_Está nerviosa, señorita Demons, ¿o tal vez debería decir Lady Garthclyde?

_Dí loca de remate, mejor. No sé cómo me he dejado convencer...

La fachada era apabullante, muy de un estilo conocido. De alguien presumido y presuntuoso.

_Este sitio me recuerda a la mansión Malfoy...

_Sí,_ convino ella_ también aquí me torturaron y me ignoraron... salvando las distancias.

Se bajaron del taxi, ella subió rápidamente los escalones pero Snape se quedó un momento atrás.

_Esto_ dijo Demons_ ha sido idea tuya, pero si quieres echarte atrás...

_No. Sólo que no sé si sabré como comportarme ante... un noble.

_Sólo tienes que mirar a todos por encima de la nariz, ser un poco snob y burlarte de ellos como si te importaran una mierda... ya sabes, sé tú mismo.

_¿Tienes que decir "mierda"?

_¿Ves?_ dijo ella sonriendo_ Lo tienes chupado.

Bajó un par de escalones para ponerse a su altura y se enganchó de su brazo.

_Venga, señor Crow, lo va a hacer muy bien...

Y lo hizo muy bien, tan bien que en unos meses habían tomado como costumbre ir los sábados a las cenas y convites que su padre tenía costumbre de ofrecer.

Ella seguía yendo a regañadientes, no encontraba sentido a esas peregrinaciones. Severus, sin embargo, parecía encontrarse en su ambiente. Su porte elegante y aristocrático hacía las delicias de las damas y su conversación, la de los caballeros. Estaba conociendo a gente interesante, decía él, influyentes, traducía ella. Estaba creando una red de conocidos poderosos, en espera de lo que se decidiera a hacer en el futuro.

El resto de su vida, se había vuelto un poco rutinaria. Él frecuentaba los clubs de gentlemens y ella su laboratorio. Se habían comprado una casa. Ella aseguraba que él debía tener sitio para un despacho, para sus libros y su caldero, y habían comprado una bonita casa en un buen barrio... gracias a la mediación de su padre, como averiguó más tarde.

Sin embargo, nada parecido a los objetos que Severus tenía en su casa de la Hilandera o en Hogwarts entró jamás entre esos muros. Mada mágico, salvo él y su varita.

Al poco tiempo, él comenzó a manejar su propio dinero aunque decía que procedía de sus "negocios", ella no supo claramente a qué negocios se dedicaba.

Dejaron de frecuentar teatros y cines y restaurantes, para acudir a aburridas recepciones en embajadas, subastas de caridad, y eventos sociales varios en los que el señor Crow, parecía ser la nueva notoriedad de moda, a la que todo el mundo conocía. "Todo el mundo" incluía lógicamente a la parte femenina que le miraba arrebolada cuando aparecía y dedicaba una de esas intensas miradas suyas.

Paula aceptaba todo. Severus tendría que encontrar un sitio en el mundo muggle y ella no iba a ponérselo difícil, aunque... aunque cada vez le gustaba menos el lugar que había escogido. Ella pasó a ser un adorno más, como sus gemelos o su pisacorbata. Dócil, callada, elegante... Snape había conseguido en poco tiempo lo que su familia no había conseguido en años.

A veces, al aburrimiento hacía salir a la Demons más rebelde, pero el descaro y el atrevimiento que tanto alababa Snape, parecía demasiado colorido para el señor Crow y su mirada fulminante se unía a la de su padre.

Lo único que lo compensaba era que cuando llegaban a casa él seguía siendo el amante solícito que ella conocía... o casi. A veces, Demons se preguntaba cómo teniéndole tan dentro pareciera que estaba a millones de kilómetros. Es como si le dejara usar su cuerpo pero le cerrara su mente, o lo peor, su alma.

El interior de la casa del Lord Garhtclyde era tal como Severus lo había imaginado al ver el exterior. Opulento, mármol y maderas caras, retratos en marcos dorados, arañas de cristal relucientes y un mayordomo que les dió la bienvenida, que propuso a Paula guardar su abrigo, ("no, gracias, aún tengo un poco de frío. Quizá mas tarde") y les condujo hasta el salón. Severus sabía que estaba enfadada. Ella quería ir al cumpleaños de Deborah, pero estaban invitados a una cena de compromiso. "Es tu familia, Paula, es importante." "Hable con propiedad, señor Crow, es importante para usted. Deborah es más familia mía que esa gente".

