La fiesta de cumpleaños de Nathan había sido casi bestialmente larga. No en cuánto concurrencia, sino en cuánto horas de tontería, juegos de video, bebidas, salidas por la ciudad. Para cuando Edna y Samuel volvieron a casa, era ya bastante tarde.

- Qué día…- Suspiró él, sentándose pesadamente en la cama, mientras se quitaba el pantalón.

- Y que lo digas- Murmuró, desnuda, acostada boca abajo.

- Al menos ya se acabó- Se frotó la nuca.

- No realmente…

- Claro que sí. El día se termina cuando uno se va a dormir- Se acostó al lado.

- Por eso… No realmente.

Él la miró, notando como ella lo miraba con un solo ojo y una sonrisa en los labios.

- ¿Qué?- Rio él, tomando su mano, rozando su anillo- ¿Se encendió la caldera?

- Creía que no, pero se enciende sola cuando te desnudas.

- ¿Tienes algo en mente?

- No… Pero si estás muy cansado, no te preocupes cielo.

- Tendría que estar muy, muy, muy cansado- Se le acercó mucho- Muy.

- Bobito…

- ¿Hay algo que no te guste en específico?

- Mmm…- Pensó, mirándolo- Las cosas extremas. Ya sabes, asfixia, lastimarse seriamente, esas cosas extremas…

- No estoy tan loco…

- ¿Entonces? ¿Por qué preguntabas?

- Curiosidad…- Acarició su espalda baja.

Él se acercó, mientras ella se ponía boca arriba y comenzó a besarla, varias veces, frotando su piel. Los besos se tornaron lujurioso, tocándose lascivamente, mientras Edna bajaba su mano hasta su cintura para estrujar su pene enrojecido, pulsátil, cargado de sangre y fuerza.

- Samy… Te necesito fuerte- Le gimió ella, frotándole el pecho- ¿Puedes?

- Claro que puedo- Chupó su cuello- Tu dime que quieres…

- Te necesito fuerte… Muy fuerte, varonil y egoísta. Te quiero violento, imparable…

- Quieres un Alfa. ¿Recuerdas la palabra segura?- Se aseguró él.

- Lobo- Dijo ella.

- Perfecto- Sonrió.

Drake la colocó boca abajo, de un modo un poco salvaje, con una fuerza sabiamente moderada, y tras colocársele encima, se introdujo decididamente por entre las nalgas, en su ano, algo que ella no esperaba.

- ¡Auch!- Se quejó ella- ¡Me duele!

- Cállate- La silenció, empezando a penetrarla.

- ¡Auch! ¡Para!- Intentó moverse.

- Si claro… Nadie te va a oír…

- Esto no…

- Que te calles- Le puso la mano en la boca.

Y con firmeza, comenzó a penetrarla, relativamente suave primero, pero poco a poco fue tomando más fuerza. De vez en cuando quitaba la mano de su boca, para asesorarse de que no quisiera decir la palabra, pero en vez de eso, la oía dar alaridos que no sonaban precisamente insatisfactorios.

- ¡Vamos!- Él tomó su cintura, dejándola en cuatro patas y volviendo a penetrarla- ¡Vamos! ¡Di la palabra!

- ¡No!- Gritó ella.

- Voy a hacer que la digas…

- No…- Cerró los ojos, con fuerza.

- Claro que no…- Lo hizo con fuerza- Si eres insaciable… Te mereces este castigo…

- Para…- Gimió, sin voz.

- ¿Querías fuerte? ¡Aquí tienes!

Y por un rato, Sam fue imparable. Todo lo que oía eran sus gritos ahogados que se hacían cada vez más largos, hasta que la oyó dar un alarido y dejar de sostenerse. Él se vio en la tarea de girarla, más que nada para asegurarse de que estuviera bien. Lo estaba, solamente que totalmente perdida en sensaciones.

El hombre la tomó por las piernas y tiro de ella, hasta dejarla en el borde de la cama. Él quedó de pie y tomó los tobillos de ella para separar sus piernas y acostarse encima.

