La ventana estaba abierta.
El piso de Demons, oscuro y en silencio. Sus ojos, habituados a la penumbra, distinguieron velas apagadas sobre los muebles, con regueros de cera que marcaron el paso del tiempo, hora tras hora, mientras él no llegaba. En la mesa, un cuenco con fresas; al lado, un botellero en el que el hielo derretido enfriaba hacía un momento una botella de champagne, abierta tal vez por la impaciencia, o el aburrimiento, o el enfado. Dos copas, una de ellas usada. En las sábanas, siempre blancas, destacaba su sinuoso cuerpo, vestida o más bien, casi desnuda, con un sugerente camisón muy corto de seda negra. Frente a la cama, sin saber de dónde lo habría sacado, un gran espejo duplicaba su silueta.
Chiquilla voluntariosa. Lo había preparado todo.
Snape se desnudó silenciosamente y se tumbó a su lado. Se abrazó a su cuerpo apoyando la cabeza entre sus senos. Paula le tocó el pelo.
_Llega muy tarde, señor Crow, y ha perdido su gomina por el camino.
_ Creo que he matado a un hombre.
La gelidez con que su voz profunda pronunciaba esas palabras, resultaba más aterradora, más perturbadora, que la afirmación en sí.
Paula, dejó su mano a medio camino, suspendida sobre la negra cabellera del mago, con la respiración igualmente paralizada.
_¿Crees o le has matado?
Su voz había perdido el tono juguetón de antes. Era dura, era... reconfortantemente segura y sensata.
_Su corazón latía cuando le dejé, _ habló Snape, su tono ausente de emociones era aún escalofriante_ no sé qué daños he podido causarle por dentro.
Severus contenía su aliento tras hablar de forma lenta para darle tiempo a asumirlo, necesitaba que ella bajara esa mano sobre su cabeza, más que el aire que entraba en sus pulmones, o mejor, quería que le apartara de ella, que le gritara, que le condenara a su ostracismo. Estrechó su cuerpo y besó el valle que le servía de cobijo.
_¿Era un mortífago?
Snape no contestó inmediatamente, la pregunta no sólo era capciosa, era ofensiva. ¿Valía menos la vida de un mortífago, quizás?
_Era un auror. Un auror es...
_Sé lo que es.
Es corazón de Paula galopaba.
_¿Qué ha ocurrido?_preguntó ella.
_ Que volví a tomar las decisiones equivocadas.
_Severus... intento no asustarme, intento comprender... ¡no puedo hacerlo si no me dices nada más!.
Snape cerró los ojos sobre el pecho de ella, frotando suavemente su rostro contra la fría seda.
_ Siempre tratando de hacer bellas las cosas, siempre buscando atenuantes, ¿cierto?_ de la forma en que lo decía, pareciera que no era algo deseable_ No las hay. Hubiera podido evitarlo unas cuántas veces, pero no lo hice. Algo dentro de mí quería hacerlo, porque podía hacerlo, podría haberle matado solo con desearlo.
Demons hinchó el pecho levantando su cabeza, exhalando el aire en un lento suspiro.
_Has dicho que has intentado parar a tiempo. ¿Te estabas defendiendo?_ ¿ella parecía enfadada o preocupada?_ Contesta por lo menos a eso.
_ Técnicamente, sí_ aceptó a duras penas_ Pero ya te he dicho que tuve ocasión de no haber llegado a ese límite.
La mano de Paula seguía sin acariciarle.
_ ¿Qué pasaría si me convirtiera en él, Paula?_ no expresaba un miedo, expresaba una posibilidad_ ¿Qué pasaría si me vuelvo como él?
Era evidente a qué él se refería.
_ Que yo dejaría de peinarme y vestiría con túnicas de faldas vaporosas y corsés,_ suspiró resignada_ siguiéndote a todas partes con cara de loca.
Así era ella, siempre incondicional. Snape apretó los párpados.
_Tú no eres él, Severus, él no habría sentido... remordimientos o... miedo _ tanteó _... después de haber hecho algo así. Él no habría sentido nada en absoluto, ni siquiera el deseo de hacerlo.
_Yo no tengo miedo_ afirmó rotundamente.
