Bueno, Love... Regina no está acostumbrada a las emociones, como se verá. Sin embargo, este capítulo tiene que ver más con otros cosillas... avanzando trama, jeje


Regina Mills

Algo me decía que no iba a servir de nada… pero intenté entrar en su mente una vez más. La respuesta fue encontrarme con que fue imposible. Sentí como si rebotase contra un muro infranqueable. Y el dolor de cabeza fue bastante real. Zelena sonreía.

_ ¿Algún problema, Regina?_ Preguntó, tomando apartando el cabello de su rostro._ ¿Quizá necesites que te refresque un poco?

Pestañeé, y lo siguiente que recuerdo es sentir un puñetazo en el estómago. Salí despedida en dirección contraria y el impacto me hizo romper el hormigón armado de la pared. Noté como mi fémur se hacía añicos. Incluso con mi factor de curación acelerada iba a tardar algún tiempo en curarse del todo.

_ Sabes… ayer me hiciste mucho daño, Regina. Tanto que decidí fingir que ni te conocía. Pero… debo reconocerlo… Hacerle eso a tu propia hermana. Debería darte vergüenza.

_ No tengo hermanas._ Contesté._ Soy hija única.

Le lancé una bola de fuego, pero no pareció servir de nada. Se protegió con los brazos, y apenas logré quemar la ropa que los recubría. Estaba claro que el fuego no funcionaba. Traté de incorporarme, con los huesos a medio reconstruir, y sentí cómo Zelena me aferraba por el cuello y me elevaba.

_ ¿Y ahora, Regina?_ Me preguntó._ ¿Te rindes ya?

_ Bromeas… ¿Verdad?_ Le pregunté, sonriendo, a pesar de que me faltaba el aire._ Llevo años luchando con una mujer con la fuerza de una diosa. ¿Acaso crees que tú me das miedo?

Le di una patada en el estómago, con la pierna cargada de electricidad. Finalmente me soltó y conseguí apartarme, cojeando. Estaba claro que aquellas palabras la habían enfadado… algo con lo que contaba. Pero tampoco era mentira. A simple vista podía ver que Skyward Star era mucho más fuerte que lo que aquella mujer estaba demostrando que podía ser.

Eso, sin embargo, no evitó que me lanzase por los aires cuando me golpeó una segunda vez, con mucha más fuerza que la anterior. Esa caída iba a ser mucho más dolorosa, sin duda.

Emma Swan

Estaba observando fijamente aquel edificio y preguntándome por qué Regina tardaría tanto en salir, cuando vi cómo una pared se hacía añicos y salía despedida. Otra pared se rompió y mi secuestradora salió de allí, dejándose caer al suelo, formando un pequeño cráter al tocar la carretera. Yo tragué saliva, pero fui de las pocas que no salió corriendo de inmediato.

Le dispararon, sí. Pero si alguien sabía bien que cuando la primera tanda de disparos no tenía efecto era poco probable que la segunda lo hiciera, esa era yo. Entre el tumulto vi un coche con las llaves puestas. Y si bien yo no era la clase de persona que suele hacer esas cosas, bien sabía que encontrar a Regina era la única posibilidad. Ignoraba si ella sería capaz de contener a aquel monstruo. Pero si me devolvía mi poder, yo podría hacerlo.

Seguí en la dirección en la que supuse que Regina había caído siguiendo la trayectoria de su ascenso. Llegué a un descampado, en el que se había formado un enorme cráter. Aparqué y me acerqué a ella. Todo su cuerpo estaba magullado, y su ropa hecha jirones, quemada. La sangre azulada manchaba toda su piel. Las heridas se cerraban lentamente. No lo hacían lo bastante rápido.

_ Emma…_ murmuró._ Llévame a casa.

_ ¿A casa?_ exclamé, alarmada._ ¡Tengo que llevarte al hospital!

_ ¿Para qué, Emma? Ellos no tendrían ni idea de lo que hay que hacer._ Tosió sonoramente._ Llévame a casa.

