Snape se dejaba conducir, hosco y con la cabeza gacha, entró en la habitación.

Ella tiraba de su brazo hacia la cama, quería sentarle, lavarle esa cara, sostenerla entre sus manos. Los pies de Severus se clavaron en el suelo negándose a dar un paso más haciendo que Demons intentara arrastrar de él inútilmente. Snape le arrebató su brazo tirando brusco y lo dejó caer a su costado.

Paula se volvió hacia él. Seguía como en su mundo, ajeno. No le había hablado en todo el camino así que ella optó por callarse también. Por primera vez no sabía qué decir. Le dolía el alma al verle de pie en medio de la habitación, con el pelo colgando tapándole la cara, con un abrigo prestado, con los brazos caídos a lo largo del cuerpo.

Se apartó con la excusa de soltar el bolso. Trató de que su suspiro no sonara demasiado.

Había tenido que arrastrarle para meterle en el coche, para sacarle del coche, para entrar en el hotel, literalmente le había empujado dentro de la habitación.

Tenía la sensación de que se había llevado de allí el cuerpo de Severus, sólo su cuerpo, como si se hubiera llevado un cadáver. Severus no estaba, no estaba en los ojos de ese hombre que ocultaba bajo su pelo; no estaba en su caminar, ni en su espalda encorvada, ni en la forma en que arrastraba los pies, ni en su mirada huidiza y aunque, por dentro, Paula se moría por lanzarse a sus brazos, por atraparle entre ellos, por besarle... algo en su cabeza la retenía por miedo a no recibir a cambio ninguna caricia de ese... extraño.

Le desnudó a tirones, horrorizándose de la sangre que cubría sus ropas, de los golpes que presentaba en su cuerpo y que no habían sido curado por Lucius. Tiro de él hasta el baño y le dejó de pie frente al espejo mientras ella llenaba la bañera y observaba por el rabillo del ojo cómo se le ponía la piel de gallina del frío, sin que ni siquiera fuera capaz de alzar los brazos para calentarse.

Le bañó como a una criatura, amando su piel conocida con la palma de sus manos, deslizando la suave espuma, poniendo toda su mente en deshacer la armadura tras la cual, esperaba, seguía su hombre. Dejó que mantuviera los ojos cerrados mientras limpiaba su rostro por más que quisiera verse reflejada en el negro espejo de sus pupilas. Se estremeció cuando Snape suspiró serenamente mientras ella lavaba su pelo, lo peinaba y lo desenredaba con mimo.

_Has vuelto, _ le decía mientras tiraba de sus cabellos peinando los mechones con sus dedos_. Has vuelto.

O casi.

Volvió a arrastrarle fuera del agua, a secarle sin que el levantara un brazo, a empujarle al dormitorio, a tenderle en la cama.

Había traído ese bálsamo milagroso, lo había puesto en la mochila que llenó en casa para irse a Albania junto a la caja de munición. ¿Cuántas veces había él curado sus heridas? Todas las que hizo falta. Demons se dió un par de manotazos en las mejillas para espantar las lágrimas

_No me hagas esto_ dijo Demons en voz alta_ No puedes. No tienes derecho.

Su voz no temblaba, pero sí sus manos mientras intentaba abrir el bote continuando con su protesta.

_¿Crees que puedes hacerme sufrir de esta manera...? Lo mismo me arrancas el alma, la retuerces, la pataleas y me la devuelves_ ¿Podía su voz sonar tan dura después de encontrarlo en ese estado?_ A un perfecto Slytherin como tú, puede resultarle divertido.

El maldito bote no se abría. Le daban ganas de estrellarlo contra el suelo.

¿Qué fue lo que dijo cuando regresaron del hospital?

"No soy ningún inútil. No soy ningún pusilánime"

Desnudarlo, bañarlo, tenderle en la cama, curarle las heridas y ¿luego? ¿Darle de comer?, ¿limpiarle la boca? Él había dicho: "no necesito que ande detrás mía preguntándome si me encuentro bien o si necesito consuelo, no lo necesito".

