El boy scout se llamaba Arthur Blinde y la llamó caballerosamente para invitarla a tomar un café.
Tomar un café con un hombre inofensivo parecía casi como la hora del recreo en la vorágine de sentimientos y pensamientos hostiles hacia Severus. Deborah la animó aunque no hubiera sido necesario. Sólo recordar la carta de Snape, era razón suficiente para decir que sí. Un café en una bonita terraza y una conversación agradable no podía ser dañina aunque se alargara con un paseo... y una cena... y una copa en un pub.
El boy scout era tímido, bien educado, y adorable. Era uno de esos tipos que ella solía tomarse para desayunar como una magdalena dejando el papel detrás sobre la mesa aunque, en este caso, no eran esas sus intenciones; estaba disfrutando de una velada tranquila y divertida... en el sentido inocente de la palabra. Se acercó a la barra, (tuvo que insistir diciendo que se le dormían las piernas pues el caballeroso inspector no la dejaba hacer nada), para pedir un par de copas más y caminaba con cada una en una mano, contoneando sus caderas, de camino a la mesa cuando un golpe de aire sopló en su oreja.
_Está preciosa, señorita Demons.
Se giró rápidamente... no vió a nadie. No necesitaba verle, era él, era su voz en su oído poniendo de punta todos y cada uno de los vellos de sus brazos.
Caminó lentamente, con su andar de pantera hacia donde Arthur la esperaba tamborileando con los dedos en la mesa. Sonrió inocente y desplegó a la más dulce Paula, cándida y encantadora, sin dejar en ningún momento que se notara cómo le apretaba el corsé de niña buena. Miraba por todo el pub sin verle. Pero estaba allí, ¡tenía que estar!. Le dió lugar a inventar un par de excusas para pasearse por el local, esta vez y para su desesperación, sin ninguna voz en su oído. El bueno de Arthur le preguntó varias veces qué miraba mientras paseaba la vista por los rostros que les rodeaban. "Creo haber visto un amigo, pero no le encuentro". ¿Sería posible? ¡Allí!. Un hombre alto y moreno caminaba con pasos largos hacia la puerta trasera que daba a un callejón, desahogo para los fumadores.
_¿Me disculpas un momento?
Recorrió la sala rápidamente en pos de la figura, abrió esperanzada la puerta al callejón, ya se iba, ¡ya se iba!, pero ella le tiró del brazo.
_¡Oh!_ suspiró decepcionada. No era en absoluto quién había imaginado._Perdone, me he confundido.
El hombre, la miró de arriba a abajo.
_¿Seguro?_ el tipo se acercó más de lo debido_ Te he visto por la sala, ¿tu cachorrito no te da lo que necesitas, preciosa?
Su aliento olía a Black Label escandalosamente.
_Le he dicho que me he confundido, perdone_repitió ella seca y cortante.
_Ven aquí.
¡Oh, venga! Ella le empujó firmemente y se giró para entrar por la puerta de vuelta a la seguridad del local, no creía que hiciera falta darle un puñetazo o advertirle de que su pareja era un policía, pero el tipo no parecía pensar lo mismo. Le tiró del brazo forzándola a retroceder un paso. Demons levantó el puño, le había roto la nariz a un hombre lobo, dos veces. Se iba a enterar...
_La señorita ha dicho que no.
Algo en su cuerpo pareció saltar, o gemir o ambas cosas.
Ese sí era él, cómo había echado de menos esa voz con la parecía capaz de matar a alguien. Se volvió justo a tiempo de ver cómo el mago, con su túnica negra y todo, apartaba de un tirón al borracho y le estampaba un sonoro puñetazo para luego empujarle casi fuera del callejón.
Ella le miró... y sonrió. Insensata.
El habló seriamente.
_ Debería tener más cuidado, señorita Demons, sus andares de gata pueden ser muy provocativos.
_ La culpa la tienes tú, ¡¿para que andas soplando en mi oído?! Si me he paseado más de lo debido, ha sido para buscarte_le examinó cuidadosamente y continuó hablando, con un deje triste_ Te sienta bien estar sin mí. Te ves bien, te ves mejor que bien. Te ves... más grande.
Snape entendió, le veía poderoso. Se encogió de hombros, sería por los días de ausencia.
Demons pasó una mano por su hombro con una mirada ausente y soñadora, eliminando invisibles motas de polvo. Respiraba con la boca entreabierta y Snape intuía cierto temblor en sus ojos.
_ Usted está preciosa, pero eso ya se lo he dicho.
Snape le pasó el dedo índice por la barbilla.
_No te vayas_rogó ella, pareció arrepentirse y añadió burlona_ ¿Y si otro borracho intenta propasarse conmigo?¿qué haría yo?
_¿Qué tal llamar a su acompañante para que la defienda? Parece realmente interesado.
_¡Pues también es culpa tuya! Es policía, estaba investigando la repentina desaparición del señor Crow. Así que, más te vale dar señales de vida de vez en cuando o tendré que... distraerle... indefinidamente.
Snape rió. Demons pugnaba por no tirarse a su cuello y besarle hasta desfallecer.
La puerta a su espalda se abrió y Demons se inquietó al ver aparecer a Arthur.
_¿Estás bien? Tardabas y...
_Sí, sí.. solo..._ se giró hacia el callejón para presentarle al desaparecido señor Crow, pero éste ¡no estaba!_ ... necesitaba tomar un poco el aire. Creo que... quiero volver a casa.
El boy scout asintió.
