La semana que se había dado de plazo transcurrió rápidamente, visita a Paula incluida. Seguía siendo una insensata, seguía dejando la ventana abierta. Cuando descubrió de lo que era capaz tras leer el libro, traspasar la materia, (no esquivarla, ¡traspasarla..!), tuvo la imperiosa necesidad de enseñárselo. Ella era como un niño pequeño que se impresionaba cada vez que él le enseñaba un truco nuevo. "Flipaba" o "alucinaba" y le miraba con divertida fascinación. Todo era mejor bajo su mirada. Demons embellecía todo.

Snape surcó el cielo nublado de Londres a una velocidad de vértigo. Hubiera podido gritar. Se sentía capaz de hacer cualquier cosa. Ahora no zigzagueaba esquivando los edificios, era capaz de atravesarlos igual que había atravesado el cuerpo de Paula y su cama, para esconderse bajo ella cuando abrió los ojos.

Lo curioso es que el libro no le había enseñado cómo hacerlo. No era un libro de hechizos al uso, no mencionaba conjuros o movimientos de varita, no alcanzaba a explicarlo, pero después de leerlo supo que podría hacerse y simplemente, lo hizo. Pobró en casa, pero no era suficiente. Ella tenía que verlo.

Al llegar y verla dormida en su cama, la de ella esta vez, dudó. Lo último que quería era enseñarle nada, quería tocarla, quería...

Trataba de discernir si era mayor la necesidad de poseerla, (que prometiste mantenerla satisfecha es una excusa muy débil, patético hombrecillo), de verla fruncir el entrecejo entre concentrada y molesta al notarse devastada por un orgasmo, o si era mayor su propia sensatez. Se había ido por un motivo concreto: dominar por completo su profunda ira inexplicable, conseguir que no escapara jamás una brizna de esa ira hacia ella.

Sí, sí, el descubrimiento de ese libro y lo que leía en sus páginas le infundía una extrema seguridad, su habilidad crecía y era... ¡oh!, se sentía como un afilado dardo candente capaz de forzar cualquier límite. Se sentía capaz de cualquier cosa... como tocarla con la punta de sus dedos mientras su cuerpo permanecía flotando en estado gaseoso, cualquier cosa... salvo presentarse ante ella y darle la victoria al reconocer que no podía vivir lejos de su delgado y exigente cuerpo... Cualquier cosa menos decirle que, después de todo, no podía quedarse y tener que ver la decepción o el odio en su mirada.

Sí, sí, había sido un tramposo aprovechándose de su sueño, pero cuando ella pronunció su nombre... ¡Dios! usaría cualquier trampa para oirla pronunciar su nombre con deseo. Era un egoísta malnacido y merecería que le echara de su vida, que le golpeara el pecho hasta partírselo, que le prohibiera volver. Pero no lo hará, esa insensata seguirá dejando abierta la ventana, seguirá sonriendo al verte llegar.

Por eso tenía que aprender a dominarse, más aún. Por eso leía el libro con avidez y pensaba como cerrar frentes con Yaxley. Protegerse y, sobre todo, protegerla.

Yaxley le citó en una nave abandonada, cerca del puerto. Aparejos de pesca, cajas vacías, suciedad, alimañas rastreras y un profundo olor a descomposición. De lo más indicado para una "organización" cangrenada, los mortífagos, condenada a extinguirse por sus propios méritos.

Le esperaban en una habitación, probablemente la sala de juntas de la malograda empresa, mucho menos acogedora que el salón de los Malfoy, mucho más fría y oscura donde una larga mesa era ocupada por figuras encapuchadas que le esperaban algo impacientes. Desde la puerta, entrecerrando los párpados contó a ocho mortífagos y dos asientos vacíos. Una figura de pie, Yaxley, le señalaba invitadoramente la silla del extremo, la cabecera de la mesa, reservándose un lugar a la derecha de ese asiento.

Con un gesto de la varita, Severus iluminó la sala.

_Quiténse las máscaras, señores. Esto no es ningún baile.

Algunos aliviados, otros a regañadientes, descubrieron su rostro. De una patada, Severus apartó la silla que le ofrecía Yaxley y se quedó de pie con los puños apoyados sobre la mesa. Le observaban, esperaban que él hablara.

_ Hace poco Yaxley me dijo que habían pensado en reunir de nuevo nuestro... selecto... club_ pronunció lentamente_. En ese momento le dije que era una locura y lo que mejor se podía hacer era desaparecer y sobrevivir lo más discretamente posible. Sigo pensando lo mismo.

Algunos de los presentes asintieron. Otros endurecieron sus gestos.

_¿Por eso fingiste tu muerte, Snape?

