Salió por la ventana convertido en humo, y ella se quedó asomada largo tiempo, buscando en el cielo de Londres, recortada contra las luces, la silueta de una nube oscura que le indicara por dónde iba. Quería seguir mirándole, como una madre mira a su hijo cuando avanza solo en bicicleta por primera vez, como si su mirada constante pudiera protegerle de los peligros.
Había venido a verla, se convencía, volvería pronto.
Severus se había alejado un poco y se mantuvo flotando en el aire esperando verla adentrándose de nuevo en el piso, a recoger la cocina tal vez pero, que va, se había quedado contra el marco metálico, mirando el infinito con ojos preocupados.
¿Qué luz es esa que se asoma por la ventana? _recordó_ ¡Ah! ¡Es el Oriente y Julieta es mi Sol! Amanece tú, Sol... mata a la envidiosa Luna que siempre está enferma y por eso vive pálida de dolor, pues que tú, doncella, en belleza la aventajas...¡Es ella, sí... es ella..¡ay!.. es mi amor! (es mi amor...) Si supiera que estoy aquí...
Shakespeare, por supuesto. Romeo y Julieta. Ya habían hablado de ello una vez. ¿Cómo dijo? "Romeo y Julieta. Acertada elección. Nuestro... amor... es igual de trágico". Un negro sentimiento de pérdida surgió, inundando su mente. Algo con uñas afiladas le desgarraba el pecho. No. No. No. Era partirse en mil pedazos. Eso había sido hace mucho, cuando aún no estaba libre del yugo de Lord o de la promesa hacia Lily. Ahora no debía haber nada trágico entre ellos.
Sin embargo, ese sentimiento, ese pre-sentimiento, no se iba, más bien parecía echar piedras en su corazón.
"... Si supiera que estoy aquí..." me obligaría a volver a darme una ducha y hacerle el amor arrebatadoramente.
Paula se volvió al fin al interior de su apartamento con los ojos cansados de buscar en el vacío. De repente un aire cálido la envolvió, la atravesó, haciendo volar su pelo en todas direcciones y frente a ella Severus se materializó jadeante, con la desesperación impresa en sus ojos.
_He vuelto
Había perdido un tiempo precioso comiendo cuándo podía haber estado comiéndosela a ella.
_Ya veo.
Paula le taladraba con los ojos preguntándose qué iba mal.
Severus se avalanzó sobre ella, sujetándola, llevándola en volandas casi hasta la cama. Le agarró las manos afianzándoselas contra el colchón a ambos lados de su cabeza mientras la besaba con avaricia.
_No vaya a quemarme esta camiseta, señor Snape, me encanta.
_Si piensa que este simple trozo de tela para apartarla de mí, se equivoca.
Incluso a través del tejido, Paula sentía la barba de Snape arañando tu piel y se contagió de la desesperación del hombre que apenas la dejaban moverse, manteniéndola sujeta por las manos.
Dándose cuenta, Severus la soltó y, a cuatro manos, apenas se apartaron la ropa lo justo para abrir un estrecho pasillo por el que Snape la alcanzaba.
Volvió a sujetarle las manos, contemplando su rostro al invadirla: el mudo gemido con el que abría la boca, mostrando cómo se abría entera él, a sus caprichos, a su necesidad.
Con todo, Paula, no dejaba de notarle extraño. Desesperado como nunca.
La tela se abultaba entre sus cuerpos cada vez que los movimientos del mago la hacían ascender por su vientre, la túnica de Snape formaba un ovillo entre el pecho de ambos, pero a Severus no parecía importarle siempre y cuando alcanzara su boca.
...
_ ¿Aún no ha vuelto?
La voz del mortífago llenaba el bar de la posada, demasiado alta para no demostrar impaciencia a los Lestrange. Los demás estaban buscando en el bosque, como se suponía que debía estar haciendo Snape.
_Ni lo esperes, Yaxley, ya he dicho que salió volando convertido en humo, como el señor tenebroso_ Rabastan arrastraba con odio las palabras_ No volverá.
Yaxley tuvo sus dudas. Era verdad que Snape estaba últimamente... incómodo, aunque eso no era inhabitual en él. Es cierto, que no es que hubiera sido el primero en salir corriendo hacia una misión. Solía decir que la infantería es la que sufre más bajas y que él prefería atacar con la caballería. Pero tampoco es que fuera un cobarde, no había dudado nunca cuando había una orden del Lord de por medio. Su falta de determinación en este asunto sólo podía ser achacado a una cosa.
Esa muggle...
Yaxley se tocó distraidamente la naríz.
Maldita muggle.
Se iba a vengar por aquello. Esa mujercilla tenía algo muy atractivo que no se le había pasado por alto ni al señor tenebroso. Al menos, eso insinuó Bellatrix, algo sobre un "encuentro" entre ellos que la había tenido histérica un par de semanas. Él mismo podía dar fe de su atractivo, la forma en que caminaba a su lado cuando fueron a visitar a Lovegood era una provocación. Recordaba perfectamente su patética excusa: que "no le había dado permiso"...Permiso... ya veríamos si necesitaba su permiso la próxima vez. La lesión fue leve, lo que más le dolió era el orgullo. Y no es poca cosa el orgullo de un mortífago.
No iba a quedar así. Iban a pagársela, los dos.
Snape volvería, el cebo que le había presentado era bien suculento.
_Claro que volverá, Rabastan, le conozco bien. Sólo ha ido a ver a su muñequita en Londres...
Una risa sarcástica le interrumpió.
_ Parece mentira_ comentó Rodolphus_ un mortífago como él... la mano derecha del señor oscuro... amancebado con una muggle...
Rabastan escupió en el suelo.
_Tenía que haberle seguido, así la tendríamos a ella.
Su enfado era evidente. Los dos hermanos no dejaban de protestar contagiándose mutuamente, Yaxley en cambio se encontraba muy sereno.
_ Tranquilo, Lestrange, ¿qué querías?, ¿seguirle en escoba por media Europa? No te preocupes, lo tengo todo previsto.
_¡¿Todo?!_ el mortífago se paseaba ansiosamente por el local_ El momento se acerca, Yaxley, y no hay muestras de que quiera someterse a nada voluntariamente. ¿Estás seguro de que podemos...? El oráculo le quería a él.
_ Sï,_ dijo Yaxley_ Es desconfiado y paranoico, pero se someterá a lo que le digamos, voluntariamente... o todo lo voluntariamente que pueda. En cuanto a lo del oráculo... dijo que lo quería, no que lo necesitara... tal vez cambie de idea. Ese poder será nuestro.
Rabastan le miró de soslayo.
_ Nuestro, ¿no querrás decir suyo?
_Nuestro, Rabastan. Es suficiente para compartirlo. Pero en caso de que deba ser de uno, prefiero que sea uno de nosotros antes que de él. ¿No crees?
El patronus de McNair entró y avisó con su voz.
_Ha llegado.
Yaxley se levantó de su asiento.
_ ¿Ves, Lestrange? Te dije que volvería. Me voy a mi cuarto, no quiero que entre y nos vea aquí, esperándole.
Los Lestrange asintieron y enfilaron la escalera detrás de él, aún le dió tiempo a uno de ellos a sujetar el brazo de Yaxley y pararle un momento.
_ ¿Y la muggle?_ preguntó Rodolphus.
_ Ya te he dicho_ aseveró con una sonrisa de hiena_ que lo tengo todo previsto.
