Nathan había tomado un taxi para poder llegar a casa de su hermano lo más rápido posible. Llegó a la puerta solo para ver que la madera estaba abierta lo suficiente como para poder mirar hacia dentro. Él entró, mirando la bolsa de provisiones aun en el suelo, y a Sam, sentado en el suelo de la sala, medio inclinado hacia adelante, sollozando. Velozmente se le acercó, arrodillándose a su lado, notando que ni siquiera se había percatado de que estaba allí.

- ¿Sam?- Tomó su hombro.

- ¿N-Nathan?- Lo miró, sorprendido, con los ojos rojos.

- ¿Qué ocurrió? Te ves fatal.

- Dios…- Gimió.

Para Nate, eso era serio. Su hermano siempre hacia una broma, más allá de lo espantoso de la situación. Siempre tenía un poco de humor, una minúscula sonrisa. Que nada de eso hubiese ahora, y que, en cambio, solo hubiese llanto, era algo en extremo preocupante.

- Nate… Nate…- Tomó su brazo, llorando- Tienes que ayudarme… por favor… hermanito…

- Por supuesto, tranquilo… Pero dime que pasó. Edna apareció en casa, llorando a mares, y tampoco me dijo algo…

- Edna…

Samuel volvió a llorar. Nathan se sentó a su lado, tomándolo por los hombros, sujetándolo física y emocionalmente. Él siempre había sido el más fuerte de los dos, y ahora estaba derrumbándose en frente suyo.

- Lo arruiné todo… todo…- Masculló Sam, con las mejillas mojadas- Todo por hacerlo a mi manera… por no contarle…

- Tranquilo… Respira… ¿Contarle qué?

- Hay una vecina…- Se secó los ojos- Adolescente… Me acosa cada vez que me ve… Intenta que deje a Edna… Todo el tiempo… Hoy entró y me besó… Solo cuando Edy entraba… Dios… Sus ojos…

- Déjame ver si entiendo… Edna no sabía que ella te acosaba, solamente vio que se besaban… ¿Cierto?

- Yo no me besaba con nadie… Estaba intentando apartarla…

- ¿No se lo pudiste decir?

- No- Murmuró- Yo estaba muy asustado… Y ella no quiso oír… No supe cómo reaccionar…

- Cálmate…

- Dejó su anillo…- Le mostró el anillo que sostenía en su mano temblorosa.

- Es momentáneo, ya verás- Frotó su espalda.

- No me va a creer…- Volvió a llorar- No me va a creer, Nate… No puedo perderla… No puedo vivir sin ella… ¿Qué voy a hacer?

- Tranquilízate. Estamos hablando de Edna. Ella es inteligente y te ama enormemente, no la vas a perder. Solo dale tiempo para calmarse y explícale todo, en detalle.

- La necesito… Tanto… Me siento vacío sin ella…

- Lo se…

Nathan se quedó con su hermano por el resto del día, intentando darle un poco de aliento, de recomendarle que hacer, viendo que el más fuerte de los dos, jamás había estado tan frágil y herido.

Sin embargo, tuvo que dejarlo solo, a la noche. Samuel se acostó en su enorme cama, sintiendo el olor a su amada. Abrazó la almohada que ella solía utilizar, y que tan perfumada estaba, y lloró largamente, en la oscuridad, sin dormir.

Se levantó, exhausto, cuando el sol aparecía por el horizonte. A penas si bebió un poco de agua, ya que sentía un nudo en su garganta difícil de tolerar. Parte de su alma se sintió tentada a abrir las botellas de whisky y a retomar los cigarros que habían quedado tiempo atrás, pero la poca fuerza de voluntad y coherencia que quedaban en él, le gritaban que si Edna lo encontraba borracho y apestando a humo, todo sería peor.

Caminó por la casa, como zombi, pensando en lo que diría, como lo diría, tratando de crear un plan.

Pero a media mañana, oyó la puerta principal abrirse. Él se asomó rápidamente a la sala, viendo a Edna entrar con paso lento, ojeras y cansancio, hasta llegar al sillón.

- E-Edna- Masculló, como pudo, con su garganta seca.

- Hola- Susurró, triste, casi sin mirarlo.

- Quiero… Explicártelo todo…- Se acercó.

- Está bien, Samuel, no tienes que explicar nada… Yo… Lo entiendo…

- ¿Q-que?- Preguntó, dolido de oír su nombre completo provenir de ella.

- Siempre supe que tú eras demasiado para mi… Que en algún momento… Verías a alguien más bella y… me dejarías…

- ¿De qué hablas?

