. Intentó agrandarlo, sacar piedras, pero no funcionaba. Se quitó la bolsa de oro y la pasó por el hueco, para luego intentar pasar ella.

Dificultosamente pudo pasar la cabeza y los brazos, y el torso lo atravesó sin evitar lastimarse. Pero su cintura quedó trabada. Se aterró aún más cuando oyó el retumbar de la montaña y la leve presión de la piedra en su espalda. Intentó volver atrás, pero tampoco podía. Se sostuvo de la roca y empujó con sus brazos, sin resultados. Se movió frenéticamente, estando totalmente estancada. En ese momento sintió la mano de la muerte tocar su alma. Sabía que iba a morir ahí.

Edna se quedó quieta, quizás para no gastar el poco oxígeno que quedaba en sus pulmones. Miró la bolsa de oro descansando medio abierta, con las monedas en la roca, y de inmediato sus amigos se agolparon en su mente. Pensó en Sam, en lo triste y enojado que estaría, en como seria la vuelta a casa. Se lo imaginó hablando con ella, como tantas veces, feliz y efusivo. Aterrada y angustiada al mismo tiempo, sus ojos se llenaron de lágrimas que se mezclaron instantáneamente con el agua.

Una exhalación salió obligadamente de su cuerpo, el último rastro de su aire, medio tosiendo. Sintió el agua entrar por su boca y nariz, tragarlo, sus pulmones cerrándose como último recurso. Su cuerpo se contorsionó como una araña envenenada, sus miembros bailaron con espasmos por un corto momento que le pareció infinito. Se encorvó en ella misma, cerrando sus ojos, y todo se volvió oscuridad.