No sentía el frío del suelo ni su dureza, sentía un picor en los ojos que justificaba por el hecho de no dejar de mirar fijamente el fuego, porque ella no lloraba, nunca lloraba.

Draco se había montado en el coche casi silbando impresionado y le indicó que la casa de Severus Prince estaba a las afueras de Londres. Las comisuras de la boca de Demons se escapaban en un intento de sonrisa al conocer el origen del nombre de Snape: así que, había sido una herencia familiar y no una afortunada predicción sobre su carácter. El joven mago le contó que le había visitado en varias ocasiones pero no había querido recibirle.

Draco se veía incómodo y ya le había dado lugar a acostumbrarse a la sensación de velocidad del coche. Demons suponía que su contacto con los muggles había sido escaso, si no inexistente, y que la idea que tenía de ellos chocaba con la realidad.

Por el rabillo del ojo, mientras hablaban de mortífagos y de inciertas posibilidades Demons vió la pregunta que no se atrevía a pronunciar.

_Vamos, chico, dispara. Estás deseando preguntar algo. Adelante.

Draco la miró un momento antes de lanzarse.

_¿Cómo es que acabaron juntos? El profesor Snape y usted... Mi padres dicen que fue usted quien lo sedujo.

_Háblame de tú, no hace falta que seas tan formal. Con que tus padres piensan eso...

_¿Fue así?

Paula le miró por el rabillo del ojo, le parecía muy joven para describirle lo ocurrido.

_ No creo que a Severus le agradara mucho que tengamos este tipo de conversaciones_ Paula volvió a reirse cuando una expresión de terror cruzó por la mirada del rubio imaginando la reacción de Snape. Ella continúo_ Te prometo que cuando le encontremos te contaré lo que quieras saber, pero sólo si primero le preguntas a él delante mía acerca de eso. Me muero por ver su cara cuando lo hagas.

A Draco no le divertía tanto la idea.

_ ¿A qué viene esa curiosidad?_ interrogó Paula

_ Es que soy incapaz de imaginarme al profesor Snape enamorado, o pensar que alguien se enamorara de él. Porque tú le quieres, es evidente, le salvaste la vida y ahora...

_Sí, _confesó Paula_ o eso o es que soy una adicta a la adrenalina.

_¿Y él a tí?

La muggle pareció dudar.

_O eso, o es que ha encontrado una sustituta para su... verdadero amor.

Draco bufó desdeñoso.

_¿No se creerá eso, verdad? Potter siempre quiere ser el protagonista en todo. Mi padre dice que aunque eran amigos el primer año, Evans y él se distanciaron con el tiempo. Dice que en el último año se destestaban.

Pero Malfoy se equivocaba, ambos, el padre y el hijo. Lily aún planeaba sobre Snape como una rapaz dispuesta a devorarle de nuevo. Demons no dejaba de presentir y temer su presencia y su influencia en las decisiones de Severus.

_¿A qué viene esa curiosidad por nosotros, Draco?_repitió.

El chico se encogió de hombros. Paula sospechó que él también estuviera tentado por un amor inconveniente.

_ Supongo que el que no tuviéramos que plantearnos una relación a largo plazo con la amenaza de una muerte inminente, ayudó en parte.

_ De todas maneras es tan sorprendente que él acabara...

_¿Con una muggle?

Sí, a pesar de conservar las formas no era difícil captar en ese niño mimado y presuntuoso el desdén que le inspiraba. Y todas sus preguntas iban encaminadas a lo mismo. No era por qué ella se había enamorado de Severus, era por qué él profesor de pociones se había enamorado de una persona a la que a todas luces Draco consideraba inferior.

Draco dejó escapar una nerviosa risa corta teñida con cierto grado de superioridad.

_ No voy a ofenderme por eso, Draco_ Paula, la muggle, le sacó las uñas_ Ser una muggle no me ha entorpecido en nada.

Apretó el acelerador haciendo que Draco se pegara al respaldo del asiento, despertando la emoción del miedo en sus ojos.

_El error de los de tu clase, es subestimar a los muggles. No te ofendas, pero estáis totalmente equivocados en la manera de juzgarnos. Dices que el señor Prince no ha querido recibirte, ¿no? Bien, pues te juro que a mí si me recibirá_ y tendrás que tragarte tu arrogancia de niño rico sabelotodo.

