Dos días sucedieron en una marea de movimiento de muebles, cosas, objetos, ropa, adornos.
La noche había caído suavemente. La ducha fue larga y pausada, cálida, plagada de caricias lentas y besos. Pero a pesar de eso, Sam no hizo más nada. Secos, se trasladaron a la cama, con la piel caliente, donde él continuó besando su cuerpo, a veces mordiéndola suavemente.
Recostada boca arriba lo sintió besarla desde el cuello hasta su cintura, paseando por todos lados, solo para apartar sus piernas y mirarla.
- Hoy voy a demostrártelo- Él acaricio la parte interna de sus piernas- Que puedo hacerte llegar solo con lo boca y dedos…
- Pero Sam…- Murmuró ella- Se supone que tú también debes… disfrutar.
- Lo haré. Mientras más disfrutes, mejor. Adoro verte en éxtasis…
- Oh dios…
- Solo por si acaso… Dame una palabra segura.
- ¿Para qué?
- Para detenerme.
- Recuerda que soy muy buena pateando- Ella tocó suavemente su frente con su pie.
- Es en serio cariño- Él besó su tobillo- Debe ser una palabra que recuerdes siempre. Y a penas lo digas, yo me detendré, no importa que.
- ¿Qué tal… lobo?
- ¿Lobo? Lobo será…
Él suavemente bajó un poco más su mano y empezó a rozar su vagina con la punta de los dedos, moviendo los labios internos.
- Es preciosa- Susurró Sam- Tan atrayente… caliente… placentero…
El hombre la miró, mientras la acariciaba, sintiendo lo caliente de aquella zona, así como el líquido transparente que parecía llamarlo. Sintió la viscosidad por un segundo, antes de meterse los dedos a la boca y chupárselos ruidosamente, para saborear por un momento.
Él inmediatamente se agachó y clavó su boca en su vagina, besándola ampliamente, lamiéndola suavemente por todo lo largo, tragando, escuchándola gemir deliciosamente. Usó sus labios y lengua para hurgar entre sus pliegues, encontrando su clítoris, chupándolo.
Luego se enderezó, suspirando, lamiendo sus labios mientras suavemente metía uno de sus largos dedos por su conducto.
- Estas hirviendo princesa…- Murmuró él.
- Otro más… por favor… Samy…
Con dos dedos dentro de ella, comenzó a moverlos, a sentir, a frotar, a girar, a presionar distintos puntos para ver su reacción.
Lo hizo firmemente, viéndola perderse, disfrutando enormemente de la cálida sensación en su mano. Y para ella, él resulto ser un maestro, manteniendo un ritmo casi perfecto, hasta que algunos espasmos de relativa potencia se apoderaron de sus piernas y vagina.
- ¿Qué…?- Ella se preocupó, levantándose un poco, con dificultad- ¿Qué… me pasa…? ¿Samy?
- Tranquila- Miró sus ojos- Es normal. Tu cuerpo esta hipersensible. Esta clase de espasmos se dan antes de un orgasmo. Que los tengas ahora es porque tienes uno prácticamente listo.
Él empezó a rozar su clítoris endurecido y firme. Sus espasmos desaparecieron para permitirle contorsionarse levemente.
- Dios…- Se sujetó a la cama, disfrutando- Me encantas… Eres increíble…
- Cuando estés a punto, dímelo…- Pidió él - Y usa la palabra para detenerme.
- Sam… - Ella emitió un gemido.
- ¿Fuerte?
- Si… Si… Ya…
Eso fue un indicativo para que él quitara su mano y la reemplazara con su boca. Sostuvo su cuerpo con sus brazos, para que no se apartara y lamió vigorosamente, casi perdido por el sabor, hasta que el agudo grito de su mujer vino con un poco más de líquido, de un sabor especial.
Él se incorporó, agitado, relamiéndose con una sonrisa, viendo a Edna tratar de recuperarse.
- Te lo dije- Él acarició su estómago.
- Eres… un… maldito… genio… ¡Dios!
