Otro puñado de semanas habían pasado.

- ¡Lo tengo!- Gritó Samuel, felizmente, desde la sala- ¡Sí!

Edna, que se estaba bañando en el piso de arriba, rio para sí misma cuando lo escuchó. También lo escuchó subir las escaleras, pero aun así se asustó cuando él corrió la cortina del baño abruptamente.

- ¡Dios!- Ella se sobresaltó, aunque volvió a reír.

- ¡Lo encontré!- Se metió en la ducha, con el agua cayéndole encima, vestido, abrazándola.

- ¿¡Que haces!?- Ella rio con fuerza- ¡Samy! ¡Nos vamos a caer!

- Lo encontré…- Besó apasionadamente su tatuaje ya cicatrizado, apoyándose en la pared y empujándola contra los azulejos- Cariño… ¡Mmmm!

- ¡Para! ¡Que la pared esta fría! ¡Sam!

Él no la separó de la superficie, al contrario, la estrujó con más fuerza.

- Mi princesa…- La mordió suavemente- Mmmmm… Mi Reina…

Ella rio en su interior. Eso era una palabra clave. Él solamente la llamaba "Mi Reina" cuando necesitaba algo específico. Ya había ocurrido varias veces, cuando Samuel estaba demasiado poseído por la lujuria, que la obligaba a recurrir a la palabra segura para detenerlo. Y habían descubierto que la única manera de satisfacerlo sin que fuera casi doloroso para ella, era con cierto rol. La única manera de controlándolo, era volviéndose dominante, volviéndose Su Reina, estableciendo exactamente qué hacer. Y cuando él se lo decía, solo implicaba algo.

- He dicho que la pared esta fría- Ella lo agarró firmemente del cabello y tiró suavemente- Mascota.

Samuel gruñó, sonriendo, apartándose lentamente, solo un poco.

- ¿Te has olvidado de quién soy?- Le dijo ella, cerca de su boca.

- Mi Reina…- Gruñó.

- Interrumpiste mi ducha, mojaste tu ropa, mojaste el suelo- Tiró suavemente- Perro malo.

- Lo siento mi Reina- Murmuró suavemente.

- No mereces esas ropas. Sácatelas.

Shaareim lo soltó y mientras él se desnudaba, ella colocó una toalla en el piso, cerca de la ducha.

- Arrodíllate- Le ordenó ella- Me secaré. Y no mires.

Samuel se arrodilló en la toalla. Obviamente ella jamás lo haría arrodillarse en el suelo frio. Estaban jugando un rol, pero siempre atentos a cuidarse mutuamente.

Aun así, de vez en cuando, él subía los ojos, solo para que ella lo regañara tirando su cabello. Algo totalmente a propósito. En su estado, él se enardecía de lujuria cuando sentía que le dolía un poco.

- De pie- Ordenó ella, poco después.

A penas Drake se hubo levantado, ella lo sujetó de su pene, como si fuese una manija, y tiró de él, llevándolo hasta la cama. Al lado del mueble, lo obligó a arrodillarse nuevamente y se le acercó mucho.

- Puedes besarme el estómago- Le permitió Edna.

- Si mi Reina- Él empezó a besar profundamente su piel, mientras acariciaba sus piernas.

- Dije besarme- Tiró su cabello, oyéndolo gruñir- No te permití usar tus manos.

- Lo siento mi Reina- Puso sus manos detrás de su espalda, antes de seguir besándola.

- Muy bien- Acarició su nuca- Justo así… Buen perro… ¿Sabes que le pasa a los perros buenos?

- Tienen premio- Murmuró, mientras la lamía.

- Muy bien- Ella lo tomó de la barbilla, para luego colocarle un dedo en la boca- Nada de morderme… ¿Quieres que yo te muerda?

Él gruñó con fuerza, apenas tocando su dedo con los dientes, mientras respiraba profundamente. Drake adoraba que ella lo mordiera.

- Ve- Edna palmeó su mejilla.

