Snape entrecerró los ojos lentamente, estiró las mangas de su túnica de dos tirones secos.

_Por eso me gustas tanto.

Los ojos de Paula se abrieron de par en par incrédulos. Este hombre realmente no tenía remedio, ni ella tampoco.

_Me ha encantado el espectáculo. Sobretodo, cuando le has echado de casa_encarcó una ceja mientras preguntaba_ ¿Sigue siendo nuestra casa?

_Depende, Severus, ¿has decidido quedarte o vas a irte otra vez?.

Severus permanecía de pie, quieto. No había hecho ni el intento de dar un paso hacia ella. Paula tomo otro trago mientras lo miraba, realmente estaba distinto. Tenía un aura más grande a su alrededor, una seguridad y un aplomo que no le eran extraños, pero que se manifestaban con más fuerza.

_Quédate.

Él calló.

_Quédate_ volvió a pedir mientras se acercaba a él y enganchaba los dedos en los botones de su túnica_ Una vez soñé con esos botones, ¿sabes?. Se me clavaban en el cuerpo, me hacían daño, pero no podía evitar apretarme contra ellos.

Severus permaneció en silencio mirándola con tal intensidad que hubiera podido penetrar sus ojos y alcanzar su alma. Usó su tono más persuasivo.

_Quédate Severus, no tienes por qué quedarte... siempre... solo basta con que vengas cada noche igual que en Hogwarts: salías, hacías tu trabajo y volvías, siempre volvías. No sé muy bien qué es lo que estás haciendo aunque, se nota que es lo que necesitas. Pero es que ¡si vienes y me espías y me lanzas en brazos de otro hombre para ver si me voy con él o no...! Es obvio que a mí también me necesitas, por mucho que me hables de usted. Además sabes que me da igual lo bruto que seas...

_¿Bruto?

_ ...lo poco que te importe lo que estoy sufriendo..

_ ¡¿Sufriendo?!

_...¡o lo ciego que estás y no lo veas!...Yo...yo te estaré esperando. Mi ventana siempre está abierta... Aunque "supongo" que lo sabes.

Severus estiró la espalda, tenso.

_¿Crees que no distingo tu olor, o tu sabor, o tu tacto por sutil que éste sea?. ¿Crees que tengo el sueño taaan pesado como para no sentir como me...? No me importa que te hagas el duro. Hazte el duro. Déjame suplicar. Quédate

Severus suspiró. ¿Qué esperaba?, ¿esperaba acaso otra cosa?, ¿esperaba que ella se enfadara y le gritara y le echara y así no tendría otro remedio que no volver?¿Acaso no la conocía?

_Eres imposible, Demons. No te das cuenta de lo que te conviene, te empeñas en ponérmelo difícil.

La piel de Paula ardía. No podía comprender como la fingida indiferencia de este hombre le provocaba más que la dedicación del que acababa de cruzar por la puerta. Se arrepentía de haberse quitado los tacones, ¡ojalá fuera más alta y no tuviera que estirarse tanto para llegar a sus labios!. Siguió con los dedos enganchados a sus botones, trepando lentamente por la pechera del mago. Siguió acercándose a su cuerpo con pasos pequeños, hasta posar la mejilla sobre su pecho.

_¿Sabes qué "algo" me atrae de ti?_ preguntó a su túnica_ Que siempre me has aceptado como soy, (salvo esa enajenación transitoria del señor Crow de la que no quiero hablar) a pesar de tus críticas y mis miles de defectos ¡te gusto! y, no lo niegues, te decepcionaría si alguna vez cambiara. A ver si entiendes de una vez... que a mí me ocurre lo mismo contigo. Me gusta quién eres.

_ Ni siquiera sabes lo que estoy haciendo, Paula, ni siquiera sabes en qué podría llegar a convertirme.

¿Estaba austado? ¿o sólo lo imaginaba?. Demons alzó su rostro besando la parte del cuello que alcanzaba, posando sus labios en ellos con parsimonia captando el sabor de tu piel.