- ¿Quieres otro?
- Oh mierda- Ella rio, a penas- Si… Por favor…
Drake rio suavemente, acercándose a ella, besando su boca suavemente mientras bajaba sus dedos ágiles y largos. Aquellas manos parecían perfectas para eso.
Él la observó estrujarse a sí misma, contorsionarse, torcerse, gimiendo, pero ya la conocía lo suficiente como para saber que eso no había sido todo. Continuó hasta que la notó torcerse y emitir un quejido agudo, un grito medio ahogado que no lo detuvo.
Luego se agachó, para quedarse encadenado a su cintura, sorbiendo, lamiendo, usando sus labios y dedos, reteniéndola, oyéndola exclamar y gemir. Introdujo su lengua todo lo que pudo, succionó sus labios internos, la frotó con todos sus dedos. Y mucho rato después él sonrió, ya que estaba viendo aparecer los espasmos.
- Si…- Sonrió victorioso, mirándola, sin tocarla- Si… Miren quienes han vuelto…
- Sam…- Gimió, aferrada a la cama- Samy…
- Mírate- Siguió sonriendo- Casi ni necesito tocarte.
- No…
- Te adoro… Y adoro verte así…
- Por favor…
Drake la sujetó, antes de agacharse e introducir sus dedos, moviéndolos con fuerza, mientras su boca chupaba frenéticamente su clítoris. La escuchó gritar deliciosamente, sintió toda su tensión, saboreó todo lo que podría salir de ella, en una explosión de placer que duró mucho tiempo. Cuando la soltó, ella aún se movía lentamente, perdida en sensaciones.
Y el cuerpo del busca tesoros estaba demasiado duro después de eso.
Sam se acercó a ella, buscando sus ojos.
- Edy… Mi diosa…- Acarició su brazo- Estoy como una maldita piedra ¿Puedes seguir?
- Si- Acarició su pecho- Si… Si…
- Te amo- Besó su boca.
De inmediato se arrodilló y la hizo ponerse boca abajo. A penas ella se acostó, Sam se colocó detrás, subiendo su cintura, acostándose sobre ella, penetrándola con fuerza.
Él colocó la cabeza en su cuello, la sujetó con los brazos y se movió frenéticamente, mientras el sonido de sus gemidos taladraba su mente.
- Oh dios…- Masculló ella, con el rostro en el colchón- Oh dios… Házmelo… Sam…
- Dios… Estoy loco… por ti… No puedo… parar…
- ¡Oh mierda! ¡Vas a… a… hacerme llegar… de nuevo! ¡Dios! ¡Te amo!
Drake siguió, sin detenerse, teniéndola totalmente atrapada bajo suyo, sintiendo su propio cuerpo perderse en los confines de su dama una y otra vez. Su frenesí se volvió salvaje cuando la sintió llegar una vez más, mientras sus músculos de Kegel parecían estrujarlo con contracciones que lo obligaron a terminar con una explosión de delicia. El dulce alarido de ambos se unieron y se apagaron lentamente.
Ella estaba inerte, salvo por su agitada respiración, mientras que él seguía enganchado a ella. El estómago del hombre se poseyó por leves espasmos, sintiendo que su cintura se seguía contrayendo y su pene expulsando.
Poco a poco se relajó, al tiempo que la abrazaba suavemente y hundía la nariz entre sus cabellos.
- Mi amor…- Masculló Sam, besando su cabeza y usando su brazo libre para acariciar su hombro- ¿Estas bien?
Shaareim emitió un minúsculo sonido afirmativo, para luego tomar su mano, acercarla su propio rostro y besar sus dedos.
Él rio levemente, antes de levantarse. Ella se quejó, tanteándolo con su mano.
- No me voy, tranquila- Sonrió, cerca- Voy a acercar las sábanas.
Velozmente buscó las sábanas, se acostó y se acercó a ella. A penas si pudo besar su espalda. En cuanto se acurrucó detrás de ella, se durmió de inmediato.