_ ¿Fingir? Si no estoy muerto es por pura casualidad, McNair. Pero sí, no la he desmentido para ocultarme. No quiero volver a Azkaban, ni que me maten por la espalda en ningún callejón. ¿Qué quieres tú?

McNair calló, pero del otro extremo de la mesa una voz habló sin titubeos.

_Yo quiero partirte en dos el alma, maldito seas.

Los ojos oscuros de Severus enfocaron la cara de Rodolphus, con más cicatrices que recordaba.

_¿Septumsempra?_ adivinó aguantando la furibunda mirada de Lestrange_ Yo también lamento la muerte de Bellatrix, más de lo que crees. Ella fue de las primeras que me... acogió.. entre los mortífagos.

_¡No eres más que un sucio traidor!

Rodolphus se levantó rápidamente, tirando la silla y apuntándole con su varita, varios mortífagos se apartaron. Snape se irguió, alzando su barbilla, sin sacar la varita, desafiándole solo con la mirada.

_Traidor, traidor... estoy más que harto de oir esa palabra. ¿No hice todo cuanto él me pidió? Le serví fielmente hasta el final. Vosotros lo sabéis. Estaba en Hogwarts cuando llegó Potter, le ví. Dime, Rodolphus, ¿por qué no le dije entonces cómo vencer al señor tenebroso, a salvo entre los muros del castillo? Me fuí de allí cuando él me convocó, aún a sabiendas de quedar como un cobarde que huía. Sentísteis cómo me llamaba y algunos..._dijo mirando a Yaxley intencionadamente_ sabíais para qué.

Rodolphus le escuchaba atento sin dejar de apuntarle con su varita. Yaxley dió un paso hacia atrás.

_ Me llamó a su presencia. Le pedí que me dejara volver a la batalla, conocía el colegio, podría traerle a Potter... ¿Y él qué hizo? _ sus ojos se endurecieron, su voz se hizo profunda, herida, los mortífagos le escuchaban hipnotizados_ quiso matarme. Y ni siquiera con su varita, me echó a Nagini como si fuera un despojo. Después de... años de servicio, de entregarle mi vida y mi alma, de hacerle amo de mis actos. Después de sufrir sus torturas y seguir sus órdenes hasta su mínimo deseo... me usó de alimento para su mascota.

Sus ojos llameaban y su voz se hacía profunda y lenta, no podría poner más énfasis en lo que decía si lo hubiera gritado.

_¿Cómo te hubieras sentido, Rodolphus? Yo no le traicioné, ¡él me traicionó! ¡Él! ¿Cómo os hubiérais sentido todos? ¿Qué hubieras hecho con tus últimos segundos de vida, Rodolphus? ¿No hubieras intentado... vengarte?

Severus observó como la punta de su varita temblaba, lo había conseguido, le creía.

_¿Me has visto recogiendo la Orden de Merlín?_continuó con tono despectivo y desgarrado_¿Me has visto apretando la mano del niño-que-vivió, el Elegido, san Potter... en alguno de esos periódicos que equiparan mi actos a una heoricidad? ¿Alguno de vosotros cree que realmente fue una decisión altruista ayudar a Potter?

Era el momento, ahora sí alzó la voz, retándole.

_ ¡Atácame Rodolphus!, aquí no hay ningún señor tenebroso que vaya a poner su mano entre nosotros para impedir que nos matemos mutuamente. ¡Tú y todos los que penséis que no soy más que un traidor y no merezco vivir!_ sacó lentamente su varita hablando en tono neutro y decidido_ Zanjemos este asunto de una vez.

No le pasó desapercibida la mirada que cruzaron los hermanos Lestrange, ni la que Rabastan dirigió a Yaxley. Los demás se apartaron abriendo un círculo.

Rodolphus apretó la varita, le temblaba el brazo. Snape entrecerró sus ojos apuntándole con el suyo firme. Yaxley a sus espaldas sonrió como una hiena cuando Lestrange bajó su varita y asintió con una cabezada seca.

_No me siento orgulloso de haber regresado de entre los muertos_ continuó Snape, fijó sus fríos ojos en cada uno de los ojos que le miraban_ Pero no voy a desaprovechar esta oportunidad. Os aconsejo que hagáis lo mismo. Esto es un sálvese quién pueda. Tratar de recomponer nuestra hermandad es una locura. Aprended de nuestros hermanos ausentes.

_Están muertos, _ dijo Selwyn_ muertos, o en Azkaban o... viviendo felices en su inmundicia como Malfoy.

_Por eso mismo, aprended.

Snape se sentó al fin. No se iban, ¿por qué no se iban?

