_Siempre ha sido así de teatral, señor Crow,_dijo la rubia colgada de su brazo_ ¿puedo llamarle Joseph?
_No, no puede.
Lola se sorprendió de su tono, el resto de la velada él había sido muy amable y ahora era como si pretendiera ofenderla... Era por ella. Por Paula. No era justo, llevaba toda lo noche tratando de que le prestara atención y Paula lo había estropeado todo.
_ ¿Y qué va a hacer ahora?¿Ir a por ella?_ contestó con menosprecio.
_Precisamente, eso es lo que voy a hacer.
Y ya tardaba demasiado. Ella habría cogido el coche y él tendría que coger un lento taxi que le diera mil vueltas por Londres para tardar una eternidad en llevarle a su casa.
La llamó insistentemente al llegar, pero no estaba. No estaba. Recorrió todas las habitaciones como un loco. Idiota, es sólo por tu culpa, por tu maldita culpa. Se sentó vencido en uno de los sofás. Miró las paredes pintadas en tonos neutros. Beige, blanco roto, ocres suaves. Las cortinas pesadas, los muebles recargados. Se pasó las manos por el pelo. ¿Dónde estaría? Ya, claro, en el cumpleaños de Deborah, allí era dónde ella quería estar. Y luego, volvería a casa. A su casa. Al apartamento de paredes color ciruela y cortinas y sábanas blancas e impolutas, con muebles casi etéreos de cristal y aluminio. Allí la encontraría.
Salió a la calle.
Ni un taxi a la vista.
¿Un taxi? ¿Y para qué necesitaba él un maldito taxi? Su cuerpo se desvaneció, se convirtió en un millón de puntos oscuros, como una niebla espesa, y alzó el vuelo en la noche. Algo gritó de gozo en su alma al atravesar el cielo zigzagueando entre los edificios hasta llegar a su ventana. Estaba abierta.
Se recompuso dentro de la penumbra de la habitación. Su vestido estaba ahí, sus tacones... Ella había ido y se había cambiado de ropa... y había dejado la ventana abierta. Pues claro que por ti, idiota, ¿por qué si no?.
Esperó. Ella volvería. Ella...ella estaba segura de que él vendría, incluso había adivinado cómo.
Esperó impacientemente sentado en el sofá. Este que habían hecho suyo. Ensayaba lo que iba a decirle, se enfada y se arrepentía de enfadarse, se desesperaba a cada minuto.
_Gracias por acompañarme_ su voz, por fin, tras la puerta cerrada_ No, de verdad, no hace falta que te quedes. Estoy bien.
Un susurro de ropas frotándose, ¿un abrazo?¿un beso, quizá? y la puerta que se abría.
Ella le presintió en la oscuridad. El aire era... espeso, pesado, como invadido por un gas irrespirable.
_Vaya, tengo visita. Me pregunto quién será... ¿el señor Crow o el señor Snape?_ preguntó sin encender la luz_ ¿el doctor Jeckyll o mister Hide?
_¿A quién prefiere?
Un fiero susurro, amenazador.
_Al monstruo, por supuesto.
Un par de segundos de silencio y de nuevo el susurro, apremiante.
_¿Quién era?¿quién te acompañaba?_hablaba entre dientes, haciendo hincapié en las consonantes.
_No voy a decírtelo.
_No hace falta.
Demons sintió una fuerza invisible empujando en su cerebro. Quería leerle la mente, ¿no?. Vale, que lo intentara.
Ella se resistía, ponía muros y muros y sólo le dejaba ver una cosa: a él mismo abrazando el cuerpo de Lola, inclinándose sobre ella, hablándole al oído con la manida excusa de enseñarla a golpear con el taco.
