Se sentía un poco más tranquila después de que Hagrid le prometiera ambas cosas: mantener en secreto que Snape estaba vivo e informarla si sabía de algún movimiento entre los mortífagos.
Snape no le había contado muchas cosas. Mantenía celosamente en secreto algunos de sus comportamientos y, a pesar de su carácter reservado y la voluntad de Demons en ver la bondad de sus actos, resultaba muy sospechoso que ocultara algunas cosas (como borrarle la memoria a los profesores, por ejemplo) cosas que... bueno, no eran de las más... honradas. Si Severus se abstenía de contarle nimiedades como esa porque los considerara actos "malvados", ¿cómo podía confiar en que le contaría lo importante?.
De repente le apetecía algo dulce. El guiso de cordero, a pesar de ser de sus favoritos, le había resultado pesado y no había comido mucho. Recordó sonriendo como una niña, que a la vuelta de la esquina estaba una de sus pastelerías favoritas.
Normalmente, se necesitaba una reserva para entrar a degustar sus maravillosas tartas, pero ¡qué diablos! Si no conocían a Paula Demons, la famosa bioquímica, sin duda conocerían a la hija de Lord Garthclyde. No le gustaba usar ese apellido, pero una porción de su tarta Ópera merecía la pena. Incluso se lo comentó a Severus cuando la probaron en París, la de esta pastelería era igual de buena, o mejor. Era curioso que le apeteciera tanto, realmente pensaba que no podía volver a casa hasta que la comiera, cuando hacía un rato se había sentido tan fatigada con el guiso...Paró en seco sus pasos y con media sonrisa en su rostro pensativo, acarició su vientre por debajo del ombligo. Imposible, se estaba sugestionando. Tenía que hablar con Severus la próxima vez que apareciera, tenía que convencerle de que se replanteara el uso de los anticonceptivos, al menos mientras terminaba de leer ese misterioso libro y zanjaba sus asuntos con los mortífagos. Si ya era duro manejarse con él ahora, con sus idas y venidas, cómo no lo sería hacerlo con las hormonas revueltas y con su cuerpo creciendo ante un embarazo.
Dejó de pensar el posibilidades remotas. Tarta. Ese era su actual objetivo.
_Lo siento, señorita, no hay mesas libres. Puedo darle una para el viernes, si lo desea... _ serio y estirado, inmune a sus súplicas.
_Oiga, es sólo un trocito minúsculo de tarta que no voy a tardar nada en comérmela. Puedo hacerlo en la barra...
_Esto no es un bar. Aquí no se sirve en la barra. Necesita una mesa.
_¿Tal vez me la podrían poner para llevar?
_Lo siento, señorita...
Bien, él se lo había buscado, iba a golpearle con su snobismo hasta hacerle sangrar o hasta que le diera la mesa que ella no necesitaba, ¡sólo necesitaba el maldito trozo de tarta!
_No es señorita, es Lady. Soy Lady..
_ ¡Paula, querida! ¡Qué agradable sorpresa verte!
Y hete aquí el milagro. Uno de importantes amigos de su padre. Paula le dedicó su mejor sonrisa explicándole lo que sucedía y él, solícito pidió que pusieran un cubierto más a su mesa.
_ Sólo somos hombres, pero eso nunca te ha importado ¿verdad, querida? Te desenvuelves bien en todos los ambientes, incluso en los de negocios. Tu padre te subestima aunque, siendo sincero, tampoco es que se lo hayas puesto fácil.
Vale, soportaría las críticas de ese hombre, todo por la tarta.
_ Tal vez puedas aconsejarme en este asunto, tienes buen ojo para juzgar a la gente.
_¿De qué se trata?
_Inversiones, querida, pero no conozco demasiado al mediador_ le dijo en voz baja mientras le presentaba a los señores de la mesa_ Espero que no les importe, señores, que nos acompañe esta vieja amiga. Aunque como ven, vieja no es un adjetivo que le pueda ser aplicado en absoluto.
