Le dolía.

Había estado bailando hooooras, y aunque los tacones fueran cómodos, su pies y sus tobillos ardían. Estaba deseando llegar a casa y...

_Aaah, uhmm...

Quitárselos.

Sentada en la silla se masajeaba las doloridas plantas, ¡oh, eso era trabajo de Snape!. Sonrió levemente al imaginar su ceja levantada, "Dijimos que nada de salsa"... Aunque tal vez, sólo tal vez, aprovecharía darle el masaje para subir por sus pantorillas y... para, chica, o te pondrás mala.., peeeero Deborah había sido muy persuasiva y llevaba ya varios días acompañándola: tres esta semana. Esperaba, por el bien de sus pies, que lograra atraer de una vez al latino de pecho descubierto, o a la próxima tendría que ir sola.

Se cercioró de que la ventana estuviera abierta. Siempre que se ausentaba del piso dejaba una nota diciendo dónde iba a estar sobre todo, estos últimos días en que ya casi hacía una semana de su visita, como si el que pasaran siete días fuera garantía de que volviera, periódicamente, como un programa de la tele...Pero no había aparecido por ninguno de esos lugares. Después de la última vez que estuvieron juntos.., la preocupación se había adueñado de ella.

Tic, tic.

Algo golpeó su ventana.

Descalza, agradeciendo el frío del duelo en la planta de los pies se acercó con una sonrisa en el rostro.. que desapareció al momento.

Era un pájaro.

Un oscuro y enorme cuervo que picoteaba distraidamente el alféifar.

_¿De dónde has salido tú?

El pájaro hizo caso omiso de ella.

Tras los zapatos se quitó el traje y se vistió con un fino camisón de raso, nada de camisetas viejas para dormir desde que su llegada era imprevisible.

Tenía hambre y cogió una hermosa y suculenta manzana del frutero. El crujido al morder la fruta hizo que el cuervo levantara la cabeza para mirarla.

_¿Tú también tienes hambre?

Demons arrancó un trozo de la fruta y se la tiró al pájaro que aleteó un par de veces, asustado o más bien sorprendido por el gesto. Miró el regalo de la mujer y lo picoteó brevemente para dejarlo a un lado con altivez.

Paula rió. Le recordó vagamente a los pavos reales albinos de Malfoy a los que, también inútilmente, trató de alimentar.

_¿No te gusta? ¿Qué comen los cuervos? Pensé que érais animales oportunistas de esos que comen de todo, fruta, granos, despojos, gusanos..

De repente, la imagen de ese cuervo comiendo un asqueroso y gordo gusano lleno de tierra le levantó el estómago y dejó la manzana en la mesa.

Los cuervos comían más cosas. Recordó (¿por qué a veces se recuerdan las cosas en el momento menos oportuno?) haber visto con demasiado realismo, a cuervos comer los ojos de los cadáveres en las películas. El bichejo dejó de parecerle simpáticamente curioso.

Seguía en su ventana, picoteando aquí y allí y atusándose las plumas, de un negro intenso y brillante a la luz de la luna.

De vez en cuando sus ojillos oscuros se clavaban en ella que se había distraído con la emplunada visita y de repente graznó, sobresaltándola.

Paula comenzó a sentirse acosada por el pájaro que hacía cosas de pájaro en su ventana.

Se sentía intimidada, incómoda. Recordó (¿por qué recuerda uno lo que no debe en el momento más inoportuno?)que una vez leyó un relato sobre un cuervo, de Alan Poe. Trataba sobre un desafortunado caballero que lloraba la muerte de su amante y recibía la visita de un cuervo a media noche.

Se le erizaron los pelos de la nuca y se dedicó a lanzar trocitos de la manzana que no se comería ya, al pájaro que parecía mirarla con ojos inteligentes, con el fin de ahuyentarlo.

El pájaro testarudo se mantuvo allí, como el cuervo de aquel relato, pese a haberse convertido en un pato metálico de feria, en una atracción de tiro.

El cuervo de aquel relato hablaba, éste no hacía sino picotear el suelo y atusarse las plumas. Aquel decía algo... ¿Qué decía? Ahora no lo recordaba (¿por qué no se recuerdan las cosas que uno quiere cuando uno quiere?) , pero sí que había sido algo muy... inquietante.

Severus se hubiera reído de su superstición. O tal vez no. Él mismo parecía embargado por una horrible superstición la última noche que estuvieron juntos. La forma desesperada en que la miraba, en que la besaba... ni su cara de póker podía disimular lo turbio que en ese momento poseía su mirada.

Con su rudo comportamiento parecía querer apoderarse de ella, incluso pareció pensárselo después cuando, jadeantes, ella le dijo "Llévame contigo, a mi no me temblará el pulso si hay que imponer algún correctivo". El siempre protector Snape, negó con la cabeza, "Es capaz de dejarme sin secuaces en menos de una semana".

El cuervo volvió a graznar, pareciera que hablara. El cuervo del relato de Poe también hablaba, ¿no había pensado eso ya?, ¿que decía?

Severus le había arrancado una sonrisa cuando protestó de lo arrugada que había quedado su túnica, como si las manchas de hierba y lodo no hubieran hecho mella en la ropa de ella.

Volvió a negarse a tomar una ducha pero, tampoco era capaz de irse.

¿Qué te pasa? Había preguntado una y otra vez, ¿qué ronda por tu torturada cabeza?. "Dígamelo usted, señorita Demons. Usted me conoce mejor que yo mismo".

Paula tamborileó con los dedos en la mesa. El bichejo seguía apoyado en la ventana mirándola fijamente... ¿qué era lo que decía el cuervo en aquel relato? No podía haberlo olvidado.

