Con el sol bajo, luego de acurrucarse juntos y hablar tonterías, desnudos, él por fin pareció empezar a desvelar un misterio de su luna de miel. Por alguna razón extraña, en Londres, Drake había salido relativamente temprano y había vuelto casi luego de una hora, con una bolsa oscura. Él le había dicho que era una sorpresa, que esperara, pero con el transcurso de los días, Edna seguía pensando en lo que él había traído. Su curiosidad la estaba matando.

- ¿Sabes?- Él dejó una caja cerrada entre sus piernas, sentado en el medio de la cama- Es algo que vi de casualidad, en su momento. Me entusiasmé comprando cosas para nosotros.

- Muero de la intriga- Se sentó enfrente de él- Tardaste bastante aquella tarde.

- Bueno… Había cosas que no sabía para que eran…

- Quiero ver.

- Ho… Espera… Hay un par que son sorpresas, en su momento las verás…- Sacó una bolsa con cosas, que colocó detrás suyo y volvió a mirar la caja entreabierta- Veamos… Estas son para mí. Extiende las manos y cierra los ojos, a ver si adivinas.

La mujer sonrió, extendiendo las manos. Sintió algo muy lanudo y suave, aunque algo firme. No tenía ni idea.

- ¿Qué?- Ella abrió los ojos.

En sus manos tenía un par de grilletes lanudos, de pelaje azul y con unas pequeñas cadenas uniéndolas. Era obvio para que eran.

- ¡Sam!- Rio Edna- ¿Fuiste a un Sex Shop?

- Para la próxima vamos a ir juntos.

- Bobo…

- Las vi y recordé aquella vez, que debemos repetir, donde me quedé agarrado a los barrotes. Será más cómodo con esas… Y por si me vuelvo muy gritón en esos casos…

Drake le extendió un extraño trozo de goma negra, de unos diez centímetros, relativamente blando.

- En vez de morder las sábanas- Dijo él- Puedo morder eso.

- Que precavido.

- Esto, por si quiero limpiar- Le mostró una especie de mini plumero.

- Claro- Rio.

- Una banda negra para taparnos los ojos- Mostró un trozo de tela negra.

- Buena idea.

- Y la vendedora me vendió esto… Después de ver todo lo que compraba, me lo recomendó para los dos, aunque no me explicó para que… Pero no lo entiendo… Creo que le falta algo.

Él le colocó un pequeño aparato en la mano. Edna rio con fuerza. Era una especie de argolla regulable con una cajita rosada pegada en el medio. Parecía un reloj en miniatura.

- ¿En serio?- Siguió riendo ella- Cariño…

- ¿Qué?- Sonrió- ¿Qué es?

- Dame tu mano.

Samuel le acercó la mano. Ella tomó el aparato, colocó un par de sus dedos dentro de la argolla, la cerró y lo encendió. Él la miro, sorprendido, sintiendo la vibración.

- ¿Es para mí…?- Él miró hacia abajo- ¿Drako?

- Es para Drako- Ella lo apagó- Pero en el momento, también me servirá a mi…

- Fabuloso- Él lo dejó aparte y sacó algo mas- Es como este.

En sus manos tenía un tubo de veinte centímetros, liso, color dorado, el cual encendió desde la parte posterior, dejando oír un zumbido.

- Eso también puede servir si tienes alguna contractura muscular- Sonrió ella.

- Lo usaré para todo, menos para eso- Lo dejó aparte y sacó una pequeña bolsa- También traje condones con efectos.

- ¿Por ejemplo?

- Veamos- Empezó a sacar y leer algunos- Efecto frio, de colores, efecto caliente, de sabor, otro de sabor, efecto retrasado.

- Tú no tienes problemas con los tiempos, Samy.

- Curiosidad - Se arqueó de hombros- Aunque no los vamos a usar en Giethoorn. Ahora cierra los ojos y saca la lengua.

Ella lo hizo, medio sonriendo. Oyó algo y luego sintió una pequeña gota caerle en la lengua.

- Prueba- Dijo él, viéndola saborear.

- ¡Hey!- Ella abrió los ojos- Esta rico. ¿Cereza?

- Exacto- Le mostró un pomo grande de lubricante.

- No lo vamos a terminar nunca.

- ¿No?- La miró, picaronamente- También compré uno de vainilla, que sabes que me encanta la vainilla. Uno con propiedades cicatrizantes y dos que te van a encantar.

- ¿De qué?

- Abre.

Volvió a colocarle una gota en la lengua, pero de un pomo distinto. Ella lo saboreó, sorprendiéndose.

- ¡Qué bueno esta eso!- Saboreo más- Chocolate… Que rico… Me dan ganas de usarlo para repostería.

- Pensé lo mismo- Rio- Por eso compre dos. Golosa.

- ¿Algo más?

- No, de momento. Ya iremos los dos y veremos si hay algo más…- Colocó todo en la caja.

- ¿Y lo que tienes ahí detrás?

- ¿Esto?- Le mostró una bolsa negra- Prométeme que no lo abrirás. Mañana te daré uno, pasado el otro.

- Prometido, pero ¿Por qué hoy no?

- Porque hoy me merezco un trato especial ¿No crees?- Él tomó los grilletes- Quiero estrenarlos…

- Bueno… Tendrás que convencerme…

Drake la abrazó, casi por sorpresa, frotando ampliamente su piel con sus manos, besando su cuello lenta y profundamente, en especial en el punto donde ella parecía amar esa clase de besos, justo en su garganta, en la unión de su barbilla con el cuello, y en su tatuaje.

- Cariño…- Masculló ella, acariciándole el cabello- Eres irresistible…

- Te adoro…

- Prepárate…

Samuel sonrió, mientras se mordía el labio. Le esperaba uno de sus encuentros favoritos.