Unas cuantas semanas habían pasado, y como se estaba haciendo demasiada costumbre últimamente, cada vez que Edna salía a hacer algo, alguien golpeó la puerta principal.
Samuel ya lo intuía, por lo que caminó lentamente y con pocos deseos hacia la puerta y la abrió. Sus suposiciones eran correctas.
- Hola Samuel- Sonrió una muchacha al verlo.
- ¿Otra vez aquí?- Bufó, cruzándose de brazos- ¿No tienes una vida?
- Si… Tú…
Ella intentó tocarlo, pero él se apartó, con mirada ácida.
- Basta- Dijo él- ¿Cuándo dejarás de molestar?
- Cuando dejes a la gorda de tu mujer.
- No la llames así…
La muchacha entró de improvisto a la casa, caminando por la sala, con su cuerpo voluptuoso, joven, de ropa ajustada y rostro de ángel perverso.
- ¡Hey!- Intentó detenerla Drake- ¡Tú! ¡Para!
- Ya te dije, me llamo Juliet… Sam…- Lo miró, seductoramente.
- Y ya te dije que me importa una mierda como te llames. Deja de seguirme, deja de venir a mi casa, deja de molestarnos.
- Oh… Por favor… ¿Sabes? A veces te oigo gritar cuando tienes sexo con la vaca de tu esposa. Si ella puede hacer eso, imagínate que puede resultar de mí.
- No me interesas, entiéndelo. Así seas la más bella de las mujeres, no me interesas. Estoy casado- Le mostró el anillo en su dedo- ¿Ves?
- Aun no hicieron la boda, así que no es oficial…- Sonrió ella, maléficamente- Tengo tiempo.
- Voy a pedir una orden de alejamiento contra ti… Ya no te aguanto. Y mucho menos tolero que le pongas apodos ofensivos a mi esposa o que intentes destruir lo nuestro.
- ¿Y por qué no se lo dices, bonito?
- Por qué tú no vales el gasto de saliva.
- Yo te daré un gasto en saliva- Ella se acercó demasiado.
Juliet lo besó torpemente, tomándolo de la camisa. Él le puso las manos en los hombros, intentando apartarla, pero ella no cedía. La condenada se había aferrado a él como una garrapata.
Un sonido en el suelo, cerca de la puerta, distrajo a Juliet lo suficiente como para permitirle a Sam quitársela de encima.
Ambos miraron a la puerta, con sentimientos opuestos.
Edna estaba de pie, como estatua, con la bolsa de provisiones caída en el suelo y desparramada por el lugar. Los ojos como platos, levemente pálida.
Juliet sonrió malignamente y aprovechó que Shaareim se veía demasiado en shock, para pasar por su lado e irse, no sin evitar mirarla a los ojos.
Edna la miró, como si fuese el gran fantasma de su vida, y luego miró al que se suponía sería su futuro esposo, quizás tan pálido como ella.
- E-Edy- Drake reaccionó a medias- Edy… No… No es lo que parece…
- Tú…- Masculló, antes de tomarse la cabeza- Dios…
- Cariño…
Las mejillas de Edna automáticamente se marcaron con densos surcos de lágrimas
- No, no- Él intentó acercarse- Amor mío, no… Déjame explicártelo…
- No…- Ella se apartó.
- Hablemos, por favor- Le rogó- Déjame explicar…
- No puedo… No…
La mujer caminó hasta un mueble y torpemente sacó una pequeña cartera que tenía para casos urgentes, con documentos y dinero.
- Edna…- Extendió su mano hacia ella.
- Necesito estar sola- Sollozó ella.
La mujer velozmente salió de su casa, dejándolo detrás, de pie, con el alma fuera de su cuerpo.
El terror inicial suavemente se estaba alejando de él, y colocando en su sitio la peor de las angustias. Levemente levantó la mirada, para ver el dorado anillo de Edna sobre el mueble.
Él lo tomó, con un dolor en su pecho imposible de controlar. La mujer de su vida se había quitado el anillo. Su relación se había jodido completamente.
Drake se sentó en el suelo, sintiéndose imposible de detener. Se tapó el rostro con sus manos, mientras comenzaba a llorar con fuerza, llamándola entre sollozos.
Media hora después, el timbre de la puerta resonó en la casa de Nathan y Elena. El joven Drake caminó tranquilamente y abrió la puerta.
- ¡Hey! ¡Edna!- Saludó, alegremente.
Sin embargo se detuvo. Ella lucía fatal. Los ojos rojos, el ánimo por el suelo.
- ¿Edna? ¿Qué? ¿Qué ocurre?
- No… Es nada…- Ella intentó aparentar un mejor estado- Yo… ¿Puedo usar… el baño?
- Si… claro… Pasa- La dejó entrar.
La miró caminar velozmente al baño y él comenzó a preocuparse. Él calculó que solo dos cosas podrían dejarla tan afectada: que algo malo le hubiese ocurrido a su hermano, o a su relación. Esta parecía ser la última de las dos.
Nathan caminó inmediatamente hacia el jardín trasero, buscando a su esposa, que estaba colgando la ropa.
- Elena…- Él tomó el brazo de ella- Es Edna.
- ¿Qué?- Ella lo miró- ¿Qué pasa?
- Acaba de entrar, está en el baño… Creo que rompieron o algo… Esta fatal…
- Oh Dios…- Suspiró, triste.
- ¡Cielos!- Se dio cuenta de algo- ¡Sam! Escucha, quédate con ella, yo tengo que ir a ver a Sam, antes de que se suicide o algo…
- Ve. Yo me encargo.
Nathan salió de su casa como una luz. Su hermano debería estar totalmente destruido.
Elena se acercó al baño, oyendo un llanto por debajo del sonido del agua del grifo. Golpeó suavemente la puerta.
- ¿Linda?- Dijo Elena, con voz amorosa- ¿Estas bien?
- No…- Gimió, detrás de la puerta.
- ¿Quieres hablar? ¿Decirme que pasó?
- Yo…
- Está bien linda… Tranquila…
- Era la hija de la vecina- Lloró ella- ¡Sam ni siquiera se opuso!
- Sal de ahí ¿Quieres?
- ¡Yo sabía que no iba a durar! ¡Sabía que yo no lo merecía!
- Edna… Cálmate… Respira… Recuerda que estás hablando de Samuel, lo conoces bien ¿Acaso crees que podría hacer algo así? ¿Después de todo?
- Yo lo vi…
- ¿Él te dijo algo?
- Lo intentó… Pero… No pude…
- Debes darle la oportunidad que te explique.
- Hoy no… Ya no…
- Bueno, mañana… ¿Quieres salir? Te prepararé un té caliente y acomodaré un sitio para que te quedes hoy ¿Si?
- Gracias… Pero… no… Iré a un hotel… Necesito estar sola… Para llorar… No quiero joderles la vida…
- Todo se aclarará mañana, te lo prometo.
Shaareim salió lentamente del baño, con el rostro demacrado y mirada al suelo. A penas le murmuro un "gracias" a Elena antes de irse.
En la habitación de hotel, lloró, por horas, abrazada a sí misma, sintiendo que su corazón se desgarraba.