Lo miró un instante tratando de adivinar sus pajariles pensamientos, como si el cuervo pudiera pensar, del mismo modo que observó a Severus calibrando la inquietud que demostraba.

_Tienes miedo, Severus_ El mago la miró repentinamente sorprendido, contrayendo el rostro para hacerlo de piedra, Paula continuó, no sin sorpresa_ Estás total y completamente aterrorizado.

_ ¿Y de qué, según usted, estoy tan asustado? Le recuerdo que he vivido momentos peores que lanzarme sucio y hambriento sobre una suculenta dama.

Un funesto pensamiento pasó entonces por la cabeza de Paula, un mal agüero, como el pájaro negro que la observaba desde la ventana.

_ Temes perder lo que más quieres..._ adivinó. El nombre de Lily cruzo la cabeza de ambos fugazmente_... Otra vez.

Snape apretó los dientes.

_Tú no eres Lily.

_No, no lo soy.

Si hacía falta, se desnudaría de nuevo para demostrarlo.

La mirada de Snape, negra, intensa, brillante, llameante, perforaba el vacío en lugar de mirarla a ella. Paula calló. Sus luchas mentales era impresionantes, siempre la asombraba la tormenta que se desataba en sus ojos, mientras su cuerpo permanecía pétreo, estático. Finalmente confirmó.

_ No, no lo eres.

Paula suspiró profundamente, emulando aquel suspiro que provocaron sus palabras. En esas cuatro palabras estaba la convicción de que la historia no se repetiría. De que no permitiría que eso pasara de nuevo. Snape había vencido a la tormenta, esta vez. El cuervo graznó suavemente, como molesto por la interrupción de Demons. La miraba inclinando su cabeza a un lado y al otro, Paula esperaba que en cualquier momento el pájaro abriera el pico y le dijera algo.

Nunca más.

Eso era lo que decía el cuervo de Poe.

Era el miedo de Snape, el suyo propio: no volver a verse, a tocarse, a besarse, a sentirse...

Nunca más.

El pellizco en el estómago de Demons amenazó con hacerla vomitar el minúsculo mordisco de manzana. Era irracional pensar que... ¡era un pájaro, por el amor de Dios! Un bicho asqueroso que no dejaba de mirarla y no un ser de ultratumba aparecido en un poema de terror.

Nunca más.

_ Largo de aquí. Fuera.

No, el cuervo no parecía darse por aludido.

_ ¡Fuera!

Le tiró lo que quedaba de la manzana y aunque la fruta impactó en su cuerpo, el pájaro sólo aleteó y saltó sobre sus patas.

El terror y la furia la poseían a partes iguales cuando empuñó una espumadera y se lanzó hacia el negro mensajero, golpeándolo con ella.

_¡ VETE DE AQUÍ!, ¡LARGO!, ¡FUERA!...

Al fin el cuervo alzó el vuelo apartándose de la ventana. Paula devolvió a la cocina la espumadera, ahora tendría que fregarla a conciencia.

_ Engendro del demonio...

Un graznido quejumbroso la hizo volverse. ¡No, mierda! El pájaro era pertinaz.

Seguía sobre el alféifar, como si nada. ¿Cómo de cabezota podía ser un pajaro? Demons miró a su estantería buscando el cachivache más pesado. Al cogerlo notó (Nunca más) que le temblaban las manos. Con suerte le acertaría en la cabeza y habría un pájaro menos en el mundo. El cuervo volvió a emitir aquel sonido agudo, y estridente. Paula se preparó para lanzar.

_ Grazna por última vez, bicho asqueroso.

En el ultimo momento, un rayo de sentido común le previno de que no podía lanzar algo así por la ventana, podría matar a alguien, y el objeto se estrelló con gran estruendo contra el muro bajo el hueco, a un palmo del cuervo, haciendo un estruendoso ruido que hizo al pájaro levantar el vuelo. Paula resopló triunfante pero, el animal, en lugar de salir hacia el cielo estrellado voló en línea recta, rápido como una flecha, hacia ella.

Demons alzó los brazos al tiempo que ahogaba un grito de primitivo terror.

El cuerpo del pájaro impactó contra el suyo...

...y se deshizo en un polvo oscuro, enturbiando el aire, rodeándola, anegándola.

Todo su cuerpo comenzó a temblar mientra se abrazaba, enganchando los dedos a su ropa.

Era el olor de Severus, el sabor de Severus, el tacto de su piel, el sonido de su voz que (¡gritaba!) pronunciaba (¡he dicho gritaba!) su nombre.

Calló sobre sus rodillas, hiperventilando, tratando de encontrar una explicación de lo sucedido.

¿Era esta la forma que Severus había encontrado de verla sin tener que ir a buscarla? ¿Una especie de patronus corpóreo? Un cuervo... (¡oh, señor Crow!) Debía de habérselo pasado pipa si la había estado viendo a través de los ojillos del bicho: asustada, ella que no temía a nada, de un inofensivo producto de su magia.

Era eso, se convencía, era eso.

Todo lo demás (la inquietud, el pavor, los malos presentimientos), había sido producto de su imaginación.

Levantándose lentamente continuó aferrándose los brazos para evitar que temblaran. Necesitaba una copa. O dos.

Decidió que cuatro eran suficientes cuando se metió en la cama aunque aún le temblaran las manos y el corazón no dejara de latir descompasadamente.

Sus ropas aún estaban impregnadas de la presencia de Severus, del ratros de su olor dejado por el cuervo, y cubriéndose la cara con ella, encogida sobre sí misma para paliar el oscuro vacío que notaba en su estómago, se quedó dormida.