Hemily Stefson era la obstetra y ginecóloga que acompañaría a la pareja Drake y vigilaría el estado del bebe hasta que naciera. Había sido una recomendación de Elena, ya que también era paciente suya.

Era una mujer joven, de madre Española, sumamente amable y cariñosa cuando debía relajar a las madres primerizas, y conocida también por ser muy directa en cuanto a verdades y muy firme cuando era necesario, por el bienestar del embarazo.

Acudieron a ella en las primeras dos semanas de embarazo, y ella les dio todas las sugerencias, comentarios, deberes.

- Ya me habías dicho que no tomas alcohol nunca- Continuó Hemily, como desde hacía una hora, en su consultorio, en su segunda consulta- Eso está perfecto, y ni se te ocurra comenzar ahora.

- No, ni loca- Rio Edna.

- Sé que apenas estas en el primer mes, pero también es bueno empezar a mencionar otras cosas…

- ¿Qué?- Se preocupó Samuel- No me asuste doctora.

- No es nada serio. Como por ejemplo, de que no es inusual que te enfermes de gripe o algo, y también, teniendo en cuenta de que son sexualmente muy activos…

- Espere ¿Cómo sabe eso?- Se alertó Edna- Yo no se lo dije…

- Soy ginecóloga también, Edna… Y sonará feo, pero he visto suficientes vaginas como para identificar a una que se "usa" periódicamente.

- Ay Dios…- Ella se tornó roja, completamente.

- ¿Entonces?- Tosió levemente Drake.

- Es muy probable que Edna tenga un incremento del deseo sexual- Dijo la ginecóloga- Es algo totalmente normal y, desde ya les digo, no hay ningún problema con él bebe. Solamente deberían tener alguna precaución mínima cuando tenga unos siete meses, más que nada porque la barriga será bastante grande y no podrán tener ciertas posturas.

- ¿En serio?- Preguntó ella- ¿Ni aun… sexo… duro?

- Bueno, depende que tan duro. Recuerden de proteger el estómago. Nada de asfixias.

- No practicamos eso- Murmuró Sam.

- Entonces no se preocupen.

- Pero…- Pensó él- No le afectará el movimiento…

- No. Pueden tener sexo tranquilamente.

Eso era un verdadero alivio.

Con el segundo mes de embarazo, Edna comenzó a notar sus leves cambios en su humor, su mente, su cuerpo, su vida en general.

Ella se había terminado de bañar y, seca, desnuda, se había quedado de pie frente a un espejo grande de su habitación. Se colocó de lado, notando esa minúscula barriga que había crecido, se la tocó imperceptiblemente, pensando en todo y nada.

Su esposo la había visto. Sonrió, ya que eso era algo que ella estaba haciendo muy a menudo.

Al otro día, a pesar de ya ser bastante tarde, Shaareim no se había levantado. La noche anterior Samuel la había notado levemente apagada, así que no se apresuró por quitarle horas de sueño. Pero con el transcurso de la mañana, de vez en cuando la oía toser, aun estando en la sala. Tos que no se oía para nada bien.

Casi al mediodía, él subió a la habitación y caminó lentamente hasta su lado de la cama. Se arrodilló en el piso, junto a la cabecera, para mirarla mejor. Fue cuando notó que su piel se veía imperceptiblemente roja y su respiración, además de estar algo acelerada, se oía como si silbara.

- Edy…- Acarició su piel, notándola muy caliente- Edy, despierta.

- ¿Qué…?- Ella abrió los ojos, tosiendo.

- ¿Cómo te sientes, linda?

- Regular…

- ¿Quieres que vayamos al médico?

- Es una gripe, Sam… Ya se ira…- Tosió- Es mejor que tomes distancia… No quiero contagiarte…

- Ni loco. Iré a la farmacia, a ver que te consigo. ¿Necesitas algo antes que me vaya?

Ella negó, suavemente. Lo sintió darle un fuerte beso en la frente y salir velozmente.

Cuando Edna estuvo segura de que se había ido, lentamente se levantó de la cama, tosiendo con más fuerza. Reconoció que su ginecóloga se lo había advertido, que podría enfermarse, pero que no sería grave.

Y un demonio. Había dormido como la mierda. Le dolía el cuerpo, la cabeza, los ojos, tenía frío, sudaba, tosía. Al menos su nariz no estaba congestionada. Sabía esos síntomas, gripe común.

Paso a paso fue hasta el baño a orinar y lavarse la cara, congelándose.

Volvió lentamente a su cama, viendo que las sabanas estaban empapadas y tanto su braga como su camiseta de dormir, también. Se los quitó, buscó ropa limpia. Se acostó mientras se intentaba poner el pantalón, pero se durmió sin darse cuenta.

Algo la despertó, rato después. Miró a Samuel, colocándole el pantalón que había quedado a medias.

- Oh- Murmuró ella- Me dormí.

- Lo se… ¿Para qué te levantaste, princesa?- La ayudó a sentarse.

- Estaba aburrida… en la cama… y empapada.

- No conseguí mucho ¿Sabes?- Se arrodilló frente a ella- Pero hoy te voy a cuidar bien. Voy a hacerte mi guisado para regimientos.

- No tengo apetito, Samy.

- Lo sé- Tomó sus manos- Pero debes comer bien, tener fuerzas, por ti y por nuestro bebe ¿Si?

- Mjm- Asintió, frotándose los ojos.

- ¿Quieres que te lo traiga a la cama o prefieres bajar?

- Bajar… Quiero hacerte compañía.

- Bueno, voy a alzarte en brazos ¿Si?

- No. Si te caes conmigo, por las escaleras…- Se puso de pie, despacio- Además, quiero caminar.

La semana transcurrió con ella comiendo los guisados altamente calóricos de su esposo, tomando duchas calientes, quedándose entre las mantas, bebiendo mucho té caliente, todo bajo la atenta mirada sobreprotectora de Samuel.