En fin.

Se había vuelto a quedar sola. No realmente sola, claro, pero ese era un tipo de soledad muy diferente, una soledad plomiza que invadía su alma con negros nubarrones que debía disimular no sabía bien por qué motivo, (porque no entenderían una..., no entenderían nada) delante del resto de personas que la rodeaban.

Severus se había esforzado en dejarla físicamente satisfecha, cómo no, y además, había forzado a su corazón a abrirse como una ostra, para asegurarse de que esta vez no hubiera dudas ante su marcha. La quería, la amaba, como se empeñaba en decir él usando el verbo más intenso, más profundo, más exacto, y se había ido sin dejar dudas acerca de ello y de su futura vuelta.

Algo es algo.

La había dejado ocupada también y eso contribuía a no echarle tanto de menos.

Trabajaba por las mañanas, (estaba haciendo unos avances muy interesantes en los retrovirales), almorzaba con Deborah o con Harry o tenía productivas reuniones con sus nuevos "inversores". Necesitaba el cuarenta por ciento del capital (el margen del veinte por ciento le daría control suficiente del mismo). Severus tenía razón, un laboratorio privado totalmente financiado por ella levantaría muchas sospechas en la comunidad farmaceútica. Aunque fuera un pequeño laboratorio. Pensaba que podría ofrecer beneficios rápidamente con el ungüento para las magulladuras de Snape, mezclándolo con cantidades ingentes de emolientes para disminuir la dosis del producto: no podía meter en el mercado algo que hiciera desaparecer un hematoma en tan rápidamente, llamaría demasiado la atención. Disminuyendo la concentración del principio activo se lograrían muy buenos resultados sin despertar el adjetivo de "sospechosamente milagroso". Sería muy barato de producir.

La promesa de los beneficios a corto plazo animaba a los cabezas de la alta sociedad que, acostumbrados a vivir de las rentas, veían en ese tipo de negocio una inversión honrosa y respetable que les serviría para disimular los beneficios que generaba el capital escondido en los bancos suizos.

Por las tardes se obligaba a ir al gimnasio o a correr, alguna actividad física que generara endorfinas, que le diera agujetas y dejara sus músculos extenuados.

A la hora de la cena, estaba siempre en casa, por si acaso. Aunque ese "por si acaso" se estaba haciendo esperar.

Luego, leía.

La primera vez que abrió el libro estando en casa, tuvo que soportar de nuevo los interrogadores tentáculos. Era odioso sentirlos en su cabeza invadiendo su cerebro provocándole hasta naúseas, pensar que tendría que soportarlo cada vez casi le quitaba las ganas de leerlo... pero encontró una rápida solución: lo que hizo fue no volver a meterlo en la caja. Así de simple.

Cuando leía, el tiempo se iba volando, por eso lo hacía de noche, cuando la ausencia de Severus era menos enmascarable y la noche se presentaba larga, oscura, silenciosa y triste. Tomaba notas de lo que leía por dos razones, una para fijar mejor los conceptos que se le iban transmitiendo y otra para no sumergirse por completo en la lectura y tener de alguna manera noción del paso del tiempo.

Cuando se cansaba, dormía. A veces sobre el sofá porque la cama le parecía muy grande.

_ ¿Cuántos días lleva fuera esta vez? No me gusta nada lo que estás dejando que te haga este tipo...

Deborah se había empeñado en pasarse por su casa para obligarla a salir.

_ Una semana, Deborah, y no estoy dejando que me haga nada. Estamos bien, estoy perfectamente. Ha tenido que irse por negocios.

_¿Y pretende que le esperes en casa sin hacer nada?_ evidentemente a "hacer nada" se refería a salir de marcha con ella_ No me creo que hayáis solucionado del todo vuestros problemas, nena. Creo que te está utilizando y peor, que tú te esás dejando utilizar.

_ Deborah... _ dijo Paula dándole un abrazo_ no, mujer... Soy yo la que no tengo ganas de salir, ya sabes que ando muy ocupada últimamente...

_Sí, con un asunto secreto que no me puedes decir sin tener que matarme después pero, que si sale bien, nos va acambiar la vida ¿No?

La voluminosa mujer la miraba con cara de "no me creo nada"

La ventana batió suave y repetidamente. Paula miró con el rabillo del ojo hacia la cortina que se alzaba elevada por la brisa nocturna.

_Mañana, ¿vale?. Mañana no tengo que citarme con nadie por la tarde, así que saldremos. Iremos de compras, saldremos a cenar y de fiesta por la noche. A ese salón de salsa que tanto te gusta, así no me sentiré culpable por no ir al gimnasio.

_Por tu bien espero que cumplas tu palabra, nena.

