Durante el día siguiente, Shaareim se tomó un momento para caminar levemente el barrio, sola, con tal de hacer reconocimiento, respirar el aire, distraerse un poco.
Y mientras hacía eso, un par de familiares llegaron a su casa.
- Teníamos miedo de venir- Dijo Nathan, entrando- No sabía si los encontraríamos haciendo algo sucio o no.
- Podrías haberme preguntado por teléfono- Samuel cerró la puerta- ¿No crees?
- Eso le quitaría el chiste…
- ¿Estás solo?- Elena lo miró.
- Si. Edy salió a hacer reconocimiento.
Nathan caminó lentamente por la sala, que si bien le faltaba un poco para estar en perfectas condiciones, ya estaba bastante bien amueblada. Elena hizo lo mismo, pero también observando al hermano de su esposo, quien brillaba en una sonrisa.
- No creía que fueses capaz de dejarla salir sola por un par de años- Dijo Elena, bromeando.
- La conozco, se cuándo quiere un rato de soledad- Dijo Sam- Y lo que me pide, lo tiene.
- ¿Cómo vas con eso de dejar de fumar?
- Bien. Lo hubiese dejado del todo, pero ya sabes cómo es de previsora- Caminó pesadamente- Dice que le preocupa que me de abstinencia, así que casi que me insiste en fumar de vez en cuando.
- ¿La mudanza te dejo cansado?- Bromeó Nathan- Te pesan los pies.
- Para nada- Rio- Si me cuesta caminar es por hacer el amor como bestias.
- ¡Sam!- Él puso cara de asco.
- En serio hermanito… Es una diosa en la cama- Miró al techo- He tenido que agarrarme de la cama y gritar con una sábana en la boca. Así de espectacular es.
- Dios- Se frotó la frente- Imágenes mentales… Imágenes mentales… Piensa en pajaritos… Pajaritos volando…
- Por lo menos ejercicio no les falta- Medio sonrió Elena, un tanto apenada.
- Lo que si no sé, cómo ella puede caminar- Dijo Samuel- Con mi estado físico y me estoy arrastrando…
- Más pajaritos…- Se esforzó Nathan.
- ¿Le mostraste los papeles?- Preguntó ella.
- Si- Sonrió Sam, suavemente, con los ojos llenos de amor- Lloró como una niña grande.
- Samuel- Lo llamó Fisher.
- ¿Mjm?- La miró.
- Me alegro verte así.
- ¿Así como?
- Brillas, Sam- Le dijo su hermano- Como nunca antes te he visto. Estas tan feliz y satisfecho que nos contagias.
- Dios- Suspiró Samuel- Y así me siento.
- ¡Nate!- Gritó Edna, detrás de él.
- ¡Que dem…!- Tanto él como Elena se asustaron.
- ¡Por dios!- Fisher se tomó el pecho- ¿Estás loca?
- Maldita demente- Nathan miró a su hermano, que estaba riendo- ¡Y tú la habías visto! ¡Hijo de perra!
- ¿Te asuste?- Rio ella.
- Un día mataras a alguien- Nate la empujó- Idiota.
Ese día, la casa de Shaareim estaba un poco más concurrida. Hubo risa, regaños, comida y tonterías para todos.
Con el paso de los días, tanto Samuel como Edna se prepararon para el trasplante de médula. El proceso en sí, no era complicado, duraba media hora, pero había que seguir un leve régimen unos días antes y tener precaución extra semanas después.
Ellos ya tenían la fecha, y sabían que esa noche en específico, a un par de días de la intervención, era la última que podrían utilizar en sexo.
Edna, que ya estaba acostada, lo miró, desnudo, junto a la cama.
- Ven aquí…- Ella extendió sus manos hacia él- Mi amor.
Drake se recostó con ella, sintiendo como le tomaba el rostro para besarlo. Ambos se acurrucaron mutuamente en la cama, besándose con ternura una y mil veces, llenándose de mimos y caricias.
