_Venecia_ dijo ella.

_No, no, no_ cortó rápidamente_ París, sin duda lo que más me ha gustado ha sido París.

_¿Seguro?_dijo él risueño_ Pensé que te habían gustado más las playas caribeñas.

_Sí, aquello también tuvo su encanto...

Los ojos de Paula se volvieron soñadores cuando recordó la luna llena entre las palmeras y el suave arrullo de las olas lamiendo la arena mientras otras olas lamían su cuerpo.

Se habían saciado el uno del otro de mil y una maneras posibles, en mil y uno lugares posibles, de una forma intensa y brutal, sin comedimiento. Se habían besado interminablemente en mil y un balcones, en mil y una camas y se habían dedicado mil y una caricias y ella le había contado mil y una historias de su niñez y su alocada juventud.

Pero hasta su pequeña Sherezade tenía un límite y se había cansado de recorrer el mundo y de verlo. Había querido volver a su pequeño apartamento de ocho paredes y dos puertas, quería volver a su trabajo.

_Dí la verdad, Paula, ya te has aburrido de mí.

Ella sonreía, constantemente, era feliz y él era feliz de verla a ella. Había sido un hombre divertido, cortés, educado y correcto en público; un auténtico sinvergüenza haciéndola reir de manera compulsiva dirigiendo sus comentarios mordaces hacia otras personas y un total canalla en la cama, provocando su deseo en los restaurantes, en los museos, en los monumentos... negándose a ella bajo la excusa de estar cansado al llegar al hotel para acabar dándoselo todo cuantas veces deseara.

Se había esforzado en disfrutar, relegando a un rincón de su mente cualquier preocupación, dedicándole toda su persona y, realmente, había disfrutado cada instante de su compañía, y lo mejor, ella no lo había sopechado nunca.

Nunca se había dado cuenta de que él se despertaba por la noches empapado en un sudor frío y temblando, tan sólo le acogía cuando se pegaba a su cuerpo usándola de almohada. Le abrazaba y le revolvía el pelo, acariciaba su espalda y alertargaba el miedo con su contacto, y él suspiraba volviéndose a dormir.

Ella no sabía nada de sus oscuras pesadillas en las que un ser desfigurado le clavaba las garras destrozándole el cuerpo, arrancándole la piel del pecho a tiras mientras él permanecía desnudo y helado, indefenso, viendo correr su sangre.

Ella ignoraba que casi cada noche, un sádico con una sonrisa fría de dientes torcidos y amarillentos y ojos negros y profundos le visitaba. Sobre todo las noches que ella se quedaba dormida pronto, demasiado cansada para hablar con él, demasiado cansada para contarle un cuento o consolarle con su cuerpo.

Nada imaginaba ella de ese ser de piel cetrina que le hundía cada noche la mano en el pecho y le sacaba un sangrante corazón, aún latiente, y lo estrujaba entre sus largos dedos.

Ese repulsivo ser, se comía su corazón y luego reía con risa de hiena.

Y, por supuesto, ella no oía la voz rasgada de ese demonio que había comenzado a recordarle quién era, un asesino, un traidor, un mortífago, un ser malvado, procedente de las tinieblas y que sólo entre tinieblas tendría su hogar. Un ser que no le escuchaba, que volvía a reir con risa de hiena cuando él protestaba diciendo que ese ya no era él.

Entonces le hablaba de ella, le decía cada noche que ella era luz y que la luz le hería, le consumía, que pronto ella se daría cuenta de la oscuridad de su alma y que no podría soportar su presencia.

Pero lo peor no eran las noches: eran las mañanas, cuando ese ser que le torturaba aparecía, devolviéndole la mirada desde el espejo y sus ojos brillaban sádicos antes de que él le obligara a retroceder.

Por eso él se esforzaba, cada día en darle lo mejor de sí. Porque ella era luz y era fuego y eso era lo que él necesitaba para su alma tenebrosa.

_ No, Severus, nunca podría aburrirme de ti.

Y le miraba con una devoción tal mientras se lo decía, que le daba miedo pensar que algún día no lo hiciera.

Le abrazaba con una intensidad tal, que parecía metérsele bajo la piel.

