Hacía rato que ambos estaban abrazados bajo las sábanas, en silencio. Fue Edna la que rompió la quietud.
- Samy…- Ella acarició su brazo- Ve a fumar.
- ¿Qué?- La miró- Claro que no. Lo estoy dejando…
- Puede darte un ataque de abstinencia, tonto.
- Lo aguantaré.
- ¿No tienes ganas de fumar uno?
- Por supuesto.
- Entonces ve. Es mejor que fumes uno solo ahora, a que luego te de abstinencia y quieras fumarte el paquete entero.
- A veces quisiera morderte en serio con tal de ver si eres así de dulce por dentro- Se agachó sobre ella- Pero no sé si sería legal.
Edna rio, mientras lo veía ponerse de pie, colocarse el calzoncillo y una camisa suelta, encima. Él rebuscó en una caja, sacando un paquete de cigarrillos y su encendedor. Se colocó uno en la boca, apagado, caminó hasta el balcón, abrió el ventanal y lo encendió. Aspiró un par de veces, mirando la calle, solo por costumbre. Luego se apoyó de espaldas a la barandilla, fumando, mirando hacia su habitación.
Observó a Edna, sentada entre las sabanas, mirándolo con una sonrisa. Él también le sonrió, ampliamente. Estaba deseando poder plasmar esa imagen para el resto de su vida. Ella, desnuda, despeinada, cubierta a penas por las sábanas desordenadas, luego de haber hecho el amor por fin.
- ¿Qué?- Dijo él, expulsando el humo.
- A pesar de que no me guste el cigarrillo, no puedo negar que luces seductor- Ella habló desde dentro del cuarto- Es decir… Pareces un modelo de cigarrillos…
- Tú también luces preciosa.
- Eso le dirás a todas- Ella se estiró antes de desparramarse sobre la cama.
Samuel rio, apresurando un poco su cigarro. Había algo que él debía reconocer, y era que sus ansias de estar con ella eran más urgentes que cualquier vicio. Alguien podría aparecer con un cigarro cubano encendido, y él diría que no, para poder volver a entrar. Incluso, pudo notar que su cigarrillo ya no sabía tan bien. Quizás, hasta le desagradaba. Miró su vicio, viendo que le quedaba la mitad, y por poco decide apagarlo tirándolo al suelo y pisándolo con su pie, pero se detuvo al ver que estaba descalzo. Decidió apagarlo en la barandilla de metal. Mañana lo limpiaría.
Entró suavemente, caminando directo hacia el baño para lavarse los dientes y colocarse algo de desodorante. Sabiendo que a Edna no le gustaba el olor a humo, no iba a acostársele al lado con aroma a fábrica.
Luego de enjuagarse la boca, acomodó un poco su cabello, mirándose en el espejo. Se sonrió a sí mismo, orgulloso.
Salió del baño para acercarse a la cama. Notó que ella había acomodado un poco el desastre de sábanas y que ahora descansaba de lado.
Él se acostó, arropándola bien y acercándose mucho.
- Ven aquí- Sonrió él.
Drake la abrazó con fuerza, desde atrás, apoyándose lo más posible en ella. Besó tiernamente su mejilla innumerables veces, con los ojos cerrados, solo para hacer lo mismo en su cuello, sintiendo que ella acariciaba sus brazos.
- Me encanta esto- Murmuró ella, subiendo la mano para poder tocar el rostro de su compañero- Cariño…
- A mí también- La abrazó un poco más, hundiendo la nariz en su cuello- Te amo tanto…
- Y yo a ti- Sonrió, adormecida.
Él sonrió ampliamente, con extremo cansancio, y lentamente ambos se durmieron.
Drake abrió los ojos, dificultosamente, aun encadenado en la espalda de Edna. Estaba endemoniadamente oscuro. Pero se dio cuenta de algo: llovía.
Sonrió, mientras besaba su oído, para despertarla. En otra ocasión no interrumpiría su sueño, pero sabía muy bien que ella amaba dormirse con el canto de la lluvia.
- Edy…- Le susurró en el oído- Edy.
- ¿Mmmm…?- Ella se movió, dormida- ¿Qué pasa?
- Está lloviendo…
- ¿En… serio?- Ella abrió un ojo.
Prestando atención, ella pudo oír la acústica orquesta de la lluvia golpeando el techo de tejas de su flamante casa, los muros, las ventanas, y también pudo oler la humedad y aquel aroma a tierra mojada que tanto le encantaban. Era como si el clima festejara ese primer día.
Shaareim se acomodó entre las sábanas cálidas, a gusto, emitiendo un suave sonido satisfactorio.
- ¿Me estrujas un poco… Samy?- Pidió ella.
- Tesoro…- Él la apretó un poco contra su pecho.
- Mas fuerte…
Samuel agregó un poco más de fuerza. Sabía que no la estaba lastimando.
- Samy…- Ella subió su mano, para acariciar su mejilla delicadamente, mientras intentaba mirarlo- Bésame…
Él suavemente se inclinó, besando sus labios tiernamente, unas cuantas veces.
