Samuel había salido a comprar alimentos. Poco después Edna escuchó a su hija llorar.

Lentamente se acercó a la bebe, levantándola de la cuna, dándose cuenta de que había ensuciado sus pañales.

Sin prisa la atendió, la limpió, le colocó pañales nuevos. Luego la besó, varias veces, viéndola reír. Y aunque ella no lo había pedido, le dio de amamantar. Se dio cuenta de que su hija incluso tomaba mucha leche, a pesar de no tener hambre. Edna sospechó que más que hambre de leche, tendría hambre de su madre.

Le habló suavemente mientras la veía en su pecho, acarició su mejilla, tomó una de sus pequeñas manos.

Ahora que estaba limpia, y llena, decidió hacerla dormir.

Ella se acostó en todo lo largo del sillón y colocó a la bebe en su pecho, cómodamente. Suavemente comenzó a recitar, en voz muy baja.

- Aad Guray Nameh… Jugaad Guray Nameh… Sat Guray Nameh... Siri Guru Dayvay Nameh…

Era el mantra de su madre. De la Kalisha original. Era el mantra que la había acompañado durante años, y ahora sería el mantra de su hija. Si la pequeña Kaly tenía siquiera algo de su abuela, sería eso.

Y poco a poco ambas se durmieron.

Pocos minutos después Samuel entraba en su casa, y apenas había llegado a la sala, cuando sus ojos se volvieron rojos de inmediato. Dejó las cosas a un lado y se acercó, como una sombra, al sofá. Se arrodilló cerca, tapándose la boca, con una pesada lágrima cruzándole el rostro. Su esposa dormía con su hija encima. Por primera vez desde su nacimiento.

Temblorosamente tomó su teléfono, para poder sacar una foto, que luego le mandaría a su hermano.

Se quedó quieto un momento, sin poder creerlo. Al fin sucedía. Se acercó para poder besar la frente de Edna, y la cabeza de Kaly, sintiendo una luz creciendo en su interior.

- ¿Qué pasa…?- Murmuró ella, despertándose a penas, enfocando los ojos en su esposo- ¿Samy…? ¿Estas llorando…?

- No es nada- Sonrió, secándose los ojos- Tranquila. Solo… Me emocioné de verte así.

- ¿No querías a Edna de vuelta?- Bromeó, con un poco de sueño- Por cierto, está limpia y llena…

- Princesa- Él besó sus labios, suavemente- Mi Edy…

- Cariño…- Ella tomó una de sus manos- Sé que te he pedido perdón antes, pero lo vuelvo a decir… Perdóname…

- Estas perdonada, lo sabes…- Besó su mano- Fue la depresión post parto.

- No lo solo fue eso… También fue bastante de mi tontería… Gracias por ocuparte de nosotras, y de traerme de vuelta del pozo de mierda en donde estaba- Se tapó la boca velozmente, bajando la voz y mirando a la bebe dormida- Lo siento Kaly, quise decir… pozo de materia fecal.

- Edy- Volvió a besar su mano.

- Además… Creo que mi gran drama de no poder sentir amor por ella… Era por la depresión. Es decir, me odiaba a mí misma… hasta me costaba sentir amor por ti, y eso es mucho decir…

- Lo sé.

- Y… Hoy lo sentí- Miró sus ojos.

- ¿Qué?

- Cuando te fuiste, la atendí. Y ahí, mientras terminaba de ponerle pañales limpios… verla reír por mi… lo sentí… El amor… No sabía que se sentía tan diferente a mi amor por ti.

- Edy…- Sus ojos se tornaron rojos.

- Samy…

Drake, con los ojos húmedos, la vio levantarse, dejar a su hija en la cuna, y volver a recostarse como estaba anteriormente.

- Ven- Le dijo ella, suavemente, extendiendo sus brazos- Tu también necesitas a mami Edna.

- Dios…- Gimió.

Samuel se acostó casi sobre ella, con la cara en su pecho, sintiéndola abrazarlo por la cabeza, rodearlo con un manto de amor cálido.

- Está bien amor mío…- Ella lo estrujó, con fuerza- Llora… No me iré de aquí…

Él hundió su rostro, abrazándola por la cintura, empezando a llorar, sintiéndola acariciar su cabello. Desde el momento en que Kalisha había nacido, había ido acumulando angustias, tensiones, pesares, dolores, sentimientos que fue colocando en la parte más trasera de su mente, tratando de ocuparse de mantenerse estable, de mantener a sus dos amadas a flote.

Todo, desde sus miedos por como criar su hija solo, la angustia de perder a ambas, el dolor de ver a su mujer casi muerta en el baño, su impotencia para sacarla de la depresión, sus sentimientos de fracaso. Todo se estaba derramando en el pecho suave y cálido de su esposa.

- ¡No me dejes solo de nuevo!- Lloró él- ¡Por favor Edy! ¡No puedo solo! ¡Te necesito!

- No voy a irme- Lo estrujó un poco más- Sé que fui una tonta, pero aprendí de mi error. Jamás te dejaré solo. Estamos juntos en esto, por siempre.

- Edy…

- Tranquilo…- Lo acarició.

Por un buen rato, solo se quedó ahí, llorando, abrazándola, calmándose muy lentamente.

Y cuando empezó a relajarse, Shaareim comenzó a cantar, muy suavemente, una melodía sumamente lenta que lo acunó con ternura, y que repitió varias veces, cada vez con voz más baja.

Para cuando su canto era un susurro, ella se dio cuenta de que Samuel se había dormido. Edna sonrió, cerrando los ojos, dejándose dormir también, sintiendo la calidez de su esposo en su corazón, por dentro y por fuera.

Lo que Edna cantaba a su esposo era May It Be de Enya