Paula agitó la mano buscando el despertador, debía estar más lejos, alargó más la mano.

Severus abrió un ojo despertado por el ruido.

_ ¿Le resulta cómodo el suelo, señorita Demons?

Paula se había caído del sofá buscando un sonido inexistente.

_Cualquier cosa,_dijo con la voz pastosa_cualquier cosa es más cómoda que ese sofá. Tengo los huesos molidos...

En realidad no había sido el sofá sino la obligatoriedad de dormir apretados y en la misma postura, demasiado agotados para subir a la cama. Si se podía llamar dormir a cabecear durante un par de horas.

_¿Qué hora es?_preguntó ella.

_Hora de levantarse.

Demons protestó. Quería dormir, en su cama si era posible. Había sido un día largo, el encuentro con Hagrid, la tarta con Severus (perdón, el señor Crow), la visita a la tienda de muebles para comprar un espejo y la discusión para tenerlo esa misma noche, la eterna espera, la visita a su laboratorio, la casa de Snape, el libro, el cómodo sofá... el incómodo sofá. Le dolía todo, tenía sueño y hambre. Estaba de muy mal humor.

_¿Tendrás problemas en el trabajo?.

_Tengo libertad de horario, iré esta tarde_ miró el reloj_ mierda, ya es esta tarde.

_Llama a Deborah.

Snape señaló un teléfono en una mesilla auxiliar. Demons se levantó del suelo mirándole con los ojos entrecerrados. "Un teléfono que sabes usar y no me llamas, esta te la guardo".

_Dí que vas a faltar unos días, dí que tienes gripe y necesitas... estar en la cama_dijo con una voz profunda y seductora.

Snape la vió ruborizarse. Habló al teléfono quedamente unos segundos. Esa Deborah era un hacha en lo suyo. Lo suyo era facilitarle la vida a Demons... tanta disponibilidad le parecía un poco sospechosa. La idea de la imponente Deborah fantaseando con el menudo cuerpo de Paula le produjo una dolorosa punzada que desapareció cuando se dió cuenta que él no tenía que fantasear con ella y que estaba deliciosamente desnuda frente a sus ojos. Lo que le recordó que él también estaba desnudo, que había quemado dos túnicas últimamente y que sus recursos económicos no eran como los de ella.

_O dile que tienes una cita importante, con un amigo de tu padre.

No, no, no... ella tenía una cita importante con la ducha, un plato de huevos con bacon y su cama, a lo mejor no por ese orden.

_¿Tú no tenías que irte a Albania?

Se levantó casi de un salto y se acercó descalzo a ella, abrazándola.

_ Pensaba quedarme unos días, tengo que encontrar a Yaxley, dejarme convencer para unirme a ellos en esa locura... no es tan fácil... y pensaba quedarme ese tiempo contigo_ Snape torció la boca y exhaló quejoso_ ya veo que no me quieres a tu lado.

Demons se volvió y se puso de puntillas para engancharse a su cuello y besarle lentamente, enredando sus suaves piernas con las vellosas de él.

_Ni se te ocurra pensar eso, después de arrancarme la confesión de que voy a esperarte con la ventana abierta... no bromees con eso de que no te quiero a mi lado_ Su mirada era dura, Snape se puso serio y ella acarició su mejilla_ Estoy cansada, Severus. Me pongo muy irascible cuando estoy cansada.

Paula cerró los ojos mientras el mago la apretaba de nuevo entre sus brazos. Sintió una familiar sensación en la boca del estómago y cuando los abrió estaba en su piso. Ambos descalzos y desnudos, Adán y Eva. Demons se soltó de su abrazo y se precipitó al baño. Snape buscó algo que ponerse y empezaba a preparar café cuando la escuchó vomitar. Mejor té. Paula estaba saturada, extenuada, y la desaparición no había hecho más que revolver su estómago, que nada más había consumido casi una botella de champagne y una tostada fría desde ayer. Oyó el grifo de la ducha. No se atrevía a prepararle nada para comer, pero ella había pedido huevos y bacon y él también tenía hambre. Salió secándose el pelo con una expresión divertida. Nunca había esperado ver a Severus Snape preparando huevos revueltos en boxer en su cocina.

