Me alegra que os haya gustado el enfrentamiento, habrá más, por supuesto... pero por el momento... SALSEOOOO
Regina Mills
Saber que la gente me odiaba un poco menos hizo que el abrir mis ojos al despertar tuviese una perspectiva diferente. Realmente tenía ganas de salir a trabajar aquella mañana. Me levanté con buen paso y me dirigí a la ducha. Abrí el grifo y me apoyé ligeramente en la pared. Podría acostúmbrame a aquello, si es lo que sentían los héroes cuando se levantaban cada mañana.
Había una sonrisa en mi rostro mientras me preparaba el desayuno. Unas simples tostadas, no hacía falta más. A fin de cuentas, solía almorzar bastante pronto. Bajé al garaje y me acomodé en el asiento del Mercedes. Encendí la radio, cosa que no solía hacer, y arranqué canturreando una vieja canción que sonaba.
Aparqué en mi plaza privada y me bajé, de camino al ayuntamiento. Se había formado un tumulto frente a las puertas del ayuntamiento. Aquello no era una sorpresa para mí, dadas las circunstancias. Estuve escuchando cómo las preguntas se entremezclaban, finalmente tosí y los miré a todos.
_ Sobre lo que ocurrió ayer sólo tengo que decir que a partir de ahora no dejaré que nadie vuelva a ser un problema en mi ciudad. Quizá en su día fui yo misma la que causó graves problemas al estado. Pero mientras yo esté al frente… no dejaré que nadie sufra. ¿Ha quedado claro?
Emma Swan
Había algo raro en aquel día. Yo misma me sentía un tanto extraña. Me desperecé y me puse las gafas como un acto reflejo. Me di cuenta de que mi visión estaba borrosa. Extrañada me quité las gafas y traté de limpiarlas. Pero seguía viéndolas como si hubiese algo empañándolas. Me las quité, comprobando que estaban limpias, y entonces fue cuando me percaté de algo que tendría que haberme parecido evidente desde un principio.
Podía ver sin las gafas puestas. Mi visión volvía a ser clara y cristalina. ¿Acaso había vuelto? Sentía mi corazón desbocado, presa de una extraña emoción. Tomé un vaso de la mesilla y la aplasté contra le mesa. Y mi teoría se vio refutada rápidamente. Cuando sentí el dolor propio de tener muchos cristales cortando mi piel. No, estaba claro que volver no había vuelto. Mis ojos observaron mi reflejo en el espejo. Suspiré y me puse las gafas. De un tirón saqué los cristales. Quedaba ridículo, pero ya me temía que Regina me reconocería si me veía sin gafas. Tomé mi inhalador y aspiré, sintiéndome mejor.
La televisión estaba encendida y había una noticia. Regina aparecía en el telediario, y su forma de hablar me hizo sonreír. Parecía toda una heroína. ¿Acaso tenía que haberla dejado triunfar desde un principio? Empezaba a arrepentirme de todas las veces que la había detenido. Sus primeros ataques no habían sido particularmente perversos. Había sido el tiempo y las continuas derrotas las que la habían llevado a algo así.
Me vestí con algo de ropa sencilla, me vendé la mano ensangrentada y me encaminé hacia el coche. Esperaba que Regina no me echara ahora que empezaba a tener cierta popularidad. No dejaba de pensar en ello mientras aparcaba y atravesaba la horda de periodistas.
Mal no me saludó, simplemente me abrió la puerta pulsando el botón correspondiente. Se la veía con cara de pocos amigos. Yo la saludé escuetamente con la mano y pasé tras un "Adelante", significativamente más animado de lo habitual.
_ Buenos días, Regina._ La saludé.
_ Buenos días, Emma. Te he traído café._ Me dijo, dejando un vaso de papel en mis manos.
_ Gracias._ Le sonreí un poco._ Hoy se te ve radiante. Parece que te sientes bien después de lo de ayer.
_ Bueno… hice lo que pude… y parece que al fin la gente comienza a verlo._ Dio un sorbo a su propio café.
_ Te convertirás en su nueva heroína. _ Le dije, mirándola con fijeza.
_ No había… pensando mucho en eso, la verdad._ Dijo, dándose la vuelta._ Tampoco es que quiera que renuncien a la antigua, ¿Sabes?
_ ¿Te refieres a Skyward Star?_ Le pregunté._ Tú hiciste que desapareciera… No creo que vuelva ¿No?
_ En realidad yo cuento con que lo haga._ Dijo, encogiéndose de hombros._ A fin de cuentas… mi intención era esa desde el principio.
_ No lo entiendo._ Confesé, sentándome frente a ella.
_ Supongo que necesitas que te lo explique._ El que estuviese de mal humor parece que la hacía dada a compartir información._ Necesitaba que Skyward Star estuviese fuera un tiempo, para poder tomar mi puesto. Ahora sólo tengo que encontrarla y tener una charla con ella.
Sentía el corazón encogido ante la posibilidad de volver a recuperar mis poderes. Me quedé un poco desconcentrada con todos esos pensamientos. Ya soñaba con volver a volar, a usar mi fuerza contra los malvados. Ser una heroína había sido el centro de mi vida durante muchos años.
