Parece que esta historia ha cosechado unos cuantos reviews. ASÍ ME GUSTA, eso me motiva mucho. Habría subido antes, pero estoy de exámenes finales y además tenía la otra historia. Muchas gracias a todos por los comentarios. Shanna, Skyward Star es algo más del estilo de Supergirl. Bueno, Kaileena, la verdad es que originalmente pensaba hacer una adaptación de los vengadores con los personajes de ouat... pero al final pensé que una historia original sería mejor.
Emma Swan
Estar dentro no era más que el principio. Ahora tenía que ganarme la confianza de Regina, y de su personal. La mujer a la que acompañaba en aquel, momento, Mallory, era realmente difícil de leer. Me había dado una placa identificativa y acto seguido había mantenido la boca cerrada mientras me subía con ella a un coche de color negro, con las lunas tintadas.
_ ¿Querría usted hablarme sobre Regina?_ A fin de cuentas, se suponía que para eso estaba allí.
_ No me pagan para hablar de más._ Dijo, encogiéndose de hombros.
_ ¿Y para qué te pagan, entonces?_ Le pregunté.
_ Ahora mismo, para que parezcas una muñequita._ Dijo, sonriendo._ A Regina le gustan monas.
Me quedé en silencio, pensando en esas palabras. Regina, The Queen, siempre llevaba a una mujer hermosa del brazo. La misma que me acompañaba era una mujer vestida impecablemente. El coche se paró y me bajé, aún algo aturullada aún, ante la tienda que había escogido Mallory.
Me sentí completamente fuera de lugar en el ambiente sobrio de ese local. Como si fuese un perro callejero inmiscuyéndome en una casa con dueño. Una mujer, demasiado delgada para mi gusto, se acercó y se me quedó mirando… como un chicle plantado en la parte de abajo de su zapato.
_ Mal… querida… ¿Quién es esta?_ Preguntó, como si no estuviese allí_ No puedes traerme vagabundas a la tienda. ¡Espantarás a los clientes!
_ Cálmate, querida…_ Dijo Mal, manteniendo el tono._ Es el nuevo juguete de Regina. Necesita un nuevo fondo de armario.
Regina Mills
Apagué el teléfono y cerré las cortinas, relajándome un poco. Finalmente estaba sola, había terminado con mi trabajo y podía relajarme un poco. Pero no estaría segura en mi despacho, lugar en el que siempre terminaban por aparecer interrupciones desagradables. Me puse en pie y abrí la copa de sidra de cristal que tenía en la mesilla. No serví nada antes de cerrarla y repetir el proceso tres veces. Me acerqué a la estantería que había y di un leve tirón al quinto libro por la derecha.
Se abrió un pequeño panel en el lateral, mostrando un lector de huellas dactilares y uno de retina. Activé ambos sistemas y el suelo de la habitación se abrió. Un ascensor salió de este suelo, en completo silencio, y yo pude subirme, como tantas otras veces.
El ascensor bajó, a gran velocidad, durante varios minutos, de hecho. Cuando las puertas se abrieron, me encontraba en las profundidades de la tierra. Un escáner me recibió, como última medida de seguridad. Y finalmente, una figura humana, una proyección, apareció ante mí, haciendo una reverencia.
_ Saludos, Ama._ Dijo, mirándome.
Me quedaban muy pocas cosas de mi lugar de origen además de los recuerdos. Y aquella inteligencia artificial que siempre me acompañaba. Portaba la imagen de mi difunta madre, tal como la recordaba tantos años atrás, y sin embargo, distaba mucho de serlo. Su piel se teñía de azul, debido a errores en la proyección, y sus ojos, a mi parecer, se encontraban vacíos.
_ ¿Desea algo de mí, ama?_ Preguntó, mirándome.
_ No. Gracias, Anzu._ Le dije, haciendo un gesto con la mano para reforzar esa idea.
Suspiré, y mis ojos fueron desfilando una por una por todas las creaciones que, a lo largo de aquellos años, había creado. Tantas ideas, tantos sueños… y tantas armas. Muchas, con el único propósito de destruir a Skyward Star. Pero todas habían sido inútiles. Todas salvo aquella bomba que ahora permanecía, cogiendo polvo, en una esquina.
_ Ama…_ Anzu apareció a mi lado._ Quisiera haceros una pregunta…
_ ¿Qué quieres, Anzu?_ Le pregunté, mirándola.
