El médico al fin les había dado luz verde para retomar las andanzas en la recamara, algo que ambos estaban esperando con demasiados deseos. Había sido el mes y medio más tortuoso de sus vidas.
Aquella noche fue un festival de besos cariñosos y caricias.
Él le había permitido sentarse en sus piernas, cara a cara, ambos desnudos. A penas ella lo hizo, se acercó a su rostro y besó profundamente su boca, sintiéndolo corresponderle, colocar las manos en sus muslos.
- Eres increíble- Murmuro él.
La vio sonreír antes de besarlo deliciosamente.
Él besó su boca, su barbilla, su cuello, su oído, siempre abrazado a su cintura, solo para que ella hiciera lo mismo luego.
- Ho dios…- Murmuró él, con la cabeza echada hacia atrás, sintiéndola besar y lamer ampliamente su cuello y tatuaje- Como extrañaba esto…
- Lo se…
La sangre de Edna comenzó a hervir.
- Sam- Murmuró ella, levantándose para poder pasar sus manos por su pecho y empezar a bajar- Sam…
- Dime…
En vez de responder, la mujer se dedicó un momento en acariciar y besar su piel, su pecho, sus cicatrices. Y aprovechando que él estaba sentado, ella se arrodilló y bajó aún más las manos.
- Hola…- Murmuró él.
Sam sonrió, mientras la veía acariciar su cintura y ver aquel trozo de hombre, listo y firme. Un trozo de generosas proporciones que la hizo relamerse los labios.
- Tienes el mejor cuerpo que haya visto en muchos años…- Le dijo Edna, paseando las manos por sus muslos- ¿Estás listo?
- Por favor…
Ella le sonrió, antes de acariciar y estrujar suavemente su pene, como preparándolo un poco más. Y luego lo introdujo decididamente en su boca, oyéndolo exclamar ante su embestida.
- Oh… Mierda…- Gimió él- Cariño…
Por un rato ella se dedicó pura y exclusivamente en darle placer, chupándolo, lamiéndolo, mientras lo sostenía por la cintura, saboreándolo con los ojos cerrados.
De vez en cuando ella subía su mirada, para verlo mientras él gemía mirando al techo, o cuando sentía sus manos tiernamente en su mejilla.
- Dios…- Gruñó él- Dios… Que buena eres…
- ¿Te gusta así?- Le preguntó mientras movía rápidamente su mano por todo su glande- ¿O te gusta más con mi boca?
- Tu boca… Chupas tan bien…
- ¿Así…?- Volvió a chuparlo.
- Estoy… cerca…
Edna sabía lo que significaba. Lo sujetó de la cintura y trabajó con fuerza y vigor, mientras sus gemidos le marcaban el ritmo acelerado.
Lo oyó emitir un largo quejido, en simultáneo con sentir una viscosidad en su lengua que no dudó en tragar. Lo apretó un par de veces, asegurándose de que no quedara nada y lo soltó. Sonrió, ya que él seguía quejándose, pero a pesar de eso, su cuerpo seguía relativamente dispuesto.
- Muchachote- Ella se puso de pie.
Drake la atrapó con sus brazos, besando su boca, chupando su lengua. Sus manos empezaron a frotar su piel, dirigiéndola hacia él, para que se sentara encima. La mujer ni siquiera dudó en sentarse en el punto exacto, dejando que todo aquel cuerpo grueso entrara sin titubear.
- ¡Sam!- Ella tomó su rostro cuando lo sintió sujetar sus muslos y moverla con fuerza.
- Es mi turno…
Y por media hora Drake controló cada movimiento, dándole su dosis extra de vigorosidad, sabiendo incluso cuando detenerse para postergar el hecho de que ella estuviese demasiado a punto de llegar.
La madera de la cama rechinaba, ella gritaba, él gruñía.
- ¡No me lo detengas!- Gritó ella- ¡Por favor! ¡No otra vez!
- Lo que me pidas preciosa…- Masculló.
Sam siguió, con fuerza, pero sin detenerse cuando empezó a sentir su cuerpo temblar. Aun mas, sentirla tensarse, estremecerse, gritar, lo dejó lo suficientemente a punto como para imitarla.
Completamente exhausto, se recostó, con ella aun encadenada a su cuello, y por un rato se quedó quieto, con ella encima, descansando.
La dama lo abrazó con fuerza, mientras notaba que él colocaba las mantas sobre ellos y acercaba la almohada. Eso hizo que ella se acurrucara en su cuello, a gusto.
- Esto es el cielo…- Murmuró Edna, con una sonrisa- El paraíso…
- Si…- Suspiró, pasando el brazo por su espalda- Nunca me sentí tan dichoso como ahora…
- Eres todo lo que necesito- Acarició su pecho.
- Eres la esposa que siempre soñé tener- Acomodó su cabello con su mano libre, mirándola soñadoramente- Prometo hacerte feliz como pueda…
- Samy- Ella acarició su mejilla, con una sonrisa y ojos vidriosos- Eres lo más dulce del mundo… No te preocupes…
El sujeto la abrazó un poco, sintiendo como ella se acurrucaba junto a él. Y por un rato se quedaron bajo la oscuridad, ofreciéndose besos, pequeños, suaves y lentos, plagados de amor.
