Vale... es cierto... había abandonado este fic a la espera de ver una buena peli de superhéroes. En vista de que no tengo dinero para ir al cine y ver alguna nueva, he vuelto a ver una que me encanta y punto (Seguro que lo notaréis XD). Y es que me habéis insistido para que siga así que... en fin, la seguiré, no me gusta dejar las cosas así.
Mills, temo que las cosas aún pueden ir a peor... no te haces una idea.
Love, subestimas a Aurora... ¿O acaso la sobreestimas?
K.E... ¡Está bien, he actualizado!
Esta bien, la continúo, Guest misterioso... pero espero Reviews... ¡O no sigo!
Aurora
Regina estaba extrañamente silenciosa mientras conducía de camino al trabajo. Yo estaba algo nerviosa por acudir al ayuntamiento el primer día, y en parte preguntándome por qué no lo había convertido en un palacio. Acariciaba ligeramente su pierna, para tratar de llamar su atención, y si bien ella sonreía, no me decía nada en absoluto.
_ Amor…_ La llamé, melosa._ ¿Te pasa algo?
_ No, cielo._ Me dijo, en ese momento, aprovechando que estábamos en un semáforo en rojo, se acercó y me dio un suave beso en los labios._ Sólo estaba pensando un poco en el trabajo de hoy, es todo.
Volvió a arrancar y yo me mantuve un poco en silencio durante el resto del trayecto. Lo cierto es que nunca había andado del brazo de una mujer tan sexy y poderosa como ella. Lamentablemente aquella vez no había un tumulto de periodistas frente al ayuntamiento que nos sacaran mil fotos y sacaran una noticia sensacionalista, eso me habría gustado.
Cuando entramos en el edificio, la secretaria de Regina me miró con ojos fríos, y no me dirigió la palabra antes de acercarse a su jefa.
_ Buenas días, Regina. Aquí tienes tu café._ Dijo, dejándoselo en la mano._ ¿Quién es esta mujer?
_ Soy Aurora, su novia._ Le dije, como un ataque contra su comportamiento.
_ Oh… entiendo._ Suspira._ Es un placer. Regina, tienes los informes que querías en tu escritorio.
_ Muchas gracias Mal._ Respondió, le dedicó una sonrisa y entró en el despacho.
_ No me gusta tu secretaria._ Dije, mirando a Regina._ Deberías despedirla.
_ No seas tonta, cielo. Es muy eficiente. No tiene caso despedirla por ser algo arisca._ Dijo, revisando los documentos.
Me mordí el labio, frustrada. Eso era lo que me resultaba extraño de Regina. Estaba claro que había caído bajo mi hechizo, pero sin embargo, aunque estaba enamorada perdidamente, como debía ser, no era una completa esclava de mis deseos como solía ocurrir con mis otras amantes. Y era algo que me frustraba.
_ ¿Y si intento convencerte?_ Odiaba que me dijeran que no.
Me senté entre sus piernas, uniendo nuestros labios afanosamente. La rodeé con los brazos, acariciando su pelo y dejándome llegar. Los labios de Regina sabían a gloria.
Emma Swan
La promesa de recuperar mis poderes retumbaba en mi cabeza impidiéndome pensar con claridad. Deseaba volver a ser Skyward Star más que nada en el mundo. Jamás me imaginaba que Regina, mi archirrival, querría devolverme mi puesto como heroína. Iba con una sonrisa en los labios a la oficina, sin tener la más mínima idea de dónde me estaba metiendo. Maléfica no me avisó y cuando quise darme cuenta, me encontré a Regina entre los brazos de una mujer que me era totalmente desconocida.
Sentí cómo mi corazón se rompía en pedazos en aquel momento. Yo empezaba a sentir que entre Regina y yo había algo pero… ¿Cómo iba a haberlo cuando ella sólo veía a una friki inútil que le llevaba los cafés? Me di la vuelta y salí corriendo, sin intención de mirar atrás.
Me senté en un banco frente al ayuntamiento, suspirando. Cuál sería mi sorpresa cuando, poco después, la mujer que había visto sobre Regina se sentó a mi lado. Sentía el corazón ardiendo de rabia cuando la mujer me miró con esa sonrisa.
_ Escucha… yo._ ¿Qué iba a decir? A fin de cuentas, Regina no era nada mío.
Pero la mujer no me dejó decir nada. Me atrajo hacia ella con una fuerza sorprendente y entonces sentí cómo mi corazón empezaba a latir desbocado de nuevo. De repente Regina no importaba. Nadie importaba, salvo aquella mujer que tenía frente a mí. La abracé y besé con intensidad, viendo que no había nadie a nuestro alrededor.
_ De rodillas, ricitos de oro._ Me dijo._ Me tienes que dar el orgasmo que Regina iba a darme.