La ventana entreabierta de Paula terminó de abrirse produciendo un leve sonido. Se giró hacia la ventana y se despidió rápidamente, casi ansiosamente de Deborah, que se fué, no sin antes mencionar que notaba que la estaba echando y a ver si es que esperaba alguna otra visita aprovechando la ausencia de su "novio", cerrando la puerta al salir.

Paula se apoyó en la puerta cerrada escrutando la habitación. ¿Habría sido el viento?¿Sólo el viento? Se acercó a la ventana y sacó la cabeza asomándose a la calle, cuando una voz profunda habló detrás de ella.

_¿Planeando salidas?¿No dijimos que nada de salsa? ¿Y quién es ese amante misterioso al que espera aprovechando que no está su "novio"?

_ ¿Sabe que es de mala educación escuchar a escondidas? _ dijo sin ocultar la alegría en su voz.

_ Pero los que escuchan a escondidas suelen oir las cosas más interesantes...

Cuando se volvió dejó que su imagen, su ansiada presencia, la invadiera por completo.

Sus ropas parecían incluso más oscuras. Su silueta se recortaba cubierta con la capa, asemejándole a un vampiro surgido de la nada.

_Severus...

Su voz se escapó en un suspiro mientras se echaba en sus brazos, ¡bah!a quién le importaba comportarse de forma distante y esperar que fuera él quién se acercara. Tenía que sentirle contra su cuerpo.

_Severus...

_ Aparta, mujer, ¿no ves que estoy sucio?_ protestó débilmente.

Paula estrechó su abrazo.

_ ¿No ves que no me importa?_ Olía extraño, a bosque, a tierra, a lluvia, y a algo opaco, metálico.

Resignado, sostuvo su abrazo un momento y luego la apartó.

_Dúchate_ ordenó ella_ Aféitate. Mientras te haré algo de comer. ¿De dónde vienes?

_ De Albania, he tardado horas en llegar desde allí, volando, y debo volver rápidamente antes de que descubran que me he ido. Se supone que estoy buscando algo por el bosque.

_¿Y qué que te descubran? Que yo sepa el Perturbado iba y venía cuando le daba la gana, sin dar explicaciones. Deberían estar acostumbrados a las ausencias de su antiguo amo... y acostumbrarse a las del nuevo.

_Paula..._ dijo severo.

_ Cuando te pregunten dónde has estado..._ continuó mientras revolvía en el frigorífico_ mírales como me miras a mí, entrecerrando los ojos, con el mensaje subliminal de "no te mato porque me da pereza mover la varita"; y , si insisten, lánzales un cruccio. ¡Parece que no supieras manejar esbirros!

Snape rió quedamente.

_Señorita Demons, sería usted una villana magnífica_comentó acercándose a la cocina y comenzando a picotear de lo que Paula preparaba.

_He aprendido del mejor..._ Paula suspiró y soltó la sartén_ No dejes que monopolice la conversación, tú eres quien tiene que hablar, cuéntame que está pasando.

Snape resopló cuando ella golpeó su mano y le señaló el fregadero para que se lavara las manos... esta mujer y su manía con las bacterias...

_Apenas pasa nada. Me los encontré tras una reyerta con los aurores, por fin se decidieron a irse. Estamos en un sucio hostal en medio de la nada, rodeados por millas y millas de bosque en el que, según Yaxley, me espera escondido alguien para darme un gran poder. Salimos, buscamos, regresamos, comemos la porquería del tabernero y dormimos en sábanas grisáceas acompañados de diminutas cosas con muchas patas que pululan por la habitación. Aunque, bueno, la mía está más limpia que la de los demás.

_ Para eso eres el jefe.

_Para eso me metí dónde no me llaman y defendí a aquella chica de los gritos del dueño del antro.

_¿Chica?, ¿una admiradora?, ¿por qué no me extraña?

Paula puso un plato humeante delante de Snape que empezó a devorarlo, hablando con la boca llena.

_Tú tienes tus clases de salsa, yo tengo chicas mugrientas que me ponen las sábanas menos mugrientas del lugar_ Mordió con ganas el pan antes de continuar_ Todo es un sinsentido. Empiezo a estar cansado y los demás también. Si Yaxley no encuentra nada, confío en que los demás comprendan que es mejor largarse y buscar algún refugio para empezar de cero.

Paula no disimuló el temor en su mirada.

_¿Y si encuentran algo?

_ Entonces volveré convertido en un mago muy poderoso al que seguirás mandando quitar la mesa. Ven aquí.

Paula acortó el escaso metro y medio que los separaba, el mago se aferró a su cintura tal y como estaba, sentado en la silla, frotando su rostro contra el cuerpo de ella.

_Dúchate_ insistió Demons tocando su pelo.

_No he venido a ducharme ni a comer...