- Si ella te hace feliz… adelante- Gimió ella- Es… linda… Y joven… Yo no… Sé cuándo… retirarme.

- Edna- Gimió él también.

- Fue lindo… mientras duró…

Drake caminó hasta ella y se arrodilló en el suelo, cerca.

- Edna… No…- Rogó- No me dejes… No quiero a otra mujer conmigo…

- Ayer no parecía…

- ¡Ella me acosa desde hace meses! ¡Amor mío! ¡Iba a darle una orden de alejamiento! ¡Yo no la besé!

- Está bien- Ella cerró los ojos- Es… mejor que yo… No esta… gorda…

- ¡No! ¡No lo es! Edy… Mírame… Por favor cariño... Mírame…

Ella abrió los ojos y miró al hombre.

- Me importa una mierda el físico de nadie- Dijo él- ¿De acuerdo? Puede ser la mujer más linda del mundo, que no importa. Incluso podría mirarla… Pero la mujer que quiero en mi vida eres tú, siempre lo has sido, con todo y lo que crees defectos. Te amo entera, todo de ti. Vivo por ti, respiro por ti. Cariño…

La mujer desvió los ojos, húmedos.

- Si quieres dejarme…- Continuó él, angustiado- Lo entenderé… Pero lucharé por ti. Haré todo en mi vida para demostrar lo mucho que te amo, iré a donde vayas… Viviré y lucharé por una segunda oportunidad… por tu perdón… Sé… Sé que fue error mío… Debí decírtelo… Pero… Creí que te molestaría… Creí que yo podía solucionarlo… Ahora sé que lo arruiné todo… Lo siento… lo siento cariño… mi amor… No me dejes…

Edna se alejó lentamente, para sentarse en el sillón, con la cabeza baja. Samuel se sentó a su lado, dolido.

- Cariño…- Él acercó levemente la mano a la de ella, apenas tocándola- Para mí siempre serás mi esposa… La única que me hace feliz… Quiero estar contigo para siempre… Así tenga que compensar este error todos los días de mi vida, lo haré… Porque te amo con toda mi alma… Te necesito…

Ella, que solamente había oído en silencio, tomó su mano, con fuerza, y lo miró con ojos desgarradores.

- Samy…- Lloró ella- ¡No me dejes! ¡Por favor! ¡Te amo!

- Edy- La abrazó, llorando también- Por dios… ¡Nunca te dejaría! ¡Jamás! ¿Me oyes?

Y por un buen rato, ambos se quedaron juntos, estrujándose, llorando uno encima de otro, repitiéndose mutuamente lo mucho que se amaban.

Tiempo después, sin tanto pesar encima, seguían sentados juntos, tomados de las manos. Samuel apoyaba su rostro en el de ella, besaba su cien y su mejilla, con todo el amor que podía, hasta que Edna por fin giró su rostro para poder besar sus labios. Se besaron un par de veces, con fuerza, con besos sabor mar y el enorme alivio posarse en sus pechos.

Samuel y Edna se pasaron el resto del día, juntos, casi sin comer por falta de apetito. Solamente se quedaron hablando suavemente, siendo honestos entre sí, mirándose profundamente. Y con la noche sobre ellos, se acostaron, sin placer carnal entre ellos.

Ella se había acostado de lado, esperando que su compañero la abrazara por detrás, pero al notar que no lo hacía, se colocó boca arriba y lo miró. Él le sonrió con ternura, semi levantado con su codo.

- ¿Qué?- Sonrió ella.

- Nada…- Suspiró- Solo contemplo lo increíble que eres y la enorme suerte que tengo contigo.

- Si claro.

- Quiero decirte unas cuantas cosas más, pero te conozco, sé que vas a detenerme para objetar algo. Así que… Déjame decirlo todo y cuando termine con un "fin", podrás protestar. ¿De acuerdo?

- Haré lo posible.