- Eso es- Sonrió Sam, penetrándola- Que delicia… Por aquí también…

- No…- Murmuró ella- Ya no… Para…

- Cállate… Tengo que terminar- Se movió.

- ¡No!- Intentó moverse- ¡Para! ¡Estoy muy sensible!

- Lo hubieses pensado antes…- Dijo él- Ahora no pararé, hasta sacarte la maldita palabra.

- No…

- ¡Dilo!

- No…

Sam la penetró con fuerza, arrancándole lamentos y quejidos, pero su cuerpo, tan caliente y húmedo, hizo que terminara pronto.

Aun con líquido saliéndole del pene, él se levantó, separó sus piernas y acercó su mano. Colocó el dedo índice y medio en su vagina, y el anular y meñique en el ano, y luego movió la mano, sacando y metiendo los cuatro dedos al mismo tiempo.

- ¡Dioooos!- Ella se aferró a la cama- ¡No pares!

- Wao- Se sorprendió él- Esto realmente te encanta.

- ¡Siii! ¡Maaas!

- Vamos- Lo hizo fuerte, mordiéndose el labio- Vamos… Quiero sentir tu cuerpo explotar…

Y con firmeza, metió y sacó sus dedos, por un tiempo que le pareció más bien corto. Todo indicaba que eso era más placer de lo que ella realmente pudiese soportar. La vio dar un alarido, con fuerza, mientras sentía los músculos de Kegel aprisionarle los dedos.

Sintió un líquido viscoso, muy similar al propio, pasar entre sus dedos y derramarse por su mano, pero eso no lo detuvo.

- ¡Vamos!- Sonrió él, mordiéndose el labio y dándole más potencia- ¡Vamos! ¡Dame otro más! ¡O la maldita palabra!

- ¡Samy! ¡Samy!- Ella seguía aferrada a la cama- ¡Otro…!

La misma escena se repitió en su mano, pero con mayor intensidad. Él hubiese seguido, de no ser porque la oyó gemir la palabra "Lobo" un par de veces.

Se detuvo de inmediato, casi sintiendo dolor en su brazo. Sonrió mientras miraba el líquido viscoso de su mano, y que a falta de otra idea, la refregó en ambas. Y luego miró a la mujer. Algo no andaba bien, ella estaba estática, en la posición exacta en cómo había quedado, cuando lo usual era que ella no dejara de moverse después de algo así.

- ¿Edy?- Sam acercó, rápidamente- ¿Cariño?

Pero ella no respondió. Asustado, colocó el oído en su pecho, oyendo sus latidos acelerados, entendible después de eso.

Pensó un momento. Se le ocurrió que quizás, su presión había bajado, así que palmeó su mejilla un par de veces, llamándola. Por suerte, poco a poco pareció reaccionar.

- Edy- Siguió palmeándola, suavemente- Hey…

- ¿Q-que?- La mujer abrió los ojos- ¿Qué?

- ¿Te sientes bien?

- Un poco… mareada… ¿Qué pasó?

- Te desmayaste. ¿Recuerdas todo? ¿Qué día es hoy, que hacíamos?

- Si… - Intentó sentarse.

- Quédate recostada- Se lo impidió- Quiero ver que no sea nada grave… ¿Puedes decirme la palabra constitucional?

- ¿Constitucional?- Lo miró.

- Bien… Ahora sonríe.

- ¿Así?- Sonrió.

- Bien…

- ¿Estabas haciendo la prueba del derrame cerebral?

- Chica lista- Besó su frente.

- ¿Te asustaste?- Lo miró.

Sam miró sus ojos un momento y asintió, suavemente.

- Cariño…- Sonrió ella, enternecida, extendiendo los brazos hacia él.

El hombre primero trajo las sabanas, cubrió a ambos y se recostó a su lado, sintiéndose abrazar, estrujándola él también. Él estaba absurdamente agotado.