_ ¿Por qué ha bajado hasta aquí?_ Me preguntó._ Está claro que no viene a verme a mí… y su adversaria está vencida.
_ A veces es bueno recordar viejas hazañas, Anzu. Para no perder la cabeza._ Dije, llevándome un dedo a la sien.
Lo cierto es que, desde que había dejado a Skyward Star fuera de circulación no había tenido demasiado trabajo. Comparado con planificar su destrucción, las tareas de la monarquía que había establecido eran simples. Simples, y por supuesto, aburridísimas. Casi echaba en falta aquellos días en los que nos veíamos cara a cara como mortales enemigas.
Emma Swan
El cambio de vestuario había sido sólo el principio, al parecer. Había llegado a casa cargada de bolsas hasta arriba, y me había tumbado en el sofá para coger una bolsa de ganchitos de queso y atacarla mientras veía la tele para volver a sentirme yo misma. El mundo de Regina… las personas que la rodeaban, al menos, lo hacían parecer algo muy duro. Sentía que me estaba perdiendo algo. Ruby no estaba, de hecho, se había ido de vacaciones.
Y estando allí sola me resultaba difícil ver las cosas en perspectiva. Noté que me ahogaba y tuve que buscar mi inhalador para el asma. El día siguiente iba a ser duro. Regina era una mujer implacable y decidida a conseguir de mí una historia de su vida. No iba a ser fácil pasar de eso a conseguir que me enseñase cómo me había dejado sin mis poderes. Lancé un panchito al aire, tratando de recogerlo con la boca, pero me dio de lleno en las gafas. Odiaba haberme vuelto tan torpe.
El sonido de la tele llamó mi atención en aquel momento. Y cuando la miré comprobé que había una emisión en directo en la que se hablaba sobre un atraco que estaba sucediendo en el banco de la ciudad. Sentí una sensación de vacío en el estómago, de pura impotencia, como tantas otras veces había sentido aquellos meses.
Regina Mills
_ Ama… mis datos informan de que en estos momentos se está produciendo un atraco en el banco de la ciudad._ La voz de Anzu me devolvió a la realidad._ Tal como me pidió, le informo de los altercados que se suceden en la ciudad.
_ Muy bien. Me pondré en marcha, entonces._ Dije._ Alguien tiene que proteger esta ciudad, después de todo.
Este no era un mundo de héroes y villanos, ya no. Dejé a un lado todos los rayos de la muerte y armas de destrucción, para echar un vistazo a mi viejo atuendo de combate. Normalmente dejaba a la policía ocuparse de esas cosas. Pero esta vez… tenía un presentimiento. Skyward Star solía llevar un atuendo ceñido de licra, pero yo tenía a tener bastante más estilo.
Era la reina, después de todo. ¿Y qué es una reina sin un buen vestido? En este caso, un vestido rojo, que realzaba el tono de mi piel… el de mis labios. Me lo puse, y di un simple golpe de la mano. Aparecía frente al atraco, y todo el bullicio del lugar, las voces de la policía, quedaron en silencio. Mientras me adentraba en el banco, nadie dijo nada.
Tenía gracia. Mientras Skyward Star hacía cosas como aquella, la gente la animaba, le decía que tuviese cuidado. Aunque las balas rebotasen sobre su cuerpo, nunca faltaba alguien que le dijera que tuviese cuidado con los disparos. Pero a mí nadie me dijo nada, a pesar de que si los disparos llegasen a tocarme, sufriría tanto como cualquiera de ellos.
Pero el silencio era mi eterno compañero. Siempre lo había sido. Mientras me adentraba en aquel edificio, escuché el sonido de las armas de fuego, y extendí la mano. Porque esa era la clave. Las balas tenían que tocarme. Pero no lo hicieron. Se quedaron suspendidas en el aire, inmóviles, y finalmente cayeron. Cuando entré, estaba en medio. Los rehenes estaban entre los atracadores y yo.
_ Marchaos._ Dije, dirigiéndoles una severa mirada.
Escuché una orden, dada por una mujer, y acto seguido, el gesto de apuntar. Sin embargo, ningún arma disparó. El sonido del arma encasquillada fue el pistoletazo de salida que los rehenes necesitaron para salir corriendo. Me quedé mirando fijamente a la líder de aquella banda. Incluso bajo su pasamontañas, podían distinguirse unos mechones pelirrojos.