- Gracias por despertarme…- Susurró ella- Amor mío…
- De nada preciosa- Sonrió.
Edna se acomodó, cerrando los ojos, oyendo el agua y la respiración lenta en su nuca, oliendo la mezcla de tierra mojada con el aroma de Samuel, sintiendo la masa cálida de músculos que la abrigaban.
Samuel se despertó, desperezándose, bostezando, boca arriba. Cerró los ojos un par de veces, medio dormitado, miró la hora, viendo que era bastante tarde, y luego miró a la mujer a su lado, cerca. Volvió a bostezar, cerró los ojos. Poco después los abrió nuevamente, al sentir algo. Vio una de las manos de Edna en su estómago, y luego la vio a ella, medio despierta, despeinada.
- Hola tesoro- Le sonrió él, acariciando su cabellera.
- Hola cariño- Le sonrió ella.
- ¿Dormiste bien?
- Mjm- Asintió- Aunque… Creo que encontré un problema…
- ¿Cuál?
- Tu perfume…
- No uso perfume… Así huelo yo…
- Precisamente…
La mujer se le acercó, pero no para besar sus labios, sino para besar su estómago, sus cicatrices, e incluso levemente más abajo.
- ¿E-Edna?- La miró- ¿Q-que?
Pero ella siguió besando y acariciando la zona, activándolo, oyéndolo gruñir. Y cuando lo encontró lo suficientemente duro, se subió a su cintura, sentándose en su pene, y se agachó hasta su boca.
- Esto es tu culpa- Le murmuró ella, muy cerca- Anoche… Y luego… sentir cada musculo tuyo, cada vez que despertaba… Tú aroma… No sé lo que has creado… pero espero que puedas seguirme el paso…
- Cielos…
La mujer tomó el control, dominando, subiendo y bajando a su ritmo, impidiendo que Samuel pudiese hacer otra cosa que tocarla, y eso fue algo que a ella le pareció encantarle.
- Edna…- Gimió él- Edna… No… No tan rápido… No aguanto…
- Dios…- Agarró sus propios senos, bastante frenética- No puedo parar… Ven…
Drake se aferró a las sabanas, tratando de posponer su propio cuerpo, pero le fue imposible. Emitió un largo quejido mientras se tensaba. Pero aun así, ella no se detuvo, lo cual fue peor para él. Su cuerpo estaba hiper sensible, y ella hacía de todo menos reducir la velocidad.
- ¡Por Dios!- Exclamó Drake, medio sonriendo, aun agarrado a la cama- ¡Eres una maldita diosa! ¡No pares!
Edna siguió con un perfecto ritmo, hasta que ella explotó en un gemido que alargó todo lo que pudo.
- Si cariño…- Sonrió él, acariciando sus piernas- Así me gusta…
Pero por alguna razón, la mujer seguía moviéndose.
Él la miró, extrañado, viéndola totalmente despeinada, sonriendo, sudada.
- E-Edna… Ya… Ya puedes parar…
- No- Le sonrió, encima.
- Me… está empezando… a doler…
- Sé que… puedo sacarte otro…
- Ya lo he… intentado… No puedo más de…
- No conmigo- Ella apretó fuertemente con sus músculos de Kegel.
- ¡Dios!- Él se estremeció con un escalofrió, mirándola- ¿Q-que?
- ¿Te gusta?- Sonrió, volviéndolo a hacer.
- ¡Por mi…!- Subió las manos por sobre su cabeza, agarrándose de los barrotes de la cama- ¡Dios! ¡Más!
- ¿Quieres más?
- ¡No pares! ¡Edna! ¡Por favor!
- Dime que me quieres- Presionó nuevamente.
- ¡Si!- Sonrió, medio perdido- ¡Te amo! ¡Me encantas!
Ella rio suavemente, mientras se sujetaba un poco a él y se movía con fuerza, presionando cada vez. Lo vio estremecerse varias veces, colocarse un trozo de sábana entre los dientes, morder con fuerza y volver a sujetarse de los barrotes. Era como si lo estuviese violando, siendo que era él, el que se reprimía los movimientos.
Lo vio tirar de los barrotes, marcar cada uno de sus músculos con la tensión y gritar un par de veces, con la sábana en la boca, oyéndose apagado por la tela, con los ojos cerrados con fuerza, temblando.
La mujer se bajó de él, viéndolo en la misma posición, en extremo agitado, sudando a mares. Sonriendo, ella le quitó la sábana de la boca y suavemente le colocó sus brazos a cada lado, como si aquel hombre se hubiese muerto.
- ¿Estás bien?- Rio ella, secándole la frente.
- Pregúntame… en… media… hora…
- Tú descansa- Besó su pecho- Iré a hacer café…
Shaareim salió del cuarto, mirando hacia atrás. Así esperaba dejarle en claro a su hombre, que ella tampoco era tan inocente.