Pero fue.

Lord Garthclyde, con su porte altivo les esperaba a la entrada de la habitación donde al fondo, se veía un grupo de personas hablando entre ellos. Su madre, la señora Cabbot, íntima de ella, y dos de sus primas. Paula renegó mentalmente, no iba a ser un tirón de orejas en privado, sino una humillación pública. Por mucho que Severus se empeñara, ella no podía darle el beneficio de la duda a un hombre de quien tan poco había recibido en el pasado. Y se preguntaba a veces si era cierto lo del complejo de Electra que hacía a las hijas escoger parejas parecidas a sus padres, porque el señor Crow era muy aprecido a su padre. Demons trató de que no se le notara nada cuando vió a los hombres allí presentes. El señor Cabbot, claro está y mierda, Peter, la causa, motivo, razón y circunstancia de la ruptura con su padre y doble mierda, Lewis, su antiguo profesor de piano. No podía haber sido más aposta. Era una encerrona, si ella aguantaba esa noche, podría ganar el nobel de la paz. Su padre sabía quienes eran cada uno de los invitados, dudaba mucho que no hubiera sido premeditado. La estaba poniendo a prueba, examinando su aguante. Y Severus insistía en que hicieran las paces. Iluso.

_Puntual como un reloj. Supongo que se debe a su influencia, señor Crow_ dijo tendiéndole la mano.

Severus se la estrechó cordial sin dejar de observar la frialdad con que padre e hija se miraban.

_Paula, tu madre está muy contenta de que hayas podido venir.

_Claro, ¿tú no? Voy a saludarla antes de que se tome tres copas y olvide que estoy aquí.

Pasó de ellos y de sus miradas reprobadoras, tomó una bebida y avanzó por el salón.

_Venga conmigo, señor Crow, ¿Le apetece un brandy de aperitivo? Tengo un whisqui escocés también muy bueno, para paladares bien entrenados, como el suyo.

Demons dejó que su padre secuestrara a Severus, al señor Crow, llevándole al rincón del billar, donde conversaban varios hombres y ella se dirigió al corrillo de las mujeres.

Su madre besó el aire alrededor de sus mejillas, alabó su vestido gris de seda cubierto en parte por un fino abrigo del mismo tono y comentó que el tiempo aún era frío... como si no llevaran años sin hablar de otra cosa. Se enteró pronto que la cena se debía a la petición de mano de su prima Mary.

Paula miró al corrillo de los hombres.

_ Querida prima, ¿no me digas que el afortunado es...?

_ Es Peter, Paula_dijo orgullosa.

Peter, su antiguo prometido, el que aceptó el acuerdo económico con su padre por convertirla en una mujer decente. Demons torció la boca.

_ Me alegra ver que mi padre siguió buscando su prosperidad aunque no fuera conmigo. Y me alegra ver que sigues aprovechando los juguetes que yo desecho_lo sentía, pero no podía evitar no ser amable_ Aunque has tardado mucho en decidirte, ¿o ha sido él el indeciso?

_No seas maleducada, hija.

_No, madre.

Sorbió su cocktail mientras observaba a Severus al otro lado de la sala. Al menos uno de ellos parecía estar a gusto y divirtiéndose. Hablando entre ellos, desde allí Demons oía su voz profunda. ¿Qué decía? Algo interesante, por la cara de los demás. Echó de menos tener esa voz profunda detrás de su oreja, tanto que dolía.

_ Además, tú tienes un nuevo juguete... un poco... diferente de tu estilo. ¿Ese es el hombre por que desapareciste durante meses?

_ Sí, prima. Espero que no se te antoje, como todo lo mío. Al fin y al cabo, ya tienes a Peter.

_Pues yo no tengo a nadie.

