Habían empezado en el baño.

Snape se estaba duchando después de que Demons le hubiera manchado "sin querer" con harina, mantequilla y huevos con los que trataba de hacer un bizcocho. La culpa la había tenido él, por supuesto y por su molesta nueva costumbre de "meterle mano" mientras ella estaba atareada e indefensa con alguna actividad manual.

Entró en el cuarto a llevarle ropa limpia. El blanco vapor inundaba el pequeño baño y la humedad del ambiente se le pegaba a la piel. Pero lo que la dejó momentáneamente paralizada fue la imagen de Severus desnudo, las manos apoyadas en la pared de la ducha y los ojos cerrados dejando que el agua limpiara su pelo y su rostro mientras delgados regueros caían sobre su pecho y su espalda.

¿Cuánto tiempo llevaban juntos? ¿Podían ser casi dos años? Era increíble que llevara la cuenta de los días que habían pasado separados, pero no los que habían compartido como si eso fuera lo natural. Estar juntos. Sin embargo cada vez que le veía desnudo, incluso desnudo sólo en parte, su cerebro se colapsaba. Se quedaba anonadada e inmóvil, con las pupilas dilatadas y sintiendo la respiración cada vez más pesada, como si el aire ardiera.

Su presencia la sobrecogía. Se embelesaba y se sentía arrebatada como los místicos. Sentía que su boca se abría y jadeaba o suspiraba y una imperiosa necesidad de tocar su piel la obligaba a acercarse. La mayor parte del tiempo disimulaba, se contenía, le miraba por el rabillo del ojo... pero le costaba, sobre todo cuando estaban solos.

Constataba que no solo la mente y la inteligencia de ese hombre la subyugaban, su físico la esclavizaba. Su pensamiento científico se iba por la ventana en el momento en que él se desabrochaba la camisa. De alguna manera intuía que todo se relacionaba. Tal vez había sido el encontrarse con su alma compleja y torturada, con su temperamento egoísta e intratable, con la posibilidad de atisbar un amor tan generoso como el que le había tenido a Lily. Tal vez tenía que ver con su carácter fuerte, poderoso y... dilo, oscuro. Todo eso compactado en un cuerpo alto y vigoroso, un torso lleno de cicatrices que anunciaba peligro a voz en grito, unos ojos capaces de herir con su frialdad e incendiar con su pasión y esa tremenda voz profunda: inquietante, perturbadora, placenteramente desgarradora...

Todo eso inundaba su garganta cuando la ropa se desprendía de su piel.

Eso y la habilidad de sus manos y su lengua y... bueno, pensó en un suspiro, todo.

Trataba de no pensar demasiado en ese efecto, esa capacidad inconsciente del mago por despertar su deseo, y ocultarlo era prioritario si no quería que él se burlara y sobre todo para que él no utilizara esa debilidad de ella para manejarla a su antojo.

Pero... (cierra la boca, por Dios, Paula, límpiate la baba) verle pasar distraidamente las manos por su pecho pálido lleno de cicatrices era más de lo que su líbido podía soportar. ¿Esa esponja se pensaba que tenía derecho a esparcir la espuma por su cuerpo? De eso nada. Ella le había manchado, ella le limpiaría.

Entró en el plato de la ducha, Severus parecía no haberla escuchado, llenó de jabón sus manos antes de posarlas en la espalda del mago que se contrajo placenteramente al sentirla.

_¿Remordimientos, señorita Demons? No crea que voy a perdonarla tan fácilmente sólo porque venga a frotarme la espalda.

Paula calló. No dijo nada mientras enjabonaba su espalda, ni cuando se pegó a ella, frotándola con la piel de su vientre y de sus pechos.

_Usted ha tenido toda la culpa_ continuó Snape amenazador_ Es una persona insoportable que no sabe medir sus reacciones.

Paula avanzó con sus manos al pecho de Snape, sintiendo la rugosidad de las cicatrices de su piel, el suave y escaso vello y la protuberancia de los pequeños y oscuros pezones. Snape sólo imaginó su sonrisa maliciosa cuando los dedos de ella pellizcaron suave y brevemente sus pezones antes de hacer descender sus uñas por su torso hasta las caderas, dejando ligeras líneas rojas. Pero parecía que esa hasta ahora olvidada parte de su anatomía había captado la atención de la muchacha y volvía con insistencia a ellos, prodigándoles el tratamiento que a menudo se aplicaba a sí misma.