_ Es curioso el magnetismo… ¿No crees?_ Sonreí._ Puede detener una bala en el tiempo… o al menos dar esa impresión. Y si sabes manejarlo… puede encasquillar un arma… o quitársela de las manos una banda de personas que hacen lo que no deben.
Di un chasquido con los dedos, y las ametralladoras salieron volando de manos de sus propietarios, saliendo al exterior atropelladamente.
_ Pero no vas a rendirte… ¿Verdad que no, Zelena?_ Dije, dirigiéndome a aquella mujer.
_ ¿Cómo sabes…?
_ ¿Tu nombre? Lo sé todo de ti. Tu mente es un libro abierto. Sé que te llamas Zelena Miller, que tienes cuarenta y cinco años… que vives en brooklin… oh… y tienes un gato… va a estar muy solo… ¿Has pedido a alguien que le eche de comer? Ahora estás pensando en el francotirador que hay en el edificio contiguo… en por qué no me ha disparado. No sabes que lleva inconsciente desde que llegué aquí, claro.
La mujer dio dos pasos atrás, derrotada, llevándose las manos al pasamontañas y quitándoselo. Mis poderes no eran vistosos, no como los de Skyward Star… pero eran igual de prácticos, al menos a mi parecer. La fuerza bruta nunca se me había dado bien.
_ ¿Y bien? ¿Vas a colaborar? Te caerán menos años de condena._ Dije, tratando de sonar civilizada.
_ Ahórratelo, ¿Quieres?
_ ¿Disculpa?_ Me crucé de brazos.
_ Mira… he quedado en mitad de campaña de limpieza, es todo. Quieres quedar bien y estoy en medio._ Se rió._ No voy a ponerte las cosas fáciles, Regina. Tú y yo somos iguales… y lo sabes. Quizá tú hayas tenido más suerte. Pero la gente como nosotras no cambia.
No me dio tiempo a reaccionar antes de que sacase un revólver y disparara. La bala impactó directamente contra mi hombro, y la sangre comenzó a brotar. Sangre de color azul. Una metáfora monárquica muy apropiada. Yo, sin embargo, alcé la mano una vez más y el arma salió despedida. Las manos de Zelena se pegaron a su espalda, y por más fuerza que empleó, no pudo separarlas.
_ Te quedarás así un par de horas._ Gruñí._ Quizá así aprendas la lección.
_ Lo dudo. Nos vemos cuando salga de la trena… _ Dijo la mujer._ Entonces pagarás por esto.
Yo, por mi parte, salí de aquel oscuro banco, con la visión nublada, y me acerqué a la unidad médica.
_ Sacadme la bala._ Pedí.
La enfermera se lo pensó un poco, pero finalmente introdujo los fórceps en la herida, y sacó la bala. Emití un ligero quejido, y el objeto metálico cayó al suelo. Extendí la mano, y lo hice arder hasta desaparecer. Tenía que ir a casa, a recuperarme porque, por razones más que obvias, no podía ir a un hospital.
Emma Swan
Estaba sin palabras. Confusa, en gran medida. No entendía lo que acababa de ver en la pantalla. Regina había intentado matar a miles ante mis ojos, y sin embargo en aquel momento había arriesgado su vida por salvar a unos desconocidos. ¿Realmente le preocupaba la ciudad? Yo había sido la heroína, durante mucho tiempo… el ojo derecho del alcalde. Y Regina la amenaza… el monstruo que atenazaba a la ciudad con mano de hierro. Pero ahora Regina era la reina… la dirigente de la ciudad.
Nunca había cuestionado que el alcalde era el bueno de la historia, que Regina tenía que ser derrotada y encarcelada. Pero ahora… ahora nada de lo que yo había creído tenía sentido. Y al día siguiente, iba a enterarme de todo… de primera mano. Tomé un vestido de los que había comprado con Mallory y lo observé. Había mucha ropa entre la que elegir… y yo pensaba estar arrebatadora.
Si Regina quería a una cronista que escuchase por completo todas sus historias… iba a encontrar a una, pero lo cierto es que puede que esa malvada mujer se encontrase con más de una distracción… que la llevase a hablar de su heroica hazaña anterior… y de sus motivaciones. Confieso que, en parte, desearía que no fuese tan fácil entrar en ese juego para con la reina.