Estupendo. De todas las personas del mundo, su padre había conseguido reunir a varias de las que más odiaba. Su prima Mary había ido heredando sistemáticamente su ropa, sus juguetes y su prometido... había heredado incluso sus padres. Cuando ella dejó la casa con su vestido rojo, en aquella lejana ocasión, allí estuvo ella para consolar a Peter, claro y a sus ofendidos padres. Se había convertido en la sombra de su madre, por la que se dejó asesorar en cuanto a ropa, estilo, y en cuanto a... básicamente todo. Mary era la hija que su madre hubiera deseado. Y no lo ocultaba.

Su otra prima, Lola, era una rubia oxigenada a la que Paula consideraba una mala copia de sí misma. Todo lo que ella hubiera hecho, su prima lo hacía peor; empezar a fumar, beber alcohol, salir por locales de mala fama...o lo hizo mejor, porque ella heredaba sus despechados amantes, pero de forma solapada. No se había enemistado con nadie manteniendo sus círculos sociales.

_Pues no cuentes con este.

Ambas se sotuvieron la mirada. Demons intuía que Lola ya tenía puesto su punto de mira.

En la cena, su padre se encargó de sentar a Severus muy cerca de él. A un lado del mago, la señora Cabbot, al otro, su prima Lola. Ella en cambio estaba escoltada por el señor Cabbot y un incómodo Peter, sentado entre ella y su flamante prometida.

Severus, acaparó toda la atención, todos querían conocerle.

Era profesor de química en un internado exclusivo en un castillo en Escocia, contó. Pero ahora quería darle un rumbo distinto a su vida. Observándole de lejos, Paula comprendía como se había ganado la confianza de Voldemort, halagando sutilmente, callando en el momento justo,... El despliegue seductor de Severus abarcaba a hombres y a mujeres, sobre todo a Lola, que se inclinaba hacia él ofreciéndole una generosa vista de su generoso escote.

Tal vez por eso, Demons se sentía cada vez más malhumorada. Pero se mantuvo calladita y sonriente. Después de la cena pudo cruzarse un momento con Severus.

_¿Disfrutando de las vistas?_preguntó ella.

_ De los hombres que hay en la sala, sé que has tenido relaciones al menos con dos, tres, contándome a mí. ¿Y te pones celosa porque mire un poco el escote de tu prima? Tranquila, señorita Demons, mirar no cuenta como infidelidad, que yo sepa.

¿Qué había sido eso? Eso no era propio de Severus. ¿O sí?. Ella no conocía más Severus que el que la protegió en Hogwarts, subyugado por el recuerdo de Lily y al magnífico compañero de viaje que la había tenido tres meses por el mundo. Él había mencionado algo una vez acerca de probar otras bocas. Ella había pensado que bromeaba. Ahora no estaba tan segura.

Lola la miró un segundo antes de engancharse al brazo de Severus y conducirle de nuevo hacia el billar. La señora Cabbot en cambio tiró de ella hacia el rincón del piano. Mary lucía su anillo con orgullo.

Durante veinte minutos escuchó aburrida la conversación que giraba en torno a diseñadores de trajes de novias y proveedores de catering. Hasta que al volver la vista les vió.

Demons sintió como la sangre abandonaba sus mejillas y los labios le pinchaban dolorosamente. Severus rodeaba el cuerpo de Lola mientras, sosteniendo el taco, le enseñaba a apuntar a una de las bolas para hacerla caer en la tronera.

Vale, hasta ahí. Ni una tontería más, señor Crow.

Demons se levantó y caminó un par de pasos. El eco de sus tacones que sonaron como disparos, hizo que todos se giraran a mirarla. Demons se quitó el abrigo y extendió el brazo con el que lo sujetaba para dejarlo caer en el suelo, intencionadamente.

Se acercó al billar contoneando sus caderas.

Ella sabía jugar a eso muy bien.

Hasta el señor Cabbot tragó saliva ruidosamente al verla. Peter carraspeaba nerviosamente y el profesor Lewis se había quedado con la boca abierta.

Al llegar, pasó de largo delante de su padre.

_Bonito vestido, querida.

No contestó. De sobra sabía que la recatada parte delantera había sido de su gusto pero el escote que dejaba totalmente al descubierto su espalda, adornada por un colgante plateado, hasta un poco más abajo de lo prudente, era lo que había provocado su comentario. Se lo había puesto a propósito después de que Snape le aconsejada cambiarse porque el otro que escogió mostraba demasiado su pecho.Demasiado para mí, pero no para Lola. Pero lo había ocultado con el abrigo por no provocar otra discusión. ¿O no? ¿O no se lo había puesto y ocultado precisamente para provocar otra discusión?

