La pareja Drake paseó por Giethoorn durante todo el día, caminando por cada puente, pasando por cada canal, mirando cada casa. Comieron dentro de la cabaña, e hicieron el amor en el jacuzzi, entre burbujas de agua caliente y vidrios empañados.
Al día siguiente, Edna le mandó una foto del lugar a Elena y Nathan, para que murieran de envidia, y luego se acercó a su esposo, que la esperaba sentado en una hamaca entre dos árboles, detrás de la casa. Un lugar sumamente tranquilo, lindando con un pequeño bosque, con el cerezo en flor justo en sus cabezas.
Samuel la vio llegar junto a él, la ayudó a subirse, y ambos se quedaron acurrucados, colgando suavemente, meciéndose con el ritmo de la brisa y del baile del sol entre las hojas. Aun así, él había percibido algo.
- ¿Qué te preocupa, princesa?- Él acarició su cabeza, en su pecho.
- Nada…
- Edy…
- Es que… estoy pensando…
- Si me lo dices, seremos dos pensando…
- De hecho…- Ella se acomodó, sentándose un poco, para mirarlo mejor- Si… Mas cuando te incumbe tanto.
- ¿Entonces?- Acarició su brazo, recostado, con su otro brazo detrás de su cabeza.
- Cuando le mandé la foto a Elena y Nate, ella me respondió, todo normal. Y pensé en ella, en ellos… en… los tres.
- A penas si tiene dos meses de embarazo, ellos pueden ser tres, cuatro, cinco…
- No imagino a Nate con trillizos- Sonrió suavemente.
- ¿Y? ¿A qué te llevó ese pensamiento?
- ¿Tu estas consiente de que en cualquier momento me volveré menopaúsica?
- ¿Qué hay con eso?
- Samy… Que estoy en tiempo límite…
- No entiendo de que me estás hablando. Dime las cosas directamente Edna, que soy tu esposo…
- Hijos, Sam, hijos- Ella se frotó la cara- ¿Quieres tener hijos?
Samuel miró a ella y luego miró a la nada, pensando. Realmente nunca se había puesto a analizar eso.
- Porque si quieres tener hijos, tendremos que apresurarnos- Continuó Edna- Ya no somos jóvenes, y más allá de que seamos sexualmente muy activos, quizás nuestras semillas caducaron hace mucho tiempo, o están a punto de hacerlo. No quiero que en unos años quieras tener hijos y nos digan que es muy tarde, que tus pececitos no nadan.
- ¿Mis pececitos…?- Rio con fuerza- Ay Edy… Eres adorable…
- Ya, en serio- Sonrió ella, palmeando su estómago.
- Es complicado. ¿Qué hay contigo? ¿Quieres hijos?
- Supongo- Se arqueó de hombros.
- ¿Supongo?
- Es que… Una parte de mi quiere tenerlos, pero otra parte de mí se acuerda de las veces que tuve que ayudar a criar a mis hermanos, o incluso con Nate.
- Yo también tuve que criarlo, no te olvides de eso. ¿Y sabes qué? Al menos ambos sabemos las nociones básicas de crianza. Imagina a Nathan y Elena, que son "primerizos"
- No es lo mismo un hermano que un hijo.
- Eso es cierto. ¿Y entonces que me dices? ¿Traemos un Drake?
- Espera, Sam ¿Tan solo así? ¿No vas a pensarlo?
- ¿Qué hay que pensar? Yo quiero un hijo tuyo… O hija… Tú también quieres…- Acarició su cintura- Propongo lo siguiente… Vamos a pasar estos nueve días en Giethoorn para hacerlo en todos lados. Cuando volvamos a Nueva Orleans, te harás una prueba de embarazo. Así nos aseguraremos de que nuestro Drake sea "industria Giethoorn".
- Estás loco- Rio ella.
- Tal vez, cariño- Sonrió seductoramente, pasando su mano por debajo de su ropa.
- Samy…
- Podemos empezar ahora- Gruñó.
- Aquí afuera no… Nos pueden ver…
- Precisamente- La obligó a acostarse sobre él- Es la zona más alejada de Giethoorn, dudo que alguien pase por aquí… Y si lo hace…
- Eres malditamente imposible- Ella sintió el bulto duro que la llamaba- Harás que nos echen.
- Cariño…- Besó su cuello- Sabes que una vez que me enciendo…
- No podemos hacerlo en la hamaca, se romperá.
Él se levantó, gruñendo suavemente, tomándola de las manos y llevándosela entre los arboles cercanos. La colocó de espaldas contra el cerezo en flor, para que los ocultara un poco, y de inmediato la besó profundamente, acariciándola, estrujando sus nalgas.
- He leído que las flores puede aumentar la fertilidad- Él besó su cuello.
- ¿En… serio?- Murmuró ella.
- No.
Edna rio suavemente, mientras sentía sus manos firmes recorrer su espalda y enardecerla. Lo vio bajar sus manos, desabrocharle el pantalón y sacárselo, mientras la miraba, hacer lo mismo con su ropa interior, para luego desabrocharse el suyo y dejar libre a Drako, firme y caliente.
La apretó contra el árbol, mientras ella se abrazaba a su cuello y subía ambas piernas, para encadenarse en su cintura. Él la sujetó firmemente de las nalgas, sosteniéndola con la fuerza de sus brazos, entrando velozmente en ella.
Samuel empezó a moverse y a moverla, subiéndola y bajándola, sintiendo su respiración en su boca. Cada embestida movía imperceptiblemente el árbol, haciendo caer algún que otro pétalo de cerezo.
Hicieron el amor salvajemente, tratando de no ser excesivamente ruidosos. Y cuando la pasión comenzó a llegar al punto más alto, Edna sujetó sus cabellos y tiró, con fuerza.
- ¡Mierda! ¡Si!- Sonrió él, aumentando su fuerza- ¡Mi amor! Más fuerte cariño… más fuerte…
- No quiero… lastimarte…
- No lo harás… Vamos… Hazme doler…
- Samy…- Ella tiró con aun más fuerza.
- Sigue… Sigue…- Gimió, moviéndola frenéticamente.
- ¡Ho Dios! ¡Samy!
Ella intentó contener su alarido, estremeciéndose del placer, sin darse cuenta de cuanto estaba tirando de su cabello. Lo sintió exclamar, temblar, llenarla.
- ¡Dios! ¡Dios mío!- Gritó él, sin moverse- ¡Edy! ¡Sigue tirando! ¡No pares! ¡Voy a…! ¡Voy a…!
Agotada, ella siguió jalándolo. Lo vio cerrar los ojos con fuerza, sacudirse violentamente y clavarla contra el árbol mientras gritaba como poseído por el dolor. Y volvió a sentirlo dentro de ella, caliente.
Luego se quedó estático, temblando, con sus piernas cargadas de espasmos, respirándole en el cuello como un caballo en plena carrera.
- Samy…- Ella lo soltó un poco, bajándose de su cintura- ¿Acabas… de llegar… dos veces?
- Si- Se quejó, riendo, en su cuello.
Ambos se quedaron quietos, agotados, riendo. El maratón de Giethoorn recién comenzaba.