Draco consideró prudente no volver a abrir la boca mientras la muggle sujetaba el volante y apretaba pedales mientras cambiaba de marcha. Estaba enfadada y el coche parecía volar por la carretera, manipular todo aquello le parecía sumamente difícil para hacerlo además ofuscada. Sólo lo hizo para indicarle la dirección de la casa de los Prince.

Era una casa señorial bastante sobria, austera, un edificio oscuro de dos plantas, bastante deteriorada. Hiedra frondosa y fresca cubría las paredes de piedra y un jardincillo descuidado hacía de entrada. Un elfo doméstico les abrió la puerta y volvió a decirle a Draco, reconociéndole, que el señor Prince no quería recibir visitas.

_Sí, bueno, ya..._ dijo la muggle.

Pero Paula no iba a permitir que le cortaran el paso otra vez, y sin escuchar las quejas del elfo y sin esperar a Draco, penetró en la casa con pasos largos, llamando al señor Prince a voz en grito.

De una de las puertas, se asomó un anciano. A Demons se le paró el corazón un instante. Juraría que le había visto antes, el día que Severus se envejeció para ir a investigar al Londres mágico. Una túnica negra y sobria, el rostro arrugado y un visible gesto de enfado en él al ver el rostro de Draco.

_Ya le he dicho, joven, que no quiero hablar nada con usted.

_Soy yo la que quiere que le conceda unos minutos señor Prince, quiero hablar de Severus Snape.

La miró un par de segundos y alzó una ceja en un gesto que le arrancó media sonrisa a la mujer.

_¿Y usted es...?

_Soy la mujer de su nieto.

El señor Prince resopló. Entrecerró los ojos.

_¿Una muggle?

¿Pero qué pasa?, ¿los muggles tienen letreros de neón encima para que los magos les reconozcan?. Demons sintió el empuje del pensamiento del mago queriendo entrar en su mente y le frenó rápidamente aunque el anciano había conseguido arañar algo de su cerebro.

_ Usted no está casada con mi nieto...

Demons igualó su gesto, alzando la ceja con superioridad.

_He dicho que soy su mujer, no que sea su esposa.

El anciano gruñó y desapareció tras una puerta, pero no les había dicho que se fueran así que Paula, sin asustarse lo más mínimo le siguió y a ella se le unió Draco, que ya se había girado para salir, entrando ambos en la sala tras el dueño de la casa.

_Una muggle... _refunfuñaba.

_No debería enojarse tanto, _habló Demons con el mismo tono del anciano_ al fin y al cabo, su hija se casó con un muggle...

El señor Prince se giró y la apuñaló con sus ojos negros. Paula sintió que le temblaban las rodillas al reconocer la misma expresión de Severus, ¡oh, qué se parecían!¡Eran idénticos!

_Usted no sabe nada de los motivos de Eileen... y no sé que puede querer saber de Severus, está muerto y a usted no le corresponde nada de...

¿Era eso lo que creía que estaba buscando?¿Una herencia? El señor Prince se sorprendió de la mirada dura e inflexible de la muggle.

_ Y usted no sabe nada de los motivos de Severus_ dijo completamente airada_ ni de los míos.

Draco retrocedió un par de pasos, no quería estar en medio cuando le lanzaran algún hechizo. Ella no se amilanó y se mantuvo en su trece, de pie frente al mago. El señor Prince titubeó, le temblaron las manos y su mirada se desvió hacia una mesilla cercana. Demons se suavizó. Se acercó a él y le sostuvo el brazo, le acompañó a un sillón y le sirvió una copa de la botella de licor que estaba junto al vaso en aquella mesilla.

_ Hábleme de Eileen_ pidió suavemente mientras él bebía. No sabía realmente qué buscaba y tal vez fuera mejor empezar por ella.

El mago terminó la copa y bebió otra antes de empezar a hablar. Observándolo, Demons entendió que no era la primera vez que bebía de esa manera y sintió compasión por él. La voz firme que casi les echa de la casa, se había transformado en la voz titubeante de un hombre vencido por la edad y por la tristeza.

_ Eileen siempre fue nuestro orgullo. Fué una buena hija, una niña serena y silenciosa, se concentraba mucho en todo lo que hacía. Cuando el sombrero seleccinador la colocó en Slytherin no cabía en sí de gozo. Adoraba el colegio, le encantaba estudiar, saberlo todo de todo...