Severus se mantuvo inmóvil, curioso por el caríz que iban tomando las caricias de Demons, cada vez más intensas, tratando sus tetillas como si fueran pechos. Esto era nuevo. Era...

La mano abierta sobre el pecho de Snape captaba sin duda los latidos cada vez más veloces de su corazón. Paula bajaba esa mano lentamente hasta su ombligo, repitiendo la caricia, casi simétrica en su espalda. Luego, la mano de la espalda ascendió hasta su nuca y tomándole por el pelo echó hacia delante su cabeza, acercándola a la pared. La mano de su ombligo presionó, y bajó hasta enredarse con el vello de su pubis y más abajo aún hasta agarrarle por la base de un miembro que distaba ya bastante de estar en reposo.

Snape gruñió por respuesta. Ella se mantenía en silencio pero no inactiva. Seguía frotándose por la espalda de Severus, más bien, apoyándose sobre él, así que Severus tuvo que contraer los músculos de su espalda para sostenerla y abrir las piernas para aguantar su peso. Mantenía la postura como de estar siendo sometido a un cacheo mientras una mano de Paula le revolvía el pelo mojado y la otra se deslizaba aplicando distintos grados de presión sobre su sexo aprovechando el jabón y el agua.

_Demons...

_¡Oh, cállate Severus!

Snape se calló, aún cuando la mitad izquierda de su boca se curvaba en una sonrisa y tenía una respuesta mordaz en la punta de la lengua. Cerró los ojos de nuevo y ¿por qué no? separó más las piernas para afianzarse sobre el suelo resbaladizo. El peso de Demons sobre su espalda y el insistente frotar de sus senos le hizo suspirar roncamente. Se provocó una reacción en cadena: el suspiro detonó en el pecho de Paula, enervando sus pezones y el roce de estos en la piel del mago hizo crecer aún más su miembro dulcemente aprisionado.

Paula se enroscó a su muslo como una serpiente, sin dejar de acariciar su sexo, sin prisas chica, recuerda que le gusta lento, bajó su mano derecha desde la nuca, recorriendo los huesos de su espalda hasta los prietos glúteos. Sus músculos se contraían bajo su mano, al impulsar leve e invountariamente sus caderas acompañando el movimiento de la mano de Paula.

Demons se tomó un instante en mirar su rostro, imperturbable mientras sus piernas se tensaban. Acercó su boca, besando su costado. Descaradamente se frotó contra su muslo y sin timidez ninguna, empujó sus nalgas para que él mismo se moviera dentro de su mano.

El sexo de Paula quemaba su muslo y de manera inmisericorde le empujaba, como quien empuja un columpio, para que se frotara contra su mano. Si eso era lo que quería, por él estaba bien, estaba bien sentir sus dedos resbaladizos y su cuerpo a uno de sus costados. Aprovechaba el impulso de su cadera para presionar contra las piernas de Demons, entre las piernas de Demons. Era tenerla y no. Tocarla y no. Mantuvo los ojos cerrados y comenzó a embestir el aire, haciéndole el amor sólo a su mano despiadada.

Severus paró. La presión era insoportable. Quería volverse hacia ella, besarla, hundirse en su carne. Paula no se lo permitió. Se alejó de él, le dejó solo bajo el agua de la ducha. Sólo su mano seguía tocándole, masturbándole. Snape apretaba los ojos, sabía que ella le miraba. Bien, démosle un buen espectáculo.

Apartó una de sus manos de los fríos azulejos de la pared agarrando con ella la mano de Paula, aumentando la presión de sus dedos.

Paró un momento para dejar salir un ronco gruñido de su garganta y ya sin tapujos usó la mano de ella. Él dirigía, nadie mejor sabría cómo y dónde y cuándo. A veces envolvía su mano y a veces entrecruzaba sus dedos. A veces aumentaba súbitamente la velocidad para luego volver a ese hipnótico ritmo lento. Aún con los ojos cerrados, mordió sus labios ansiando un beso. Así que, ¿esa era la forma en que ella se sentía cuando él la tocaba, cuando usaba sólo su mano para llevarla al éxtasis? Comprendía ahora el culebreo de su cuerpo buscando a qué acercarse y el pasarse la lengua por los labios por tenerlos vacíos.

Dejó caer la cabeza, oía los jadeos de Paula bajo el susurro del agua de la ducha, su pelo mojado cubrió sus mejillas.