Ella también rió del chiste, saludando con cortesía a los caballeros de la mesa que se habían levantado para recibirla y que besaban su mano al saludarla.
Vaya, vaya, el mundo es un pañuelo. Y hoy, además se habían conjurado los astros para encontrarse por casualidad con dos magos el mismo día.
_Y este es el señor Crow.
Paula le tendió su mano, ¿Debería o no debería decir que no eran extraños?
_La señorita y yo ya nos conocemos_ se adelantó el mago con una mirada indescifrable en sus ojos_ pero siempre es un placer.
El contacto de sus labios en el dorso de su mano tras escuchar la palabra "placer" hizo que una corriente eléctrica se expandiera por su columna. Pero se contuvo modosa, comiendo su trozo de tarta con la espalda muy recta, cortando trozos pequeños con su tenedor y en silencio mientras los hombres hablaban (mamá estaría orgullosa), maravillándose de la destreza con que Severus hablaba de inversiones en bienes muebles e inmuebles como si no hubiera hecho nada más en toda su vida.
Estaba tan elegante con su traje y su corbata; el pelo engominado, peinado con exceso cuidado pegado a su cabeza, afilaba su nariz dándole un aire aristocrático, tan distinto de cuando caía sobre sí misma al besarla. Paula saboreaba la tarta, pero se lo comía con los ojos.
_Si busca otro tipo de inversiones, tal vez debería plantearse emplear su dinero en algo muy diferente_ habló Snape con seguridad.
_ ¿Es arriesgado?
Snape agitó su brandy mirando por encima de la copa.
_ No, si se confía en la persona adecuada.
_¿De qué se trata?
Ahora todos los interlocutores le miraban interesados. (Oh, eso es, Severus, despliega tus encantos).
_ Se trata de la empresa farmaceútica.
Ahora ella también estaba interesada en lo que iba a decir. Aunque los demás rieron desdeñosos.
_Ya dono más dinero del que debiera en buscar curas contra enfermedades de las que no sé ni los nombres.
_La señorita Demons puede decirles de qué manera puede resultar lucrativo un negocio al mismo tiempo tan humanista.
Y todos los rostros se giraron hacia ella que masticaba lentamente su tarta mientras él sonreía travieso sobre su copa de brandy. En fin, se sabía el discurso más que de memoria, al fin y al cabo era el que tenía que emplear con la junta de dirección del hospital donde trabajaba cada vez que necesitaba fondos para alguna investigación. Y tras varios minutos, cuando ya tenía al público convencido, Snape.. perdón, el señor Crow, retomó la conversación ganándose a los caballeros de la mesa. Le admiraba discretamente pero seguro que él había captado el brillo de sus ojos. Pidió disculpas para ir al tocador.
Se refrescó riendo frente al espejo. No hacían un mal equipo. Ahí venía, ¿qué había hecho? ¿Le daba a la señora de la limpieza un billete para que le dejara pasar? ¡Oh, qué descarado!.
_Este es el servicio de señoras, señor Crow.
Como si nada, Snape entró y aseguró la puerta con un movimiento de su varita.
_Pues está ocupado_ se situó detrás de ella abrazándola mientras le besaba en el cuello y las orejas_ su ayuda ha sido inestimable, señorita Demons. Está preciosa, mírese al espejo. Recuérdeme que le regale un gran espejo para su dormitorio... así podrá verme independientemente de la posición que escoja, o verla yo, sobre todo si va a ruborizarse de esa manera. ¿Estará libre esta noche?
_ ¿Esta noche, señor Crow? Tenía pensado comprar champagne y fresas.
_ Mmmm, las fresas son mi fruta favorita.
Y en el enorme y dorado espejo del baño miró sus ojos castaños mientras se clavaban en los suyos negros y ella le preguntaba cómo hacía para que llamearan de esa forma.