_Te juro por Dios que es la última vez que te largas sin mí. Visto lo visto. No quiero tener que ir sacándote de...

Los brazos de Snape la envolvieron, había llegado silencioso como un gato a su espalda y el mago se abrazaba a su cuerpo con desesperación. Paula sintió que su corazón volvía a latir desde que le vió en la celda. Maldito seas, Severus. Le apretaba el cuerpo con tal fuerza que sentía que iba a partirle las costillas. Abrazó su abrazo estrechando sus brazos contra sí, le volvía el alma al cuerpo, (ese alma arrancada, retorcida y pataleada), cuando Severus frotaba su nariz en su pelo y sentía sus labios besándola. Sólo le faltaba oir su ronca voz.

_ Su Dios sabe, señorita Demons, que he rezado suplicando volver a sentirla viva entre mis brazos. Y le he jurado no volver a dejarla nunca atrás.

_ Pues si sigue apretando así, quizá no pueda repetir este momento.

_¿No puede cerrar su linda boca y dejarme disfrutar?

_Severus.._ Te odio Severus, odio cuando me haces sacar lo peor de mí para poder sacar lo mejor de ti_ No voy a perdonarte tan fácilmente, ni a decirte que estos días sin ti han sido una locura, ni a repetirte hasta la saciedad que te amo hasta que me mandes callar. Ni voy a escuchar tus explicaciones, te pongas como te pongas..

_Caí como un idiota, Paula_ interrumpió Snape hablando con sarcasmo_, mi soberbia, mi ego, creí que podía controlar la situación... ¡Severus Snape: El terrible mago oscuro!"... caí como un idiota. Debí hacerte caso y matarlos a todos en cuanto regresé. Pero para qué engañarte, me gustaba darles órdenes y mangonearlos y gritarles y castigarles con algún cruccio... No apareció ningún oráculo ni ningún poder estaba esperándome. ¿No te ríes? A mí me hizo muchísima gracia.

La voz tenebrosa de Snape, hablándole hiriente y herida al oído era lo que necesitaba para saber que él estaba bien... o casi.

_ En cambio, ¿sabes lo que sí me esperaba? Una trampa. Tú lo predijiste, yo lo sabía... ¿no comentaste algo una vez sobre mis instintos autodestructivos? En mi defensa diré que el bosque estaba oscuro, muy oscuro, de noche, y que no vi la runa dibujada en el suelo hasta que intenté salir de ella. He dicho intenté porque no lo logré, me quedé atrapado como un ratoncillo. Asustado aunque no lo demostrara mientras Yaxley se reía con su cara de hiena.

Paula quería dar la vuelta, girarse, mirarle, contemplar la negrura de sus ojos pero él la apretaba como una tenaza ocultándose a su espalda mientras su voz desgarrada se lo contaba todo, se lo contaría todo... o casi.

_Pero entonces no me desesperé, cogí mi varita. Tenía que verme muy gracioso, varita en ristre intentando lanzar hechizos.

La risa ronca de Snape brotó rasgada de su garganta.

_"Tranquilo", me dije, "eres un poderoso mago tenebroso" y ¿sabes qué, Paula? No pude hacer nada,... nada. La runa me retenía y me impedía hacer magia. No pude desvanecerme, desaparecerme, ni matarlos a todos. "No te esfuerces Severus," Yaxley, cómo no, tomó la voz cantante "Esa runa tiene un propósito, retener al mago mientras se hace un ritual, pero debes someterte a él voluntariamente... son las cosas como esta las que hacen difícil la magia. Voluntariamente..."

_Le dirías que se pudriera, ¿verdad?

Snape volvió a reir con una risa rota y absurda.

_Se lo dije. Le maldecí, les amenacé,... se burlaban de mí. Le dije que podían irme matando, no me sometería a aquello que querían de mí. Paula, ¿sabes lo que querían?