La tomé en brazos y fui al coche, abriendo el asiento del copiloto para dejarla caer en él. Estaba tosiendo sonoramente. Le costaba respirar. Pisé el acelerador, sintiendo cómo el pulso se me aceleraba. Si Regina moría mi esperanza de recuperar mis poderes. Sentía el tiempo como si fuese a cámara lenta. Regina me indicó que la llevase a su estudio en la planta baja.

_ El tercer libro por la izquierda de la estantería… tira de él tres veces._ dijo, dejándose caer sobre la mesa.

Ella tomó una copa que había sobre la mesa… y la destapó tres veces. Un lector de huellas y uno de retina aparecieron cuando la pared pareció tragarse la estantería. Ella se acercó, tambaleante, y los utilizó como buenamente pudo. Un ascensor surgió del suelo, y la ayudé a entrar en él. El ascensor estaba iluminado, pero no tenía ventanas que me indicasen cuanto habríamos bajado cuando las puertas se abrieron una vez más.

_ Anzu…_ gimoteó._ El suero de curación acelerada.

Vi como se abría un compartimento y tomé un pequeño frasco lleno de líquido naranja. Regina se lo llevó a los labios, y sus heridas comenzaron a sanar rápidamente. Cuando quise darme cuenta, sus ojos habían recuperado su habitual mirada calmada y astuta.

_ ¿Ya estás mejor?_ Pregunté.

_ Bastante, sí._ Dijo, crujiéndose el cuello._ Anzu… ¿Has terminado los planos que te dejé anoche?

_ Sí, señora._ Contestó una femenina, con un deje mecánico._ El proyecto A-39 está listo.

A-39. Por lo que recordaba, Regina asignaba una inicial a cada uno de los objetos que había utilizado en mi contra. La A era para las armaduras de combate. La había visto usar varias… pero ignoraba que el número de diseños fuese tan alto. ¿Cuánto tiempo había pasado aquella mujer diseñando cómo vencerme?

Escuché un sonido metálico, y se abrieron unas puertas de acero que, hasta hace un momento, había ignorado por completo que estaba allí. Surgió un traje de cuerpo entero, compuesto por lo que en apariencia eran escamas de acero. En un pequeño expositor, había un antifaz y unos guantes que lo completaban. Escuché un sonido de bruma… y cuando quise darme cuenta, el traje había desaparecido. A mi espalda me encontré con Regina, que se hacía una cola de caballo para completar aquel ceñido traje que ahora llevaba puesto.

No pude evitar parar un segundo para observar cómo aquel atuendo realzaba su figura… pero había cosas más apremiantes a tener en cuenta.

_ Volveré en un momento, Emma._ Dijo, serena._ Tengo que ocuparme de Zelena. Anzu, cuida de ella hasta que vuelva, ¿Quieres?

_ Esper…_ Era inútil terminar la frase, ya se había ido.

_ Bien… Buscaré por la S de… supresor..._ Susurré, acercándome al ordenador central.

Regina Mills

No tenía por costumbre dejar que me derrotase nadie que no fuese Skyward Star… y sin embargo con ella no me había rendido hasta alcanzar la victoria. Era fácil encontrar a Zelena. Tan sólo era necesario seguir los gritos. El edificio donde nos habíamos encontrado la primera vez estaba en ruinas. Y a partir de él podía intuirse un rastro de destrucción. Para cuando me la encontré, lo cierto es que ya debía estar algo cansada.

Se había cambiado la ropa semi chamuscada, y ahora llevaba un sombrero ligeramente torcido sobre la cabeza, y un vestido para nada apropiado para las acciones que estaba realizando. Personalmente, no era quién para quejarse.

_ ¡Zelena!_ La llamé._ ¿Ya te vas? ¿No quieres terminar lo que has empezado?

Se giró, y sus ojos se encendieron de inmediato. Supongo que creía que, realmente, lo que había hecho bastaba para matarme.

