Bueno 15marday, ya veremos qué te parece lo que he escrito... aquí lo tienes.
Love... sólo diré... que me lo he apuntado, que conste.
Bueno, Shana... espero que tengas tu respuesta en este cap XD.
Emma Swan
Me sentía un poco rara así vestida. De camino al trabajo había tropezado ya varias veces. No sabía andar con tacones. Bueno… Skyward Star sabía… pero estaba claro que Emma Swan era totalmente incapaz. Mallory ni me dirigió la palabra cuando entré en el edificio, mientras me ajustaba las gafas que se me habían ido cayendo lentamente. Posé la mano sobre la puerta, respiré profundamente y llamé.
_ Pase, por favor._ La voz de Regina parecía calmada.
Cuando entré me la encontré ojeando un periódico. Yo ya había visto los titulares. Daba la impresión de que Regina no había recibido los mismos agradecimientos que habría tenido yo si hubiese sido la autora de aquella heroicidad. Las noticias iban desde que había sido todo un acto planeado por ella, a que todo había sido con el objetivo de hacer que ganase popularidad.
_ Quién sabe… quizá debería mudarme. ¿No crees?_ Preguntó, tirando el periódico a la basura._ O volver a poner bombas.
_ ¡No!_ Exclamé. Se me escapó una nota más alta de lo que quisiera._ Lo que digo es que… el pueblo necesita tiempo. Tienen que asimilarlo… es todo.
_ Eso me gustaría creer, Emma._ Sonreí._ Pero lo cierto es que la gente ya ha tomado su decisión.
Visto lo visto, la verdad es que no creía que hablar de lo sucedido el día anterior fuese una gran idea. Estaba claro que le había sentado fatal.
_ Supongo que querrás hablar tú también sobre ese incidente._ Dijo. Bueno, si era ella la que sacaba el tema.
_ Sí… la verdad es que sí._ Dije, mirándola._ Estuvo usted increíble. Dicen que sabía todo lo que estaba ocurriendo… antes de que pasara.
_ Bueno… es fácil cuando puedes leer la mente de las personas que están a tu alrededor.
_ ¿Cómo? ¿Acaso sabe lo que estoy pensando ahora?_ Mis mejillas se enrojecieron.
_ No, querida… no es tan sencillo. Tiene que haber circunstancias especiales. Un momento de máxima tensión, como el miedo a la muerte… una mente débil o… en este caso… conocer a la persona en cuestión.
_ ¿Conocer a la persona en cuestión?_ Pregunté, dando un paso atrás.
_ Sí bueno… verás… esa mujer solía ser mi hermana.
_ ¿Que "Solía ser" tu hermana?_ Pregunté.
_ Eso me temo. Aunque de eso hace ya mucho tiempo, claro. Tampoco nos une ningún vínculo de sangre._ Hizo un gesto con la mano, como si apartase algo._ No me reconoció… aunque no puedo culparla… hace veintitrés años que no nos vemos.
_ ¿Tanto tiempo?_ Pregunté.
_ Quieres que te cuente la historia, supongo._ Me sonrió._ Para tu libro, claro.
_ Bueno… sí._ La verdad es que, honestamente, me moría de curiosidad.
_ No sé si sabrás que no soy de por aquí. Lo cierto es que… vengo de muy muy lejos. Desde las estrellas._ Sonrió, tristemente._ De hecho, hubo una supernova. Todo nuestro sistema solar se quemó.
_ De modo que… se quedó sola._ Dije, en un susurro.
_ Bueno… no sola del todo._ Suspiró._ Skyward Star también viene del mismo sistema. Provenimos de planetas vecinos.
Sentí cómo mi corazón daba un vuelco. Había estado toda mi vida buscando información sobre mis orígenes, por estúpida que fuera, cualquier pista… y resulta… que siempre había estado en manos de mi mayor enemiga. Y supongo… que por eso había sabido como vencerme finalmente.
_ De hecho… estuve en su planeta un par de veces… misiones diplomáticas.
_ ¿Misiones diplomáticas?_ Pregunté. Si intentaba hacer hincapié de otra forma… sospecharía.
_ Bueno… yo era princesa. Teníamos tecnología sobrada para que nuestros mundos cooperasen. Se me eligió para ser la embajadora de mi mundo. Estábamos comenzando con los trámites cuando todo se fue al traste. No sé quién sería Skyward Star… aunque, por su aspecto físico calculo que no debe llegar a los treinta. Debía ser un bebé por entonces.