_Ya, claro, por supuesto_ entonces ella le acarició el pelo por fin.. ¿aliviada? _Eres un inconsciente no tienes miedo de nada, ni siquiera de ti mismo. Entonces explícame por qué vienes a esconderte en mi regazo.
Escudándose en la ironía de escuchar sus propias palabras, la abrazo fuertemente.
_No te tortures, no te pareces en nada a él_ Paula parecía más tranquila_ Él no querría abrazar a nadie, y no tendría a nadie a quien abrazar.
¿Esa era la diferencia?, ¿ella era la diferencia? Si ella era la diferencia, entonces él...
_No sé qué voy a hacer.
Esto era nuevo. Severus Snape sin un plan, sin saber qué hacer, preocupado por una vez no de no haber hecho lo bastante, sino de haber hecho demasiado.
_Sí lo sabes. Estoy segura de que lo sabes, lo que pasa que aún no le has dado forma a eso que estas pensando. Estoy segura_repitió para terminar de creerlo.
-¿No crees que tienes demasiada fe en mí?
_¿No crees que tú tienes demasiada poca?. Severus...
Ella tomó con ambas manos su cabeza y la apretó fuertemente contra su pecho, él podía oír los latidos tranquilos de su corazón; era como el anhelado puerto que espera siempre al barco. Ella siempre estaría ahí.
_Hay cosas tan podridas que nada bueno puede salir de ellas_ dijo el mago mordazmente, atacándose a sí mismo.
_Pues no eres tú una de ellas, no eres malvado por mucho que te empeñes_ahora sí estaba enfadada_ He visto su alma o lo que quedaba de ella y he visto la tuya. ¡No eres él!, ¡no eres ni mínimamente parecido a él!. Encontrarás la forma, siempre lo has hecho y siempre... lo has hecho sin ayuda. Esta vez me tienes a mí, no dejaré que te pierdas.
Amor... claro, amor... ¿qué podría hacer el amor contra la devastadora oscuridad que le dominaba?.
_ Así que tenemos la batalla ganada, ¿verdad?_dijo tristemente con media sonrisa torcida_ Dumbledore siempre afirmó que el amor era el arma definitiva contra Voldemort. Él nunca me dejó dar clases de defensa contra las artes oscuras, temía una "recaída" por mi parte.
El sarcasmo en su frase la hizo reir. ¡Reir!. Loca.
_Olvida al viejo. Olvida a Voldemort. No se trata de ellos. Ellos están muertos. Se trata de ti. ¿Qué es lo que quieres hacer?
Era tan... estricta, tan dura, tan exigente... Tan parecida a él.
_Quiero dominar las artes oscuras.
Lo dijo sin pensar, pero al oirse supo que era lo que realmente quería, lo que había querido siempre. Asomarse a ese abismo que amenazaba su interior.
_Siempre tan ambicioso, señor Snape...
Levantó la cabeza para mirarla.
_¿No te asusta eso?
_ No.
Severus se quedó un instante petrificado antes de contestar.
_ Es usted realmente extraña, señorita Demons, se supone que una mujer de bien, debería intentar alejarme de ellas, decirme lo peligrosas que son, apartarme de ese camino...
_¿Eso debería? ¿Eso no lo hizo ya, y perdona que lo mencione, Lily?_ touché, ¿verdad Severus?¿todavía pensando en ella?, sigue escuchándome con la cabeza escondida en mi pecho, amigo, no me mires a los ojos, no lo soportaría_ No le hiciste caso.
Demons suspiró, tenía miedo, tenía tanto miedo que correría a esconderse en el baño, lejos de él.
_Es demasiado tarde. Estoy demasiado cansada y un poco borracha para debatir temas filosóficos tan crudos como el bien y el mal. Lo único que puedo decirte es que no son valores absolutos. Nada es completamente blanco o completamente negro, solo hay gamas de grises.
_Así que, yo preocupado y resulta que, para la dama, no soy lo bastante oscuro..._ Tú no comprendes, no sabes lo que es sentir un mordisco en el corazón a cada latido_ ¿Y qué me dices de Voldemort, no era pura maldad?
_Y sin embargo, cumplió la promesa que me hizo de no dañarte nunca más con su varita. ¿Dirías que la lealtad es un bien o un mal?