Demons escuchaba paciente pero tenía un poco de prisa, no sabía si Severus estaba sólo amenazado o en un inminente peligro.

_ ¿Qué hizo cuando acabó en Hogwarts?_ interrogó delicadamente_ ¿Quiso seguir estudiando, trabajar en algo?

_Eileen no necesitaba trabajar. Su madre y yo queríamos que hiciera un buen matrimonio pero ella prefería seguir estudiando. Estaba muy interesada en investigar la magia antigua y nos pidió permiso para recorrer algunos paises de Europa _ Paula se sobresaltó y cruzó una mirada cómplice con Draco_ Accedimos, con suerte tal vez encontrara en su viaje un buen mago de sangre limpia. No nos hubiera parecido mal un poco de sangre nueva, las familias de Inglaterra están en decadencia con tantas uniones entre primos. Ese jóven de ahí... ¿eres un Malfoy, verdad? Inconfundible. Es bueno que entre sangre nueva en una familia y la enviamos con unos parientes a Albania.

Albania.

Ahí estaba. Iban por buen camino. Si sólo se diera un poco más de prisa...

_Mandaba lechuzas cada semana. Estaba entusiasmada, había encontrado un lugar en el que la magia antigua estaba muy presente_ el anciano agitó el vaso pidiendo otra copa. Demons solo la llenó a la mitad, los ojos del mago se estaban volviendo vidriosos o mucho se equivocaba o estaban llegando a algo... importante_ La magia antigua y también... la magia oscura. Eileen escribió una carta en la que no parecía ella. Estaba subyugada por el descubrimiento de un tipo de magia muy poderosa, que sentía la necesidad de comprender y dominar. Había encontrado un mentor. Alguien que se ofrecía a guiarla por ese conocimiento. Mi mujer me pidió que fuera a buscarla, que no la dejara allí. Le parecía peligroso.

Severus Prince miró el fondo del vaso como buscando algo allí, algo que no encontraba. Continuó con la voz un poco quebrada, ansiosa.

_ No le hice caso, las artes oscuras siempre me habían atraído y supongo que contagié ese interés en ella, que mi hija adquiriera ese conocimiento a mí... yo...

Demons se estaba contagiando del nerviosismo del mago, algo no habia ido bien, algo que a lo mejor estaba repercutiendo en Severus.

_ Regresó a los pocos meses. Sólo estuvo un par de días con nosotros, en casa, luego hizo la maleta y sin explicaciones se marchó al Londres muggle_ los ojos negros del anciano, tan parecidos a los de Severus se alzaron de la copa y se fijaron en los de ella_ Vino al cabo de unos meses a decirnos que se casaba con un muggle. No lo entendía. Ella no consideraba a los muggles... Se lo prohibí. Le grité, la amenacé... su madre lloró pero ella... ella fue inamovible. Estaba decidida, sólo venía a llevarse algunas cosas. Bajó de su cuarto con una sola cosa: una pequeña caja de madera sin adornos y sin cierre. Lo recuerdo porque fue lo único que se llevó. De alguna manera intuí que era importante pero no lo supe hasta dos días después.

Demons se había arrodillado delante el mago para no perderse ni una de las palabras que derramaba en un suave murmullo, parecía que le costaba un mundo hablar. Sus ojos oscuros volvieron a mirarla.

_ Una muggle..._ dijo con desprecio_ Díme ¿qué sabes tú de la magia? ¿qué sabes de la magia antigua?

Paula recordó el discurso de Dumbledore, el que Snape le había repetido tantas veces.

_ Sé que la magia, la magia poderosa exige un gran esfuerzo del mago, a veces incluso un sacrificio_ las cejas del anciano se alzaron sorprendidas. Demons recordó los cortes del brazo de Severus _ Sé que la magia antigua en ocasiones exige... sangre.

Los ojos del mago volvieron a hundirse en el vaso.

_Fuí a buscarla. A la casucha en la que vivía. La obligué a confesar... no me siento orgulloso, pero la obligué a confesar. Me enseñó el libro, me dejó que abriera la caja..._ Paula asintió murmurando algo sobre los tentáculos que el anciano pareció no escuchar_ Tras leer unas pocas páginas no pude continuar, el libro no me lo permitía. Pero ella sí, ella comprendía todo el poder que el libro contenía. Le pregunté de dónde lo había sacado. Me confesó que había hecho algo horrible para conseguirlo. Había prometido a cambio una vida... una vida inocente.