_ Espera… si ella era un bebé…
_ Yo tenía diez años._ Comentó, sin darle importancia._ Once, cuando llegué aquí. La familia Miller me acogió… más por interés que por compasión.
_ ¿Interés?_ Pregunté.
_ La nave que traje conmigo sirvió a la industria militar durante años. Mis padres vivieron de las patentes._ Dijo, apartando la mirada._ Fui una herramienta… a diferencia de su verdadera hija, por supuesto.
Podía notar el resentimiento en su mirada cuando hablaba de ello. Pero, por otro lado, empezaba a entender las motivaciones de una mujer como ella. Y yo había ido vestida como había ido para impresionarla. Eso parecía algo difícil.
_ En cualquier caso… cuando cumplí los dieciséis me marché y me llevé mi nave conmigo.
_ ¿Todavía la tiene consigo?_ Pregunté, curiosa.
_ Sí… y contestando a tu siguiente pregunta… no, no puedes verla._ Se puso en pie y se me quedó mirando._ Por cierto… cuando dije que cambiases de fondo de armario… no me refería a esto.
_ L-lo siento._ Cogí mi inhalador de mi bolso y aspiré. Cuando me miraba así me ponía nerviosa.
_ Ayer parecías indefensa… Eso me gusta en una mujer._ Dijo en un susurro.
Lo cierto es que si había algo que podía decir que me sentía en aquel momento, era indefensa. Había pasado los últimos tres meses sintiéndome así. Indefensa e incapaz de hacer nada. Cada tarea nueva que debía re-aprender era un suplicio. Y todo por su culpa. Debería centrarme en eso.
Zelena Miller
La cárcel era fría y solitaria, aunque a fin de cuentas, para eso se suponía que era, para que una se sintiese como una porquería. Desde que mi madre me había cerrado el grifo las cosas se me habían ido complicando hasta acabar teniendo que recurrir a los robos. Y ahora, estaba en la cárcel, con una anciana por compañera de habitación. Cuando llegué pensé que iba a ser un tormento sin final. Sin embargo… tuve mucha suerte… muchísima.
La anciana me dijo que llevaba veinte años cavando un túnel para salir. Pensaba que la ayudaría a salir… una estupidez por su parte. La dejé KO cuando los guardias se durmieron y me colé por el agujero. Mientras me escurría por él saltaron las alarmas. Repté como pude hasta salir por el hoyo, y me colé en una de las tuberías que salía de la cárcel. Caí a un lago y me encontré completamente cubierta por una sustancia que no quería ni analizar.
Me moví por aquel río de desperdicios, asqueada, pero con la sensación de libertad que daba el haberme escapado de la cárcel. Supuse que no le habría dado demasiada importancia a todo aquello… si el agua no hubiese empezado a resplandecer. Un brillo verde que me dejó ciega. El brillo se extendió a mis manos, y pude ver cómo toda mi piel se teñía de este color. Sentí un dolor atroz. Y grité con todas mis fuerzas cuando noté que mi piel ardía. Quizá tendría que habérmelo pensado mejor… tal vez lo hubiese hecho de saber que la cárcel estaba junto a una planta nuclear.
Regina Mills
Hablar a Emma sobre mi pasado me había hecho sentirme tocada. Recordar cuando había cambiado mi apellido de Miller a Mills. Nunca llegué a demostrarle a mi madre lo que había conseguido, como en su día me propuse. En parte, olvidé esa meta cuando me prometí convertirme en la reina. Esa mujer había pasado a convertirse en algo secundario. A fin de cuentas, siempre se había aprovechado de mí sin molestarse en fingir siquiera que sentía el más mínimo afecto hacia mi persona.
En aquellos momentos me encontraba en mi sótano, revisando algunos cálculos para mi proyecto. Bueno, lo cierto es que era un proyecto que había iniciado antes de la retirada de Skyward Star. Un plan por si no conseguía dejarla fuera con el que sí había tenido éxito.
El sonido del metal borboteando era casi hipnótico. Y el que producía al enfriarse, tampoco resultaba sosegante. El proceso había terminado por automatizarse, y estaría así durante varias horas. Bostecé sonoramente y me dirigí hacia el ascensor que conectaba con mi casa.