_Iré a recoger las cosas.
Cuando desapareció tras la puerta volvió a oir la susurrante voz de Severus. Cercana a ella.
_Pobre hombre, ahora tendrá que cargar con tu chaqueta, tu bolso...
_¿Dónde estabas?
_Aquí.
¿Invisible?, pensó. Snape no pudo evitar sonreir al ver la cara de sorpresa de ella.
_¡ Llévame tú a casa!, ¡no necesito la chaqueta, ni el bolso, solo a...!
¡Qué vehemencia, señorita Demons!
_¿Y dejarías a tu buen samaritano sin su premio?_ chasqueó la lengua_ eso sería muy poco educado. Te ha soportado desde las cuatro de la tarde. Ya tiene mérito.
No estaba enfadado, valoró Paula, estaba divirtiéndose, estaba divirtiéndose de lo lindo a su costa.
_¿Eres consciente, Severus Snape, que me estás arrojando a los brazos de ese hombre?_dijo intrigante_ Ten cuidado, luego duele.
_¿Sí?_ Preguntó él pegándose a su boca_ ¿A quién? ¿A ti o a mí?
Snape se volatilizó ante sus ojos dos segundos antes de que la puerta de abriera.
_¿Vamos?, te acompaño a casa.
...
Demons tiró la chaqueta y los zapatos por la parte que hacía de dormitorio y se acercó descalza hacia el bueno del inspector que curioseaba entre sus cosas.
_¿Este es el señor Crow?
Fotos, sí, fotos de Severus y ella en París. Era las que él había enmarcado después de preguntarle cuál había sido su lugar favorito.
_Sí, es él.
_Se os ve muy unidos, ¿qué pasó?
Demons flipaba. Este hombre desconocía las normas de un buen ligue, es decir, no preguntar nunca por un ex, aunque aún no sabía si Snape encajaba en esa categoría.
_¿Realmente quieres hablar de él?,¿forma parte de tu investigación?
Ella no quería hablar de él. Si empezaba, no querría parar y... ¡qué decepción!, Arthur no había entendido la ironía.
Miró al boy scout que parecía un poco incómodo. Tenía que ser uno de esos tipos que pedía permiso para besarte. Un buen tipo, uno que no se iría en mitad de la noche abrumado por la posibilidad de hacerte daño. De repente después de pensar eso, quería besarle. Paula le agarró del brazo y le acercó sin contemplaciones. Tomó al pulcro boy scout de la mandíbula y él al fin demostró tener algo de sangre en las venas y la sujetó por la cintura. Se inclinó sobre ella lentamente.
_¿Puedo besarte?
Paula sonrió y él lo tomó como un sí. Acercó sus labios. Eran tan tiernos que parecían deshacerse. No se parecía en nada a los besos de Severus. Se le hacía muy extraño besar a otro hombre. Le faltaba la audacia del mago, la tensión que era capaz de crear susurrando contra su boca. Arthur en cambio, la besaba con parsimonia, delicadamente, pidiéndole permiso a cada minuto para ir más allá posando sus manos en su cuerpo con la sutileza de un colibrí. ¿Dónde estaban esas caricias rudas y desesperadas que le gustaban de Snape? Al cabo de varios minutos de suaves besos, ella comenzó a caminar de espaldas hasta llegar a la cama y se sentó. Arthur se quedó en pie, dudando. Snape se hubiera arrodillado delante de ella y hubiera empezado a besar sus pechos aún por encima de la blusa. Arthur se sentó a su lado volviendo a besarla, si no cambiaba de tarea, ella iba a dedicarse a pensar en cambiar el color de las paredes.
La culpa era de Severus. ¿A qué aparece y se va dejándola indecentemente en manos de otro, sabiendo el deseo que le causaba tan solo verle? Quería estar con ese buen tipo que la besaba dulcemente y que compensaría su falta de pasión con aguna otra cualidad como... doblar bien la ropa.
Era por su culpa que ese hombre atrayente y sensible... ¡Bah! Reconoció. Nadie salvo Severus, nadie como él.
_Creo que no ha sido buena idea, te ruego que me disculpes, Arthur pero creo... que tengo la cabeza en otras cosas.
_Supongo que tu ruptura está aún muy reciente.
Le sonrió al bueno del boy scout. Demasiado buen chico incluso para aprovechar la situación y brindarle su incondicional consuelo. Asintió, modosa. Pidió perdón él también. Le acompañó hasta la puerta y se dieron un casto beso. Él prometió volver a llamarla más adelante.
Demons desabrochó los botones de su blusa, enfadada consigo mismo y sobre todo, con Snape.
_Espero que te hayas divertido, Severus.
Una sombra se hizo sólida delante de sus blancas cortinas.
_Una vez, _ dijo con su profunda voz _ me dijo que la había condenado a un futuro de celibato sin mí. Que no sería capaz de, digamos «amar» para no ruborizarla, a otro hombre después de mí. ¿No cree que era oportuno el momento, ahora que... goza de cierta libertad... poner a prueba su teoría?
_Me escandalizas, Severus, ¿desde cuándo te has vuelto tan liberal?_ Demons se sirvió una copa, ahora no fumaba ni, por lo visto, podía disfrutar de sus otros vicios_ Además, no sé a qué llamas "libertad" ¿a que me sigas por todo Londres o me espíes en mi propia casa?
_No debería tutearme, yo no lo hago.
Sí, Severus, bla, bla, bla..
_Yo, en cambio, hago lo que me viene en gana. Ya lo sabes.