Yo sonreí, como una tonta, y me metí bajo su vestido, saboreando su sexo con intensidad. Ya no quería ser Skyward Star de nuevo. Quería ser la esclava de esa mujer cuyo nombre aún no sabía. No me detuve hasta que la oí lanzar un grito de satisfacción.
_ Buen trabajo, ricitos. Y ahora límpiate._ Dijo, lanzándome una servilleta.
Yo la tomé, y antes de hacer nada la olí. El papel estaba mezclado con el olor de ella. Me limpié la cara, aún cubierta de sus flujos pero, en lugar de tirar el papel, me lo comí, porque sabía a ella. Mi ama y señora se rio de mi acto y me tomó por el mentón.
_ Ahora vas a hacerme un favor._ Dijo, muy seria.
_ Haría cualquier cosa que me pidieras, mi amor._ Le dije, sonriendo estúpidamente.
_ ¿Matarías a Regina por mí?_ Debió verme dudar, porque me acercó más a ella._ ¿O acaso quieres tener que compartirme con ella?
_ No quiero…_ Dije, mirando sus pechos con deseo. Aún no los había probado, y era culpa de Regina.
_ Entonces la matarás por mí. Sabes que es lo correcto._ Dijo, poniendo una daga en mis manos.
_ La mataré por ti._ Repetí._ Es lo correcto.
_ Bien… la seducirás y la matarás. Quiero que todos sepan que me fue infiel.
_ Lo sabrán._ Repetí. Me acostaría con Regina delante de todos si fuese necesario.
_ Entonces, ven conmigo._ Me dijo.
Regina Mills
Habían pasado horas desde que Aurora me había dicho que ella iría a hablar con Emma. Me había dado unos papeles para que los firmase y había desaparecido. Yo había seguido trabajando, ocupándome de esto y de aquello, preguntándome dónde estaría mi becaria y dónde estaría mi amante. Aunque lo cierto es que las estaban arreglando bastante bien sin ayuda.
Había terminado con todo el papeleo que tenía pendiente cuando la puerta del despacho se abrió y Emma hizo acto de presencia. Aunque, lo admito, me habría resultado difícil reconocerla. Se había alisado el pelo, no llevaba sus gafas y se había maquillado. Llevaba una blusa que formaba un escote la mar de atractivo, hasta el punto de que me parecía que se dejaba entrever uno de sus pezones. Sus vaqueros, ajustadísimos, dejaban marcados todos los trazos de su culo, e incluso me parecía ver su sexo si me fijaba.
_ Tiene usted un evento social esta noche, alcaldesa._ Dijo. Parecía haber olvidado todo el incidente de Aurora._ He contactado con su novia y me ha dicho que no podrá acompañarla. ¿Puedo sugerir ser su acompañante?
_ Emma… no sé si…_ Dije, poco convencida.
_ Por favor… insisto._ Dijo, poniéndose junto a mí.
Había algo en ella… en su olor, que me hizo tomarla del cuello y besarla apasionadamente. Por algún motivo, mi juicio sobre Aurora estaba nublado. Mis manos acariciaron el culo de Emma, sobándolo y dándose cuenta del gusto que me daba tocarlo.
_ ¿Lo tomo como un sí, Alcaldesa?
_ Sí… me parece bien._ Dije, separándome de ella.
?
_ ¡Otra copa, inútil!_ Exclamé.
Y os estaréis preguntando… ¿Quién coño soy yo y qué hago en medio de vuestra pastelada SwanQueen? Sí, pastelada. Si salgo en algo por castigo y además tengo que ser un personaje secundario, lo llamo pastelada, y por no llamarlo puta mierda. ¿Qué se siente al escribir que tu fic es una mierda, SombraSST? Vale… vale… no es una mierda. Pero oye… tienes que admitir que yo he subido el nivel.
_ Oye Amy… ¿Te has quedado empanada otra vez?_ Me preguntó el camarero, dejando la cerveza delante de mí.
_ Estoy hablando con los fans. ¿A ti que más te da?_ Le dije, cogiendo la copa y bebiéndomela de un trago.
_ Amy… estamos solos tú y yo. Creo que te has pasado.
_ ¿Con la birra?_ Bufé._ Tendría que beberme cuatro de tus barriles para que me hiciera algo. Anda… me largo. Apúntaselo en la cuenta al autor de todo esto.
¿Y ahora qué? ¿Tocará salvar a la alcaldesa y a la heroína? Aunque la parte en la que se convierten en una panda de salidas es divertido. ¿A mí cuando me toda follar? No es como si no hubiese tenido mi parte en otros fics… pero aquí también quiero.
Salí del bareto y me subí a la moto, dándole un giro al acelerador. Quedo de puta madre mientras acelero y pego un salto sobre una valla. Pero claro… hay cambio de escena, así que me quedo a medias.