Demons, que se había mordido los labios imitando el gesto del mago, luchaba en contra de sí misma por llevar o no la mano que tenía disponible a su propio sexo cuando Severus levantó la cabeza y la miró. Agarró por la muñeca la mano con que le estaba tocando y con un tono vibrante, casi carente de emoción, y mientras la arrastaba hacia el dormitorio dijo: "Es mi turno"

¿Estaba asustada? No, estaba impaciente. Le encantaban los ases que Snape se guardaba en la manga para "vengarse" de ella.

_Bonito espejo.

La voz de él no destilaba ninguna emoción. Tirando de ella, la llevó frente al espejo.

_Así que a la señorita le gusta mirar...

La situó frente al espejo, poniéndose a su espalda.

_ Mira, Paula_ Demons se giró hacia él_ a mí no, a ti. Mírate.

Snape levantó su pelo y besó su nuca, la piel se le erizó sobre la piel erizada que ya tenía al abandonar la calidez de la ducha. Sus areolas se contrajeron y las manos de Severus viajaron hacia ellas. Pasaba su mano abierta, por sus senos y su vientre sin dejar de besar sus hombros y su cuello.

_Mira cómo te ruborizas, casi brillas.

El sexo de Severus se clavaba en su piel, en su cadera, en sus nalgas mientras el mago se rozaba por ella, tal y como ella le había provocado antes en la ducha. Snape llevó un dedo experto justo a su clítoris provocando un respingo que la hizo pegarse más a él huyendo de ese dedo.

_ Pon las manos en el espejo.

Expectante, Paula se agarró al hierro del marco. Algo más suave, Severus acarició su vientre y formando una garra con sus dedos, paseó las cuatro uñas por la cara interna de sus muslos primero y por los apretados labios de entre sus piernas después. Para su propio placer, pasó el pulgar por la boca de Paula.

_ La primera vez que... estuvimos juntos... me sorprendió como acogió a mi pulgar. La manera en que lo...(quería decir chupaba, ¿podía decir chupaba?) le dedicaba su atención, me hizo pensar que si trataba así a mi dedo, cómo no trataría a mi... (quería decir polla ¿Podía decir polla?)... cómo me trataría a mí. Desde ese momento quise poseerla para siempre.

Bajó sus dos manos entre las piernas de Paula, de forma similar a como ella había hecho salvo que Severus invadió su aterciopelada vagina con dos dedos desde atrás mientras que la mano de delante se cebaba con aquel diminuto y placentero apéndice. Paula lo contemplaba todo en el espejo.

_Muévase, señorita Demons.

Obediente, maldijo en silencio al comprobar que al ir hacia atrás los dedos la oradaban y al moverse hacia delante... pfff, tal vez Severus encontraría palabras, ella no. El placer que sentía atenazaba su garganta.

_ Es usted tan provocativa, tan excitante... No sé cuántos hombres se ha... han pasado por su vida pero han sido todos unos estúpidos, ¡idiotas todos! por dejarla ir. ¿Se está mirando, señorita Demons? ¿o prefiere mirarme a mi?

Extrajo sus dedos, pero no la dejó vacía mucho tiempo.

_¿Ve cómo la siento cuando me mira?_dijo mientras se empujaba en su interior_ ¿ve cómo me devasta?

Volvió a dejarla vacía y volvió a tirar de su muñeca llevándola a la cama, sentándola en la cama, cayendo de rodillas frente a ella. Metiendo la cabeza entre sus muslos.

_ Aquí no soy Snape, ni Crow, ni un mago, ni... nadie.. sólo soy carne, carne dispuesta para su festín. Lo curioso es que usted, malvada señorita Demons, no quiere sólo la carne, ¿verdad? Usted lo quiere todo: A Snape, a Crow, al mago, al mortífago, al hombre... Creo que es capaz de comerse mi negro corazón gustosa aunque supiera amargo. Por eso, la creo cuando me dice que me ama. O mejor, la creo cuando no me lo dice.

Paula simplemente le abrazó. Tiró de su cuerpo hasta subirle a la cama, subirle sobre ella, le abrazó con sus piernas, enredó los dedos en su pelo, le besó intensamente. Severus la poseyó suave, cubriendo de besos sus labios, su rostro.

_Te quiero_dijo contra su boca con su voz profunda cargada de emoción_ Te quiero, Paula, te quiero, lo sabes, ¿verdad? ¿lo sabes?

Paula cerró los ojos al recibirle.

Sí, lo sabía.

Pero, (wow), oírselo decir por primera vez era... flipante.