_Razón de más para que me dejes vigilarte y protegerte de ti mismo.

Frotó su cabeza por el hombro y el cuello del mago como si fuera un gato.

_ Te haces invisible, te materializas por partes... Enséñame qué mas sabes hacer.

Demons mordía su garganta y la parte inferior de su mandíbula, tirando de los botones de su túnica para conseguir que él doblara la espalda y llegar a su boca.

_Venga, dime qué has aprendido. Estás desando presumir...

Se puso de puntillas y le cogió por la nuca, al fin alcanzó su esperado puerto, habló susurrante a sus labios, sacando de vez en cuando la punta de la lengua para meterla entre ellos, el filo de sus dientes para cogerlos a pedacitos y succionarlos suave.

_ Irradias magia, Severus, casi puedo tocarla. No sé que has hecho. Estoy ansiosa porque me lo cuentes.

Snape estrechó su espalda con una de sus manos poniendo la otra tras su cabeza, sujetándola mientras bebía de ella como de una copa. El corazón de Demons galopaba. Era esto, combatir con él por tener un beso. Obligarle a hacer lo que estaba deseando hacer. Eso la hacía vibrar.

La separó bruscamente.

_¿Quieres verlo?_ ella asintió estirando su cuello para volver a besarle, el aceptó el beso luchando consigo mismo y volvió a retirarse_ Está bien, mira.

Snape estiró el dedo índice y tocó un punto en la blanca camisa medio desabrochada de ella. Rápidamente empezó a humear e, igual que si hubiera aplicado una colilla, la blusa empezó a arder sin llama. Un punto negro apareció cuando él retiró el dedo, pero la tela siguió combustionando, extendiéndose la mancha negra al tiempo que el lugar que él había tocado se deshacía mostrando un agujero. La prenda entera se iluminó un momento, resquebrajándose y desmoronándose en cenizas. Ella no había sentido ni el calor. Severus la miró con suficiencia y estiró de nuevo su dedo índice tocando su falda.

Demons abrió la boca, (lo flipo), cuando la falda corrió la misma suerte que la blusa y luego sonrió traviesa: la estaba desnudando. Severus alzó esta vez la dos cejas esperando su reacción.

_ Déjame probar_dijo ella.

Paula cogió la mano a Severus doblando sus dedos salvo el índice y tras mirarle sugerentemente aplicó la yema de su propio dedo sobre su propia túnica, Severus se doblegó, sonrió con su irónica sonrisa torcida, e hizo su magia. La túnica ardió más rápidamente aún.

Paula condujo la mano hasta su boca y la besó. ¿Podría quemarla igual a ella, si quisiera? Paula miró los labios de Severus exhalar temblando ligeramente. Seguro que él estaba pensando lo mismo. Besó ese dedo y su toque destructor y lo guió acariciándose con él los labios mientras deslizaba su brazo bajo la axila del mago, pegando sus torsos. Snape suspiró. La abrazó con fuerza un momento, pasando suavemente sus manos por la espalda de ella después.

_Estás tensa, tienes la espalda erizada como un gato.

_ ¿Cómo quieres que esté? Aún no sé si te quedas o no_ Snape no contestó_ No tienes que decidirlo ahora, de hecho, no tienes que decidirlo.

Demons se pegó al pecho del mago sintiendo las preocupadas caricias de Severus.

_¿Crees que puedes hacer algo con la tensión de mi espalda?_ preguntó inocentemente. Severus contestó con su risa corta retumbando en el pecho.

_Puedo intentarlo.

La cargó en brazos y la llevó a la cama. La tumbó de espaldas poniendo sus largas manos sobre ella, masajeando sus músculos. Apartó el pelo de su nuca antes de hundir en ella sus pulgares.

_Mmmm, eso es agradable.

