El recuerdo se alejó de su mente tan pronto como vino. Edna volvió a mirar la copa, con los ojos como platos.
- ¡Por Dios!- Ella se tapó la boca, sorprendida, mirándolo- ¿Sam? ¿Es…? ¿La misma?
- La misma- Rio.
- Pero… ¿Qué? ¿Dónde la conseguiste?
- ¿Recuerdas que me fui un par de días?
- Si…
- Estaba en el mismo patético museo.
- No lo hiciste…
- ¿Robarlo? Obviamente.
- ¡Sam!
- Es una broma, cálmate- Rio con fuerza- La estaban subastando, así que fui a ofertar. He comprado naranjas más caras que esa copa.
- Deja de asustarme- Golpeó a penas su brazo, y luego tomó su rostro, para besar sus labios- Cariño…
- Sorpresa- Sonrió él, abrazándola por la cintura.
- Eres adorable- Acarició su mejilla- Me había olvidado de esa copa.
- ¿Solo de la copa?- Rio.
- ¿Qué?
- Nada. No importa.
- Te amo, Samy…
- Yo… emm…- Pensó- Un momento… Creo que es… ana 'ahabbuk.
Los ojos de Edna se tornaron húmedos de inmediato. De alguna manera, Drake había aprendido a decir "te amo", en árabe, su lengua natal.
Ella lo abrazó con fuerza, emocionada. Era un acto sumamente simple, pero a ella le significaba demasiado.
- Cielos…- Suspiró él- Y eso que no has subido a la habitación.
- ¿Qué?- Ella lo miró.
Samuel tan solo se quedó sonriendo, esperando. La vio soltarlo y subir a la habitación, por lo que la siguió.
Ella emitió un delgado sonido de emoción al ver la habitación. Él había rodeado la cama con crisantemos azules, vivos, en sus macetas. Él sabía que era su flor preferida, y sabía que ella odiaba los ramos. Si debía regalarle una flor, tendría que siempre estar en su planta correspondiente, viva y lista para seguir creciendo.
Y encima de la cama, sentado, un enorme caballo de felpa, de casi más de un metro, adorable, nuevo, esponjoso y lanudo. Otra cosa que le encantaba, los caballos y los muñecos de felpa.
- Samy…- Gimió ella, con voz hiper aguda, mientras miraba las plantas- Samy…
Luego ella se extendió y tomó el muñeco, abrazándolo, como si fuese una niña.
- Dios…- Edna lo miró, aun estrujando el caballo- Es adorable… Samy…
- Feliz aniversario- Frotó su brazo.
- ¿Qué?
- Seis meses.
- No- Hundió su rostro en el muñeco.
- Si- Rio él.
Drake la oyó murmurar algo inentendible.
- ¿Qué?- Sonrió él- ¿Qué fue eso?
- Lo siento… Me olvidé…
- Edy… Ya sé que eres un desastre con las fechas…
Samuel rio suavemente. Su mujer era absurdamente olvidadiza con las fechas, pero jamás podría recriminarle nada, mucho menos al verla abrazando adorablemente un caballo de felpa.
Ella realmente quería compensarlo por su pésima memoria en cuanto a las fechas, por lo que esperó a que él saliera el día siguiente, para prepararse.
Edna se tomó un buen baño rápido, para no perder el tiempo. Tomó uno de los perfumes más delicados que tenía y coloco un par de gotas en su cuerpo, específicamente en su nuca, entre los cabellos, ya que era la zona donde él más usualmente hundía su nariz.
Y luego se vistió con el atuendo que más encendía a Drake. Primero un sostén blanco, con encajes, encima una blusa color salmón que era relativamente transparente y dejaba siempre uno de sus hombros expuesto. Luego algo que ella no solía usar, por comodidad. Una tanga, también blanca y de encaje, que hacia juego con su sostén. Y una falda amarillo claro, que era bastante corta. Era tan corta que jamás la usaba fuera de casa, ya que un mínimo movimiento y dejaba expuesto el inicio de sus nalgas.
Se miró al espejo, acomodando su cabello marrón. No le gustaba demasiado lo que veía, después de todo, ya no era una señorita, pero era un atuendo que estaba destinado a otros ojos.
Nada de calzado, ni calcetines, ni joyería. Simple, con un toque de adorable.
Aprovechó el tiempo extra para acomodar unas cuantas cosas en la cocina, y sonrió para sí misma cuando oyó la puerta principal abrir y cerrarse, el sonido de las llaves en su gancho.
- Volví, princesa- Dijo él, desde la entrada.
- Perfecto- Dijo ella habitación mediante.
