Una de las cosas que más le gustaba de su piso era el amplio ventanal, con su magníficas vistas de Londres. Le gustaba sentarse a su mesa, con su café en la mano. Café y no té, al menos por la mañana. Le gustaba sentarse sobre sus piernas, enredada sobre la silla como una niña pequeña y desperezarse al alba, mirando por su ventana. Si tenía suerte, hacía sol. La luz entraba por los blancos visillos invadiendo palmo a palmo su suelo.
Ese era su momento preferido del día. La soledad del alba, el silencio y la promesa de un nuevo principio. Era el momento de planear, degustando su café, en qué iba a emplear las horas de ese nuevo día. Sin embargo hoy no tenía planes. Sus planes dependían en gran parte del hombre que dormía desnudo entre sus blancas sábanas. Así que la página de su agenda seguía en blanco, como sus sábanas, como sus pensamientos.
Mordisqueaba distraidamente sus uñas, adicta a los malos hábitos, echaba de menos su cigarrillo aunque se mantenía firme en su promesa, volver a su medio habitual le había devuelto la ansiedad de sus malas costumbres, pero recordaba perfectamente las cicatrices redondas del tamaño de la yema de su dedo en el torso de Severus y por muy fuerte que fuera ese hombre, seguro que el click del encendedor le provocaba escalofríos.
Era impresionante.
Su alma esculpida a base de reveses era su último y más preciado trofeo.
Le gustaba verle dormir. Tan relajado, tan inocente, como si no hubiera sido traicionado, manipulado, torturado...
El sol tocó finalmente sus pies y aún no tenía planes. Tenía una agenda en blanco y un ejemplar magnífico entre cobijas blancas.
Silenciosa y ágil como una gata, se deslizó de nuevo entre las sábanas para verle más de cerca.
Primer punto del día: observar a Severus mientras duerme. Y sonreir como una boba mientras lo haces.
_Buenos días, señorita madrugadora.
Snape pasó un brazo por encima de ella y la besó tiernamente en la frente. No le pasó desapercibido que ella frunció las cejas un momento.
_¿Qué hacías?
Siempre la sorprendía la lucidez con que despertaba.
_Ver amanecer.
_¿Y qué pensabas?
Ella le miró a los ojos. La estaba interrogando. Tendría que acostumbrarse a dar explicaciones. Suspiró.
_ ¿No tienes la sensación de que este es un tiempo prestado? Tengo el presentimiento de que, después de tanto tiempo negándome a tener esta... placidez, ahora no me la merezco y que la voy a perder pronto.
_ Será porque realmente no me mereces, _dijo él totalmente serio_ ¿Te he contagiado mi fatalismo?
_No es eso. Es... ¿No te sientes vacío, cansado, usado y un poco perdido?¿No estás... ni mínimamente... asustado?.
Severus rió. Una risa breve y sarcástica.
_¿Seguro que no tienes ya poderes para leer mi mente?.
Ella negó con la cabeza. "Parece que te voy conociendo".
_No voy a negarte que después de ser el títere de Dumbledore y el lacayo de Voldemort (¿Se puede decir Voldemort ya?).. ahora me cuesta tomar decisiones por mí mismo. Aunque contaba con usted, mi ama y señora, para que me ayudara en esa tarea. Aunque visto lo visto, esa fatalidad con que ves el futuro, tengo que preguntar: ¿ya has pensado ya cuándo vas de dejar de amarme?
_Y tú, ¿has pensado cuando dejarás de desearme?
Demons se dió la vuelta pegando su espalda al pecho del mago. El calor de su cuerpo era muy reconfortante.
_Cuando te pongas enorme y camines balánceándote como un barco_ dijo llevando una mano a su vientre_ No me has contestado qué hacías tan temprano.
_Esta es mi hora de hacer planes_explicó ella_. Decidir cómo voy a emplear mi tiempo este día. Pero hoy no he podido hacer ninguno, esperándote. Ahora tengo que ajustar mi vida a la tuya, así que, desembucha. ¿Qué has planeado?
Ajustar mi vida a la tuya. Severus pensaba que eso sonaba muy, muy bien.
_¿Para hoy?
_Para tu vida de hoy en adelante.
Severus rió y su espalda tembló con el pecho del mago. Eso mismo estuvo pensando ayer. Tenía delante de sí una vida sin promesas que cumplir. Libre.
_Venga, sé que haces planes mientras te duchas y ayer te duchaste dos veces._ continuó ella_ ¿Qué has decidido?
Snape la abrazó un momento y volvió a besarle el pelo.
_Aún no lo sé, no sé si aparecer en el mundo mágico como un resucitado o quedarme escondido en tu cama.
_ El mundo muggle a la larga te resultará poco estimulante.
_Lo dudo, estando tú en él, pero... ayer decidí, mientras me duchaba por segunda vez, que voy a tomarme unas vacaciones.
_Tendrás que cambiarte el nombre mientras te escondas en mi cama. En el mundo muggle, quiero decir, ¿no? Y encontrar un trabajo, algo en qué ocuparte. Tengo un puesto libre en mi departamento, si te apetece.
_ Había dicho va-ca-cio-nes... Mi nombre es perfectamente muggle, tengo carnet de indentidad, partida de nacimiento... mi padre era muggle, ¿no lo recuerda?