... y cuando callaba y se ponía seria, él la besaba para ahuyentar esa sensación que la asaltaba a veces, de que todo era demasiado intenso para durar mucho. La besaba tiernamente, sujetando su barbilla, y se reía de ella diciéndole que podría intentar ser menos intenso si creía que "todo" era demasiado.

Ella se defendía como una gata, " A veces 'todo' no parece suficiente, señor Snape. Siempre me hace buscarle pidiendo más".

¿Qué había dicho? Había perdido el hilo de la conversación mientras pensaba.. ah, sí, "nunca podría aburrirme de ti"

_Eres una mala mentirosa_ se burló él_ Procura no jugar nunca al póker.

_Al final, no has escogido un nuevo nombre. Mi tío Bernie dijo que podría arreglarlo rápido, pero necesita saber un nombre.

Cuando le convenía, le cambiaba de tema como una niña caprichosa. Entonces, él la trataba como a una niña, consintiéndole todos los caprichos, regañándola, educándola y ella se reía de nuevo, bendita sonrisa, se reía de él y él se lo permitía.

_Soy muy poco imaginativo.

_Permítame dudarlo, señor Snape_ sus ojos centelleaban al decirlo.

Sí, a veces le hablaba de usted y volvía a tratarle con cierto desprendimiento, como si no le adorara y él hacía lo mismo con ella, y se esforzaban en conquistarse apostando esta vez quién sería el primero en hablar de tú.

_¿Qué apodo me pusiste? Pusiste apodos a todos, ¿cuál fue el mío?

_Podemos esperar a mañana, consúltalo con la almohada.

En ocasiones ella huía y él la perseguía o al revés, corrían en círculos jugando a un pilla-pilla que estimulaba todos sus sentidos. La sabía suya aunque huyera, pero tenía que correr detrás de ella para alcanzarla, de la misma manera que ella corría detrás de él aunque supiera que le pertenecía.

_ Venga, señorita Demons, no sea cobarde.

Demons habló tímida. Sí, había timidez en toda su descarada presencia, había rubor y vergüenza a veces, y pudor. Igual que había inocencia en ella, era deliciosa encontrársela a veces envuelta en capas y capas de "estoy de vuelta de todo".

_ El príncipe Cuervo. Es el personaje de un cuento.

Un cuento, no podía ser de otra manera...

_Podría llamarme así.

¿Qué importa el nombre a la rosa si conserva su perfección? Que le bautizara ella de nuevo, que arrancara su nombre y le diera nueva vida. Él vivía por ella, solo por ella había vuelto de la muerte... justo era que ella le nombrara y le diera existencia.

_ Cuervo no es un nombre...

_ ¿Ah, no? ¿Y ese Tequila que probamos en México?. No puedes decirme que no lo recuerdas, bebimos bastante... José Cuervo. ¿Lo recuerdas, verdad? Probemos en inglés. Joseph Crow... Joseph Crow.

_ No suena mal. Aunque creo que te seguiría llamando Severus.

El teléfono gritó reclamando atención y Severus lo cogió para responder aunque, evidentemente, sería para ella.

_ Joseph Crow al habla_ dijo bromeando_ No, no se ha equivocado, es aquí... Creo que no tengo el placer de concerle, al menos estando consciente.

Demons gesticuló: ¿mi padre?. El mago asintió.

_ Sí, sí, hemos estado de viaje... ¿Esta noche?_ Severus la miró alzando una ceja.

Ella negaba con las manos y la cabeza.

_ Por supuesto, señor Garthclyde... Paula estará encantada.

Paula en cambio, hundía la cabeza entre sus manos y le miraba rabiosa.

_Sí, a las siete estará bien. Hasta luego entonces.

Snape se dirigió a ella con una sonrisa maquiavélica. «Es hora de cumplir acuerdos», dijo

_ Vaya, Paula, se te presenta una oportunidad para hacer las paces, vayamos. Escoje un bonito y escotado vestido rojo_dijo con intención_ Llevemos champagne. Será como si nunca te hubieras ido.

_ Eres un ser malvado y retorcido...

_Hable con propiedad, señorita Demons, soy un ser malvado y retorcido... que la idolatra.