La mansión estaba en silencio, vacía. Anzu solía decir que debería contratar a alguien para que se encargase del servicio, pero lo cierto es que yo prefería hacer las cosas por mí misma. Me tumbé en la cama y suspiré, tan agotada como aburrida.
Mi vida solía ser bastante más interesante cuando Skyward Star estaba en ella. Quizá si la opinión pública no me detestase como lo hacía, me sentiría mejor conmigo misma. Cerré los ojos, dejando que el sueño me invadiese. No habrían pasado más de tres horas cuando escuché una voz que me hizo despertar.
_ Ama…
_ Anzu… ¿Qué hora es?_ Pregunté, incorporándome, somnolienta.
_ Sobre las cinco._ Me dijo. El resplandor de la imagen que había ante mí llamaba poderosamente mi atención.
_ ¿Qué ha ocurrido?_ Le pregunté._ ¿Por qué me despiertas a esta hora?
_ El ama me pidió que la llamara si sucedía algo fuera de lo común._ Dicho esto parpadeó, y la televisión se encendió. Se hablaba de un secuestro.
_ … La víctima, Emma Swan, poco pudo hacer por defenderse de su agresora…
_ ¿Cómo? ¿Ha dicho Emma Swan?
Me desperté del todo de inmediato. Una de las pocas personas que creía en mí, y ahora había sido secuestrada, probablemente porque estaba relacionada conmigo. No podía evitar sentirme responsable. Me acerqué a mi armario y cogí mi traje de reina.
Emma Swan
Todo había sucedido muy deprisa. Yo estaba durmiendo y repentinamente había recibido un golpe en la cabeza. Cuando volví a abrir mis ojos me encontraba atada de pies y manos. Una vez más me sentía indefensa, atrapada por unas cuerdas que en otros tiempos habría roto con tan sólo un gesto de la mano.
Tuve el acierto de mantener los ojos entrecerrados para que la mujer que me retenía no se diese cuenta de que estaba despierta. No se me escapó su apariencia, pues parecía la mujer que el día anterior había perdido con Regina. ¿Ya se había escapado? Las cárceles ya no eran como antes.
Yo no dejaba de pensar en cómo iba a salir de esta. ¿Acaso vendría Regina a salvarme? Ya había vencido a aquella mujer una vez, y suponía que nada le impediría hacerlo una vez más. Cerré los ojos, intentando volver a dormirme… aunque sabía que sería en vano.
Regina Mills
Zelena se había resguardado en un edificio público, a la vista de todos. Era absurdo. Si bien se había atrincherado, no había forma alguna de que su plan saliese bien y escapase con vida. Era una llamada de atención desesperada, que buscaba vengarse de mí. Atravesé el cordón policial y me encaminé hacia el edificio. Mi capa se agitaba mientras subía los escalones a la última planta. Emma no significaba nada para mí… Entonces… ¿Por qué sentía el corazón encogido? ¿Era eso lo que sentían los héroes cuando se encontraban en esa situación? No los envidiaba, la verdad.
Zelena y yo nos observamos en silencio durante unos instantes, en la penumbra que aquel local con las ventanas tapiadas. Zelena sonreía, como si supiese que tenía la victoria asegurada. Yo, en cambio, estaba seria, furiosa. Había pasado dieciséis años con ella y eso implicaba que podía destrozar su mente con facilidad.
Chasqueé los dedos y, como un peso muerto, Zelena se cayó al suelo y yo me acerqué a Emma. Desaté las cuerdas y la miré. Ella tenía los ojos cargados de terror. Pobre chica, tan vulnerable… Me mordí el labio sin poder evitarlo.
_ Vamos, Emma, márchate. Yo me ocupo del resto.
_ Vale… gracias._ Dijo, en un susurro.
Me dio un beso en la mejilla y mientras se alejaba no pude evitar acercarme la mano, sintiendo el calor de sus labios. Iba a acercarme a Zelena, con el objetivo de llevarla abajo para que volvieran a encerrarla, cuando me di cuenta de que, en el lugar en el que había caído no había nada. Escuché un aplauso y, cuando me giré, me encontré cara a cara con Zelena.
_ El numerito con la damisela en apuros ha estado bien… pero ahora deberíamos ponernos serias… ¿No crees, hermanita?
Me quedé en shock cuando comprobé que la piel de su cara estaba empezando a teñirse de verde… ¿Qué diablos le había ocurrido desde el día anterior?