Zelena Miller

Regina no había caído. Sin embargo, eso iba a cambiar rápidamente. Iba a asegurarme de romperla en pedazos esta vez. A ver cómo se curaba cuando sus piernas estuviesen a kilómetros de distancia de su cabeza. Cerré el puño y lancé un golpe contra su abdomen, con todas mis fuerzas, igual que la otra vez.

Pero esta vez no retrocedió. Al contrario, fui yo la que tuvo que apartar la mano, adolorida, mirándola sin entender. Regina no parecía verse afectada en absoluto por lo que había hecho. Pero no me rendí. Le di otro golpe, y lo único que conseguí fue que la armadura comenzara a resplandecer.

_ ¿Qué se supone que llevas puesto?_ Pregunté, dando un paso atrás. Había notado mis huesos crujir.

_ Tu piel… ¿De qué está hecha ahora, Zelena? ¿Acero tintado, quizá?_ Suspiró, como si la aburriese._ No es el material adecuado… ni la forma correcta. Hay algo que tienes que entender, hermanita. La fuerza bruta no sirve para nada si no la canalizas bien.

_ No estoy aquí para qué me des clase._ Dije, poniéndome en pie.

_ Una pena… porque tengo una larguísima explicación sobre la energía cinética que no voy a poder darte.

Alzó la mano, y noté una corriente de aire que me empujó con la misma fuerza que había empleado yo. Me estampé contra una pared y la hice añicos. Me puse en pie, quitándome los escombros de encima, y miré a los ojos a Regina. Sonreía.

_ Mi traje acumula la energía cinética que generas… y me permite canalizarla. ¿Divertido, no crees? Cuanto más fuerte me pegues… más te va a doler.

_ ¿Y qué clase de brujería es esa, Regina?

_ Sólo uso el metal adecuado._ Se encogió de hombros._ De la forma adecuada. Dáselo a un necio y hará un arma de tiempos romanos… pero en las manos apropiadas…

Siempre la había odiado por eso. Siempre restregándome su privilegiado cerebro alienígena… como si mi humanidad ya de por sí me hiciera inferior. Me acerqué y la golpeé de nuevo. Una vez y otra, sin demasiado éxito. Era como estar pegando un muro de hormigón sin ninguna de las habilidades que había adquirido. Pero la peor parte fue cuando Regina me lanzó por los aires, y la gravedad ayudó a hacer que el golpe fuese mucho más intenso.

Me levanté, entre la espesa humareda que se había formado, y observé su figura a través de la bruma. Estaba de pie, ante mí, mirándome. Observé cómo cerraba la mano y esta resplandecía, y luego como, al agitarla, me lanzaba algo. Sentí toda mi piel convulsionarse por la electricidad… y finalmente cómo una esfera metálica se aferraba a mi pecho, convirtiéndose en una placa.

Mi verde piel comenzó a desteñirse, y me quedé atontada, hasta que la inconsciencia poco a poco empezó a vencerme. Me juré a mí misma que volvería, y la próxima vez… mi hermana iba a pagarlo.

Emma Swan

Supresor electromagnético… supresor térmico… no había nada sobre un supresor de poderes. Bufé y me dejé caer sobre la silla de Regina. Si había algo que estuviese relacionado con el objeto que había usado para despojarme de mis poderes. Mis poderes. ¿Cómo no había empezado por allí? Me acerqué al teclado, abrí por enésima vez el buscador y escribí.

R

El buscador comenzó a devolver cientos de resultados, recortes de periódicos y proyectos en los que Regina había estado trabajando para vencerme. Al parecer, solía llevar unos diez proyectos a la vez para estar al día. No me extrañaba que repentinamente tuviese tanto tiempo libre. Finalmente encontré los primeros bocetos del objeto que me había arrebatado los poderes.

