Ambos habían regresado después de casi todo un día fuera. Complicado, ahora que Edna tenía siete meses de embarazo. Pero hubo que salir. La pequeña Cassie había nacido, sana, grande y preciosa. Y luego de pasar tiempo con los nuevos padres, Samuel y Edna compraron juguetes para ambas niñas. Compra que se salió de control y terminaron con el baúl y asiento trasero del auto, lleno de cosas.
Ahora restaba descansar un poco.
Edna estaba desnuda, acostada boca arriba cerca del borde de la cama, mientras Samuel, desnudo también, masajeaba sus pies y piernas con crema. La retención de líquidos le hacía doler bastante a la pobre madre.
Luego había subido para masajear suavemente su enorme vientre.
- Samy…- Susurró ella, mirándolo- Si tienes frio vístete. Te pedí que lo hicieras desnudo solo para disfrutar mis vistas.
- Estoy bien- Sonrió, parado cerca de su cabeza.
- Tienes un cuerpo precioso- Acarició su muslo con el dorso de la mano.
- Gracias, cariño- Volvió a sonreír, frotando a ambos lados de su vientre- Tú también.
- Si claro…
- No empieces ¿Quieres?
- Está bien- Rio suavemente- Un poco más arriba…
Él subió sus manos, lentamente.
- Más arriba- Volvió a pedir ella.
Samuel rio suavemente, la zona que ella pedía, era en sus senos. Suavemente empezó a frotarlos, oyendo como cambiaba automáticamente su modo de respirar.
- ¿Así te gusta, princesa?- Preguntó él- ¿Estas caliente?
- Si… ambos…- Susurró- Dios… Me encanta cuando me tocas…
- Y a mí me encanta tocarte… Más cuando te han crecido los senos…
Drake volvió a colocarse crema, para frotar sus senos, acariciarlos con ternura, apretarlos apenas, rozarlos. Realmente le encantaba ver sus manos en ellas, sentirlas.
Por un momento ella miró a su lado, cerca de su cabeza. El enorme pene de Sam estaba tan cerca que podía tocarlo. Grande, duro, totalmente erecto, con su glande enrojecido, dejando expuesta una pequeña gota en la punta.
Él la vio, dándose cuenta de cómo lo devoraba con la mirada
- ¿Lo quieres?- Preguntó él, acariciando su vientre.
- Siempre- Sonrió ella- Me encanta verte así…
- ¿Sabes? Jamás me viste masturbarme- Se paró cerca- ¿Quieres verme?
- Por favor- Se lamió los labios.
Samuel sonrió. Tomó un poco de crema y se lo aplicó a sí mismo, por su pecho y estómago, para que su piel quedara brillante y atractiva a la vista. Luego se colocó más crema, y bajó su mano, agarrándose la erección, moviéndose lentamente.
- Todas…- Gruñó él- Todas las veces que… me masturbé… siempre pensé… en ti…
- ¿Cuándo fue la última vez?
- En Brasil… ¿Recuerdas… ese masaje… que te di? Me fui… tan duro como ahora…
- Cariño…- Sonrió ella, tocando su estómago.
- ¿Te… gusta? Dime… Dime que te gusta…
- Me encanta- Ella empezó a masturbarse, viéndolo- Samy…
- Oh… Si…- La miró, mientras se frotaba la punta- Eres… una chica… sucia…
Y por un rato se quedaron viéndose mutuamente, ocupados en darse placer y ver la lujuria en manos ajenas.
Drake pronto la vio moverse un poco, respirar de un modo que ya conocía.
- Dame eso mami- Velozmente le quito la mano, para poder meter sus dedos en su vagina y masturbarla con fuerza- Papi va a darte un orgasmo.
- ¡Samy!
Para ella, ese hombre era una bendición. Pudo arrancarle dos orgasmos consecutivos sin dejarla terminar de exhalar su último aliento.
Edna había entrado un momento. Estaba sedienta y aburrida de estar sentada, por lo que lentamente caminó desde el pórtico trasero hasta la cocina, dejando a Samuel solo, con el columpio que intentaba ensamblar.
Fue un trayecto lento, pausado. Su maldito vientre de nueve meses drenaba sus energías por cada paso que daba. Lentamente bebió agua, mirando un gran bolso celeste. El Bolso Celeste. El bolso que estaba allí, esperando desde hacía un par de semanas, para cuando la naturaleza diera el momento oportuno.
Sintió una contracción y dejó el vaso, cuidadosamente. Miró su reloj, para controlar el tiempo. Eso la ayudaría a concentrarse y a saber si era algo más serio.
Otra maldita contracción, fuerte, muy seguida a la otra. Y sintió algo cálido recorrerle por las piernas, debajo de su amplio vestido. No se había orinado.
- Oh- Se asustó- ¡Samy!
Ella dio un par de pasos y se apoyó en la pared.
- ¡Sam!- Gritó ayudada por una contracción.
Samuel entró por la puerta trasera como perseguido por un demonio, asustado, con los ojos grandes. La miro, viendo el pequeño charco de líquido que había detrás.
- ¡Oh Dios!- Tembló- ¿Edy? ¿Ya viene?
- Si…- Ella empezó a respirar como había aprendido.
- Tranquila- La sujetó- Respira…
Mientras manejaba deprisa, Drake la vigilaba. La vio mandarle un mensaje ínfimo a Elena, antes de que una contracción la hiciera quejarse.
- Au…- Gimió ella, adolorida, aferrada a una manija que él había puesto para ella.
- Respira…- Le recordó él.
- Eso intento…- Gimió.