_¿A quién le toca?_ preguntó. Peter levantó su taco_ Gracias.

Demons cogió el taco entizando la punta con movimientos... seductores, soplando después, juntando sus labios como para un beso.

Ella sabía jugar a eso muy bien, devorar hombres había sido su pasatiempo favorito y alrededor de esa mesa, varios hombres ansiaban ya ser devorados.

Severus, el señor Crow, soltó a Lola.

Demons sintió un familiar hormigueo en la piel al aguantar su mirada dura y fría. No pudo evitar respirar más profundamente, y se la devolvió igual de fría y cortante.

Paseó alrededor de la mesa, buscando un ángulo propicio para jugar, exibiendo su espalda desnuda.

_Ha perdido, amigo_ susurró Peter al su contrincante, el señor Crow_ la he visto ganar a esto con una copa en una mano y un cigarrillo colgando del labio.

Efectivamente, no solo era precisa, es que anunciaba sus jugadas como una profesional.

Una tras otra, fue metiendo las bolas, ganándose el aplauso de los hombres y sus miradas indiscretas al inclinarse para tirar.

Buscando un nuevo tiro, se situó delante de Severus y con un dedo sobre su pecho le empujó ligeramente hacia atrás.

La tensión era tan evidente, que hasta Lola dió un par de pasos atrás saliendo de la onda expansiva que podría provocar la colisión entre ellos.

Él no se apartó suficiente o ella calculó perfectamente para que al inclinarse la parte de atrás de su muslo chocara con la cadera de Snape.

Cuando golpeó la bola con un movimiento seco, emitió un débil pero audible gemido que provocó la incomodidad de varios caballeros. La última bola entró.

Había ganado la partida.

Se incorporó y miró a Snape.

Iba a matarla. Bien, parecía que por fin él había vuelto a verla, la ella de verdad, no la imagen desvaída de ella que había insistido en llevar a todas partes.

¡Oh, Dios, sí!, por fin Severus aparecía en los ojos oscuros del señor Crow.

Una mano le tocaba el brazo. Era su madre, la sacaba de allí, decía algo del piano. Todos caminaron hacia allí y ella se dejó llevar por la marea humana, tratando de no romper el contacto visual con él.

Un camarero repartió copas, el señor Lewis tocó Claro de Luna o algo similar, y luego Lola pidió que Paula les deleitara, para algo había sido su alumna.

Sin saber cómo se encontró sentada en la banqueta, pero seguía enganchada de los ojos de Severus, reacia a dejarlos. Una chispa en los ojos negros le anunció que recordaba su historia con esa banqueta.

Paula trató de tocar, ¿cómo era? "Para Elisa" pero se le enredaban los dedos. Vacilante miró alrededor.

Lola se volvió a enganchar del brazo de Severus simulando un dolor en el pie.

Sus dedos comenzaron a aporrear las teclas, nada reconocible para ninguno, hasta que cambió de acorde y lo acompañó con su voz aterciopelada, pero de tono agraviado.

...I put a spell on you...because you're mine...

No dejó de clavar sus ojos en Severus mientras con voz desgarrada y vibrante le decía, " así que deja de hacer lo que estás haciendo, ten cuidado, no miento..."

Severus apretó su gesto consciente de ser el blanco de todas las miradas mientras ella seguía cantando "no voy a tener en cuenta las tonterías que haces, no voy a tener en cuenta tu desprecio hacia mí, te lancé un hechizo, porque eres mío..."

Y cuando terminó de cantar y los invitados más torpes y ciegos aplaudieron, su padre la miró triunfante: "ya has dado la nota, como siempre". Aunque, a ella eso... le importaba una mierda.

Se levantó del piano, cogió su abrigo del suelo y se marchó sin despedirse. Contoneando sus caderas. Altiva como una diosa.

Y, lo más doloroso, sin girarse a ver si Severus Snape la seguía o el señor Crow sostenía aún el brazo de Lola.

Tenía miedo de mirar hacia atrás y volverse sal.