El dispositivo funcionará generando un campo de fuerza invisible alrededor de Skyward Star durante tres meses, aislándola de la fuente de su poder. Según mis estudios, eso debería ser más que suficiente como para que no vuelva a representar una molestia.

Sobre las palabras "mis estudios", parecía haber un link. Sin embargo, cuando hice click, me solicitó una contraseña adicional. De modo que ella conocía la fuente de mi poder. Estaría bien poder saberla yo. Me ajusté las gafas dándome cuenta de que ya habían pasado más de tres meses desde que había perdido mis poderes. No dejaba de darle vueltas al texto… que decía que no volvería a ser una molestia.

Escuché un ruido y me aparté del ordenador, cancelando todas las búsquedas que había hecho hasta aquel momento. Regina había llegado agotada, y se dejó caer sobre la silla más cercana, lanzándome una mirada victoriosa. Se la veía pletórica.

_ ¿Te has estado portando bien mientras estaba fuera?

_ S-Sí…_ susurré, cogiendo mi inhalador y dando un largo trago.

Zelena

Estaba una vez más en aquel furgón policial con destino incierto. De nuevo a la cárcel. No me merecía todo aquello. O al menos, eso era lo que pensaba en un principio. Porque cuando el furgón se detuvo, me encontré saliendo ante una enorme mansión de aspecto victoriano. El conductor, sin dirigirme la palabra, volvió a subirse al vehículo y siguió avanzando. Estaba libre. Y, sin embargo, no dejaba de preguntarme qué clase de persona me había llevado allí. Es bien cierto que podría haberme ido sin más.

Pero mi instinto me empujó a subir escaleras arriba y adentrarme en la mansión. Llegué a un gran salón, de color marmóreo, adornado con muebles forrados en piel blanca. Sobre la mesilla había una bandeja de plata, con una copa de champagne. Mi primera impresión para con la persona que estaba tumbada en el sofá con la copa en la mano, fue pensar que era una niña. Al menos, estaba segura de que no debía llegar a la veintena.

_ Pero… siéntate, querida… debes estar cansada._ Dijo, dando un sorbo a la copa. Yo me mantuve en mi puesto._ Tranquila… no voy a hacerte nada. ¿Crees que si quisiera hacerte algo no habría hecho que el policía se lanzase por un barranco?

Cuando la miré a los ojos, supe que hablaba con alguien capaz de hacer lo que estaba diciendo que haría. Se apartó un mechón de su cabello castaño del rostro, mirándome con sus ojos azules. Lo cierto es que, en primera instancia, la chica me había parecido bastante normal, pero a medida que la conversación avanzaba, no podía dejar de observarla.

_ ¿Quién eres tú?_ Le pregunté.

_ Tan sólo alguien con quién compartes intereses._ Se rió._ Puedes llamarme Aurora.

_ ¿Intereses comunes?_ Pregunté, sentándome de una vez.

_ Sí… las dos queremos que Regina desaparezca deje su querido trono. Y ya hemos visto que tú sola no puedes. Así que… bueno, dejaremos la planificación de la operación en manos más capaces.

_ No necesito la ayuda de una niña… gracias._ Dije, bufando.

Aquello me ofendía, y sin embargo no me había movido de mi sitio, ni había dejado que mi ira se desbocase. Al contrario, no dejaba de mirar fijamente los labios de aquella mujer, sintiendo como mi cuerpo iba relajándose cada vez más.

Y esa sensación no hizo sino empeorar cuando la joven empezó a entonar una canción. Apenas podía entender nada, pues era un idioma desconocido para mí. Sin embargo, empezaba a sentir cómo mi cerebro empezaba a reblandecerse, y mi pulso iba subiendo cada vez más de ritmo.

Se acercó a mí y puso sus manos sobre mi rostro. Y me perdí por completo, como una colegiala enamorada. Se sentó a mi lado y juntó sus labios con los míos.

_ Y ahora dime… amor mío… ¿Me harás caso?

_ Haré lo que tú quieras…_ Dije, en un susurro.