_Ya, pero presiento_ dijo frotándose el antebrazo izquierdo, allí donde estuvo la marca tenebrosa_ que hay unos cuantos mortífagos esperando ver aparecer su nombre por ahí. Aunque, si tienes los papeles en regla, podemos tomar un avión, irnos de vacaciones a un lugar con mucho sol...
_¿Un avión? ¿Para qué? Tengo mi varita, ¿recuerda?
Demons se apretó contra él.
_Claro que recuerdo tu "varita", Severus. Pero no puedes irte de vacaciones todavía. Tienes que ir disfrazarte, ir a algún lugar en el que puedas enterarte cómo están todos, Minerva, Hagrid...Potter. Y saber qué piensan sobre tu desaparición... Así será más fácil decidir si reapareces o no.
_ Veo que lo has pensado todo.
_Y luego tenemos que ir de compras, no tienes ropa que ponerte. Te traje solo una muda y no sé si será de tu gusto.
_¿Es negra?
Demons rió. Claro, no podía ser de otro color.
_ Y yo tengo que ir al laboratorio y ver cómo está aquello. Tengo que asegurarme de que no contraten a algún inepto. Supongo que , si no te ataca nadie, estaremos libres para la hora de comer. Luego, podremos irnos de vacaciones.
_ Está bien, mandona, haré todo eso que dices y luego..._ Snape metió sus manos bajo la ropa de ella y la abrazó con fuerza_Luego, tú harás lo que yo diga.
Ea, ahora él se levantaba y se iba al baño a arreglarse y ella se quedaba con el cuerpo intranquilo, deseando que fuera luego ya.
Ella no se esmeró demasiado, total, tendría que ponerse el uniforme al llegar. Severus tardó muchísimo en salir del baño.
_ ¡Dios mío!_ exclamó ella al verle_ Esto es muy perturbador.
Ante sus ojos había un Snape, con una larga melena negra enhebrada de canas y una larga barba. Cientos de arrugas surcaban lo que se veía de su rostro y sus manos nudosas, como troncos de árboles, temblaban ligeramente. Caminaba encorvado y frágil, con una túnica de color indefinible entre marrón y gris. Parecía un ermitaño loco, recién sallido de su cueva.
_Supongo que así no me reconocerán. Voy al Caldero Chorreante, allí me enteraré de todo. Dame un beso.
_Ni loca, luego, a la vuelta, cuando vuelvas a ser tú.
Severus aún reía para sí mismo cuando entró en el Caldero Chorreante. La cara de Demons al decirle que era él con cuarenta años más fué todo un poema. Rápidamente, cambió su expresión. Se concentró en su nueva misión.
Lentamente, con andar viejuno, se acercó a la barra y pidió un zumo de calabaza. Ajuzó la vista y el oído. Reinaba un ambiente que Snape recordaba vagamente, similar a aquel de cuando Potter sobrevivió.
La gente estaba exultante, nerviosa, pero feliz, riendo sin motivo, felicitándose unos a otros, invitándose a copas y brindando.
_¿Qué se celebra?_ preguntó a alguien sentado a su derecha en la barra.
_¿Dónde ha estado metido? ¿No lo sabe? Quién usted sabe ha sido derrotado ¡de forma definitiva esta vez! Ha sido el Elegido, ¡Harry Potter! ¡Bah, lea y entérese!
El impaciente mago le tiró un ejemplar de El Profeta. Allí estaba todo, la batalla de Hogwarts, la lista de bajas y una emocionante y lacrimosa esquela para los caídos. Muchos conocidos en uno y otro bando.
Los Malfoy no salían mal parados, por lo visto, según informaba la reportera, Narcissa había jugado un papel crucial en la derrota del Lord, pero no se especificaba cual.
Pasó la página y se quedó petrificado al ver su propia imagen.
El titular prometía: Severus Snape ¿traidor o héroe?
Harry, Ron y la sabelotodo Granger habían declarado verle morir a manos de Voldemort, no sin darle al Elegido en sus últimos minutos de vida, una información preciada y necesaria para la victoria final.
Para el mundo mágico, estaba muerto. Aunque su cuerpo no había podido ser recuperado, se hizo un funeral digno de un director de Hogwarts, donde, según se veía en la foto, hasta la señorita McGonagall se enjugaba las lágrimas con la punta de un pañuelo y un alicaído Hagrid retorcía algo tan grande como una sábana entre sus manos.
Le habían concedido a título póstumo la Orden de Merlín, primera clase.
Snape sintió una inquietante punzada en el corazón. Estaba muerto...
Pensó en la la casa de la calle La Hilandera, en sus libros y sus cosas, sus tesoros y sus recuerdos... ¿Qué pasaría con ellos? Y, más práctico, pensó en su cuenta de Gringgotts, cierto que no había mucho , pero los galeones allí acumulados contituirían una pequeña fortuna, muy oportuna para comenzar de nuevo. Se sentiría herido en su orgullo si tuviera que aceptar el dinero de Demons.
Sintió la tentación de ir a su casa y rescatar ciertas cosas... pero no, mejor dejarlo todo atrás.
Demons había tenido razón, visitar el mundo mágico y enterarse de lo acontecido le había aclarado qué hacer de ahora en adelante.
Quería una vida nueva, sin las sombras alargadas del pasado, sin una mínima posibilidad de que toda la desgracia dejada atrás pudiera alcanzarle de nuevo.
Severus Snape, estaba muerto y enterrado.