_ Emma… no te duermas. Tienes que hacerme una entrevista. ¿Recuerdas?_ Regina sonreía. Tenía una gran sonrisa.
Aurora
Zelena era un mono de feria bastante gracioso. Pura fuerza bruta. No necesitaba su cerebro para nada, de modo que bien podría hacer que prescindiera de él por completo, no sería la primera vez. Pero era mucho más fácil y divertido que me siguiese, completamente enamorada, y obviando esa piel verde que, si bien me gustaba, era demasiado llamativa para que pudiésemos andar por la calle sin montar un espectáculo.
Notaba la nariz de Zelena aspirando mi piel mientras me colocaba el ceñido vestido rojo que yo había escogido para aquella noche. Uno que realzaba mi pálida piel y que combinaba con mi pintalabios favorito. Peinarme adecuadamente había sido prioridad para mí.
_ Estás para comerte…_ Susurró Zelena.
_ Relájate… no vas a comerme esta noche._ Le dije._ Este caramelito no es para ti.
_ ¿Entonces para quién es?_ Su sonrisa confirmaba que los celos habían sido totalmente erradicados.
_ Para mi nueva novia, Claro._ Me acomodé el flequillo.
_ ¿Y quién será esa nueva novia?_ Se puso a mi lado, observándonos en el espejo.
_ Regina, por supuesto…
Emma Swan
La ansiedad se había apoderado de mí. Creía haberme acostumbrado a mi vida sin poderes, pero lo cierto es que los echaba tanto de menos que ante la perspectiva de volver a ser yo, no había podido evitar la tentación de ponerme en marcha. Aparqué unas manzanas antes de llegar a la casa, y me oculté en un callejón para cambiarme de ropa. Mi traje parecía ridículo si no estaba acompañado del resto de habilidades que llevaba.
Colarme en la casa de Regina no había sido difícil, lo cual me sorprendía muchísimo, dada su posición, y lo difícil que había sido hacerlo cuando nos enfrentábamos. Casi daba la impresión de que me estaba esperando. Pero lo cierto es que no me sorprendería que así fuese. Me encontré una ventana abierta y me colé por ella, no sin cierta torpeza. Apenas pasaron unos segundos antes de que se encendieran las luces.
Elevé la vista y me encontré con una visión que, confieso, no me desagradaba en absoluto. Regina llevaba un pijama elegante, estaba ligeramente despeinada y en sus ojos se percibía el cansancio. Me miraba con una sonrisa de suficiencia.
_ ¿Tendré que denunciarla por allanamiento… heroína?_ Se rió un poco._ Confieso que no te esperaba tan pronto. Pero pasa… ponte cómoda. ¿Te apetece tomar una copa? Tranquila, no la he envenenado.
_ La aceptaré, gracias._ Dije, acercándome.
_ Me alegra ver que vienes dispuesta a tener una charla como dos personas civilizadas.
Se sentó en un largo sofá y sirvió las copas sobre la mesilla. Yo me sentía muy fuera de lugar mientras me sentaba y tomaba mi propia copa.
_ Supongo que vienes aquí a causa de tu amiguita Emma… ¿No es cierto?_ Me dijo. Yo di un respingo.
_ Mi… ¿Amiguita?_ Pregunté._ ¿De qué estás hablando?
_ Querida… yo no soy tonta._ Sonrió._ No me creo el numerito que habéis montado sobre una cronista que quiere limpiar mi imagen. Sobre todo con lo mal que trabaja en ello.
_ Yo… bueno… sólo…_ suspiré. Al menos, no parecía ser consciente de que era yo misma.
_ Pero no importa… quería tenerla cerca… para asegurarme de que te enterases de cuando quería verte.
Regina se acercó a mí y yo temblé un poco. El brillo de sus ojos era atrayente y a la vez capaz de darme pánico. Aquella mujer estaba llena de sorpresas.
_ Sabes… la gente de tu planeta… siempre ha sido famosa por su atractivo._ Noté cómo su mano rozaba mi brazo, me estremecí._ Me gustaría mucho verte la cara…
_ Sabes que no puedo enseñártela._ Mi corazón latía a mil por hora.
_ No pierdes las buenas costumbres._ Sonrió._ Entonces… ¿Puedo suponer que quieres hacer un trato conmigo?
_ ¿Un trato?_ Pregunté, alzando una ceja._ ¿Qué quieres?
_ No te preocupes… nada que vaya a hacerte sufrir._ Se estaba acercando demasiado. Su mano se posó sobre mi pierna._ Sólo quiero que hagas tu trabajo… que salves a la gente… que salves al pueblo.
La voz de Regina se había convertido en un susurro que mis oídos no cesaban de querer oír. No dejaba de bajar el tono, y ya estaba casi rozando mi rostro con el suyo.
_ Nada me gustaría más._ Susurré.
_ ¿Y me dejarás continuar en mi puesto?_ Me preguntó._ Sin trucos.
_ No seré un obstáculo para tu mandato. Quiero ayudar._ Le dije. Puso su mano sobre mi cabello y comenzó a acariciarlo.
