Ahora que Samuel estaba seguro de ser correspondido, pudo pasarse el resto de la noche mirando a su dama sin temor a ser descubierto, besarla las veces necesarias, abrazarla con la fuerza que necesitaba. Y mejor aún, todo le regresaba con igual dosis de amor.
Le encantaba tener la libertad abrazarla por detrás y desde esa posición, besar su cuello, mejilla o cien.
Ni siquiera la soltó cuando empezaron a dividir el botín en partes iguales.
- Sam…- Sonrió Nate al verlo estrujarla nuevamente- ¿Sabes? Puedes soltarla, no va a desaparecer.
- Tengo déficit de amor, Nathan- Dijo él.
- Entonces consíganse una habitación.
- No seas burdo- Besó su cabeza- Después de amarla toda mi vida y estar encerrado durante 15 años, no voy a llevarla al primer rincón oscuro que vea… ¿Estoy desesperado? Sí, pero no tanto.
Edna, que oía en silencio, mantenía una amplia sonrisa, mientras apoyaba su rostro en el de él.
- Y tú no te quejas ¿He?- Elena le habló a Shaareim.
- Dios, no…- Sonrió ella- Imposible con este muchachote.
- ¿Te dijo que eras la única que no sabía?- Rio ella.
- ¿Qué?- Miró a Nathan y a Víctor- ¿Ustedes estaban al tanto? ¿Desde cuándo?
- Yo me enteré cuando Nate recomendó ir a verte- Dijo Sullivan- Es decir, hace bastante poco…
- Es mi hermano, Edna- Dijo Nathan- Me di cuenta incluso antes que él.
- ¡Eras también mi medio hermano!- Ella fingió enojarse, arrojándole un paquete de caramelos vacío- ¡Me hubieses dicho algo!
- Relájate princesa- Sam besó su mejilla un par de veces.
- Y tú me dijiste que lo sentías desde siempre- Ella lo miró- ¿Cuándo exactamente?
- Bueno…- Él tomó una de sus manos- Siempre me pareciste sumamente interesante, desde el primer momento… Pero cuando cumplí 21 años, robaste unos cigarros cubanos y me los regalaste. Recuerdo que pusiste una cara tan adorable que me di cuenta que estaba totalmente enamorado de ti…
- Eso no te detuvo de andar detrás de muchas damas de compañía y alguna que otra loca… Es más, recuerdo haberte oído tener sexo con alguna…
- Era joven… necesitaba aprender…
- Si claro…
- ¿Celosa?
- Algo… Pero Sam… Por dios… Podrías habérmelo dicho.
- Hey, que tu también lo ocultaste bien…- La miró, sonriendo.
- Pero no tenía 21 años…
- Da igual…- La apretó un poco contra si- Si ahora eres más increíble que antes…
- Eso quisieras…
Él intento besarla, pero ella se lo impidió.
- Hey…- Samuel puso cara triste.
- No frente a ellos- Señaló a los otros tres que estaban callados.
- ¿Te da vergüenza?
- No… pero…
- Ya bésense de una vez- Nathan arrojó de vuelta el paquete de caramelos vacío- Como si nosotros no nos hubiésemos asqueado lo suficiente con Sam y sus referencias a sus erecciones.
- Para este momento, un beso hasta nos parece tierno- Dijo Elena.
- ¿Lo ves, princesa?- Samuel tomó su barbilla, acercándola suavemente- Todo… esta… perfecto…
Ambos volvieron a besarse, con extrema dulzura, sonriendo. Era más que evidente que ese par de viejos amigos estaban totalmente enamorados.
La noche había llegado con cálculos burdos en cuanto al precio de los diamantes y joyas, además de besos y caricias.
Sullivan había hecho gala de sus dotes de hombre de negocios, para calcular al fin, e inclusive dando números más bajos, que tenían un total básico de 25 millones de dólares en diamantes y joyas, sin considerar diamantes extra preciosos, rubíes de alta calidad y las cinco pesadas monedas, de oro antiguo que le quedaba a cada uno.
Había resultado una gran ganancia de cinco millones de dólares por cada uno.
Era la última noche en Brasil, antes de viajar a Estados Unidos y organizar toda la venta del tesoro, y todos se habían ido a dormir, exceptuando Samuel y Edna, que se habían detenido en el pasillo que dividía sus habitaciones.
- Vamos- Él tomó sus manos, conduciéndola a su habitación- Hay que dormir…
- ¿Y con dormir te refieres a…?
- Dormir- Empujó la puerta con su cintura, haciéndola pasar.
- ¿Solamente dormir?
- Si, Edy…- Tomó su cintura- No te negaré que estoy muriéndome de ganas, pero eres la mujer de mi vida, quiero que sea especial. Quiero prepararte algo de comer, vestirme correctamente… No hacértelo en un hotel cualquiera… Si aguanté quince años… Unos días más no serán nada…
- Oh…- Ella sonrió, ruborizada.
- Adoro cuando te vuelves Tomatedna…- Besó sus labios.
Él sintió los brazos de Edna rodear su cuello, acercarlo, besarlo suave y embriagadoramente. Él estaba encantado, notando el aire que se volvía más denso. Pasó sus manos por su espalda, por debajo de su blusa, rozando sin querer la leve herida que ella se había hecho con las rocas.
- ¡Ay!- Ella reaccionó al dolor.
- Cielos…- Él se asustó- Lo siento cariño… ¿Te lastimé?
- No lo sé- Ella intentó ver su propia espalda.
- Déjame ver…
Él acercó una silla y se sentó junto a la mujer en pie, para levantar la tela y ver su herida descubierta, sangrando levemente.
- Princesa… ¿Ni siquiera te pusiste una venda?
- Es un poco complicado vendarse los riñones por una misma…
- Yo me encargo…
Drake besó su espalda antes de caminar al baño y buscar un botiquín.
Luego, sentado, se dedicó a limpiar bien su herida, a colocarle antiséptico, una gasa limpia, todo con extremo cuidado.
- Así está mejor- Él volvió a besar su espalda.
- Gracias Samy- Ella se giró de cara a él.
Tomando ventaja de la diferencia de altura que ahora tenía con ella, Samuel besó largamente su estómago y se quedó quieto, un momento, descansando su rostro en ella. De inmediato sintió aquellos dedos tiernos meterse suavemente entre sus cabellos, algo que lo relajó enormemente. Suspiró largamente, cerrando los ojos, notando que su alma se calmaba y su felicidad brotaba como un manantial.