Emma Swan
Cuando activé la videollamada no me sorprendió en absoluto ver a Aurora violando salvamente a Zelena. Todo aquello era natural, después de todo. La mujer verde gruñía sin remedio, mientras Aurora se movía sobre ella. La superfuerza de la mujer esmeralda no parecía servir de nada contra las embestidas del consolador rosa que la castaña llevaba colocado sobre su sexo. Cuando ambas alcanzaron el orgasmo, tosí, para indicar que la llamada estaba activa.
_ ¿Disfrutabas de las vistas, Emma?_ Preguntó Zelena, riéndose.
_ Bastante. Las tetas de Aurora son tan bonitas como me esperaba._ Dije, mientras tomaba una jeringuilla de mi bolso._ Todo va según el plan. Estoy a punto de Recoger a Regina.
Me llevé la jeringuilla al cuello, y me la clavé, vaciando su contenido. El efecto fue instantáneo. Mis pechos se pusieron de punta y casi dio la sensación de que habían crecido una o dos tallas por la forma en la que se aplastaron con mi encorsetado vestido.
_ Te dije que la mitad de la jeringuilla, amor._ Se rio Aurora._ La idea es que las feromonas afecten a Regina, no que te corras en cuando te las pongas.
Eso tenía gracia, porque mi sexo estaba tan encharcado como cabía esperar. Pero me supe sobreponer y me incorporé. La daga estaba escondida en un compartimento secreto de mi bolso. Por poder, bien podría haberla matado en cuanto saliese, pero primero tenía que arruinar del todo su reputación.
Regina Mills
Lo primero que pensé al ver el vestido de Emma fue que era inapropiado. Era un minivestido tan corto que casi se veían sus bragas. De hecho, si se movía un poco, eran claramente visibles, eran de encaje negro. Su escote estaba tan apretado que sus pechos estaban marcadísimos, y uno de los pezones asomaba una vez más. Estaba a punto de decirle que se cambiase, cuando el olor de lo que supuse debía ser su perfume llegó a mis fosas nasales, y me sentí rendida a sus pies.
La tomé del cuello y le di un beso apasionado. Ella sonrió y se subió a mi coche. La dejé conducir, aunque lo cierto es que si nos paraba la policía tendríamos un grave problema a menos que usase mis poderes. Lo cual siempre me daba mala imagen.
Pero no hubo contratiempo alguno. Llegamos y Emma posó para las fotos a mi lado. Parecía totalmente cambiada. La gente hacía comentarios sobre la ropa de Emma, pero yo estaba tan hechizada que ni me percataba de ellos. Tampoco me percaté de cómo Emma aprovechaba cada ocasión para besarme en público a pesar de que la noticia más reciente que había sido publicada sobre mí era la de mi relación con Aurora.
Emma Swan
No podía aguantar más. La excitación había ido creciendo más a medida que la noche avanzaba. Ya habían hecho varias fotos de mis bragas transparentadas que serían las delicias de la prensa rosa. Pero yo quería más. Necesitaba a Regina, y no iba a posponerlo más. Aurora me negaba sus mieles, y mi deseo por la alcaldesa cada vez era más intenso.
_ Ven conmigo._ Le dije, tirando de ella. El poder de las feromonas era impresionante.
Ella me siguió hasta un escenario que había en aquel centro de convenciones. La tumbé sobre la madera y Regina hizo un gesto de la mano que cambió mis bragas por un enorme consolador negro. Estaba tan ansiosa como yo. La besé con lujuria, y bajé las tiras de su vestido para mostrar su pecho. Lo devoré, ansiosamente, mientras ella bajaba el mío con facilidad. Yo tuve que deshacerme de un sostén, ella no tuvo que hacerlo. Yo mordía sus pezones con furia, mientras ella maltrataba mi pecho con sus manos.
La empujé de nuevo contra la madera y la penetré con furia. En ese momento distinguí a la figura de Aurora a un lado del escenario, que con gesto mañoso, subía el telón. Atrapé las manos de Regina entre las mía, y empecé a penetrarla con furia ante la vista de todos. Los flash empezaron a encadenarse uno tras otro, mientras yo daba el mayor espectáculo que jamás se había dado. Cuando ambas alcanzamos el orgasmo incluso saludé al gran público escandalizado que sin embargo no dejaba de sacar fotos. Aurora bajó el telón y supe que era mi momento. El instante que había esperado.
Regina estaba exhausta, con una sonrisa de satisfacción mientras yo alcanzaba mi bolso. El puñal se deslizó entre mis manos y, ante una mirada de horror de Regina, lo clavé en sus estómago, una vez y otra, provocando que la sangre azul se esparciera por todas partes. Aurora sonreía, mirándome con orgullo.
