Era el cuarto día en Giethoorn y ya lo habían hecho un par de veces, en la sala y entre los árboles. A la noche, luego de hablar sobre posturas carnales, Edna le sugirió que para mejorar el movimiento, tomara uno de sus cintos de su pantalón y se lo pusiera a ella. Samuel, extrañado, obedeció, por lo que le colocó el cinto y lo cerró, firmemente. Luego de asegurarse de que el cinto alrededor de ella estuviese bien, tomó el cuero y tiró levemente.
- Te lo dije- Sonrió ella, en cuatro patas sobre la cama- Mejor agarre.
- Ahora me toca a mí prepararme- Buscó la bolsa- No te muevas, tu postura es perfecta.
- ¿Qué es?
- No mires ¿De acuerdo?
- ¿Sabes que un día me mataras de un infarto?
- Lo más seguro es que tú te quedes viuda…
Ella lo escuchó, haciendo algo con cosas que sonaban a hebillas. Lo que no sabía, era que Sam se estaba poniendo un arnés en la cintura, con dos huecos consecutivos. Drako estaba en el de abajo, y en el hueco de arriba, un falso Drako, blando, de un celeste transparente.
Luego ella lo sintió acariciarla suavemente con sus manos, rozando sus nalgas.
- Relájate- Susurró él.
- Lo estoy…
- Eso espero.
Drake tomó un pomo de lubricante, se lo aplicó a él y luego en ella, introduciendo uno de sus dedos, suavemente, por detrás, preparándola.
Después tomó ambos elementos en su cintura y lentamente colocó cada uno en ella, entrando por dos sitios distintos. El plástico por su ano, y él, por su vagina.
- ¡Oh Dios!- Tembló ella, sintiéndolo entrar- ¡Oh Dios! ¡Samy!
- Tranquila, ni siquiera empecé a moverme…- Acarició su cintura.
Él muy suavemente comenzó a moverse, atento, por si fuese demasiado para ella.
- Usa la palabra si te hago doler- Dijo él- ¿Si mi amor?
- Dioooosss…
- Háblame princesa… ¿Quieres más fuerte?
- ¡Si! ¡Si! ¡Mas! ¡Sam! ¡Te amo!
- Y yo a ti, hermosa…
Poco a poco fue agregando potencia, lubricando de vez en vez. Le encantaba poder sentir como su cuerpo reaccionaba por sí solo, presionándolo. Le encantaba oírla.
- ¡Más!- Empezó a rogar Edna- ¡Por favor! ¡Más fuerte!
- ¿Estas… segura?
- ¡Hazme gritar! ¡Samy! ¡Por favor!
- Aquí voy…
Samuel la sujetó del cinto, haciéndolo realmente fuerte. A veces incluso se preocupaba pero ella estaba gritando de placer, por lo que no se detuvo.
- ¡Dioooosss!- Ella enterró el rostro en la almohada- ¡Saaaamy! ¡Dioooss! ¡Te amooo! ¡Sigue! ¡Cariño, sigue!
- Dime que te gusta…- Se mordió el labio.
- ¡Me encanta! ¡Me encanta! ¡Saaaamy!
Poco a poco la oyó alargar sus quejidos.
- ¡No pares! ¡Ya casi…! ¡Samy! Sa…- Edna dio un alarido, tensándose internamente, poniendo los ojos en blanco.
- ¡Dios! ¡Edy!- Drake explotó con la misma fuerza que ella.
Ambos se quedaron estáticos, con sus corazones corriendo a mil, y sus almas aun fuera de sus cuerpos. Él suavemente salió de ella, con la boca seca, viéndola desmoronarse de cara al colchón. Terminó imitándola, cayendo a la cama, a su lado.
La miró, asegurándose de que no hubiese quedado viudo, viendo que ella respiraba agitadamente con el rostro lleno de sudor.
- ¿Edy? ¿Te encuentras… bien?- Articuló, cansado.