¿Lo sabía? ¿Por qué se había dejado herir?¿Por qué le habían encontrado y atrapado unos mugles? ¿Por qué no se había curado las heridas o escapado de la cárcel para ir a por ella? ¿Por qué se había dejado curar ineficientemente por un Malfoy? ¿Por qué se había dejado arrastrar por medio Londres en absoluto silencio y escondiéndose de ella para no confesar lo que le avergonzaba? ¿Por qué comprendía de repente la razón por la que los magos distinguían a los muggles como si llevaran un neón encima de ellos?

_Exacto, preciosa, sé que lo sabes. Mi magia, querían mi magia.

Ahora sentía contra su espalda el corazón de Snape, igual que el de ella había dejado de latir. Por eso no la miraba, por eso se avergonzaba.

_ ¿Sabías tú que la magia se podía "robar"? Yaxley me dijo que sí, que "aceptarían" mi magia si se la daba voluntariamente, que me la robarían igual que tú se la robaste a Voldemort.

_ Severus, yo...

_ Tchist, tchist, tchist.. ni una palabra. No vayas a justificarte por eso. Sé perfectamente lo que pasó. En fin, iba a convertirte en una jóven y deseable viuda (¿puedes ser mi viuda sin ser mi esposa?) escupiendo insultos cuando McNair apareció de la nada con una mujer . Tenía tu tamaño, tu estatura y el rostro cubierto. McNair le dijo: "ahí está tu Severus, ¿crees que podrá ayudarte?". Y tú (porque para mí entonces serás tú) te revolviste tratando de escapar de sus brazos inútilmente ante la mole que te sujetaba y te llevaron a un lugar, cerca, no lo bastante cerca como para que no pudiese verte a pesar de la oscuridad pero lo bastante lejos como para que no pudiera hacer nada para salvarte. Nuestro amigo Yaxley, invitó a Rodolphus a empezar para resarcirse de lo de nuestra querida Bella.

Snape la apretó aún más fuerte. Su voz seguía ronca y desesperada.

_ Pasó su mano por todo tu cuerpo, sin que pudieras apartarte, sin que pudieras hacer nada por supuesto aunque yo le increpaba, insultaba y amenazaba. Todo inútil. Esa runa me mantenía atado de pies y de manos. Hubiera debido mantenerme impávido mientras te torturaba, ¿verdad? Imposible. Esta vez era imposible. Accedí a darles todo lo que quisieran, ¡mi vida incluso!, en el momento en el que el primer cruccio hizo que retorcieras tu precioso cuerpo sobre el suelo del bosque.

Demons se echó sobre su cuerpo, recostándose en su pecho, cerrando los ojos, escuchándole.

_No sé lo que hizo Yaxley. Yo no le prestaba atención, tan solo tenía ojos para ti... como si mi mirada pudiera aliviarte... a ti, que no me veías, con el rostro tapado por una especie de saco. Que extraigan la magia de tu cuerpo es más doloroso que desangrarse. Sin embargo, más me dolía ver como Rodolphus y Rabastan se turnaban para lanzarte maldiciones. "No te resistas Severus, cuanto más tardes en darnos lo que queremos más tiempo sufrirá ella". Se quejaban de que tardaba demasiado_ lo relataba como si le resultara divertido o curioso_ y tardaba demasiado. Para mí fue una eternidad al tener que escuchar tus gritos ahogados por lo que suponía una mordaza bajo la tela que cubría tu rostro. Cuando se hartaron, le tocó el turno al verdugo, McNair, él no usó su varita, ¡qué va! Usó sus puños para golpearte mientras yo escuchaba el crujir de tus huesos.

Paula se estremeció, no alcanzaba a imaginarse cómo se hubiera sentido ella de haber estado en su piel. Snape hablaba y hablaba.

"Reuní fuerzas. Grité, grité tu nombre con toda mi alma mientras expulsada y lo que quedaba en mí de mágico. Un humo negro salió de mis pulmones y tomó forma... era una especie de pájaro_ ella podría decirle que era un cuervo_ que atacó al verdugo apartándolo de ti un instante. Luego se acercó a tu cuerpo tendido, arañó un poco con sus patas y salió volando.