La presión se hizo más fuerte, pero ella no cedía. El suelo comenzó a temblar, los cristales, los muebles... pareciera como si una estampida fuera a atravesar su salón. La intensidad fue creciendo, todo se sacudía. Los vasos y la vajilla estallaron en pedazos, los cristales de las fotos explotaron en miles de fragmentos; el relleno del sofá salió por las costuras reventadas llenando todo de pequeñas plumas. Los grifos comenzaron a gotear agua, las sábanas de la cama volaron hacia el techo; el cristal de sus grandes ventanales vibraba. Sus muebles casi se levantaban del suelo... Su propio cuerpo comenzó a agitarse, sentía cada célula estremecerse, contraerse, temblar, dilatarse... y se imaginó a sí misma, se veía incluso, explosionar en rojo y negro... expandirse en pedazos como esos cristales. Entonces él paró.
Se incorporó y con largos pasos se escondió tras la única puerta.
Demons se puso la mano en el pecho, tratando de controlar los latidos desaforados de su corazón.
Se acercó lentamente a la puerta cerrada. No tenía pestillo, pero él no necesitaba un pestillo si quería encerrarse, ni siquera sabía si seguía ahí dentro.
Habló lentamente, cansada.
_Si en algo estima lo que quiera que sea que quede entre nosotros, abra la puerta, señor Snape.
Ella esperó, un segundo, dos, tres,... estaba pensándoselo. Si tienes que pensarlo es que no es..._Snape abrió la puerta_...amor.
El mago la miró y su mirada fría pasó por un momento al miedo. Paula se miró al espejo. Finas líneas de sangre caían de sus sienes, su frente, sus mejillas...
_No es nada_ dijo mientras se lavaba la cara y desprendía pequeños cristales_. No es nada.
Severus cogió una toalla y la secó cuidadosamente, examinándola escrutador, sosteniéndola por la barbilla. Pasó su varita por las heridas cerrando el corte, al menos por un par de ellas antes de que ella le apartara.
_Estoy bien.
_Te he hecho daño.
Su voz sonaba rota, la voz imponente de Severus, rota.
_Esto... no es nada. El daño me lo hiciste antes.
Repentinamente él la agarró por los hombros y la miró a los ojos, como si quisiera atravesarla con esa maldita mirada inescrutable suya, e igual de súbito la abrazó contra su pecho.
_Si es por Lola, yo te juro que...
_No es por Lola, Lola es tan simple como una ameba, no despertaría más interés en ti que un gusarajo.
Snape no pudo evitar sonreir, tristemente, pero sonrisa al fin y al cabo, ¿ella sabía lo que era un gusarajo? Pero no sonreía por eso, sino porque esa insensata mujer le estaba devolviendo el abrazo.
No pudo decir nada más. Sólo la estrechaba entre sus brazos y la mecía. Las palabras pugnaban por salir de su garganta.
_Lo he hecho todo endemoniadamente mal.
Demons se deshizo de su abrazo en un arranque de furia.
_Eres un loco. ¡No sé en qué ... diantres pensabas! ¿qué es lo que prentendías?
Le golpeó el pecho con ambas manos, empujándole.
_La amistad con mi padre, con sus... colegas, esos negocios misteriosos, la casa perfecta, los coqueteos absurdos, tu desprecio hacia mí..
_Paula, nunca te he...
_No mientas, Joseph Crow, me desprecias, te avergüenzas, como él. Mis vestidos, mi lenguaje, mi comportamiento...
Ella seguía golpeándole el pecho, lo menos que podía hacer él era recibir los golpes.
_¡Quería recuperar lo que perdiste!, ¡devolverte lo tuyo!, tu herencia, tu título, tu familia...
Demons no quería oir sus justificaciones.
_ Creía que me escuchaba, señor Crow, aunque eso fue en otra vida, cuando eras Severus. ¡No huí, yo me fuí!. No perdí nada. ¡Gané!. Me gané a mí misma. Y he estado a punto de perderme otra vez por seguir tus estupideces. Pensé que estabas buscando tu sitio en el mundo, Severus.
Ambos quedaron en silencio. Ella aún le golpeó un par de veces más.
_Lo hice por ti, me equivoqué...
_¡Y tanto que te equivocaste! ¿Cómo coño creías que ibas a hacerme feliz con eso?
_¿Y con qué otra cosa? Eres rica, ¿qué más podía darte aparte de la posición que tenías, tu apellido...?
