El médico ya les había dicho que no se revolucionaran por un tiempo, casi un mes, sobre todo Shaareim. Pero Sam no necesitaba hacer el amor para sentirse completo. Siguió las instrucciones del doctor, vigilarla, asegurarse de que no tuviese fiebre, ni que tomase frío, que estuviese tranquila, bien alimentada y, obviamente, nada de humo.

Para asegurarse de que siquiera la picara un mosquito, cerró el pórtico trasero con una delgada malla que, si bien dejaba pasar el sol y la brisa, le detendría el paso a cosas más grandes.

Luego adecuó un sillón amplio que incluía un sitio para descansar los pies, casi como un diván para dos.

Y al final, como estaba siendo costumbre todas las tardes desde un mes después del trasplante, se semi recostó con ella, al sol. Él normalmente, y ella usándolo como almohada, con la espalda en el pecho de Sam, con sus brazos pasados en su cintura y sus rostros juntos.

Para Edna, era encantadoramente cómodo estar prácticamente recostada sobre él, con el sol en su piel, la brisa susurrándoles, sentir como a veces besaba tiernamente su cabeza, acariciaba sus brazos o entrelazaba sus dedos.

- ¿Cariño?- Preguntó Drake, suavemente, después de mucho tiempo en silencio.

- Dime…

- Pensé que te habías dormido…- Besó su cabeza.

- Es tentador dormirse aquí…

- Si- Sonrió- ¿Sabes? Pensaba que un fin de semana de estos podríamos salir a cenar, afuera, para variar. Incluso con Nathan y Elena si quieres.

- Me parece bien- Acarició uno de sus brazos.

Él lentamente usó su otra mano para hurgar en uno de los bolsillos de su pantalón y sacó algo.

- Edna… No es fijo. Está abierto a discusión, a posponer, a lo que tú digas.

- ¿Qué dices?- Lo miró de reojo.

- Depende pura y exclusivamente de ti.

- ¿Qué?

Él aproximó la mano que había usado, para acercarle lo que había estado en su bolsillo. Ella lo tomó, curiosa, y miró lo que ahora eran dos cosas. Dos anillos de oro.

- ¿Qué…?- Ella se sentó un poco, confundida- ¿Sam?

- Mis intenciones son así de… serias.

- ¿En serio?- Lo miró, mas fijamente.

- Si quieres que me arrodille lo hago…

- Samy…

Ella lo miró con ojos vidriosos, antes de besarlo con fuerza, varias veces. Luego lo miró, con una pequeña risa emocionada, viendo como los ojos de su compañero también se habían tornado rojizos y brillantes. No tuvo que decir el "si" con sus labios, sus miradas bastaban.

La mujer se acurrucó junto a su pecho, llena de dicha, mientras miraba los anillos. Parecían de oro nuevo, salvo el centro, de un oro un tanto diferente, con un diamante pequeño.

- ¿Diamante del tesoro?- Ella lo miró.

- Claro.

- ¿Tiene… otro tipo de oro?.

- De hecho… si- Samuel acomodó su cabello- Pude haberlos pedido completamente del mismo oro, pero se me ocurrió darles un poco de simbolismo, que sabes que me encantan esas mierdas… ¿Recuerdas el puñado de monedas que cada uno se llevó?

- Si.

- Bueno, mandé a fundir un par, para hacer ese centro. Ya que esa aventura peculiar terminó volviéndonos pareja ¿Qué mejor que llevar un pedazo de eso en el anillo?

- Eres un genio- Le sonrió, cerca.

- No- Sonrió también, dándole un pequeño beso en la nariz- Míralos del otro lado.

Ella miró detenidamente los anillos, por dentro. El que era evidentemente un poco más grande, dictaba la frase "Omni Fortuna. Et Legatum", mientras que el otro recitaba "Sed Quid Est. Et Semper Erit".

- Omni Fortuna. Et legatum- Leyó ella- Sed Quid Est. Et Semper Erit.

- Toda mi fortuna. Y mi legado. Es lo que es. Y siempre será- Le tradujo él.

- La pista de Naule- Rio ella.

- Es la frase que comenzó todo esto. Además… Omni Fortuna Et Legatum, es el mío. Porque me he casado con mi fortuna y legado. Sed Quid Est Et Semper Erit, el tuyo, porque yo no pienso dejarte jamás en la vida, soy lo que soy, y siempre seré: tu parásito…

- Gran bobo…

- Permíteme.

Él tomó el anillo más pequeño y suavemente se lo colocó a ella, en su dedo anular. Y luego ella lo imitó, colocándoselo.

Se miraron a los ojos, por un rato más bien largo, perdiéndose entre sus miradas.

Shaareim acarició su mejilla tiernamente, con una sonrisa cargada de sentimientos, besando su rostro varias veces.

- Jamás podre agradecerte lo suficiente- Le susurró ella, mientras besaba su frente.

- ¿Agradecer que?

- Todo- Miró sus ojos- Todo y desde siempre…

- Adivina que- Besó su pecho.

- ¿Qué?- Ella rio suavemente.

- No tienes que agradecerme nada- La miró- Jamás… Hago lo que hago, solo por dos cosas, porque me gusta, y porque te amo… Que es básicamente lo mismo.

- Eres mi mundo, Samy- Lo abrazó.

- Tranquila…- Sonrió- Recuerda lo que dijo el médico: nada de estrés ni emociones fuertes. ¿Si, mi señora Drake?

- Si- Ella lo estrujó un poco- Mi señor Drake…

- ¿Sabes qué? Voy a joderle la mente a Nathan- Dijo él, tomando su teléfono, acercando ambas manos con anillos y tomando una foto- ¿Cuánto crees que tarde en llamar?

- Depende cuando lo vea…- Se separó un poco- Pero yo digo 10 segundos.

- Ahí va- Le mandó la foto.

Ambos esperaron un poco, en silencio. Medio minuto después, comenzó a cantar el teléfono.

- Se tardó bastante- Rio ella.

- ¡Nate!- Dijo Sam, apartando el teléfono un poco- Estas en el altavoz, te escuchamos.

- ¡Por Dios!- Gritó Nathan, del otro lado- ¡No me jodas! ¡No me jodas! ¿Es en serio?

- ¡Muchachos!- Se escuchó Elena, con voz emocionada- ¡Es increíble! ¡Estoy tan feliz por ustedes!

- ¡No me dijiste nada, maldito bastardo!- Continuó Nate- ¿Cuándo fue esto?

- Hace como… No se… ¿Cinco minutos Edy?- Dijo Sam.

- Prácticamente…- Contestó ella.

- ¡Dios!- Exclamó Fisher- ¡Edna! ¡En cuanto estés bien de salud, tenemos que festejar!

- ¡Señor y señora Drake!- Dijo Nathan- Viejo… Tenemos que pedirle permiso nuestras esposas y que nos permitan emborracharnos seriamente una noche de estas…

- ¡Tengo que llamar a Sully!- Dijo Elena, alejándose.

- Relájense ustedes dos- Rio Edna- Están mas emocionados que nosotros.

- ¿Saben qué?- Dijo Nathan- Voy a buscar un restaurant. Esta noche cenamos los cuatro ¿De acuerdo?

- Por mi está bien- Sonrió Shaareim- ¿Samy?

- Tú dinos cuando y donde- Dijo Sam.

- ¡Fantástico!- Gritó Nate antes de colgar.

Enda rio con fuerza. Ahora era la futura señora Drake.