La minúscula fiesta en la habitación de Nathan y Elena solo los involucraba a ellos cinco y bebidas no alcohólicas. Ya tendrían tiempo luego para emborracharse en serio.

Se pasaron horas charlando, comiendo, calculando levemente el botín que cada vez parecía tener más valor.

Con el sol ya bajando, Elena y Edna se separaron un momento para hablar un puñado de cosas, a solas. Cosas de mujeres, se suponía. Aprovechando eso, Nathan buscó a su hermano con la mirada y tocó su muñeca carente de reloj. Estaba dándole a entender de que el tiempo juntos se estaba aproximando a cero, y que era tiempo de que se lo dijera. Estaba haciendo valer su ultimátum.

Sam sabía que era momento, por lo que se puso de pie, sintiendo su corazón galopar y las piernas temblarle. Se acercó a las mujeres, pensando que en cualquier momento se desmayaría. Jamás había tenido tanto terror en su vida.

- Edna- Dijo él, tratando de sonar normal- ¿Puedo hablarte… un momento?

- Claro- Ella lo miro.

- Yo sobro- Rio Elena, apartándose, palmeando el brazo de Drake a la pasada.

Elena se acercó al joven Drake y se sentó junto a su esposo, con Víctor también cerca. Los observadores estaban expectantes.

- Vamos Sam…- Murmuró Nate- No lo arruines.

Por un momento Edna se quedó mirando a su viejo amigo, que no parecía muy tranquilo, cerca, junto a la ventana.

- ¿Te sientes bien?- Le preguntó ella.

- Si… Si…- Miró hacia otro lado- ¿Cómo no estarlo? Es decir… lo conseguimos…

- No pareces muy convencido… ¿Algún problema con el tesoro?

- El tesoro es lo de menos… Yo… Tengo preocupaciones mayores en mente.

- Debe ser realmente serio, porque con todo eso que conseguimos, tienes para solucionar casi cualquier problema por unos cuantos años.

- No… Es… diferente. Y es de lo que quiero hablarte, pero no sé cómo.

- Piensa que es una cornisa… Despacio y seguro.

- Tú… sabes que me haré los análisis de compatibilidad ¿Cierto?

- Si- Se extrañó ella- Ya me lo dijiste.

- Y los haré… Sin importar que resulte de nuestra conversación.

- Sam, no soy tonta. Deja de darle vuelta a lo que seas que quieras decirme.

- Es que… tengo miedo de decirlo. Tú y yo nos llevamos de maravilla, y me preocupa que eso se vaya al cuerno.

- Casi me muero por tu culpa, en aquel rescate de los restos de Shunjse y aun así seguimos siendo amigos. Y lo seguimos, después de que casi nos traicionaras aquella vez en el Congo. Yo creo que somos a prueba de tonterías ya…

- Ese es el problema… Casi te mato en Shunjse y casi te abandono en el Congo… Pero en ambos casos no pude dejarte atrás, nunca puedo en realidad. Siempre tuvimos la esperanza de que hubiese un tesoro, en el futuro, para reunirnos de nuevo, pero esta vez… Ya no. Las aventuras se acabaron. Y Nathan lo dijo… es injusto que no lo sepas.

- ¿Saber qué?

- El por qué dejé el tesoro para salvarte en Shunjse, o porque me arrepentí de vender la información en el Congo… O que mantuvo mi cabeza cuerda todos los años que estuve en Panamá… Siempre hay algo, desde nuestro primer tesoro…

- No te sigo…- Se confundió ella.

- No importa nada de eso en realidad… Edy… Lo que importa es que te llevo en mi alma desde hace años- La miró con dulzura- Año tras año… Siempre ocultándotelo. Pero esta vez… quiero irme libre de ese peso. No me importa si solo me ves como tu amigo, tu hermano, y no me importa que yo quisiera pasar el resto de mi vida contigo, juntos. De momento, solo me importa que lo sepas de una vez, que sepas lo mucho que te llevo amando…

Edna se quedó quieta, mirándolo, con toneladas de información pasando por su cabeza. En otra situación hubiese creído que bromeaba, como era usual en él, pero conocía su estampa y su mirada como para saber que él iba muy en serio.

- Hubiese sido increíble aunque sea haber tenido una oportunidad- Él se acercó un poco más.

- Dios…- Suspiró- ¿Y jamás pensaste que la tenías?

- ¿Alguna vez la tuve?

- ¿Cómo alguien tan inteligente puede ser tan tonto a veces?- Negó suavemente.

- Edna… Yo…

- Sam- Lo detuvo- Cállate.

El sujeto la miró un momento, vio sus exquisitos labios murmurar un ínfimo "si", casi suplicante, como si ella le estuviese pidiendo que, por una vez en su vida, avanzara. Él dio un paso, tomando su mejilla y sujetándola con su otro brazo, como si temiera que se fuera. Acercó sus labios a ella, besándola al fin, sintiendo su boca devolviéndoselo, suave y cariñosamente, las manos de ella en su pecho. Cerró sus ojos, temiendo que fuese un sueño del que debería despertar, notando un calor interno que crecía con su felicidad.

Los tres observadores restantes sonrieron, felices de saber que todo el drama al fin había acabado, y con el mejor final esperado. Elena se acurrucó al lado de Nathan, enternecida.

- Edna…- Le dijo él, dejando de besarla, mirándola muy cerca- Tú eres mi máximo tesoro…

Edna rio levemente, con los ojos rojos.

- ¿Qué?- Se preocupó él- ¿Qué te ocurre?

Ella se acurrucó en él, rodeando su cintura con los brazos.

- Me he pasado tantos años pensando…- Dijo ella, apoyando la frente en su cuello- Analizando lo que hacías, tratando de convencerme de que sentías algo, de que no estaba loca… De dilucidar si tus formas de verme eran de amistad o si sentías algo más… Y tratando de convencerme a mí misma, de que yo no sentía eso… Que no amaba al que era casi mi hermano… Hasta que moriste… En un segundo descubrí cuan equivocada estaba…

- Somos un par de tontos…

- Prométeme que no volverá a pasar- Lo miró a los ojos, soltándolo un poco- No quiero enterarme de estas cosas a último momento. Por favor… Siempre dime estas cosas…

- Solo si tú prometes lo mismo.

- Lo prometo…

- A mano entonces- Sonrió él.

Ambos se sonrieron, con dulzura, antes de que Sam besara su frente largamente y con mucha ternura.

Elena se dio cuenta que la luz anaranjada del atardecer que había en la ventana, dejaba una imagen preciosa, por lo que los fotografió, asegurándose de que quedara plasmado para siempre.

- Bueno…- Sonrió Víctor- La familia crece ¿Cierto?

- Hey, es verdad…- Pensó Nathan- Ahora Edna es pariente mío… y de Elena… Que alocado.