Edna se sintió levemente mejor, por lo que intentó ponerse de pie, pero Sam inmediatamente la ayudó a incorporarse, para luego colocarle el brazo de ella por sobre su cuello y sostenerla una vez levantada.
- Sam… Puedo caminar.
- Lo se… Pero te cayó una montaña encima y te ahogaste, permíteme ser un poco previsor.
- Suena un poco extraño eso ¿No crees?
- Si- Rio él.
Por supuesto que ella no necesitaba demasiada ayuda, estaba bien a pesar de todo, pero tampoco se negaría a la increíble sensación de seguridad que le producía caminar sostenida por Samuel.
Nathan apareció, recién salido del agua, con una bolsa en sus manos.
- Edna- Él sacudió la bolsa, tintineante- Casi te mueres por esto…
- Es oro- Ella lo miró, aun sostenida- Y si hablamos técnicamente… morí…
- ¿Cuánto es eso?- Preguntó Víctor.
- No lo sé- Dijo Nate- Unas cinco monedas para cada uno, más o menos.
- ¡Hey, hey!- Ella puso rostro enfadado- Nadie dijo que era para ustedes. Lo eran, post mortem.
- ¿No era que técnicamente, moriste?- Samuel la palmeó- Ahora mismo estamos "post mortem"…
- Ya veremos si sigues así de gracioso cuando te robe tu parte…
- ¿Tu? ¿Robarme a mí? Por favor, si sabes que soy el mejor ladrón de aquí…
- ¿Y si te las pido adorablemente?- Ella acarició su cabello, mientras colocaba su rostro más adorable- ¿Me las darías?
- Eso funcionaba antes, Edna… Me he vuelto inmune a tu cara.
- Oh…- Murmuró, fingiendo tristeza.
Una parte de Sam tenía deseos de decirle a esa mujer, que sí. Que mil veces sí. Que por esa expresión adorable le daría el mundo entero. Que amaba demasiado esa cara.
- Ahora hay que salir de aquí…- Víctor miró la subida hasta el exterior.
- ¿Crees que podrás?- Samuel miró a Edna.
- Estoy bien…- Dijo Ella
Y aparentemente lo estaba, ya que subió con la misma leve dificultad que los demás. Por supuesto, el mayor de los Drake, pretendiendo protegerla, escaló detrás de ella, en parte también para aprovechar la increíble vista de su trasero.
Ya fuera, caminaron directamente hasta el aerobote, bajo un manto de estrellas nacientes, con una increíble sensación de éxito en sus pechos. Una vez en el agua, Nate tomó el comunicador y llamó a Elena, dándole las buenas noticias, comentándole levemente todo, incluyendo la casi muerte de Edna, quien desistió de conducir el vehículo, prácticamente por obligación de los otros tres hombres. Bastante habían tenido soportándola conducir como loca.
Tras casi tres horas de viaje no tan veloz, por un rio silencioso, por fin volvían a Tefé, donde Fisher los recibió, contenta, sin evitar abrazar a Shaareim. Después de todo, ella se había vuelto una buena amiga, y saber que tuvo que ser revivida, fue algo bastante duro de digerir.
Debido a que era cerca de la medianoche, todos decidieron acercarse a un hotel, descansar y analizar el éxito al día siguiente, acompañado quizás de una buena comida bien merecida.
Edna estaba en su pequeña habitación de hotel, que apenas si tenía una cama y un baño. Se había limpiado la leve herida de su espalda producida por el intento de huida, se había dado un buen baño reparador y se cambió medianamente de ropa para poder dormir.
Aun se acomodaba la camisa cuando un pequeño sonido tintineante salió de su teléfono. Era un mensaje, reconocía ese tono, así que se sentó en la cama, tomó el aparato y chequeó el contenido. Era Sam.
"Hey, ave fénix, no te olvides de que mañana haremos la mini fiesta" Leyó ella y rio, ya que era imposible que se olvidara.
"Ni que tú me dejaras olvidarme de eso" Escribió ella.
Samuel, recostado en su cama, sonrió aun antes de saber que era ella. Miró la pantalla, con una sonrisa boba y le contestó.
"Es mi deber asegurarme de que has vuelto de la muerte sana y salva… aunque eso suene extraño"
Ella rio nuevamente "Bien, bien… Gracias por eso". Ella se acostó lentamente, y no había terminado de tocar la almohada cuando llegó silenciosamente la respuesta.
"¿Te desperté?"
"No, debía repararme y bañarme primero. Recién me acuesto"
Sam sonrió seductoramente, imaginándola cálida y perfumada a su lado.
"¿Quieres que te acompañe?" Se animó a escribir él.
"No estamos en la montaña nevada, Sam, puedo sobrevivir a la noche"
"¿Quieres helado? Así, si te da frio, puedo ayudar"
Shaareim sonrió, casi tentada a decirle que sí.
"Estoy bien" Bostezó "Es increíble que aun en texto, me puedas relajar tanto. Deberías dedicarte a eso"
Una sonrisa tierna se apoderó del rostro de Drake. Tenía esos inmensos deseos de cruzar el pasillo que los separaba y entrar en su habitación "Solo me funciona contigo, no creo que sea viable eso…"
"De todos modos, con lo que conseguimos, no necesitas dedicarte a nada" Ella se acurrucó de lado, cómoda "Y si en algún momento no te contesto, es porque me subí a una nube"
"No te caigas de esa nube, o creerán que está ocurriendo un terremoto" Él se acomodó entre las sábanas.
"Ja-Ja Me muero de risa. Huy. Huy. Que cómico." Escribió ella, con los ojos pequeños.
"Es broma princesa"
Y por un buen rato, se quedaron intercambiando mensajes tontos y fotos chistosas, cada uno en su cama. Sam le envió un mensaje con una foto graciosa de un perro vestido de bailarina, pero tras un minuto esperando, nada le respondía. Él sonrió con ternura, sabiendo que Edna se había dormido con el teléfono en la mano.
"Casi puedo oír tus ronquidos" Escribió él "Que descanses bien mi pequeña ave fénix"
Sam besó la pantalla de su teléfono, como si así pudiese adjuntarlo al mensaje, y lo envió, para luego acomodarse bien y mirar algunas de las pocas fotos que tenia de Edna en su teléfono, en especial su favorita, una que él le había sacado sin que ella se diera cuenta, recién llegados a Brasil. Recordó el día, el momento, luego de caminar por el mercado buscando comida e información, cuando se habían detenido a almorzar en un minúsculo bar con las mesas en la vereda. Edna estaba sentada en frente de él, mirándolo todo, cuando ella vio parar cerca un carruaje turístico, con un enorme caballo negro, precioso, sano, fuerte y totalmente adornado. Él recordó como vio iluminársele el rostro al ver su animal preferido, volviendo su mirada tan preciosa que no pudo evitar sacar el teléfono y fotografiarla silenciosamente.
Y allí tenía esa imagen, de Shaareim con el sol en sus cabellos, la mirada perdida, increíblemente hermosa y pura. Acarició la pantalla, sintiendo el sueño posarse en sus ojos.
- Descansa mi ave fénix- Se repitió, con una voz que era un susurro- Mi precioso tesoro…
