Unos cuantos meses habían pasado ya. Edna entró a su casa, como era usual, luego de visitar la tienda. A penas cerró la puerta, Samuel se le acercó, con la camisa abierta completamente, y tomó las cosas que ella estaba acarreando.
- Esto si es tener una buena vista- Ella acarició su mejilla- Gracias cielo.
- De nada, cariño… Pasa, he conseguido algo.
La mujer pasó a la sala y vio algo sobre la pequeña mesa frente al televisor.
- A ver si recuerdas que es eso- Dijo Drake, caminando a la cocina.
Ella lo estudió. Era una copa de veinte centímetros, de aspecto antiguo, bonita, hecha de cristal con finas decoraciones de oro. Todo apoyado sobre un trozo de madera y dentro de una caja de cristal.
- ¿Y bien?- Él se paró detrás, tomándola por la cintura- ¿Te acuerdas?
- Emmm… No ¿Debería?
- Si… No… Depende… ¿No te parece familiar?
- Tengo la sensación de haberlo visto antes- Ella se giró hacia él- ¿Qué es?
- Haz memoria… Lo has visto hace muchos años…
- Estoy vieja, Samy, he visto tantas cosas…
- Lo has visto en un museo- Sonrió él- De noche… Escondida…
Edna sintió el recuerdo aparecer de la nada.
En su memoria volvió a muchos años atrás, siendo una quinceañera. Había estado mirando ese museo de pésima categoría por varios días, y si bien había cosas espantosamente inútiles, también había un par de jarrones muy lujosos, y algunas cosas no tan valiosas. Tan poco valiosas que su valor residía en el poco oro que traían.
Esa tarde robó una entrada al museo, cuando vio la cantidad de gente asistiendo. Ágilmente comenzó a desaparecer, hasta esconderse de todos. Con el paso de las horas, había quedado, con el edificio vacío, oscuro y cerrado, sola, exceptuando el guardia que cada cierto tiempo cronometrado, aparecía por allí.
Era un museo de poca monta, casi no había alarmas, y las pocas que había, estaban protegiendo a las cosas de más valor, y al depósito.
Según sus cálculos, eran la una de la madrugada. El momento de cambio de turno, el momento en que más iba a tardar en reaparecer el guardia.
Ella lentamente salió de su escondite, un poco entumecida por estar en esa misma posición por tanto tiempo. Caminó silenciosamente por varios pasillos, hasta llegar a la sala donde estaban los jarrones caros, y cosas no tan valiosas. Su objetivo estaba a la vista, una copa de cristal, bonita, pero que valía poco, sin seguridad, que le daría una buena ganancia cuando le quitase el poco oro que tenía.
Acomodó un poco su ropa, ya bastante gastada, se colocó los guantes y analizó rápidamente el plan de escape. Tenía que planearlo todo. Y si era lo suficientemente hábil, podría romper el vidrio sin que nadie se enterara.
Pero un sonido la alertó. Se escondió levemente y vio abrirse uno de los ductos de ventilación casi a la altura del techo. Vio a un muchacho un poco mayor que ella, con una chaqueta azul, bajar ágilmente y mirar hacia arriba, a otro más joven de mirada curiosa, que lo siguió con un poco menos de ligereza.
Ella no podía creer su mala suerte. Peor aún, vio al mayor acercarse a uno de los jarrones más exóticos, dispuesto a tomarlo.
- ¡Ey! ¡Idiota!- Ella lo llamó lo más fuerte que pudo.
- ¿Qué mierd…?- Se asustó, mirando hacia atrás, viéndola- ¿Qué? ¿Y tú quién eres?
- ¡No toques eso!- Se le acercó- ¡Tiene una maldita alarma!
- ¿Tú qué sabes?- Intentó tomarlo.
Edna tomó su brazo y lo torció, evitando que hiciera algo estúpido.
- ¡Hey! ¡Hey!- Dijo él- ¡Suéltame!
- Si quieres que te atrapen, bien, pero déjame robar lo mío antes. Mi objetivo no tiene alarma- Lo soltó.
- Sam- Dijo el más joven, mirando el jarrón- Creo que esta en lo cierto, hay una luz aquí…
- ¡Claro que es cierto!- Bufó ella- ¡Llevo analizando el lugar hace semanas!