Edna estaba encantada de sentir sus manos tan suaves y gentiles recorriéndole las curvas. Era casi una ironía. Que un tacto tan delicado la encendiera tanto y tan rápido. Peor aún con su forma de besar su boca y piel. Lo sentía en su cuello, intercambiando besos lentos con roces de sus propios labios, cerca de su oído.
- Cariño…- Lo llamó ella, acariciando su espalda- Cariño…
- ¿Si tesoro?- La miró un momento.
- Hoy es todo para ti… Te lo mereces…
- Quiero hacerte el amor- Besó su cuello- Me encanta hacerte el amor… He pasado años queriendo hacerlo, y ahora, cada vez que lo hago… es un sueño…
- Eres un sol…- Murmuró ella acariciando su cabello.
Sam se adueñó de la posición y encima de ella se dio el lujo de hacerlo en extremo suave, lento y profundo, fascinado de poder verse a sí mismo rozar sus estómagos y sus senos, sentir las manos que acariciaban su propia piel, el modo en que ella hundía los dedos en sus cabellos.
Sus cuerpos estaban sedientos de amor y ternura. Se movieron con delicadeza, mirándose profundamente a los ojos, a veces tomando sus manos, entrelazando sus dedos. Era tan solo una completa expresión de amor, de la manera más pura.
Poco a poco lo hicieron un poco más rápido, hasta que Samuel sintió un calor interno cosquillearle en distintas zonas.
- Cariño- Gimió apresurándose levemente- ¡Cariño! ¡Edy!
Se tensó, clavando los ojos en la infinidad, dejando escapar un largo quejido de su garganta mientras un escalofrío recorría su cuerpo. Y tras un segundo completamente quieto, lentamente se recostó a su lado, rendido, agitado.
- Mi… Cielo…- Masculló- Eso fue… intenso… Perdóname… No puedo seguir…
- Tranquilo- Rio ella, antes de besar su hombro y acurrucarse en su pecho- Fue… lindo… que hayas dicho mi nombre a penas llegabas.
- Tú eres especial- Dijo casi sin voz.
- ¿Te traigo agua?- Rio.
Él negó, riendo también. Pero Shaareim había notado algo.
- Tu "Drako" no se ve muy cansado- Bromeó ella.
- ¿He? ¿En serio?- Se tanteó a sí mismo, tomando su pene, firme- Bueno… ya bajará…
- Déjame usarlo- Besó sus labios.
- No sé si pueda seguirte… con el resto del cuerpo- La besó.
- Tú descansa, amor… Yo me encargo…
- Eres tan increíble…
Edna rio, dándole un último largo beso antes de apartarse un poco. Ella lentamente se sentó en su cintura, de cara a él, cubriéndolo, tomando control. Drake gimió deliciosamente, mirándola. Lo encendía aún más cuando ella decidía cabalgarlo. La vio morderse el labio inferior mientras empezaba a moverse suavemente. Le encanto verla así, auténticamente entregada, disfrutándolo, sin tapujos.
A pesar de su cansancio, solía acariciarle las piernas, la cintura, a veces se movía un poco, pero ella hacía todo el trabajo.
Luego ella se inclinó hacia adelante, hasta recostarse sobre él, moviéndose un poco más fuerte.
- ¿Quieres que… te hable?- Le preguntó él, en su oído, lentamente.
- Si… Si…- Gimió- Háblame… Lento… oh dios…
Samuel la sujetó un poco por la cintura, y le murmuró lentamente en el oído, con voz grave, cada una de las frases dulces que se le ocurrían. Nada vulgar, solamente la plagaba de elogios, la llamaba por mil apodos.
No tardó mucho para sentirla acelerarse un poco, encima de su boca, tensarse hasta casi romperse y ahogar un gemido extremadamente largo. Eso fue suficiente como para hacerlo llegar también, gruñendo.
Drake sabía que después de eso, debería aguantar semanas, pero no le importó. Estaba demasiado enamorado como para pensar en nada más que en su salud.