_¿Qué tal tú? ¿No se te había ocurrido pensar que lo único que necesitaba era a ti, idiota? Te quería a ti, te tenía a ti y estos meses he tenido que convivir con el gilipollas de Crow que se conformaba con pasearme de su mano con una cadena de castigo al cuello y joderme , en todos los sentidos de la palabra, como un maldito burgués. ¿Para qué necesitabas ese disfraz?¿No estas harto de ocultarte bajo una máscara?
_ Quería protegerte.
_¡¿De qué?!
Severus la agarró por los brazos, pegándolos a su cuerpo y la obligó a darse la vuelta para que viera el destrozo de su piso.
_ De esto. De mí.
Demons quería llorar, su casa convertida en zona catastrófica.
_Míralo bien, Paula_ decía en su nuca mientras la abrazaba sin dejar de sujetar sus brazos_ Tú... podías estar esparcida por ahí como esos cristales.
Su voz temblaba...Casi te mato.
_No trates de asustarme, Severus. Soy una inconsciente que no tengo miedo de nada, mucho menos de ti._ Su voz era firme, pero su cuerpo tiritaba_ Nunca me harías daño.
A su espalda, Severus cerró los ojos y exhaló lentamente. ¿Cómo lo sabes? No lo sabes.
_ Quería hacerte daño _confesó.
_ No te mientas. Este destrozo no ha sido intencionado.
Las manos de Severus aflojaron su presa. Paula se volvió hacia él, luchaba contra sí misma por no tomarle por las mejillas y brindarle compasión. Severus Snape no necesita compasión.
_ ¿Desde cuándo no hacías magia, Severus? No digo recoger la mesa o hacer la cama... digo, magia de verdad... como esto. Tienes un inmenso poder latente en tu interior que no puede conformarse con jugar a las casitas. Yo no me conformaría con disolver azúcar en agua y añadirle limón en mi laboratorio. No vas a hacerme daño...yo también quería sacarte los ojos cuando Lola refregaba su culo por tus caderas_ Ahora sí, ahora él bajaba la cabeza y ella alcanzaba su pelo revuelto y su mejilla_ No eres ningún cobarde, nada puede darte tanto miedo como para hacer tanto el tonto.
Severus la alzó por los costados y la condujo en volandas unos metros hacia la cama desecha. La sentó en ella y él cayó en el suelo sobre sus rodillas.
_¿Cuánto tiempo estuve muerto?
Demons tragó saliva.
_No lo sé. Minutos... Harry y yo tardamos... _¿cuánto fue? Una eternidad_ ... Pero te latía el corazón cuando llegamos. No fue mucho.
_ No ví a Lily, ¿sabes?_dijo besándole las rodillas_ te ví a ti. Viví una vida contigo en esos minutos. Los detalles... me parecieron importantes. Quería asegurarme de vivir esa vida. Pensé que...
Demons suspiró.
_Ya lo sé, pienso demasiado.
_ No voy a... reconocer mi parte de culpa. No voy a decir que tenía que haberle parado los pies al gilipollas de Crow desde el principio. Creí que tenías que darte cuenta tú mismo... aunque reconoce que mi numerito de esta noche va a dar qué hablar en los corrillos de la alta sociedad, por lo menos tres meses.
Severus rió sobre sus piernas mientras ella tiraba suavemente de su pelo.
_Aporreas el piano, Paula, y tu afinación deja que desear... aunque estoy dispuesto a dejarme ganar alguna partida al billar si llevas ese vestido otra vez.
Demons tiró insistentemente de su pelo hasta tenerle al alcance de la boca.
_ Cuando quieras, y no tendrás que dejarte ganar. Te ganaré.
Snape apoyó su frente contra la de ella.
_ La canción.. ¿es cierta, señorita Demons? ¿Soy suyo?
_ Cuando acabe contigo esta noche, no te van a quedar dudas.
A la mañana siguiente su piso estaba impoluto. Severus no estaba en la cama a su lado. Ni en la casa.
La nota que dejó en la mesa, decía que ni en su vida.