Paula se sintió horrorizada, clavando los dedos en el brazo del mago le exigió que no se callara. El anciano siguió con la voz pastosa, afectado ya por el alcohol.

_ Cuando sintió la vida que crecía en su vientre no pudo continuar. No podía deshacer el trato, sólo podía esconderse. Esconderse ella y esconder a su hijo. La ayudé cuanto pude, su marido... no les trataba bien pero ella no podía dejarle. Decía que el mantenerse en ese hogar era lo que la protegía. Eso y un hechizo que había conseguido usando una poción mezclada con su sangre.

¿Cuánto hacía que Severus no usaba ese hechizo?¿Desde que el Perturbado murió?

_¿Sabe dónde consiguió el libro?¿quién se lo dió?

_ Ella se lo dió en Brutint..

_¿Qué ella?_insistió, pero el mago no la oía, el mago solo escuchaba ahora su apenado corazón.

_Ese hogar... Necesitaba ese hogar para proteger a mi nieto. Un día me llamó. Le habían descubierto una enfermedad sin curación. Estaba destrozada por dentro, ese desgraciado la golpeaba y la amenazaba con hacerle lo mismo a su hijo. ¿Puede siquiera imaginar mi desesperación? Le dije que se viniera conmigo, en nuestro mundo tal vez... Pero ella se negó. Severus debía permanecer en aquella casa, por eso me había llamado. El chico crecía y ¿qué haría cuando fuera mayor de edad? Se iría, se marcharía, lejos de aquella casa que lo protegía y de los gritos de su padre. Así que me pidió... me pidió que matara a Tobías. Con él fuera de este mundo Severus se quedaría con ella.

Demons temblaba, al igual que el anciano, pero ahora no iba a dejar que parara. Tenía que contárselo todo.

_ Es difícil matar a sangre fría, pero no lo es tanto cuando sabes que le han hecho daño a alguien que amas. El día que ella me pidió que fuera a su casa, llegué tarde. Estoy maldito desde entonces. Ella no esperó. Sabía que no podía usar su varita...

El anciano se echó a llorar con la cabeza entre las manos y convulsos hipidos

_ ¡Estaban muertos! ¡Tendidos en un charco de sangre espesa cuando llegué! ¡Mi pobre niña!.

Paula puso uno de sus brazos en torno al anciano tratando de consolarle, sus propios ojos brillaban como lagos sin verter una lágrima.

_Desde entonces estoy maldito_dijo algo más tranquilo_ La pena se llevó a mi esposa y yo me conformé con mirar desde lejos la vida de mi nieto... hasta que murió.

_¡Pero Severus no está muerto!_ dijo Demons con esperanza_ Se salvó de Voldemort y ahora...

Severus Prince levantó la cabeza y la sacudió lentamente, negando. Alzó una mano temblorosa y señaló una pared.

Paula se levantó para observarla, en ella nombres y líneas finamente dibujadas conformaban un singular árbol genealógico. Encontró rápidamente el nombre de Severus Prince en la pared con las letras en dorado, reflejando la luz de las velas.

_Mira todos esos nombres, todos los Prince desde hace generaciones... todos con las letras en negro como la tierra que cubre sus tumbas. Mi esposa, mi hija, mi nieto...

Paula no lo podía creer, pero podía leerlo claramente, el nombre de Severus Snape (Nunca más) en un color tan negro que dañaba su vista.

_ Sé que se salvó de Voldemort, su nombre sequía dorado por más que dijeran los periódicos. Mantuve la esperanza de volver a verle, hasta que su nombre se apagó... hace una semana.

Hace una semana.

Hacía una semana (Nunca más) ella había dormido con su aroma prendido en la ropa. Un olor desprendido por una nube negra que llegó a su ventana en forma de cuervo.

Cayó de rodillas al suelo, delante de la chimenea que el viejo a pesar de la buena temperatura exterior para calentarse el alma.

No sentía el frío del suelo ni su dureza, sentía un picor en los ojos que justificaba por el hecho de no dejar de mirar fijamente el fuego, porque ella no lloraba, nunca lloraba.