_¿Ni a ducharte ni a comer ni a hacerme el amor con pasión arrebatadora?_ dijo ella con burla_ ¿Esto no ha sido una parada en boxes? ¿Sólo vienes a decirme que lejos de mí te cuida una mugrienta chica cuando vuelves de hacer senderismo por el bosque? Para eso podrías haber enviado un patronus...

Severus rió de nuevo. Demons suspiró al sentir esa risa entrecortada y ronca, le había echado mucho de menos.

_ Quiere hacer el favor de no interrumpir, señorita Demons.._ pronunció lentamente, recalcando cada palabra, cuando hablaba así, comprendía que atemorizara a sus estudiantes en Hogwarts_ No he venido a ducharme ni a comer, he venido porque necesitaba verla. (Verte.. tocarte, sentirte, olerte, tenerte..) y eso no podía hacerlo con un patronus..., creo. Tal vez... podría intentarlo.

Demons bufó. Era teatro, era todo teatro, porque era mejor hablar así que hablar con tristeza por la ausencia, con miedo por otra cercana despedida, con incertidumbre de lo que el destino le deparara en Albania o con angustia de no saber cuando iban a verse de nuevo. Mejor hacer teatro. Ellos se habían entendido siempre mejor sin palabras.

Apretó la cabeza del mago contra sí. Él le permitió la caricia unos segundos y luego se levantó para abrazarla. Suspiró.

_No voy a decírtelo_ la voz de Paula era firme, llena de obstinada determinación_ No voy a decirte que te quedes. Si quieres quedarte, tienes que decidirlo tú. Ya has ido, ya has visto que eso no lleva a ninguna parte. Ahora tendrás que decidir si te quedas o sigues con tu aventura... pero yo no voy a decirte nada, luego no quiero que digas que no hiciste esto o aquello por mi causa.

_¿Seguro que no eres capaz aún de leerme la mente?_ Snape hablaba con calma, pasando sus manos acariciadoras por la espalda de Demons_ Pero dime... ¡algo!, Paula, ¿Qué quieres que haga? ¿qué harías tú en mi lugar? Si no me aconsejas tú, no sé quién podría hacerlo... rompiste el retrato de Dumbledore...

Demons resopló aún cuando captó perfectamente la sútil sorna en el tono de su voz.

_Y bien merecido se lo tuvo.

Sin separarla de su pecho, Severus notaba la determinación que se adueñaba del cuerpo de ella, apretando sus músculos.

_ Severus, ¿quieres saber qué te pediría? ¡Te pediría que volvieras con ellos, sí!, ¡que los hicieras arder como mi ropa!, ¡que les reventaras como mi vajilla!, que los.. exterminaras a todos de una maldita vez... quiero mi final feliz, quiero comer perdices y tener la seguridad de que dormirás conmigo cada noche, lejos de mortífagos, oráculos y fuentes de poder oscuro. Pero pedirte eso, -y sé que lo harías si yo te lo pido, lo sé- es condenarte a vivir con esa losa sobre tu conciencia, invadir cada noche con oscuras pesadillas... Así que yo no te lo pediré y tú no lo harás.

_Tal vez, al final, tenga que hacerlo_ contestó de forma lapidaria _ tal vez no tenga sentido alargarlo.

Tal vez, en otro tiempo, hubiera sido capaz de hacerlo, fría y premeditadamente, ahora no. Ahora... (demasiado lento para lanzar un Avada... demasiados remordimientos)... No, ahora no.

_ No te engañes, si les atacas será en defensa propia, no antes_ y por el tono de su voz, Snape supo que ella consideraba eso un rasgo de la bondad que él negaba tener.

_Está bien, señorita Demons, eso me pasa por preguntar... Tendré muy en cuenta su opinión llegado el caso.

Puso un dedo bajo la barbilla de ella y la miró a los ojos. ¡Qué ojos!. No me cabe duda, que si estuviera en tu mano, irías allí y acabarías con todos ellos. Espero que tu Dios me proteja de tu furia el día que la lances contra mí. La besó apasionadamente.

_ ¿Me lo vas a decir?_ preguntó con voz ronca contra sus labios_ ¿o tengo que seguir besándote hasta hacerte perder la cabeza?

Oh, sí, que siguiera besándola...

_ Te amo, Severus.

_ Sólo ha tardado una hora en decírmelo desde que llegué y me lo iba usted a decir a cada minuto... Antes de que protestes: te amo, pequeña asesina de masas_ dijo besándola de nuevo, besándola entre cada frase_ Te amo, liquidadora de retratos. Te amo, exterminadora de mortífagos. Te amo, amante incansable, agotadora de mis fuerzas. Y ahora,... tengo que irme.

...

La parte en que Demons le recrimina por escuchar a escondidas y la respuesta de Snape, será reconocida por aquellas personas que hayan visto o leído Lo que el viento se llevó. A Margaret Mitchell hay que reconocerle esa parte, no a mí.