Snape miró sus negros ojos llameantes en otro espejo. El espejo pequeño y lleno de óxido de su baño. Tenían un negro tan profundo que apenas se discernía la pupila y efectivamente, ardían. Con el dorso de la mano limpió el serpenteante reguero de sangre que caía sobre su ceja. Con prisa, aún con las manos temblando pasó la varita por la herida cerrándola por completo. Curó también los otros cortes y prácticamente se arrancó la chaqueta y la camisa cubiertas de sangre. Respiraba rápidamente, su garganta emitía pequeños gemidos al exalar.
Se sentó en el suelo del baño, sujetándose la cabeza con ambas manos, tratando de contener el dolor. Poniendo en orden sus recuerdos.
Había vuelto de la pastelería de muy buen humor. La inesperada presencia de Demons le hizo tener una idea rápida, pero no por ello desdeñable. Si lograba una financiación adecuada, una especie de préstamo que ella pudiera devolver rápidamente, podría tener su propio laboratorio e investigar en él sin los límites que siempre le ponían sus ¿cómo les llamaba? "faltos de visión y sobrealimentados" jefes. Un bonito y eficiente laboratorio en la planta alta con un sótano debidamente preparado para dar libertad a los "experimentos" con los ingredientes mágicos que tanto intrigaba a Demons y donde él podría resultar muy útil.
Estaba de buen humor, incluso había decidido dejarse la chaqueta con la que Demons se lo comía con los ojos, en lugar de la túnica, para ir a comer fresas y beber champagne.
Entonces la marca de su brazo izquierdo ardió.
¿Quién?, ¡¿quién, en nombre del demonio, se había atrevido a usar la marca para convocarle?! Todo su buen humor se tornó ceniza. Miró la marca tenebrosa, hasta entonces quieta y desvaída, moverse con desaforada violencia, como si la serpiente de tinta quisiera morderle la carne. Miró su brazo con un odio infinito y lo apuntó con la varita. Sabía como quitarla, librarse de ella, ¿volver a ser limpio e inmaculado? Para eso tendrías que desollarte entero, y arrancarte el corazón del pecho. Cerró los ojos, recordando su pesadilla recurrente. Bajó la manga de la camisa, la cubrió con la chaqueta. Se maldijo a sí mismo y acudió a la llamada.
Se apareció, Yaxley le esperaba varita en ristre, con una expresión de triunfo en el rostro.
_No has podido resistirte, ¿eh, Severus?
_Yaxley, _ articuló lentamente, con desprecio_ baja esa varita antes de que le saques un ojo a alguien. Dime lo que quieres, se concreto, voy a decirte que no por mucho que te explayes.
Yaxley guardó su varita, invitó a Snape a tomar asiento en torno a una mugrienta mesa. Severus miró de reojo, no estaban solos. Había al menos cinco personas más, muy cerca, tal vez vigilando.
_No deberías decir que no, al menos hasta que hables con el oráculo y descubra lo que tiene que ofrecerte.
_Y claro está, me aconsejas que vaya sólo por la bondad de tu corazón para conmigo, sin que tú ganes absolutamente nada con ello_ dijo muy serio, alzando una ceja, desafiando su reacción.
Yaxley rió.
_Por supuesto que gano, ganaré si tu ganas. No te niego que hubiera querido ese poder para mí, Severus. Lo pedí, lo rogué.. ofrecí todo cuanto tenía. Pero ella te quería a ti, _ volvió a reir_ de entre todos los magos del mundo, te quería a ti. ¿No te intriga, Severus? "Traemé al mestizo de los Prince". Al final resulta que estás llamado a hacer grandes cosas. Quién sabe si más grandes de las que hizo el señor tenebroso. Quién sabe, si tú lograrías lo que él falló.
Severus apretó un puño, retorciendo los nudillos.
_ Veo que toda la sangre y destrucción que trajo la "causa" del señor oscuro te han parecido pocas. Alcémonos otra vez, ¿verdad? dejemos que nos exterminen por completo. Ya te he dicho lo que pienso al respecto, no lo haré una tercera vez. Tú y tu... oráculo tendréis que pasar sin mí.