Yaxley anunció que ya estaba cuando mis músculos se quedaron sin fuerzas y caí al suelo.

Todos reían.

Debía de parecerles cómico que me arrastrara con las manos y con los codos para salir de aquel círculo terrible y llegar hasta ti.

Estaba apenas a medio metro de poder tocarte cuando Rodolphus lanzó un Sectumsempra que te hizo estremecer un segundo y luego la sangre comenzó a manar de ti como de una fuente. Les increpé, les insulté, les provoqué como pude para que acabarán también conmigo. Puesto que no iba a poder salvarte, que mejor fin para ti y para mí que morir juntos como Romeo y Julieta. Ya ves, mira que romántico me puse aún sabiendo que tú odias ese tipo de manifestaciones amorosas. Y ¿sabes qué? No me tocaron ni un pelo. Me dejaron tirado en la tierra que se iba empapando con tu sangre.

Yo sólo podía decir tu nombre, una y otra y otra vez: Paula, Paula, Paula, y arrastrarme como podía para llegar a tocarte... aunque fuera la punta de los dedos...no podía permitir que murieras sola. Conseguí estirarme y engancharlos como un garfio. Te aferraste con una fuerza que pensaba increíble, sosteniéndome la mano, mientras se te iba la vida ¡sin poder verte siquiera!, ¡sin que pudieras verme!, con tu rostro cubierto. Tú me salvaste la vida y yo había conseguido que te quitaran la tuya. Cuando te alcancé, era demasiado tarde... tan sólo podía seguir pronunciando tu nombre y llorar, llorar ríos, mares y océanos sobre tu cuerpo inerte.

Descubrí tu rostro aún sabiendo lo que me iba a encontrar: una masa sanguinolenta de carne hinchada tapando tus ojos, tapando tu nariz, cerrando tus labios.

Te abracé y lloré, lloré por tí. Lloré por Lily también (me avergüenza confesarlo) Lloré por la pérdida de todo lo bueno qué me habías dado.. Llore por mí, sobre todo lloré por mí, porque nunca más podría andar con la cabeza erguida; porque había sido mi maldito orgullo lo que te había llevado eso, lo que te había arrebatado tu final feliz...

No sé cuánto tiempo estuve abrazado ese cuerpo que creía el tuyo. Regateé con tu Dios hasta lo indecible, esperando un milagro que no llegaba, un milagro que yo sabía imposible... pero en mi desesperación, tú Dios me contestó. ¿Te lo crees, Paula? Yo no lo creía, pensé que deliraba. Una campana comenzó a sonar y me levanté y seguí su sonido como un inferi, como un infeliz fantasma, hasta una pequeña iglesia. No sabía juzgar si era absurdo o acertado.

Oculto tras una columna, en la penumbra de aquel lugar tan lleno de paz (Paz, señorita Demons, paz irreal e ilógica, la paz que se alcanza cuando se sabe que se ha perdido todo) escuché rezar a unas mujeres. Rezaban en latín. Curioso ¿verdad? En Albania, que hablaban en un idioma que yo podía comprender rezaban en una lengua que sí conocía.

Paula no lo creía, su voz, amarga y mordaz, no lo manifestaba, pero las lágrimas de Severus caían silenciosamente sobre su nuca y sus hombros.

Estaban rezando por ti, Paula, "causa de nuestra alegría"... ¿quién sino tú?

"Rosa mística, ..., Casa de oro,... Puerta del cielo,...Estrella de la mañana,... Salud de los enfermos,... Refugio de los pecadores, ...Consoladora de los afligidos," cada frase que decían, ¡que tu Dios me perdone! pero sólo me recordaba a tí. Cada ora pro nobis... lo repetía con todo mi corazón: ruega por mí, Paula, ruega por mí.