Snape resopló, no entendía cómo estaba reaccionando ella. No entendía a donde quería llegar. Tenía razón, era demasiado tarde y ella había esperado demasiado tiempo. Snape la besó con delicadeza por encima de la ropa. La seda tenía un tacto tan suave como su piel pero, carecía de su calidez. Besó su escote con mucha ternura al principio, llegando apasionado a su cuello. Ni su camisón ni la fina colcha eran una barrera insalvable, al menos no para él ahora. Ahora podía...
Demons le apartó de encima y le pidió que se vistiera mientras ella hacía lo mismo rápidamente.
_ Llévame al laboratorio
_¿Ahora?, ¿para qué?.
_ Veo que no me vas a dejar dormir. Vamos a discutir sobre el bien y el mal.
Se aparecieron en el sótano del hospital, dónde Paula tenía su reino.
_Hay cámaras_ advirtió.
Severus sacó su varita e hizo algo algo que Paula no conocía, pero después de aquel gesto aseguró que las cámaras no serían un problema.
_Vamos_ ordenó Demons secamente.
Caminó a paso ligero, esquivando mesas y aparatos. Entró en su despacho directa a una caja fuerte donde tecleó la contraseña y sacó unas llaves sin mediar palabra. Volvieron a atravesar el laboratorio hasta llegar a una puerta firmemente cerrada.
_Podrían detenernos por hacer esto_ advirtió.
Con decisión, abrió la puerta y tiró de él hacia el interior de la habitación, un gran frigorífico de pulido y brillante aluminio era todo el contenido tan fuertemente protegido, cerrado con otra cerradura electrónica y otra contraseña.
_Tienes ante ti el fin de la humanidad, Severus_ dijo señalando tubos de ensayo tapados, conservados en frío, envueltos en un espectral humo blanco.
_Virus, bacterias, enfermedades mortales para las que no se conoce cura... podríamos coger cualquier vial de estos, esparcerlos por el mundo y matar a la población indiscriminadamente.
"Podríamos coger este_ dijo señalando uno en concreto_ fabricar la vacuna adecuada, proteger a aquellos a los que consideramos dignos y dejar que el resto del mundo se consuma. ¿Lo imaginas, Severus? Acabaríamos con la superpoblación y la escasez de recursos, el hambre, la mendicidad, el paro, la debilidad humana... construiríamos un mundo más equitativo entre los supervivientes, empezar de cero. Un orden nuevo, ¿te suena eso?
Severus no la reconocía mirando con determinación los cristales que constituían su particular caja de Pandora.
_No hace falta dominar la magia, ni siquiera la magia tenebrosa, para producir un gran daño.. cualquier imbécil puede empuñar un arma. Por eso no me asusta que quieras dominar las artes oscuras. Lo que me asusta, es que no seas capaz de hacerlo.
Chica lista, había metido el dedo en la llaga. Una cosa era conocerlas y otra muy diferente controlarlas. Severus apretó los dientes.
_"Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes".
Parecía que ella citaba a alguien.
_No juegues. Hay cosas con las que es mejor no jugar. Ya no tienes a Lily para que te recrimine tu actitud, ni está Dumbledore para reconducirla, no existe ningún Voldemort para frenarte. Sólo tienes a una insignificante muggle, lo bastante ida como para abrazarte cuando llegas contando que "casi" matas a alguien... porque te ha tentado ver que podías hacerlo.
Snape escuchaba pensativo su discurso duro y conciso. "Insignificante" no la describía en absoluto. Su voz se tornó opaca.
_Yo puedo matar a cientos, a miles, a millones... a miles de millones. ¿Crees que debo intentarlo solo porque puedo?
Por primera vez desde que llegó a su apartamento le miró a los ojos.
_ ¿Qué querías hacerme en casa? ¿querías hacerme el amor? No sentí tus manos, Severus_ dijo mientras empezaba a quitarse la camiseta_ sentí unos fríos y viscosos tentáculos reptando por mi piel mientras tú estabas separado de mí por una colcha.
Severus miró su torso desnudo, tenía pequeños hematomas, rasguños en algunos lugares. Sus ojos negros se abrieron como platos al reconocer las marcas que una vez curó.
_Y no era la primera vez que los sentía. Y tengo toda una pared llena de retratos que pueden dar fe de que no me resultó agradable_ Se puso la camiseta y bajó la cabeza_ Ahora, llévame a casa.