_ En tal caso… será una cuestión de días… si todo sale como yo espero._ Sonrió._ Pronto te verán volar de nuevo entre las nubes.
_ Entonces yo… debería irme._ susurré, apartándome un poco.
Regina parecía algo contrariada, pero sin embargo, sonrió un poco y se apartó. Había notado que estaba flirteando conmigo, pero lo cierto es que a mí me daba un poco de miedo intimar con ella y que descubriese quién había bajo el antifaz.
Regina Mills
Skyward Star había sido especialmente comunicativa, pero lo cierto es que no había cedido a mis indirectas y había acabado por marcharse sin darme cuenta. Quizá cuando finalmente trabajase para mí podría llamar su atención. Quería conocer los secretos de la heroína con la que tantas veces me había enfrentado en el pasado.
Escuché cómo la puerta se entreabría una vez más. Yo ya estaba en un estado de duermevela. ¿Habría vuelto Skyward Star? Me extrañaría, francamente. Lo de colarse en casas ajenas no era particularmente propio de aquella mujer. Me puse en pie y me dirigí hacia el comedor, donde estaba escuchando el ruido.
Sin embargo me encontré con una mujer joven, de cabello castaño, que acababa de servirse uno de mis mejores vinos.
_ ¿Se puede saber qué haces?_ Le pregunté, ofendida._ Esto es allanamiento de morada.
_ No te sulfures cariño. Sólo he venido a ver a mi novia._ Suspiró, dejando la copa en la mesa._ Así es como saludas al amor de tu vida.
_ Disculpa, pero tú no eres el amor de mi vida. Ni tan siquiera te conozco._ Le espeté. Por mi mano ya empezaba a correr una ligera corriente eléctrica.
_ Serénate, cariño… Mírame a los ojos, Regina._ Dijo en un susurro.
Sus ojos emitieron un brillo de color rojo, y empecé a sentir como mi cabeza empezaba a espesarse. Me tambaleé un poco y me tuve que apoyar en la mesa para no caer. Era como si mis pensamientos tuvieran dificultades para procesarse.
_ Tranquila… mi amor… deja que tus sentimientos hacia mí te dominen._ Me susurró, poniendo sus manos sobre mi cintura.
Aurora
Regina no dejaba de ser como el resto. Había estado resistiéndose, pero en cuanto la besé se relajó y cayó sobre mis brazos. Continuó con el beso, aferrando mi nuca y acariciando mi pelo, descubriendo lo mucho que le gustaba. Había tardado horas en peinarlo, pero poco importaba ya. Regina no dejaba de ser otra mujer que ya había caído en mis redes.
_ Se te ve mareada…_ Le dije, cuando nuestros labios se separaron._ Toma un poco de vino.
Regina bebió sin prisas. Yo, por mi parte, empecé a pasar mi mano por su culo con la tranquilidad de que ya no haría el más mínimo esfuerzo en detenerme… más bien al contrario. Se terminó la copa y me empujó sobre la encimera.
_ Vaya… cariño… ¿Estás necesitada?_ Le pregunté, coqueta.
_ Cállate…_ Me susurró, besando mi cuello.
Dio un tirón y mi carísimo vestido se cayó al suelo, hecho jirones. Aferró mis pechos con ambas manos y los sobó, con una saña que me sorprendió. Yo gemí, disfrutando de lo salvaje que era. A fin de cuentas era lo que esperaba de una mujer llamada "la reina". Me tomó entre sus brazos y se dirigió hacia la habitación, lanzándome sobre la enorme cama de sábanas negras. Yo estaba ya en bragas, pero ella no tardó en quedarse sólo con ellas y un sostén. Ambas piezas, semitransparentes, me estaban llamando.
Se tumbó en la cama y volvió a sus caricias, esta vez metiendo las manos bajo mis bragas para sobar mi culo. Sus dientes mordían mis labios, pero lo cierto es que yo, esa noche, quería ir al grano, de modo que rebusqué en mi abandonado bolso hasta encontrar uno de mis vibradores. Cuando Regina estaba despistada, y a traición, aparté sus bragas y se lo metí.
_ Ahora quédate quieta… y déjame trabajar._ Le ordené.
_ Cómo quieras, cariño._ Dijo, en un susurro, quedándose quietecita.
Mientras la seguía torturando, masturbándola lentamente, yo metí su mano entre mis bragas, notando cómo su mano empezaba a tocarme ansiosamente. Yo repliqué su movimiento, acompasándolos. Nuestros gemidos empezaron a mezclarse. Yo era extremadamente ruidosa en la cama, y aquella ocasión no era distinta. Estallamos a la vez. Y vi como Regina se quedaba dormida, agotada.
_ No te preocupes, mi amor._ Le dije, en un susurro._ A partir de mañana empezaremos a hacer cambios. La primera dama ha llegado.
Me acomodé entre los pechos de Regina, sintiendo cómo me rodeaba con sus brazos. Siendo una mujer fuerte como ella, yo parecería una muñequita adorable… y sin embargo, a partir del día siguiente, yo diría la ciudad entre las sombras. Y ese plan que parecía tener de recuperar a la heroína de la ciudad… Ya podía olvidarlo.