Drake notó el aire un poco húmedo y perfumado, aunque no le dio demasiada importancia.
Caminó hacia la cocina y se quedó un momento petrificado. Ahí estaba ella, su mujer, de espaldas, con ese atuendo especifico, acomodando que importa que, en una de las alacenas. Se mordió el labio inferior, totalmente erecto, mirándola, viendo la falda que se levantaba levemente y dejaba a la vista el fin de sus piernas y una ropa interior más bien escasa entre sus nalgas.
Edna sabía que lo estaba mirando, lo había oído pararse en seco, así que, siguió colocando cosas, muy lentamente.
Lo escuchó acercarse paso a paso y luego sintió una mano acariciar suavemente la parte trasera del muslo que subía lentamente por su nalga, por debajo de la falda.
- Dios…- Murmuró él, casi en un ronroneo, acariciando sus nalgas.
- Todo para ti- Le susurró ella.
Drake tomó su cintura y se pegó a su espalda, empujándola levemente contra la mesada de la cocina. Colocó el bulto de su erección justo entre sus nalgas, con la boca en su oído y pasando sus manos por debajo de la blusa.
- Pequeña traviesa- Gimió en su oído, con voz grave, rozándose en sus nalgas.
Ella sonrió, seducida, mordiéndose el labio, moviendo imperceptiblemente su cintura para frotarlo un poco. Le encantó sentir el notable crecimiento de Samuel presionándola firmemente.
- ¿Te gusta?- Murmuró ella.
- Oh Dios…- Besó su cuello, mientras pasaba sus manos por su sostén- Eres deliciosa…
- Cariño…- Subió su mano para acariciar su cabello- Sigue así…
- Me vuelves loco…
Samuel metió una de sus manos por debajo de su sostén, dejando su pecho libre para tocarlo, acariciarlo, sentirlo. Con su mano libre destrabó su pantalón, dejando que cayera hasta el suelo, liberando su pene. Subió su falda y bajó su tanga, introduciéndose suavemente, descubriendo que ella estaba totalmente mojada.
- Princesa…- Gruñó él en su oído, moviéndose lentamente- Me encanta cuando te pones así…
- Mas…- Gimió ella.
Él la tomó de la cintura y comenzó a penetrarla firmemente, mientras ella se mantenía apoyada en la mesada.
Necesitaba más potencia, por lo que la abrazó con fuerza, oyendo los gemidos rítmicos de Edna taladrar sus oídos.
No pudo evitar gruñir y gemir con ella, enardecido, entrando, hasta que su cuerpo se catapultó de placer con un solo y largo quejido.
Samuel se quedó respirando, agitado, aun dentro y abrazado a ella, con la boca en su cuello.
- Mi amor…- Murmuró él, cansado- Tu si… que sabes… volverme loco…
- Es por lo de ayer- Sonrió ella, acariciando uno de sus brazos- Por haberme olvidado.
- Por dios… Olvídate más seguido…
Ella rio por lo bajo, sintiendo como la soltaba y sacaba su miembro. Iba a recomponerse, pero él coloco su mano en la base del cuello, haciendo que se agachara hasta apoyar su torso en la mesada.
- No, no- Dijo Drake, acariciando su espalda- Yo jamás dejaré a mi mujer sin terminar.
- Sabes que no estás obligado a hacerlo ¿Cierto?- Lo oyó subirse el pantalón
- Lo sé. Pero es casi una tortura dejarte tan…- Chupó sonoramente sus dedos- A punto…
- Cariño…- Se lamió los labios, deseosa, moviendo la cintura, en respuesta automática por lo que había oído.
- Disfruta cariño…
Samuel metió suavemente sus dedos en ella, encantado de sentir tanto líquido y calor de su parte. Mejor aún, la posición era perfecta, podía dedicarse a ver lo mucho que reaccionaba su vagina cada vez que frotaba, giraba o presionaba los dedos. Y oírla exclamar solo lo mejoraba.
- Vamos hermosa- Le dijo él, calculando según lo fuerte que estaba gimiendo- Dime cuando… Quiero oírte.
- Samy…- Gimió, a penas- Ya… ya…
Eso solo lo hizo acelerar. La vio temblar y llenarse de espasmos, mientras gritaba su nombre largamente desde el estómago. Una imagen digna de ver.
Y a penas ella se detuvo, él se acercó y lamió profundamente su vagina, procurando dejarla lo más limpia posible. Suavemente subió su tanga y se la colocó, acomodó su ropa y la abrazó.
Esa era la clase de vida que realmente valía la pena tener.