Recordé entonces que te había dejado allí, en medio de la oscuridad y el frío y sobre todo recordé que te había dejado sola, que otra vez, buscando mi consuelo, te había dejado sola.

Volví sobre mis pasos. Volví a tu cuerpo que parecía haber encogido... estabas más pequeña, más indefensa. Que curioso, ¿verdad? entonces que ya estabas a salvo: a salvo de todo... a salvo ya de mí. Ordené tus cabellos como pude y traté de cubrirte con tu ropa hecha jirones.

Entonces tú Dios me habló de nuevo... porque en tu vientre no estaban las cicatrices que yo me conocía de memoria: el flagrate que Bellatrix marcó en tu piel y en mi alma. Había nada moretones, heridas hinchadas y abiertas, sangre... pero el flagrante no estaba.

Tu Dios me habló y me dijo que no eras tú.

No sé como pude sentirme tan feliz, ¡tan feliz abrazando a que el cuerpo destrozado! Sabiendo que no eras tú, reconocí a la chica de la taberna.

Fui allí, Paula, cansado y exhausto; dolorido pero triunfante porque brillaba una esperanza.

No sé qué esperaba encontrar. Sólo estaba el tabernero y dos hombres más, ni uno de mis mortífagos... ¡ah, que veleidosa su lealtad! Estaban esperándome al parecer y me pegaron una soberana paliza. No me defendí, me la merecía... esa mujer había muerto por mi culpa.. esa mujer que podías haber sido tú, ¡maldita sea!... había muerto por mi culpa y me lo merecía.

Iba a dejar que me mataran... quizá cuando los mortifagos se enteraran de mi muerte, no tendría sentido para ellos el que te buscarán en Londres y te hicieran lo que no podían haberte hecho en Albania.

Me volví a quedar tendido en el suelo, (tres veces en una noche, querida, batí mi propio record) con cada parte de mi cuerpo rota de dolor pero, con el alma entera pensándote a salvo.

Perdí el conocimiento. Cuando desperté no había nadie... sólo una familiar petaca encima de una mesa con una escueta nota: "ven a Londres si quieres"_ decía la letra de Yaxley_ "allí podrás ver lo mismo qué has visto hoy. La encontraremos, la mataremos, y tú no podrás hacer nada para defenderla".

_Toqué aquel objeto y aparecí en el callejón. El resto ya lo conoces.

Un profundo suspiro surgió del pecho de Paula.

_Perdóname, Paula, ¡perdóname!. Maté a aquella mujer.. y te he condenado a muerte a ti. ¿Cómo podía hablarte? ¿cómo podía mirarte a los ojos a pesar de la alegría que me invadía de verte viva, a salvo? ¿cómo podría decirte lo que había hecho sin obtener a cambio tu desprecio por ponerte en peligro de esa manera? Pero tú, ¡oh, tú, bendita entre las mujeres!, me recibes otra vez con los brazos abiertos como si nada hubiera pasado... arrancándome la pena y el sufrimiento del pelo con tus dedos, con el champú...Y tú, mi egoísta dueña, me espoleas, ¡me exiges! que me olvide de mí mismo y que viva para ti. Quiero odiarme, pero no puedo ¿qué derecho tengo yo a odiarme si tú me amas? Te conozco, siento como crece en tí por momentos tu determinación. ¡Loca!,¡Inconsciente!,¡Insensata! Sé lo que vas a decir, sé lo que vas a exigirme...

_¿Lo sabes, Severus? ¿Realmente lo sabes?_su voz era fría aunque su pecho ardía con la furia de mil dioses_ Y sabes que es lo único que se puede hacer, ¿verdad?

Snape aflojó su abrazo y besó su pelo.

_¿No te frenará el que ni tú ni yo tengamos magia para enfrentarlos, preciosa?_el mago, el ex-mago, resopló cuando ella agitó la cabeza negando_ Entonces...Vamos a por ellos, ¿no, mi ama y señora?, porque no podremos vivir tranquilos hasta que hayan desaparecido de la faz de la tierra.