Edna se había vestido en la sala, debido a que, en la noche anterior, no había tenido tiempo de colocar su ropa en su sitio y aún estaban entre las cajas.
Luego fue a la cocina, para preparar café. Había estado tentada a comprar una cafetera, pero había aprendido a hacer el mejor café del mundo, gracias a los consejos un anciano Tailandés. Y a ella, que siempre le había gustado el café, ahora se sentía una maestra.
En vez de usar una cafetera cualquiera, su método residía en un jarro metálico amplio, y un pequeño colador cerrado, a la manera antigua. Ella colocaba agua, el colador con café dentro, y ponía el agua a calentar. El truco estaba en no dejar que el agua hirviera. Cuando el agua llegaba a ese punto, debía sacarlo del fuego, esperar cinco minutos, y volver a calentarlo. Y debía repetir ese método tres veces. Se tardaba más, pero así la bebida salía sin sabor a tierra quemada, muy típico de las cafeterías comunes, al contrario, el café sabia fuerte, sabroso, apetitoso.
Estaba vigilando el agua cuando escuchó a Sam cerca. Luego sintió un par de manos en sus hombros, que bajaron suavemente por su espalda hasta su cintura, y que luego la rodearon en un abrazo.
Él se quedó quieto, estrujándola, con la barbilla en su hombro, mirándola hacer café.
- ¿No quieres una cafetera?- Preguntó él, al fin- Esto parece un poco trabajoso…
- Tú dime luego de que lo pruebes…
- Lo único que quiero probar, es a ti- Besó su cuello.
- Hace media hora no podías moverte… Y ya estás de nuevo…
- Lo se… Y yo que me preocupaba de que no te liberaras lo suficiente. ¿No era que no sabías si eras buena o no?
- Se mucho de teoría, recuerda que me gusta la medicina…- Ella sacó el café del fuego- Pero es muy poco por práctica. Ya te lo dije, mis "experiencias" fueron todas pésimas…
- Casi todas- Acarició su estómago.
- Casi todas- Ella rio, girándose, para mirarlo de frente- Tu eres siempre la excepción de la regla.
- Quiero que me cuentes todas y cada una de tus malas experiencias- La miró a los ojos.
- No hay mucho realmente… Aparentemente ninguno sabía usar su pene como correspondía…
- ¿Y ninguno sabía que existe la boca y las manos?
- ¿De qué hablas?
- ¿Acaso nunca te has masturbado o qué?
- ¡Sam!- Lo golpeó suavemente, ruborizándose.
- Tomatedna no miente- Le sonrió- Lo tomare como un sí.
- ¿Qué tiene que ver? Dios…
- Que si tú puedes llegar tu sola, sin un pene… Un hombre también puede…
- Sí, pero parece que ninguno de esos sabía…
- Yo si se- La estrujó un poco- ¿Quieres que te enseñe?
- Samy, hay mucho que hacer… Hay cientos de cosas que acomodar, empezando por beber café… Déjalo para mañana ¿Si?
Él sonrió, como si le hubiesen dicho que tendría la mejor cita de su vida.
Poco después ambos estaban en la mesa, bebiendo café con un paquete de galletas, sentados en las sillas que aún tenían su plástico protector, y rodeados de cajas.
- Qué bueno esta esto, Edy- Saboreó él- Y eso que antes los hacías muy buenos… Pero te superas…
- Te lo dije… Pero bueno, ya que cocino como la mierda, algo tengo que hacer bien ¿No?- Bebió un trago.
- Antes también eras muy buena con la repostería- Tomó una galleta- ¿Sigues igual?
- ¿De dónde crees que consigo material para mantener gordos mi trasero y mi estómago? Pista, no es cocinando comida normal.
- Ese estomago es lo más increíble cómodo para usar como almohada, y tu trasero es especialmente apetitoso- Suavemente acarició una de sus piernas- Créeme…
- Si tú lo dices- Ella comió una galleta, frotando levemente su pecho.
- ¡Me olvidaba de algo!- Se puso de pie, al verla frotarse por el dolor- No te muevas.
Ella lo vio caminar a la sala, rebuscar en el gabinete de un mueble y volver con paso veloz, extendiéndole unos papeles.
- Ten- Dijo él- Feliz regalo de convivencia.
La mujer lo miró, confundida, antes de leer los papeles. Samuel se quedó sentado al lado, quieto, mirándola revisar la información.
- ¿Qué?- Ella dio vuelta la hoja, leyendo velozmente- ¿Leucocitos? ¿Recuento de plasma sanguíneo? ¿Sangre periférica? ¿Compatibilidad Drake-Shaareim?
- Respira- Sonrió.
- ¿Somos compatibles? ¿Qué? Pero… ¿Qué? ¿Cuándo hiciste esto?- Lo miró, sorprendida.
- ¿Acaso crees que mientras estabas trayendo las cosas desde Tailandia, yo estaba de vacaciones? Y hay otro igual, pero de Nathan. También eres compatible con él, pero al diablo, que para eso estoy contigo…
- ¿Fuiste al médico? ¿Te dijo los riesgos? ¿Sabes de las complicaciones?
- Si, Edy, si… Si a todo eso… Me importa una mierda. Yo quiero que esas costillas hermosas te dejen de doler.
- Samy…- Ella se emocionó.
Edna se levantó del asiento, solo para abrazarlo con fuerza, encadenada en su cuello. Él tan solo sonrió, frotando su espalda, pero pronto la oyó sollozar en su hombro.
- Hey…- La abrazo más fuerte, levemente preocupado- Edy ¿Qué ocurre princesa?
- Yo…- Murmuró ella- Gracias… Gracias cariño…
- Para eso estoy aquí, amor mío…
- Yo…- Gimió, llorando- Dios… Yo… estaba resignada… a que me doliera… por siempre… Y… Hace tantos años… que no soy feliz… Creí… Creí que moriría… sola… y triste… Samy…
- Edy…- Samuel sintió que su alma se comprimía y que sus ojos se cargaban de angustia- No llores Edy… Yo… solo hago todo para verte feliz…
- Eres lo mejor… que me pudo pasar…- Ella lloró.
- Me haces llorar… a mi también…- Escondió su rostro en su cuello- Grandísima tonta…
Drake no supo exactamente por qué también estaba llorando. Quizás por que la amaba demasiado para verla triste, quizás porque con ella, podía llorar con total libertad.
Ambos se quedaron quietos, abrazados, descargando sus penas en manos del otro.