Samuel caminó velozmente hasta la cama y se sentó en el borde, con los pies en el suelo, mirándola. Ella se tomó su tiempo para caminar hacia él, viéndolo, subiéndose a la cama, acercándose por detrás.

- Mascota- Ella le susurró en el oído, viéndolo temblar- ¿Recuerdas tu palabra segura?

- Moneda… Moneda…- Gimió.

- Tranquilo mi mascota- Ella acarició su estómago y sus cicatrices- Aun no te mordí. Y puede pasar mucho tiempo hasta que decida hacerlo. ¿Tienes muchas ganas?

- Si mi Reina- Gruñó.

- Dime quien eres- Edna mordió imperceptiblemente el lóbulo de su oreja.

- Soy tu mascota- Gimió, desesperado- Tu perro bueno…

La mujer mordió su cuello aun antes de que él terminara de hablar. Lo oyó gruñir con fuerza. Ella sabía perfectamente cuanto podía morder y en donde, para no lastimarlo. Automáticamente usó su mano derecha para masturbar su pene, totalmente duro y tomarlo del cabello con la mano izquierda, mientras tiraba.

- Grita- Le ordenó ella, cerca, con ambas manos ocupadas- Grita perro.

- ¡Reina! ¡Aggghh! ¡Mierda!- Se estremeció de placer, moviendo su cabeza para sentir un poco más de dolor- ¡Mas!

- ¡Vamos!- Edna lo mordió en la base del cuello.

- ¡Oh Mierda! ¡Sí! ¡Ya casi…!

Muy poco duró él en sus manos. Él ya estaba gritando largamente en pocos segundos.

- ¡Mira esto!- Ella le mostró su mano sucia- ¡Mira lo que hiciste! ¡Perro malo!

- Lo siento…- Gimió, levemente cansado- Lo siento mi Reina.

- Perro sucio- Se limpió la mano en el pecho de su esposo- No duraste nada.

- Amo demasiado a mi Reina- Murmuró, mirando sus ojos.

- Sí, me doy cuenta- Ella se murió de ternura por dentro, aunque siguió el juego- ¿Qué le pasa a los perros malos?

- Son castigados mi Reina.

- Exactamente- Tiró de su cabello, oyéndolo gruñir- Has sido un perro malo, no te morderé.

- Lo siento…

- ¿Lo siento, que?- Volvió a tirar, viendo que su pene volvía a ponerse duro.

- Mi Reina- Se quejó- Mi Reina.

- ¿Mascota quiere decir algo?

- Mas fuerte mi Reina… Quiero más dolor…- La miró- Por favor mi Reina.

- Perro malo- Tiró nuevamente, con más fuerza- Ahora vas a satisfacer a tu Reina, y lo harás bien.

- Si mi Reina.

Edna lo soltó, con leve brusquedad, para ponerse en cuatro patas sobre la cama.

- Mascota- Llamó ella- Ataca.

Samuel de inmediato dejó su posición, para penetrarla con fuerza desde atrás, desesperado, tomándola por la cintura.

- Si… Si…- Gimió ella- Así… Buen perro… Oh… Mierda…

A la mujer le encantaba esa fuerza desesperada que acarreaba, y pronto la empezó a catapultar al éxtasis.

- Samy…- Gimió ella- Ya casi…

Eso era lo que Samuel quería, en última instancia. Que su esposa estuviese tan llena de pasión que se olvidara de los roles y volviera a llamarlo por su nombre. Eso era el éxito. Y eso era el puntapié para que ambos gritaran por última vez.

Y casi una hora después, ambos estaban terminando de recuperarse, abrazados.

- Samy- Ella habló al fin, en su pecho- ¿Qué habías encontrado?

- ¡Oh! ¡Cierto!- Se acordó él- Es que ya sé dónde pasar nuestra luna de miel.

Edna rio con fuerza. Solamente a él se le podía ocurrir volverse tan enloquecido por algo así.