_¿Solo "agradable"?_ pronunció disgustado_. Entonces me esforzaré hasta que sea "placentero".

La forma en que su voz se hacía más ronca provocó una oleada de anticipación en Demons.

Paula dejó de sentir sus pulgares y en su lugar notó el cálido aliento de Snape y sus labios. Besó con cuidadosa precisión su nuca y su cuello, mordiendo sus hombros antes de bajar entre sus escápulas. Demons suspiró. El calor de la palma de las manos de Snape en sus costados y sus dedos estirándose para tocar sus pechos aplastados contra la cama mientras su boca, que seguía dibujando besos y dejando mordiscos en su espalda, la hacía casi levitar. Severus se hizo un hueco entre sus piernas, tendiéndose entre ellas. Demons volvió a suspirar al sentirle entre sus muslos. Severus sonrió. No había mejor sonido en el mundo que sus suspiros salvo, quizá, sus gemidos.

_¿Hemos llegado a "placentero"?

Demons asintió sin palabras contra las sábanas y se levantó para mirarle. Snape usó su mano para volverle a apoyar la cabeza en la cama.

_Baje esa cabeza, se trata de relajarla, señorita Demons. Intentemos pasar de "placentero" a... "sensual".

En lugar de relajarse, su cuerpo se tensó expectante. Estaba tendida bocabajo con las piernas abiertas y un hombre muy capaz entre ellas que deslizaba sus manos hacia abajo por su cintura por su piel excitada llena de besos y pequeños mordiscos. Snape agarró sus caderas del mismo modo que sujetó sus pechos estirando sus dedos por el contorno de su figura y comenzó a besar sus nalgas con la misma dedicación.

Sus piernas palpitaban mientras la boca, la lengua y las manos de Snape besaban, mordían y amasaban sus glúteos. Le parecía que iba a salir ardiendo al igual que su blusa cuando los besos de Severus alcanzaron sus muslos y sus ingles acompañados en ocasiones por la punta de sus dedos. El aliento tembloroso de Severus tan cercano a su sexo la hizo retorcerse y elevarse ligeramente, alzando su trasero.

_¿Suficientemente "sensual"? ¿Preparada para llegar a "tórrido"?

¡Oh que sí, señor Snape!, totalmente.

Snape pasó sus brazos por debajo de sus muslos levantándola lo suficiente para alcanzarla con comodidad. Demons se mordió los labios mientras se apoyaba en los sólidos brazos del mago y curvaba la espalda para facilitarle la tarea a ese hombre que se empeñaba en hacer que se derretiera en su boca como un trozo de chocolate. Paula gimió contra las sábanas cuando Snape tiró de sus muslos, levántándola más aún, forzando la postura de los huesos de su espalda antes de atacarla con su lengua.

Directo a su clítoris, sintió una sacudida eléctrica, le arañaba con los dientes para calmarla después con lentos y profundos lametones. Paula, jadeante, se aferraba a las sábanas y se movía involuntariamente dentro de lo que le permitía el lazo con que la apresaba Severus. No se conformó con eso, quería saborearla entera. Separó sus húmedos labios, hinchados. Decir que introdujo su lengua en ella era decir poco. La penetraba con ella, la poseía, mientras la abría con los dedos. Presionaba las paredes de su vagina y la apuñalaba rápidamente con ese músculo poderoso. Lo había logrado, ella se derretía con el tacto de su boca.

Era todo, pensaba Demons. Su boca, su lengua, sus dedos, sus gruñidos roncos de depredador devorándola y era... él. Él. Incapaz de cumplir sus propios propósitos, deseándola tanto como para volver antes de estar realmente preparado para hacerlo, concretó saboreando ese pequeño triunfo con tanta alegría que no le echó de menos cuando dejó de besarla y no contó los segundos en volver a sentir el contacto de su cuerpo sobre la espalda, ni suspiró cuando tiró de ella hacia atrás para ponerla de rodillas, sólo el roce candente de su sexo dentro de su cuerpo la hizo volver a la realidad y fue para quejarse: no suficiente dentro, no suficiente rápido. Lenta y a medias, su penetración no hacía sino enervar su desatino.

