Edna sentía como él la besaba como podía, mientras permanecía agachada sobre él, atrapando sus manos en los grilletes.
- ¿Están bien así, cariño?- Ella le acarició la mejilla- ¿Oprimen mucho o algo?
- Están perfecto, amor…- Miró sus ojos.
- ¿Quieres también la goma para la boca?
- Claro… Puedo escupirla si me molesta.
- Dame la palabra segura.
- No la voy a usar- Sonrió.
- Samy… Es por seguridad…
- Bien… Bien… Moneda.
- Bien… Y si no puedes decirla, chasquea los dedos varias veces ¿Si?
- Si mi princesa…
- Muchachote- Besó su boca dulcemente- Disfruta.
- Te amo…
- Yo a ti…
La mujer tomó el trozo de goma y suavemente se lo colocó en la boca, a lo que él la mordió.
Luego ella se dedicó a besar su cuello, su tatuaje, su pecho y estómago, lenta y suavemente, acariciándolo, lamiéndolo. Para cuando llegó a su cintura, él estaba totalmente listo. Ella había acercado la argolla vibratoria, sin que él se diera cuenta.
- Veamos si a Drako le gusta esto- Sonrió ella mientras colocaba el aparato en la base de su miembro.
Cuando lo encendió, ella lo oyó ahogar quejidos y arquearse levemente, con los ojos cerrados.
Ella empezó a acariciar su pene, estrujarlo, moverlo, viendo que él se quejaba gratamente, sonriendo a veces. La mujer ya conocía que puntos específicos tocar para catapultarlo al placer, por lo que no tardó mucho en oírlo gruñir largamente y expulsar bastante material.
- Muy bien cariño- Ella lo acarició- ¿Quieres usar la palabra segura?
Lo vio negar, mientras se contorsionaba un poco. Ella lo había preguntado por si acaso, pero sabía que él no iba a ceder tan fácilmente.
- Ese es mi hombre…
Edna comenzó a succionarlo con su boca, sintiendo la vibración, deleitándose de verlo tan fuera de sí, tirando de los grilletes, con las manos cerradas con fuerza. Esa hiper sensibilidad extra que tenía, parecía enloquecerlo.
Y por un buen rato se quedó agachada en su cintura, practicando sus mejores movimientos. Por supuesto, si bien había tardado un poco más que la primera vez, su grito ahogado volvió a aparecer, más fuerte y largo.
- ¿Usas la palabra mi amor?- Le preguntó ella.
Sam se quedó quieto, con los ojos cerrados, cansado, sudando. Edna sonrió mientras tocaba nuevamente el cuerpo de Drake.
- No, no, muchachote- Ella lo estrujó, viendo que "Drako" se estaba debilitando- Vamos… Una más cariño… Vamos…
Lo oyó quejarse, y vio que su cuerpo volvía a responder.
- Eso es… Estas hirviendo…
Ella rápidamente se sentó en su cintura, permitiéndole entrar. Y le encantó poder sentir la vibración llegando a su vagina a través de él.
- ¡Dioooos!- Samuel escupió el trozo de goma.
- ¿Quieres… decir la… palabra?
- No… No… ¡Dios!- La miró, tirando de los grilletes, casi desesperado por agarrarla- ¡Princesa! Vamos… Muévete por mí…
- Si…- Ella empezó a subir y bajar, con fuerza.
- Si… Eso es… No pares… Quiero que llegues para mi… ¿Puedes… cariño?
- Oh cielos…
Edna subía y bajaba rápidamente, poseída por el placer de sentirlo tan duro y caliente, vibrando. Casi no podía soportar más. Automáticamente sus músculos de Kegel empezaron a presionar.
- ¡Si! ¡Si!- Drake gritó- ¡Así Edy! ¡Justo así!
- ¡Si! ¡Samy!
Ambos llegaron deliciosamente, uniendo sus alaridos. Ella se apartó, viéndolo resoplar, sudado, agotado.
A pesar de su cansancio, ella acarició suavemente la punta de su pene, enrojecido, que comenzaba a decaer.
- No… No…- Él se movió- Ya no…
- Sabes que no te creo- Apretó delicadamente- Solo creo en una palabra…
- No…- Se quejó.
- Aparentemente el multi orgásmico, aquí, eres tu- Siguió frotándolo, sintiéndolo endurecerse de a poco- Travieso.
- No más… Mi… Reina… Por favor…
- ¿En serio?- Edna sonrió y acarició su cabello, antes de tirar de él- ¿Eres un perro malo?
- Soy un…- Gruñó suavemente- un perro malo…
- ¡Lo sabía!- Lo masturbó con fuerza- ¡Perro malo! ¡Serás castigado!
- ¡No! ¡No!- Se quejó, cerrando los ojos, tirando de los grilletes- ¡No más! ¡No más! ¡Lo siento mi Reina!
- No te mereces que te perdone… Te mereces ser castigado.
Shaareim se agachó en su cuello, empezando a morderlo. Y poco a poco mordió sus brazos, sus hombros, su pecho y estómago. Algunas veces con la fuerza intencional como para dejarle la posibilidad de una marca para el día siguiente.
Luego se acomodó cerca, con su mano derecha masturbándolo y su izquierda tirando su cabello. Con su boca cerca de su oído, se dedicó a susurrarle cosas por largo rato, mientras lo veía divagar entre el dolor y el placer, tirando de sus grilletes.
- A tu Reina le gusta oír a su Mascota- Chupó el lóbulo de su oreja- Ruega…
- Mi Reina- Gimió, casi sin voz- Por favor… Hágame llegar… Por favor… Te lo ruego…
- Buen chico- Mordió suavemente su cuello mientras, con la palma de su mano, frotaba la punta de su glande con movimientos circulares- Así me gusta…
- Oh… Si…- Tembló suavemente- Dios… Así… Edy… Así… Suave…
- ¿Te gusta que te haga de todo? ¿He?- Le murmuró en su oído- Eres pura delicia.
- Te amo tanto… Edy…- Giró su rostro cansado, para mirarla- Bésame…
Ella sonrió, besando lentamente sus labios, con sus manos ocupadas en darle placer en dos formas diferentes.
Y poco a poco, con sus movimientos suaves en su entrepierna, lo vio respirar entrecortadamente. La mujer afirmó su agarre de sus cabellos, tirando con más fuerza, sin acelerar, mientras besaba su frente suavemente.
- Dios... Dios…- Él empezó a estremecerse- ¡Dios! ¡Edy!
Samuel gritó ahogadamente, extenso, encorvándose, sin poder eyacular prácticamente nada.
- Moneda… Moneda…- Gimió, empapado en sudor.
Su esposa abrió sus grilletes, ayudándolo a recobrar la postura. Se quedó a su lado, acariciando su mejilla, sonriendo, besando su piel de vez en cuando.
- Gracias… cariño…- Él tomó una de sus manos.
- Tu descansa- Ella besó su frente- Voy a limpiarte.
Drake se quedó quieto, agotado, sintiéndola pasar un paño húmedo por su piel, cuidarlo.