_Marchaos, dispersaos_dijo despectivo_ . Será mejor que no volvaís a reuniros si no queréis acabar con algún auror detrás de vuestros preciados culos.

El aire crujió varias veces, Rodolphus saludó seriamente antes de desaparecer. Snape hinchó el pecho mientras retenía a Yaxley con un gesto de su mano. Podría acostumbrarse a eso... sí, podría acostumbrarse a dar órdenes y a ser obedecido.

_Estás desaprovechando una gran oportunidad_ dijo Yaxley tentador_ Ya has visto como te obedecen.

_También obedecían al Lord_ contestó Snape pensativo_ y mira cómo acabó. Siéntate, Yaxley. Tú y yo tenemos una conversación pendiente.

Los ojillos de Yaxley brillaron astutamente.

_Sabía que te interesaría, esa fuente de poder en centroeuropa...

_Mientes_ Yaxley se sorprendió_ O no has mirado en tu vida un mapa, o mientes.

El mortífago parpadeó confuso.

_Albania... No es precisamente centroeuropa.

_La política europea ha cambiado bastante en estos tiempos, donde antes había un país ahora hay cuatro, no querrás que me los conozca todos_ luego aceptó_ Tal vez sea Albania.

Severus hizo un gesto lánguido con su varita. Las mangas de Yaxley se alzaron y sus manos se pegaron a la mesa, con las palmas abiertas. No podía moverlas. El mortífago comenzó a sudar.

_Has tenido tiempo de sobra para ir a Albania y sé que eres un experto rastreador de magia. Encontraste su rastro, el del señor tenebroso. Lo seguiste. ¿A dónde te condujo? ¿Qué encontraste?

_No, yo no...

Miles de agujas al rojo vivo empezaron a pinchar la piel de sus manos y sus brazos, aunque no veía nada, sentía sus puntas afiladas penetrar sus poros y quemarle.

_Es como dices,_ confesó_ seguí su rasto mágico hasta un bosque, pero no encontré nada.

Las agujas profundizaron en su carne y en algunos puntos de sus brazos emergieron gotas de sangre delatoras de que no era una ilusión. ¿Qué tipo de magia era esa? Gimió aterrorizado.

_¡Ella!¡ella me encontró a mí!

_¿Qué ella?_preguntó Snape mientras clavaba la mirada en sus ojos asustados.

_Ella, el oráculo... sabía cosas... sabía que el señor tenebroso había muerto, me dijo que estaba dispuesta a tomar otro acólito. Pero que ese debías ser tú.

_¿Yo?_ Snape alzó una ceja_ ¿Te dijo mi nombre, acaso?¿le hablaste tú de mí?

_Dijo, dijo..._ las agujas dañaban sus nervios haciéndole estirar los dedos_ dijo que le llevara al mestizo de los Prince.

Obviamente era él, al menos, no conocía otro mestizo de ese apellido. Snape volvió a mover su varita, el dolor y la sangre desapareció.

_Olvídalo_ ordenó Snape.

_¿Qué?¿Que lo olvide? ¿Cómo puedes negarte a recibir el poder que tenía el señor tenebroso? ¿No sientes ni la más mínima curiosidad?

_No.

Yaxley chocó con su mirada decidida, fría como el hielo mientras enfundaba su varita. Yaxley sabía que lo deseaba, ¿por qué no lo admitía? Tuvo una revelación: lo había encontrado, era verdad que estaba en su casa y lo había encontrado.

_Quieres ese poder para ti solo,_acusó_ ¡te advierto que no la encontrarás sin mí!

Snape puso una manos sobre el hombro de Yaxley que seguía sentado, presionando demasiado con la punta de sus dedos para considerarlo solo un gesto entre compañeros.

_No quiero ese poder, ningún mago prudente lo querría... Ya has visto lo fugaz de la gloria de Voldemort. Desaparece de mi vista, Yaxley, no vuelvas a buscarme.

...

Yaxley se apareció en lo que parecía ser una casa abandonada, Rabastan, Selwyn y varios más le esperaban. No había signos de Rodolphus.

_¿Qué tal ha ido? ¿va a venir?_preguntaron

_No. Pero démosle más tiempo.

_No podemos darle tiempo indefinidamente, Yaxley. Traidor o no, le necesitamos para que ella nos dé lo prometido_ insistió McNair.

_Creo que ha encontrado el libro.

Rabastan protestó muy enfadado.

_ ¡Ella dijo que no debía leerlo! Deberíamos dejar esto, escondernos como él dice. No va a salir bien.

_¿Y dejar que ese malnacido se salga con la suya? ¡Ni hablar, me oyes!¡Ni hablar! No tendrá descanso ni paz alguna mientras esté en mi mano impedirlo, por mucho que se empeñe.