_ Severus...

Por si fuera poco paró, con su idiota manía de hacerla esperar... la iba a volver loca. Las manos del mago la aferraron como una promesa, una en su hombro, otra en su cadera. Todavía dejó que le suplicara otra vez.

_ Severus...

La primera vez fue lento, deslizándose en su interior con suavidad, gozando de cada milímetro de terreno conquistado. La cubrió por entero con su cuerpo, besando de nuevo su espalda, mordiendo de nuevo sus hombros y el frío que dejó al retirarse hubiera resultado una dolorosa ausencia de no ser porque seguía dentro de ella. La segunda vez, su empuje le hizo expulsar el aire de sus pulmones de un solo golpe, seguido de un gemido de súplica. Aún conteniéndose, Severus jadeó.

_Supongo que sigues queriéndolo todo.

Tiró de ella con sus manos al tiempo que avanzaba con sus caderas. Se movía ahora con un ritmo más acorde a su ansiedad, acompasado casi con el corazón desaforado que latía en su pecho. Todo, sí, ¿no había pensado ya en eso? El ímpetu de su cadera, la presión de sus manos y su respiración ofuscada. Mientras obedecía su mandato que la obligaba a pegar de nuevo el pecho a la cama y a levantar la cintura, Paula imaginaba su rostro, sus ojos cerrados, sus labios entreabiertos, su pelo negro cubriendo sus mejillas, sus cejas tal vez crispadas...

_ Para, para..._ pidió susurrando entre jadeos.

Severus pensó que le había hecho daño.

_ Quiero verte, déjame verte.

Se volvió en la cama, apoyando la espalda en la colcha caliente y húmeda. Le miró un segundo, tan serio siempre, tan sobrio, con ese misterio insondable en sus ojos. Buscó con sus manos el rostro del mago. Tocarle, tocar sus mejillas, apartar el pelo de su cara, atraerle para besarle. Elevar su cuerpo para tocar el de él, empujar su espalda para sentir su peso, abrir sus piernas, abrir su cuerpo y abrir los ojos para no perder un detalle de su expresión al entrar de nuevo en ella... Arder.

Snape se apoyó en el colchón mientras percutía con su pelvis, arrasando el abismo ardiente que le envolvía mientras las manos de ella se asían desesperadas a su cuello, a su espalda, a su cintura y los músculos contraídos de sus nalgas marcando el (paff, paff, paff...) ritmo implacable de sus movimentos. Le envolvió con sus piernas, presionando su cuerpo al tiempo que se contraía en torno a su sexo, frenándole, sujetándole como una boa constrictor.

_Dí que te quedarás_ ordenó en un susurro.

La mirada de ella era acerada y decidida.

_¿No podemos.. discutir.. eso.. después?_ La agitación de sus pulmones le impedía hablar con normalidad.

_Dí que te quedarás. Dímelo.

El sexo de Severus latía próximo a derramarse. Ella parecía a años luz de acompañarle.

_Paula, no me hagas esto..._ bajó la cabeza ocultándole sus ojos.

Elevó las caderas pegándose más a él, frotó con sus piernas la carne del mago y le tiró del pelo obligandole a levantar el rostro. Le miró a los ojos, a la jodida tormenta que se destaba en su interior. No, cierto, ella no estaba allí para contribuir a su tormento. Le atrajo para besarle mientras sus labios se abrían en una sonrisa, mientras sus piernas se abrían, mientras su cuerpo se abría. Ella estaba allí y siempre estaría allí para recibirle, sin condiciones.

Apuró sus fuerzas en besarle, en sostenerle por el pelo, en acunar su espalda, en estrecharle en tan íntimo y sólido abrazo que nunca sintiera el miedo de estar saltando sin red.