_No sé si querras comer._preguntó con precaución.

_Por supuesto.

Engullía la comida. Severus alzó una ceja pensando que le iba a sentar mal otra vez, pero devoró el plato y sin decir ni mú se metió en la cama. Dejando a Snape solo ante la mesa.

_Dame un par de horas de sueño ininterrumpido y luego iremos a ver a ese amigo de mi padre. Te prometo que me portaré bien para que consigas esa comisión en lo que quiera que sea que andes metido.

Desapareció debajo de la colcha y Snape sorbió su té en silencio. Nunca la había visto tan agotada,salvo después de recibir la marca tenebrosa. Tanta tensión le estaba pasando factura. Recogió con un movimiento de varita y tras ducharse rapidamente, se tumbó a su lado sin tocarla dándole suficiente espacio y comodidad. La miraba. Era maravilloso mirarla. Dormía con el entrecejo fruncido y parecía que hablara en sueños al mover los labios. Snape cerró los ojos. Dos horas... No, la dejaría dormir hasta que despertara. Habrá tiempo para fortalecer su economía mañana.

Pero ciertamente, se despertó a las dos horas y le despertó a él instándole a ir a ver a quién fuera y luego cenar en un buen restaurante y volver a casa para ver el efecto que causaba el espejo en el dormitorio. Snape se enfundó en uno de los trajes que Paula conservaba en su armario. Valoró escrutadoramente la vestimenta de Paula, la falda no era corta, tapaba sus rodillas pero enfundaba sus caderas lo mismo que la camiseta azul que se ceñía a su torso con un bonito escote en V adornado con un sencillo colgante, que dejaba más que suficiente a la imaginación. Pero, se abstuvo de comentar nada. Estaba preciosa. Estaba seductora. Uno de los motivos para conseguirle un laboratorio era que pudiera hacer lo que le viniera en gana en él. Si para buscar financiación tenía que ir "disfrazada" de niña buena, no tenía sentido conseguirle nada.

Se portó bien, ambos salieron de la reunión muy satisfechos. Paula desgranaba los planes que tenía al respecto de su laboratorio.

_¿Cómo que "su" laboratorio? dirá "nuestro" laboratorio?_dijo él alzando una ceja y con un tono de advertencia.

_Discutiremos los detalles en casa, después de una cena y una botella de vino.

Esa noche no discutieron nada, ni siquiera prestaron atención al espejo. Paula se quedó dormida en un lado de la cama, dándole la espalda pero enredando los pies con los suyos. Snape volvió a tener su antigua y recurrente pesadilla de verse a sí mismo arrancándose el corazón y necesitó abrazarse a su espalda para volver a dormirse.

Al cabo de unos días, Paula se acostumbró de nuevo a despertarse a media noche sofocada por el calor de Snape arrebujado contra su cuerpo o sobre su cuerpo. No le importaba, acariciaba su hombro, o su pelo, o su mejilla y volvía a dormirse satisfecha, sabiendo que se despertaría a su lado.

Snape fue invadiendo una parte de su salón, trayendo de su casa un caldero, redomas de vidrio, frascos de ingredientes.. Paula también incorporó probetas, matraces y tubos de ensayo. Trabajaban juntos por las tardes. Snape le explicaba que los pasos a seguir para que la poción elegida cambiara de color, señal de que habían logrado exitosamente la reacción y que se podía incorporar el siguiente ingrediente y ella analizaba los compuestos químicos y le explicaba las fórmulas que reaccionaban entre ellas, cambiando el pH del compuesto y por ende, su color. Discutían y aprendían uno del otro. Bromeaban. Snape le reñía por su descuidado trato a los ingredientes, ella se burlaba de su escrupulosa exactitud.

Cada vez la idea del laboratorio la entusiasmaba más. La seguridad que le reportaba tenerle a su lado la serenaba. La regularidad con que era devorada incansablemente por ese hombre la colmaba.

La felicidad era tenerle cada día.

Los intentos de localizar a los mortífagos por parte de Severus eran infructuosos.

Esperaba que Yaxley tardara mucho tiempo en aparecer, mucho, mucho tiempo.