Yaxley le miró con asco.
_Es por esa...
_ Dame una excusa, Yaxley,_dijo apretando los dientes_ no tiene ni que ser buena... y no te levantarás de esa silla.
De repente, una explosión se escuchó en el exterior. Varios gritos y hechizos lanzados de una parte a otra. Un mortífago entró en la habitación.
_ ¡Son los aurores!¡Nos han descubierto!¡Hay que salir de aquí!
Podías haberte desaparecido, idiota, podías haberte convertido en humo y salir de allí, incluso atravesando las paredes.
Pero no lo hizo. Salió atropeyadamente por la puerta tras el mortífago, Tras Yaxley, con las fosas nasales abiertas olisqueando el peligro como un animal. Salieron a lo que parecía un campo sembrado. Los rayos de los hechizos caían sobre ellos de todas las direcciones. Yaxley apuntó por encima de su hombro y desarmó a uno de los aurores que trataba de lanzarle un sortilegio. El mortífago le miró y le guiñó un ojo, antes de salir corriendo.
_¡Dispersaos!
Los mortífagos corrieron en todas direcciones, él también corrió, con el aire entrando y saliendo dolorosamente de sus pulmones. Esquivando maldiciones, como en los viejos tiempos.
Podías haberte ocultado, hacerte invisible.
Se supo rodeado. No muy lejos seguían lloviendo los hechizos, se oían gritos y una parte de los sembrados comenzó a arder. Sudaba, varios maleficios le alcanzaron aunque no le hicieron daños graves. Pasos se acercaban a su alrededor.
Podías haberte esfumado en la noche. No tenías que luchar, maldito imbécil.
Vió a uno de ellos, era un (niño imberbe) auror muy jóven que se quedó clavado en el suelo al verle. Snape sintió la ira crecer en su interior. Ese estúpido niñato recién incorporado a filas quería detenerle, quería llevarle de nuevo a Azkaban y esta vez, era inocente y esta vez, bien lo sabía el Dios de Demons, no podría soportarlo.
Como en el apartamento, el aire comenzó a vibrar primero, luego las plantas comenzaron a retocerse. Mientras a unos cuantos metros se libraba una batalla, alrededor de Snape se formaba un remolino. Su chaqueta ondeaba hecha jirones. Su pelo se alborotaba furiosamente sacudido por el torbellino que se generaba a su alrededor y su cara iluminada tenuemente por la luna dejaban adivinar unos ojos negros terribles y una boca fruncida con determinación.
Terrones del suelo arcilloso ascendían y se desmoronaban llenando el aire. El auror, varita en mano, miraba incapaz de moverse. Sus pies estaban pegados al suelo que vibraba, la mirada fija en los ojos de Snape. Rayos hendían el aire, crujidos, rugidos y llamas.
Primero fue la nariz, una gota de sangre cayó rápidamente seguida de varias más que pronto formaron un reguero. El chico se llevó la mano a la cara mirando con pánico la sangre en sus dedos.
Podías haber parado, antes, en cualquier momento.
Luego fueron sus oídos, Snape sentía hervir la sangre en las venas del muchacho, pugnando porque encontrar una salida.
Lo hacía porque podía.
Lo último fueron sus ojos.
Tenía los ojos castaños.
En ese momento recobró la lucidez, luego, oyó el golpe seco del cuerpo al chocar contra el suelo. En ese momento miró alrededor y vió destrucción.
LLegó a la casa, habría sido igual de fácil antes, en dos segundos, miró al hombre del espejo, al monstruo, quería huir de la maldad y sin embargo, en estos momentos, la miraba a la cara. Hola, viejo amigo,_le decía_ el mundo es un pañuelo.
Se arrancó la ropa, se duchó, se curó las heridas. Demons le esperaba para comer fresas.
Gimió.
No podía presentarse ante ella.
No podía no presentarse ante ella.