- Dios- Se rio ella, exhausta- Eso fue… genial…
- Y que lo digas… En cualquier momento… vendrán los vecinos- Empezó a sacarse el arnés.
- ¡Cielos! ¡Qué vergüenza!- Se tornó roja- He gritado… como posesa.
- Al demonio los vecinos- Dejó el arnés en el suelo y se acercó a ella- Me encantas ¿Lo sabes?
- Vete- Escondió el rostro- Me siento sucia.
- Vamos a bañarnos entonces- Bromeó, acariciando su cabello despeinado.
- No te hagas…
- Mi hermosa- Besó su hombro- Sabes bien que solemos ser relativamente silenciosos por respeto a los vecinos. Que una vez cada cierto tiempo, nos volvamos gritones, no importa.
- Tu gritas más que yo- Lo miró al fin.
- Para que se enteren de que mi mujer es una diosa en la cama.
- No…- Volvió a esconderse.
- Hace un rato decías de todo, menos "no"
- Basta- Lo empujó un poco, roja como tomate.
- ¿Recuerdas? Hazme gritar, decías- Sonrió.
- Para…
- ¿O qué?
Edna saltó hacia él, haciéndole cosquilla en sus puntos específicos: en las axilas y en el ombligo. Samuel empezó a reír, intentando quitársela de encima, devolviéndole las cosquillas en sus costados, lo cual dio inicio a una corta batalla campal de risas y cosquillas.
- ¡Me rindo!- Reía ella, al estar perdiendo- ¡Para! ¡No!
Él se detuvo, con una pequeña risa en su cuerpo, mientras quedaba encima de ella.
- No es justo- Seguía riendo Shaareim- Tienes ventaja.
- El que madruga, Dios lo ayuda.
- ¿Qué tiene que ver?- Empezó a reír más fuerte- Eso no tiene ningún sentido.
- ¿No?- Rio también.
- No.
Samuel la miró, embelesado. Ahí estaba ella, debajo suyo, después de tener sexo como bestias, desnuda, aun algo sudada, despeinada, riendo con fuerza. Esa risa era la luz de su vida. Y ver como sus ojos se humedecían riendo, con tímidas arrugas en sus ojos, lo valía todo.
- ¿Qué?-Sonrió ella.
- ¿Qué de qué?
- Tienes esa cara de estar pensado cosas…
- Creo que estoy enamorado de ti.
Edna volvió a reír.
- Te amo tanto Edna- Besó su mejilla, con ternura.
- Y yo a ti, cariño… Aunque me esté costando respirar contigo encima…
Él la abrazó y se giró completamente, rodando, quedando él boca arriba con ella encima.
- ¿Mejor?- Preguntó Sam.
- Mjm…- Ella se acurrucó en su pecho, suspirando.
- Bien…
Drake oyó un sonido en su teléfono, en la mesa junto a la cama. Estiró su brazo y lo tomó, leyendo, mientras usaba su otra mano para acariciar la espalda de Edna.
Ella lo contempló. Por un momento no pudo creer su suerte. Samuel era un hombre maravilloso en casi infinitos sentidos. En extremo cariñoso, atento, inteligente, apuesto, y cientos de virtudes más. Y ahí estaba él, calmado, distraído, luciendo increíblemente único, todo para ella. Amaba demasiado ese hombre.
Lo vio dejar el teléfono a un lado y mirarla.
- ¿Qué?- Preguntó él, notando esos ojos.
- ¿Eres real o estoy soñando?- Murmuró Shaareim.
- ¿Qué?- Rio- Soy real, cariño.
- Es que eres tan increíble… que dudo de mi suerte, o de que este despierta.
- Mira- Le acercó su mano izquierda, mostrándole el anillo- ¿Te parece suficiente?
Ella lo abrazó, para besarlo con fuerza. Y también para recomenzar otro encuentro en la cama.