Él sonrió antes de hablar. "Quiero decir todo lo que amo de ti. Quiero que te des cuenta de lo maravillosa que eres, sin que puedas negarme nada. Y es tanto, que tengo que decirlo por orden. Amo tu cabello" Tocó uno de sus mechones "Lo suave que es, lo brillante, lo mucho que huele a ti. Amo tanto tus ojos marrones… La forma con que me ves, como pareces cuidarme con ellos, como siguen mis movimientos, como me regañan o me devoran en lujuria. Amo tu oído tan refinado para la música, amo tu nariz y tu prodigioso olfato de Terrier. Amo tu piel canela, con locura" Acarició su mejilla "Su suavidad, su calidez, su aroma, lo mucho que adoro besarla. Amo enormemente tus labios" Tocó ambos labios "Y como besas con ellos. Adoro besarlos y lamerlos, y sentir como vuelven a mí, cuando me besas el tatuaje o las cicatrices. Enloquezco cuando lo usas para darme placer. Y amo la voz que sale de allí. Tu voz tan única, que a veces se oye exótica cuando insultas. Tan dulce, tan fuerte, tan melodiosa cuando cantas, tan amorosa cuando me hablas. Estoy enamorado de tu sonrisa adorable que ilumina mi vida, y tus carcajadas que me dan una razón para vivir. Amo tu cuello tan sensual" Acarició su cuello con el dorso de sus dedos "Amo tus hombros, tus brazos, tus manos de ángel capaces de romperle el tabique a más de uno, pero que dan las caricias más suaves del mundo. Amo esa forma que tienes de tocarme y acariciarme. Amo tu espalda tan ancha que adoro besar, tus nalgas tan suculentamente suaves. Amo ese pecho que tanto problema nos dio" Tocó suavemente la zona donde antes solía dolerle "Estoy fascinado con tus senos, completamente. Me muero de ternura con tu estómago que siempre críticas" Acarició su panza, amplia y cariñosamente "Podría pasarme todo el día con mi rostro allí, descansando. Amo tu cintura voluptuosa, tus muslos totalmente abrazarles, y amo demasiado ese tesoro que tienes entre ellas. Amo tus rodillas, tus pantorrillas, tus pies. Amo esa mezcla de músculo firme y la suavidad de lo que tu mal llamas grasa. Amo esa sensación al abrazarte y sentir tanta suavidad en donde sea que clave mis dedos. Y más amo lo que hay dentro de todo esto… Esa mujer de la que me enamoré de adolescente y que cada día se vuelve aún mejor. Con tantas virtudes como defectos. Amo el destrozo que haces cuando intentas cocinar y las maravillas dulces que si sabes hacer tan bien. Amo que seas tan letal como adorable, capaz de matar con un solo brazo, o conducir un camión como si nada. Amo que puedas levantar cualquier arma, por pesada que sea, y que jamás aciertes un tiro. Amo tus miedos, tus creencias en fantasmas, tu fanatismo por los caballos, tus habilidades como ladrona, tu forma de ver patrones en donde nadie más. Amo que seas lenta para correr pero incansable cuando lo haces. Amo como puedes darme tanto placer de tantas formas sin jamás quejarte de nada. Amo la forma en que me amas y me aguantas, todo el cariño que me das. Amo todo eso y me siento infinitamente afortunado de poder hacerlo. Te amo… mi amor… Edna…"

Drake miró sus ojos, húmedos, emocionados, detrás de una sonrisa tímida.

- Y… Fin…- Dijo él, sonriendo.

- Samy- Masculló ella, conmovida, mientras extendía los brazos hacia él.

Samuel se agachó, para sentir sus brazos encadenarse en su cuello y abrazarlo.

- Gracias Samy…- Edna murmuró en su cuello- Gracias… Yo también te amo tanto… Te amo… Te amo, Samy.

- Lo sé, mi tesoro…- La abrazó, sonriendo- Lo se…

El hombre esperó a que ella se relajara para poder dormir. La tapó suavemente, quedándose detrás de ella, abrazándola.

- ¿Cariño?- La llamó él.

- ¿Mjm?- Lo miró de reojo.

- Voy a besarte suavemente hasta que te duermas ¿Te parece bien?

- Paradisiaco- Ella tomó su mano y besó sus dedos- Gracias…

- Buenas noches mi luz…

- Que descanses amor…

Edna se acomodó bien, con una sonrisa en sus labios. Samuel estaba besando imperceptiblemente su cuello. A penas podía sentirlo, pero era tan suave y amoroso, que cada uno podía sentirlo en su alma. Notó que a veces besaba su espalda, su nuca, su hombro, su mejilla, su quijada, su oído. Poco a poco, encantada, se durmió bajo un manto amor.

A él le importó poco lo que tardase en hacer eso, ni lo cansado que estaba. Para él lo valía.

Solo se dio el lujo de dormir cuando notó que ella ya no estaba consiente. Besó largamente su oído y le susurro un último "te amo" antes de hundir la nariz entre sus cabellos perfumados y dormirse profundamente.