- ¿Estás aquí para robar?- La miró el supuesto Sam, sonriendo.
- Estoy aquí hace seis horas- Murmuró- Llegué primero.
- Amateur- Rio- Es poco eficiente. Nosotros usamos el ducto.
Ella lo miró, con ojos de querer romperle el cuello.
- ¿Cuál es tu objetivo?- Preguntó Sam, algo interesado por la muchacha de cabello marrón.
- ¿A ti que te importa?- Ella caminó hacia la copa que había ido a buscar.
- ¿Eso?- Rio.
- No parece muy valioso- Dijo el más joven.
- No lo es- Siseó ella, cansada- Si lo fuera, tendría una maldita alarma.
- ¿Y para que lo robas?- Preguntó Sam, sonriendo.
- Porque si le quito el oro y lo vendo, podré comer por unos cuantos días.
El muchacho se puso serio, mientras emitía un leve "oh". De pronto se dio cuenta de que ella llevaba una ropa mucho más gastada que la suya, y recordó la mirada cansada, las seis horas que estuvo escondida para robar oro con el cual poder comer. Ella era como ellos, alguien que estaba viviendo al límite, hambrienta, sola.
- Si te llevas algo más, podrás aguantar más días- Mencionó Sam, ya no tan arrogante.
- No voy a abusar de los museos- Ella revisó la cúpula de vidrio, por si acaso- Me gustan los museos.
El más pequeño de los tres, vio una luz por un pasillo.
- ¿Sam?- Murmuró- El guardia…
- ¿Qué?- Se giró- Hay que irnos… Rápido… Nathan…
El adolescente se paró junto a la pared y ayudó a su hermano a subir. Iba a seguirlo, pero miró hacia atrás. La muchacha estaba dándole codazos al cristal de la copa, pero no cedía. Estaba blindado.
- Demonios- Bufó ella.
Samuel se subió al ducto y se sujetó bien, mirando hacia la sala. Ella ahora estaba revisando uno de los ventanales, para intentar salir por allí.
- ¡Hey!- La llamó- ¡Hey!
- ¿¡Que!?- Lo miró.
- Vamos- Le extendió la mano por fuera del ducto.
- Déjame en paz- Bufó- Perdí mi oportunidad.
- Ven de una vez, tonta. Te atraparán.
Ella miró sus ojos. Bufó nuevamente antes de correr hacia el conducto, saltar y subir, ayudada por su mano. Luego cerró la rejilla y se quedaron quietos, en silencio, mientras el guardia iba y venía. Silenciosamente los siguió hasta la salida, en un callejón.
- Casi ¿He?- Sam palmeó a su hermano, sonriendo.
Pero el pequeño señaló a la desconocida. Ella se había alejado hasta un contenedor de basura y había comenzado a revisar el contenido. Samuel se sintió triste. Ni siquiera ellos habían estado tan mal.
Caminó hasta ella y suavemente bajó la tapa del contenedor. Ella lo miró, sin entender lo que hacía.
- Yo…- Dijo Samuel- Me interpuse en tu objetivo. Tengo algo de dinero aun, déjame conseguirte algo para comer… ¿Si?
Edna asintió, cansada y hambrienta.
- Aunque…- Continuó él, tratando de darle un poco de humor a tan horrible situación- No puedo invitar a una dama a cenar si no sé cómo se llama primero.
- Soy… Edna. Edna Shaareim.
- Samuel Drake- Señaló a su hermano- Y ese es Nathan, mi hermano.
- Hola- Saludó Nathan.
- ¿Sabes?- Sam palmeó levemente el brazo de Edna- Hay un supermercado aquí cerca. Tú compras algo para los tres, con Nathan, y yo veré si puedo llevarme algún suvenir. ¿Qué dices?
- Está bien- Medio sonrió ella.
Esa había sido la primera vez que había visto a los hermanos Drake. Y luego le siguieron innumerables robos, escondrijos, risas, penurias. Todo con ese par de fenómenos que pronto se volvieron su familia.
Y todo, gracias a querer robar una bonita e inútil copa de cristal con adornos de oro.
